Dictadura de primo de rivera (1923-1930)


5ª. La dictadura de Primo de Rivera (septiembre de 1923-enero de 1930)


Existe cierto paralelismo entre el nacimiento de la dictadura fascista de Mussolini en Italia (1922) y la de Primo de Rivera en España: en ambos países existía una crítica situación económica y social previa, y también en ambos casos el rey consiente y aprueba la liquidación del régimen constitucional anterior.

En septiembre de 1923 Primo de Rivera se pronunció contra la legalidad constitucional existente exigiendo que el poder pasara a manos de los militares, y Alfonso XIII reaccionó encargándole que formara un gobierno, que estaría integrado exclusivamente por altos mandos del ejército. Primo de Rivera justificó su actuación con los argumentos que suele manifestar todo militar golpista: como algo necesario e imprescindible para resolver los numerosos problemas que agobian a la Patria (indisciplina social, necesidad de imponer el orden, amenazas a la unidad nacional..) ante la incapacidad de los políticos y la inoperancia de la legalidad constitucional.

Así pues el nuevo gobierno, (definido por Primo de Rivera como un Directorio Militar(1923-5) comenzó decretando la suspensión de la aplicación de la Constitución de 1876, la disolución de las Cortes, la prohibición de las actividades de todos los partidos políticos y sindicatos, y la militarización del orden público.

El dictador pretendía mostrar que era capaz de hacer política de otra forma más eficaz: potenció la aparición de un nuevo partido desde el poder, la Unión Patriótica, como alternativa a los inoperantes partidos dinásticos, y cuya tarea principal sería proporcionar apoyo social a la dictadura; con la excusa de eliminar el poder de los caciques disolvió todos los Ayuntamientos y puso al frente de ellos unas juntas gestoras compuestas por los principales contribuyentes de cada municipio y designados a dedo desde el poder. Con todo esto lo más que logró conseguir fue sustituir unos caciques por otros.

Con respecto al problema de Marruecos alcanzó el importante éxito de lograr acabar con la guerra. Esto se consiguió porque el caudillo rifeño, Abd el Krim, cometió un importante error: envalentonado tras las victorias que obtuvo frente al ejército español, se atrevió a amenazar la zona francesa de Marruecos. Ante esta situación el gobierno francés decidió colaborar con Primo de Rivera y, mediante una operación militar conjunta franco-española (el desembarco de Alhucemas), las fuerzas rifeñas serían definitivamente derrotadas en 1925.

A partir de 1925 Primo de Rivera sustituye el Directorio Militar por un Directorio Civil (1925-1930), integrado por ministros que, como Calvo Sotelo, procedían del catolicismo conservador. En estos años intenta consolidar su régimen mediante la creación de una Asamblea Nacional. Ésta era una cámara que no tendría capacidad legislativa ni de control del gobierno; su inspiración (con evidentes semejanzas con las instituciones fascistas italianas) era corporativa y autoritaria, y estaba integrada por funcionarios y personalidades adictas a la dictadura, nombradas también desde el poder.

En el aspecto económico los años de la dictadura coincidieron con una etapa de expansión económica internacional que duraría hasta la gran crisis de 1929 (en USA a este periodo se le conoció como “los felices años 20”). Esta bonanza económica (circula el capital, aumentan las inversiones, disminuye el paro) comienza a notarse en España en 1925 y contribuyó a consolidar, por algunos años, el régimen dictatorial. El Estado ejerce un protagonismo mayor que en ningún otro momento anterior desarrollando una política económica de signo intervencionista mediante el fomento de las obras públicas (construcción de carreteras, ferrocarriles..), y mediante la creación de grandes monopolios estatales en sectores clave, tales como las comunicaciones (Telefónica) y la refinería y distribución del petróleo (CAMPSA). Este intervencionismo estatal se complementa con una política proteccionista: concesión de ayudas estatales a las industrias que no podían competir con las extranjeras (Decreto de Protección de la Industria Nacional). Todo esto supuso, ya que se renunció a realizar una auténtica reforma en el sistema de impuestos, un inevitable aumento del gasto público y, por lo tanto, del déficit presupuestario (entre 1924 y 1929 se multiplicó por siete) lo cual sería un pesado lastre para los gobiernos posteriores.

En el ámbito social (la bonanza económica contribuyó a disminuir las tensiones sociales de los años anteriores), la dictadura también desarrolló una actitud intervencionista: pretendía eliminar los conflictos sociales mediante la intervención del Estado, y para ello creó la Organización Corporativa Nacional que fomentaba la actuación de los comités paritarios (compuestos por patronos y obreros), los cuales deberían reglamentar las condiciones laborales y salariales, y mediar en caso de conflictos. Con respecto a los sindicatos, Primo de Rivera desarrolló una actitud muy desigual: buscó la colaboración de la UGT (y la consiguió en gran parte) hacia la política social arriba mencionada, mientras que ante la CNT mantuvo una postura de una fuerte represión. Este sindicato nuevamente tuvo que sobrevivir en la clandestinidad, y es en estas difíciles circunstancias (Valencia, 1927) cuando nace el sector más extremista del anarquismo: la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

Otro aspecto muy importante de la Dictadura fue su postura fuertemente centralista que se manifestó mediante una actitud de rechazo total hacia cualquier manifestación política y cultural de signo regionalista, especialmente el catalán: supresión de la Mancomunidad de Diputaciones (1925), prohibición del uso en público de la lengua catalana y del baile de las sardana, etc. Esto le enajenó las simpatías de los sectores de la gran burguesía catalana (Lliga Regionalista) que en un primer momento le habían apoyado como dictador y provocó el aumento de la tendencia más nacionalista dentro del catalanismo.

A lo largo de estos años gran parte del consenso que Primo de Rivera había tenido en los momentos iniciales se fue deteriorando. Los sectores que se opusieron a la Dictadura fueron diversos: los anarquistas y los comunistas, (la actitud del PSOE fue mucho más ambigua), los republicanos, los regionalistas y nacionalistas, ciertos dirigentes de los partidos conservador y liberal, algunos oficiales del ejército (celosos del protagonismo de Primo de Rivera), y también los sectores de la intelectualidad (Unamuno, Valle Inclán, Ortega y Gasset, Blasco Ibáñez..) y del movimiento estudiantil universitario: la Federación Universitaria Española (FUE), un sindicato democrático y progresista, protagonizó un firme actitud de rechazo hacia Primo de Rivera en las principales universidades. Así pues el rey Alfonso XIII (cuyo protagonismo político había estado empañado por la figura de Primo de Rivera durante todos estos años), temiendo que el creciente desprestigio de éste alcanzase a la propia institución de la monarquía, le forzó a presentar la dimisión. Primo de Rivera dimitió en enero de 1930 y marchó a Francia (moriría a los pocos meses).

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