El fin del absolutismo y la guerra carlista


11.1 La crisis de 1808. Guerra de Independencia y los comienzos de la Revolución Liberal

1. Introducción: Crisis del Antiguo Régimen y crisis de la monarquía española

Los esfuerzos modernizadores y reformistas de los ilustrados abarcaron todos los aspectos de la vida, pero tuvieron poco éxito: no solucionaron la miseria, ni el atraso científico y técnico, ni cambiaron el sistema de propiedad de la tierra.

Un año después de la subida al trono de Carlos IV, se inició la Revolución Francesa (1789), que generó una crisis del modelo de gobierno y provocó el pánico en Europa. En España, los primeros consejeros de Carlos IV, los secretarios reales, simpatizaban con algunas ideas revolucionarias, pero no cuestionaban la monarquía absoluta. En ese momento, al frente de su Gobierno estaba el conde de Floridablanca, que frenó las reformas y cerró las fronteras para evitar que las ideas revolucionarias penetrasen en España. Tras la promulgación de la Constitución francesa de 1791, el gobierno español adoptó una política más conciliadora, con el conde de Aranda. Aranda cayó cuando se proclamó la República Francesa y fue sustituido por Manuel Godoy.

Los últimos años del siglo XVIII fueron testigos de una gran crisis económica y social. Se produjo un gran estancamiento de la producción agraria. La Hacienda Pública redujo sus ingresos (aumenta la deuda) y aumentó sus gastos; esto llevó a Godoy a realizar la primera desamortización, que no logró sus objetivos y disgustó gravemente a la Iglesia.

La ejecución de Luis XVI, en 1793, llevó a la mayoría de las potencias europeas a declarar la guerra a Francia. El conflicto entre España y Francia es conocido como la guerra de Convención. El ejército español, encabezado por el general
Ricardos, obtuvo algunas victorias en el Rosellón francés. No obstante, en 1794, el signo de la guerra cambió: se produjeron algunas derrotas y las tropas francesas ocuparon territorios en Girona, Gipuzkoa y Navarra. Por ello, se firmó la paz de Basilea (1795), que dio paso a trece años de acuerdos entre la Francia revolucionaria y la España absolutista. Ambas se aliarían para luchar contra Portugal y Gran Bretaña. En estas guerras, la armada española sufrió derrotas importantes, como la batalla de San Vicente y, sobre todo, la batalla de Trafalgar (1805).


En 1807, Napoleón y Godoy firmaron el Tratado de Fontainebleau, cuyo objetivo era conquistar Portugal y repartirse el  territorio y sus posesiones de ultramar entre los dos Estados. Para ello, las tropas francesas atravesaron los Pirineos. Pero, en realidad, Napoleón pretendía ocupar toda la Península Ibérica para fundar un reino, con su hermano José Bonaparte como monarca. Cuando esto se puso de manifiesto, Godoy convenció a la familia real para que se trasladara a Sevilla, para que pudiera huir a América. 

El príncipe de Asturias, Fernando, y los sectores de la corte contrarios a Godoy instigaron un motín popular contra él, acusándole de rendirse ante Napoleón. Fue el motín de Aranjuez (marzo de 1808), que se saldó con la ocupación violenta del palacete de Godoy, provocó la caída de éste y obligó a Carlos IV a abdicar Fernando VII, que asumió el trono el 19 de marzo de 1808. Eso demostró la debilidad de la monarquía española

Napoleón convocó a Carlos IV y a Fernando VII en la ciudad fronteriza de Bayona, donde les obligó a abdicar en José Bonaparte (abdicaciones de Bayona). Durante los meses siguientes, una asamblea de notables españoles aprobaba en esa ciudad una carta otorgada por Napoleón, el Estatuto de Bayona, que proclamaba a José I rey legítimo de España.

Un grupo de cortesanos ilustrados apoyaron a José I, ya que vieron la posibilidad de  acometer muchas reformas ilustradas y liberales que no se habían podido llevar a cabo por la oposición de los sectores conservadores (nobleza y clero). Son los afrancesados.

2. El desarrollo de la guerra

A. Inicio de la guerra de independencia y comienzo de la Revolución Liberal


La nueva monarquía no se consolidó. El 2 de mayo de 1808 se produjo un alzamiento popular en Madrid, cuando abandonaban la corte los últimos miembros de la familia real y de la Junta de Gobierno. Los sublevados no aceptaban al nuevo rey y, en todos los territorios se dispusieron juntas provinciales de defensa, un poder paralelo.

Para coordinarlas, se creará la Junta Suprema Central, que se vería obligada a refugiarse en Cádiz en 1810, debido a  las victorias napoleónicas. Allí se convocaron las Cortes de Cádiz (1810-1814) que van a establecer un régimen liberal de monarquía constitucional, sobre todo tras la aprobación de la Constitución de 1812. Se considera este momento como el inicio de una revolución liberal en España.


b. Etapas
Primera fase (verano 1808-finales de 1808) se produjo una vigorosa reacción popular. Los generales franceses, sorprendidos por el levantamiento del ejército y de grupos guerrilleros, establecieron un plan para acabar con la resistencia.  Para eso tuvieron que someter ciudades que habían declarado su independencia y su oposición a José I, como Girona, Zaragoza o Valencia. En Andalucía, un ejército comandado por el cardenal Castaños venció a las tropas en Bailén (julio de 1808), lo que obligó a José I a abandonar Madrid.

-Segunda fase (finales de 1808-1812), supuso el control francés del territorio. Napoleón acudió a la Península con 250.000 hombres y venció a las tropas españolas. Mientras tanto, los guerrilleros asestaban golpes continuos contra los transportes de recursos de las unidades militares y en las guarniciones con  pocos efectivos, realizando una guerra de desgaste. En la guerrilla destacaron figuras como Espoz, Mina, el cura Merino o Juan Martín “El Empecinado”. Las tropas napoleónicas controlaron las principales ciudades, excepto Cádiz, aunque no las zonas rurales.

-Tercera fase (1812-finales de 1813), vino marcada por una importante ofensiva británica. En 1812, un ejército británico, dirigido por el general Wellington, desembarcó en Portugal e inició una larga guerra contra las tropas francesas, a las que venció en Arapiles. Derrotó las unidades que protegían la huida de José I a Francia, en 1813, en Vitoria-Gasteiz y en San Marcial. A últimos de ese año se acabó la guerra con el Tratado de Valençay. La participación británica en la guerra y el desgaste de la guerrilla fueron decisivos para vencer la supremacía militar francesa, que también estaba siendo diezmada en el frente ruso y otras partes de Europa.

11.2 Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

1. Introducción: convocatoria, composición y tendencias en las Cortes de Cádiz

Las derrotas militares ante Napoleón desacreditaron a la Junta Suprema Central que, refugiada en Cádiz, fue sustituida en enero de 1810 por una Regencia Colectiva formada por cinco miembros que se convierten en una especie de gobierno provisional. Aunque la idea de reunir unas Cortes Generales para organizar la vida pública en esos tiempos de guerra ya había sido debatida en la Junta Suprema Central,  la Regencia no se decidió a convocarlas hasta que llegó a Cádiz la noticia del establecimiento de poderes locales en distintas ciudades americanas que podían poner en peligro el imperio colonial español.


Después de cien años en que los Borbones habían gobernado sin reunirlas, las Cortes inauguraron sus reuniones en septiembre de 1810 y prolongaron si actividad hasta la primavera de 1814.

Los integrantes de estas Cortes van a formar un grupo bastante heterogéneo, en el que figuraban muchos burgueses liberales, funcionarios ilustrados e intelectuales procedentes de distintas ciudades tomadas por el ejército francés; miembros de las Juntas que, huyendo de la guerra, se habían concentrado en Cádiz, ciudad refugio protegida por la marina británica. A causa  de las dificultades de la guerra, la alta nobleza y la jerarquía de la Iglesia apenas estuvieron representadas en Cádiz. Tampoco asistieron muchos delegados de las provincias ocupadas o representantes de los territorios españoles en América, siendo sustituidos en muchos casos por ciudadanos de Cádiz.

Así, en las Cortes predominaron las clases medias con formación intelectual, eclesiásticos, abogados, funcionarios, militares, catedráticos y miembros de la burguesía comercial e industrial. No hubo representación de las masas populares. Ni un solo campesino tuvo sitio en esta asamblea, tampoco las mujeres. Las primeras  sesiones de las Cortes congregaron a un centenar de diputados, pero su número fue aumentando hasta llegar a los trescientos.

De inmediato surgieron dos grandes tendencias en la cámara: los liberales eran partidarios de reformas revolucionarias y los absolutistas, llamados despectivamente “serviles”, que pretendían mantener el viejo régimen monárquico. Los debates fueron siempre dominados por los liberales.

Desde el comienzo, estas Cortes nada se parecieron a las antiguas. Al declararse Asamblea Constituyente y proclamar la soberanía nacional, los diputados de Cádiz ponían en marca la Revolución liberal en España.

2. La obra legislativa de las Cortes de CádizA. Decretos de abolición del Antiguo Régimen

Los liberales aprobaron el decreto de la libertad de imprenta, primera formulación del derecho a la libertad de expresión que suprimía la censura para los escritos políticos aunque no para los religiosos.Fueron abolidos los señoríos jurisdiccionales, que impedían la modernización de la administración local y provincial. Se trataba de una decisión fundamental en el proceso de reforzamiento del Estado.


Fueron derogados los gremios, una estructura medieval muy criticada por ineficaz y que será eliminada para dar paso a las modernas relaciones de producción liberal capitalista. Con este mismo objetivo, fue también suprimida la Mesta.

Después de acaloradas disputas, fue abolida la Inquisición, al considerarse un obstáculo a la libertad de pensamiento y al desarrollo de la ciencia.

B. La Constitución de 1812

Esta Constitución es la primera de la historia de España, conocida popularmente como “la Pepa” por ser aprobada el 19 de marzo, día de San José, de 1812. Es un texto muy extenso, en el que se regulan con detalle todas las cuestiones relacionadas con la vida política y los derechos de los ciudadanos.

Esta Constitución proclama la soberanía nacional. Se establece una clara división de poderes. El poder ejecutivo queda en manos del rey, el poder judicial está en manos de los diferentes tribunales de justicia y el poder legislativo es atribuido a las Cortes, que tendrán una sola cámara elegida por sufragio universal masculino mediante un complicado sistema de compromisarios. Pero para ser diputado se requería la condición de propietario.

Su idea de nación quedó plasmada en el diseño de un Estado unitario, que afirmaba los derechos de los españoles en su conjunto por encima de los históricos de cada reino. De esta forma, la Constitución de 1812 daba un nuevo paso en el proceso de centralización política y administrativa. En esta línea se fijaba una burocracia centralizada, una fiscalidad común, un ejército nacional o un mercado libre de aduanas interiores.

Se define el Estado como confesional.

La constitución no tuvo vigencia real en España por causa de la guerra y Fernando VII, a su vuelta, la abolió en 1814; de este modo, solo tuvo vigencia en el llamado Trienio Liberal (1820-1823) y unos meses en 1836. No obstante, tiene una gran importancia, se trató del primer intento de transformar la España absolutista en un Estado liberal; en ella se van a inspirar posteriores constituciones, tanto españolas como extranjeras. Además, se convertirá en un símbolo del deseo de libertad permaneciendo viva en el recuerdo de los españoles a lo largo de todo el siglo.


11. 3 Fernando VII: Absolutismo y liberalismo

1. Introducción: La vuelta del “Deseado”

A finales de 1813, la Guerra de la Independencia terminaba con la firma del Tratado de Valençay. Acabada la contienda, Fernando VII regresó a España (marzo de 1814). Tanto liberales como absolutistas esperaban con impaciencia el retorno del monarca, llamado “el Deseado”. Sesenta y nueve diputados absolutistas de las Cortes de Cádiz entregaron al Rey el Manifiesto de los Persas, en el que solicitaban la restauración de la monarquía absoluta y la derogación de la Constitución de 1812. Incluía una alusión a una supuesta costumbre de los persas: pasar cinco días en anarquía a la muerte de un rey para que las desgracias les hiciese más fieles a su sucesor.

El 4 de mayo de 1814, Fernando VII aceptó la derogación de la Constitución. Se trataba de la primera reacción absolutista contra la incipiente revolución liberal. 

2. Etapas del reinado

2. a. La primera restauración absolutista (1814-1820)

El Rey, con el apoyo del ejército y de los antiliberales, anuló la obra de las Cortes y reprendió duramente a los constitucionalistas, lo que obligó a muchos a exiliarse. Empezaba, así, la intolerancia ideológica.

Comenzaba, así, un periodo de seis años en que iba a dominar el sector más intransigente de la sociedad, encabezado por la Iglesia. Se restableció la Inquisición.

La vuelta al absolutismo y al sistema señorial supuso una crisis económica y de la Hacienda. Además, dejaron de llegar los caudales de Indias y el desprestigio de España en el exterior produjo su no admisión en el sistema de tratados internacionales hasta 1817. Tampoco era posible obtener créditos exteriores o inversiones.

Pese ala persecución al liberalismo,entre1814 y1819 se hicieron pronunciamientos de sectores militares partidarios de la Constitución de 1812, que fracasaron. Pero, el 1 de enero de  1820 triunfó el encabezado por Rafael del Riego, quien proclamó la Constitución de 1812, en el pueblo sevillano de Las Cabezas de San Juan. Algunas ciudades, como A Coruña y Barcelona, se adhirieron a la insurrección. Fernando VII, viéndose vencido, pronunció la frase: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. Se iniciaba así el Trienio Liberal o Trienio Constitucional.


2. b. El Trienio Liberal (1820-1823)

Este periodo, fue el primer ensayo de Gobierno constitucional. Se practicó una política moderada y siguieron los principios recogidos en la Constitución de 1812, como la libertad de prensa o los derechos individuales.

La Iglesia, defensora del absolutismo, fue apartada del poder. Los jesuitas fueron expulsados, y las órdenes monásticas, disueltas, expropiándose parte de sus posesiones. Se reanudó la venta de las propiedades desamortizadas diez años antes.

Los liberales se escindieron en dos grupos:

–Los liberales moderados proponían pactar con los absolutistas para que, restringiendo algunos principios liberales, aceptasen un sistema constitucional.

–Los liberales exaltados pretendían radicalizar las medidas liberales. Ampliando el sufragio universal masculino y reduciendo el poder de la Iglesia y  de la nobleza; creando, así, un Estado más centralizado.

Pese a que las medidas de los gobiernos constitucionalistas no fueron muy radicales, los absolutistas conspiraron contra ellos. Se llegó a crear en la Seu d’Urgell una Regencia que asumía la representación del monarca “preso de los liberales” y pretendía dirigir los ataques de las “partidas realistas”. Fernando VII apoyó a grupos armados golpistas y envió emisarios a solicitar ayuda militar a los gobiernos antiliberales de Europa para acabar con su propio Gobierno y poder derogar la Constitución.

En 1822, algunos nobles y clérigos tenían organizadas partidas militares en zonas de Cataluña, País Vasco, Galicia, Navarra y Valencia. A la acción de los golpistas se unió la de las potencias europeas, acordada en el Congreso de Verona, que se concretó en la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis, ejército formado por 60000 franceses y 35000 realistas españoles. Este ejército recorrió el país persiguiendo al Gobierno liberal, refugiado en Cádiz.

2. c. La década absolutista (1823-1833)

A partir del golpe de Estado dirigido por Fernando VII, se produjo una segunda restauración absolutista, que trajo represión y la abolición de numerosas libertades políticas. Muchos liberales fueron ejecutados y otros tuvieron que exiliarse. La Iglesia se convirtió en el principal aliado de Fernando VII.


Se produjeron cambios en la organización del Estado y cierta modernización de la Administración. Así, se instituyó el Consejo de Ministros y se reorganizó la Hacienda Pública, siguiendo el modelo de otros países europeos que ya habían unificado las cuentas del Estado y elaboraban presupuestos anuales. La economía española comenzó a despegar, con consecuencias demográficas y sociales.

Periodo no fue pacífico. La resistencia liberal en el interior (a través de sociedades secretas) y en el exterior (mediante la acción de muchos exiliados).Los absolutistas respondieron ante las reformas pidiendo más represión. A partir de 1825, los sectores absolutistas más reaccionarios exigieron a Fernando VII un retorno al régimen señorial; eran los firmantes de un “Manifiesto de los Realistas Puros”.

Los “agraviats” y “malcontents” catalanes se sublevaron exigiendo la vuelta al régimen señorial absolutista. Mientras, los liberales siguieron preparando pronunciamientos, como los de Torrijos y Mariana Pineda, quienes fueron ejecutados.

El problema sucesorio, pues el rey no lograba tener descendencia. En 1830, nació Isabel, a quien pretenderá dejar el trono. Mientras, los absolutistas más intransigentes se habían reunido en torno al hermano del rey, Carlos María Isidro.

3. La emancipación de la América española

Se produjo desde 1808 hasta la década de 1820. Los movimientos independentistas pretendían librarse de la autoridad de los funcionarios nombrados por el Gobierno español, que impedían el ascenso social de las minorías criollas. Exigían libertad económica para relacionarse con otras potencias, sobre todo Reino Unido. Además, el ejemplo de Estados Unidos.

Se distinguen tres períodos:

–Primera fase (1810-1816). Concurrió con la guerra de la Independencia en España. En ella estallaron algunas insurrecciones capitaneadas por cura Hidalgo en México, Simón Bolívar en Venezuela y José Francia en Paraguay.

–Segunda fase (1816-1818). La reacción absolutista de Fernando VII. Las autoridades y tropas enviadas a las colonias, sofocaron los alzamientos rebeldes.


–Tercera fase (a partir de 1818). Las campañas de Simón Bolívar en Venezuela y de José San Martín en Argentina, Chile y Perú decidieron el final de la guerra, sobre todo después de la batalla de Ayacucho, Perú (1824). En 1824, casi todas las colonias se habían emancipado; menos Cuba y Puerto Rico, y, Islas Filipinas, las Marianas y otros archipiélagos.

Tras la independencia de América, España perdió recursos fiscales, los caudales de Indias, mercado para las exportaciones españolas. España se convirtió en una potencia secundaria en Europa.

12.1 El reinado de Isabel II. La oposición al liberalismo: Carlismo y guerra civil. La cuestión foral

1. Introducción: El conflicto dinástico

Durante el reinado de Isabel II, se produjo el desmantelamiento definitivo del Antiguo Régimen, instalándose en España el Estado Liberal. Para ello los liberales se enfrentaron a los sectores sociales más reaccionarios en las guerras civiles conocidas como carlistas. Los militares intervinieron activamente en la vida política alcanzando un enorme peso.

El enfrentamiento comenzó como un problema dinástico, en España la Ley Sálica impedía a las mujeres heredar la Corona. Cuando en 1830 la esposa de Fernando VII, María Cristina de Borbón, se quedó embarazada, Fernando publico la Pragmática Sanción derogando la Ley Sálica para asegurar el trono a su descendiente aunque fuera una niña. De esta forma cuando nació Isabel fue proclamada heredera al trono quedando Carlos María Isidro, hermano del rey, el segundo en el orden sucesorio. Carlos María Isidro no aceptó esta modificación legal y contó con el apoyo de los defensores del Antiguo Régimen que empezarán a ser conocidos como carlistas. Para hacerles frente, Fernando VII se apoyó en los monárquicos más moderados nombrando jefe de gobierno a Cea Bermúdez y desterró a su hermano a Portugal.

En 1832 Fernando VII enfermó y su mujer María Cristina asumió la regencia, Cea Bermúdez  depuró el ejército de militares carlistas. A los partidarios de la regente se les empieza a llamar cristinas o isabelinas.

Al morir Fernando VII en 1833, Carlos María Isidro publicó dos manifiestos desde Abrantes (Portugal) reclamando el trono de España con el nombre de Carlos IV.  Comenzaba así la  1º Guerra Carlista.


2. La oposición al liberalismo: carlismo y guerra civil

Lo que empezó como pleito dinástico se convirtió en una guerra civil que enfrentó a liberales y absolutistas.

Aunque el carlismo surge a finales del reinado de Fernando VII, su origen se encuentra en las posiciones de defensa del Antiguo Régimen mantenidas por los diputados serviles de las Cortes de Cádiz. El carlismo era un movimiento tradicionalista que defendía: la monarquía absoluta de origen divino y legitimista; solo los varones podían reinar; la sociedad estamental; la religión otorgando una enorme influencia a la Iglesia y mantenimiento de los fueros y privilegios tradicionales.

El carlismo tuvo gran importancia en las áreas rurales del País Vasco, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo. Contaba con el apoyo de la baja nobleza rural, el bajo clero, bastantes bandos intermedios del ejército y gran parte del campesinado. Por el contrario, la alta nobleza, la jerarquía eclesiástica, los altos mandos militares, las clases urbanas y los intelectuales apoyaban a Isabel II.

Al morir Fernando VII, se formaran las primeras partidas de guerrilleros y comenzó la 1º Guerra Carlista, que duró hasta 1840 y que tuvo tres etapas:

–Primera etapa (1833-1835): los partidos carlistas se hacen con el control del País Vasco, Navarra y Cataluña, excepto las ciudades. El general carlista
Zumalacárregui consigue formar un ejército regular aglutinando los partidos dispersos, aunque se aseguró el control de las áreas rurales, fracasó en el intento de tomar Bilbao, durante su asedio morirá.

–Segunda etapa (1835-1837): los carlistas emprenden varias expediciones militares desde el norte que acaban en fracaso, la expedición del propio Carlos de María Isidro, llamada Expedición Real,  llegó hasta las puertas de Madrid (1837) pero terminó también en un fracaso. El general Espartero, partidario de Isabel II; va adquiriendo un gran prestigio sobre todo  al lograr definitivamente liberar Bilbao.

..Tercera etapa (1837-1839): la imposibilidad de lograr la victoria provocó la división entre los carlistas, por un lado los transaccionistas partidarios de negociar la paz y por otro los exaltados que desean seguir luchando.


Tras la victoria de Luchana por parte de los liberales, el general Espartero y el general carlista Maroto, líder de los transaccionistas firmaban la paz mediante “El Convenio de Vergara” (1839). La mayor parte de los carlistas cesarán en la lucha y se reintegrarán a la vida civil, Espartero se comprometió a solicitar a la regente la incorporación al ejército nacional de los carlistas que lo deseasen manteniendo su graduación y sueldo, además de que las Cortes decidiesen el mantenimiento de los aspectos fundamentales de los fueros del País Vasco y Navarra.

 Los exaltados no aceptaron esta negociación y continuaron la lucha hasta ser derrotados ya en 1840.

Las consecuencias de este conflicto fueron: unas grandes pérdidas humanas y materiales y fundamentalmente la derrota de los principios absolutistas.

A pesar de su derrota militar, el carlismo siguió latente dando lugar a dos guerras más entre 1846-1849 y entre 1872-1876.

3. La cuestión foral

Los carlistas defendían el mantenimiento de los fueros en el País Vasco y Navarra, así como su recuperación en los territorios de la antigua Corona de Aragón (perdidas en el S.XVIII con los Decretos de Nueva Planta). Los fueros otorgaban privilegios como exenciones fiscales y militares así como el mantenimiento de algunas instituciones y leyes propias, la defensa de la cuestión foral dio un gran apoyo popular al carlismo en esas regiones.

Los liberales eran contrarios a los fueros porque su pervivencia impedía la existencia de un estado centralista en el que todos se rigieran por las mismas leyes, sin embargo, tras la   1º  Guerra Carlista, los isabelinos se comprometieron a mantener los aspectos esenciales de estos fueros.

En 1876 tras el fin de  la 3º Guerra Carlista las Cortes abolieron definitivamente estos fueros aunque  en contrapartida, en 1878 se aprobaron unos conciertos económicos especiales para el País Vasco y Navarra.


12.2 Isabel II (1833-1843). Las regencias

1. Introducción

 Al tiempo que con la muerte de Fernando VII se iniciaba una guerra por su sucesión (1º Guerra Carlista) durante la minoría de edad de Isabel II comenzó la construcción de la nueva España liberal.

2. Regencia de María Cristina de Borbón (1833-1840)

 La regencia de María Cristina estuvo condicionada por la 1º Guerra Carlista. Su primera decisión fue confirmar a CEA Bermúdez y como Jefe de Gobierno. Proclamó una amnistía (perdón de los que habían sido condenados por parte del Estado) para los liberales perseguidos por Fernando VII con el fin de ganarse su apoyo. Pese al resto de los liberales vieron en el apoyo a María Cristina la mejor vía pasa con acabar con el Antiguo Régimen en España.

Cea Bermúdez emprendió algunas reformas para implantar un liberalismo de tipo muy moderado por lo que fue muy criticado  por los liberales progresistas que consideraban que estas reformas eran demasiados tímidos.

Las principales diferencias entre los dos grupos políticos liberales (progresistas y moderados:

  1. En el concepto de Soberanía y en el papel que debe jugar la Corona en el sistema político los moderados eran partidarios de una soberanía compartida entre las Cortes y la Corona, esta con amplios poderes los progresistas en cambio proclaman la soberanía nacional y limitan el poder del rey.
  2. La participación ciudadana: los moderados eran partidarios de un sufragio muy restringido que consideran que el poder debe estar controlado por las clases altas con capacidad económica e intelectual. Los progresistas consideran que el derecho al sufragio debe ser más amplio.
  3. En el referido a libertades y derechos a la propiedad que por otros derechos reclamados por los liberales progresistas como la libertad de que por otros derechos reclamados por los liberales progresistas como la libertad de expresión a la libertad religiosa.

Tras las protestas María Cristina decidió nombrar como jefe de Gobierno a Martínez de la Rosa, liberal que había apoyado la Constitución de 1812 pero que había evolucionado hacia un liberalismo más moderado.


Bajo su gobierno promulgó el Estatuto Real (1834) que era una carta otorgada de carácter muy conservador, de este Estatuto cabe destacar una Cortes bicamerales la de los Próceres, designados directamente por la Corona y la de los Procuradores, elegidos por un sufragio muy restringido. Estas Cortes carecían de la facultad de redactar leyes solo podían solicitar su redacción al ejecutivo ejerciendo el derecho de petición además el Estatuto Real no reconocía derechos individuales.

Los liberales progresistas se movilizaron contra el Estatuto Real y María Cristina se vió obligada a nombrar como jefe de Gobierno a Juan Álvarez Mendizábal, liberal progresista, este consideraba que la única forma de ganar la guerra carlista, era profundizar en las reformas liberales por lo que impulsó la ley de Desamortización Eclesiástica y una reforma del ejército, como consecuencia la Iglesia y el ejército se opusieron a Mendizábal por lo que la Regente decidió volver a cambiar el Gobierno entregándoselo de nuevo a los moderados. Así estallaron nuevas protestas protagonizadas por los progresistas que protagonizaron un pronuncionamiento militar el llamado “Motín de la Granja de San Ildefonso”.

En Agosto de 1836 por el que la regente tuvo que nombrar como jefe del estado de gobierno al progresista José María Calatrava y restableció la Constitución de 1812, mientras se redactaba una nueva (Constitución 1837). El gobierno de Calatrava, con Mendizábal como ministro de Hacienda llevó a cabo reformas para asentar el liberalismo en España: se aprueba la Desamortización Eclesiástica de Mendizábal. Su objetivo era conseguir unos recursos económicos para financiar la primera guerra Carlista y aumentar el numero de propietarios que apoyaban al nuevo Estado liberal; se suprimió el sistema señorial, el mayorazgo y los diezmos; se estableció una elección democrática de alcaldes y concejales, y sobretodo, se promulgó la Constitución de 1837, de carácter mas demorado por su redacción conservadora entre moderados y progresistas ante el peligro Carlista. De su contenido podemos destacar la proclamación de la soberanía nacional, el reconocimiento de los derechos individuales como el de la libertad de imprenta, igualdad, política etc. La toma tiene amplios poderes en sus manos; está el poder ejecutivo y también tiene capacidad legislativa, el derecho de convocar y disolver el parlamento, de vetar las leyes aprobadas. El poder legislativo también recae en el parlamento dividido en Congreso y Senado, elegidos por un sufragio muy restringido.


Al poco tiempo María Cristina nombro un nuevo gobierno de carácter moderado con los que sintió más cómoda. En 1840 cuando los moderados trataron de aprobar una nueva ley de Ayuntamiento, que suprimía la elección demócrata de sus miembros, se volvieron a producir alteraciones de orden provocados por los liberales progresistas en distintas ciudades. Ante estos hechos, María Cristina renunció a la regencia siendo nombrado nuevo regente el general Espartero, líder liberal progresista y héroe de la primera Guerra Carlista.

3. Regencia del general Espartero

 Espartero practicó una política progresista con nuevas noticias desamortizadas. Disolvió el parlamento que se oponía a su política y tras mandar bombardear algunas torres de Barcelona para recibir una revuelta popular que protestaba por ciertas medidas librecambistas, su forma de gobierno autoritaria lo fue alejando de los progresistas. Sin apenas apoyo, Espartero se fue exiliado en 1843 tras el triunfo de un pronuncionamiento moderado liderado por el general Narváez. Con la marcha de Espartero, la regencia quedaba vacante, moderados y progresistas se pusieron descuerdo para adelantar la mayoría de edad de Isabel II que tenía 13 años.

12. 3 Isabel II: El reinado efectivo (1843- 1868)

1. Introducción

Durante el reinado de Isabel II, se consolidará el régimen liberal en España, en general, bajo las directrices de un liberalismo bastante moderado.

2. Etapas del reinado

A. La década moderada (1844-1854)


Proclamada mayor de edad a los 13 años, Isabel II asumió el trono de España (1843) y encargó la formación de Gobierno al partido moderado, liderado por Narváez.

 Con el apoyo de los sectores burgueses más conservadores, el partido moderado gobernó durante 10 años. Derogó la Constitución de 1837 y redactó otra nueva en 1845, en la que otorgaban más poderes a la Corona y al Gobierno, y se recortaban los del Parlamento. El sistema legislativo era bicameral (Senado y Congreso de los Diputados) y se mantenía el sufragio censitario. Por tanto, solo podían votar y ser elegidas las personas con propiedades o distinguidas por su profesión. En esta etapa se realizaron algunas reformas político-administrativas importantes: Ley Fiscal, Código Civil y Código Penal, Ley de Sociedades por Acciones.


En 1844 se creó la Guardia Civil, cuerpo policial de carácter militar destinado a mantener el orden en las zonas rurales y que aseguraba el derecho a la propiedad de los terratenientes del campo.

En 1846 se iniciaba la Segunda Guerra Carlista, que iba a dura hasta 1849.

Los políticos moderados intentaron acercarse a la Iglesia. Para ello, en 1851 se firmó un concordato con el Vaticano, por el que la Iglesia recuperaba muchos privilegios y era autorizada a intervenir en la enseñanza.

Los gobiernos de esta década favorecieron los negocios financieros en los que participaban políticos, personajes influyentes y miembros de la familia real.

En 1854, tras años de corrupción y de autoritarismo por parte de los gobiernos moderados, se produjo un pronunciamiento militar, “la Vicalvarada”, que tuvo lugar en Vicálvaro, Madrid. Su instigador fue el general Leopoldo O’Donnell, líder del partido Unión Liberal. En este alzamiento participaron amplios sectores liberales y populares de ciudades como Zaragoza y Madrid. El movimiento no pretendía destronar a la reina, sino forzarla a admitir las reformas democráticas interrumpidas en 1844, según se afirma en el Manifiesto de Manzanares que redactó el liberal Antonio Cánovas.

B. El Bienio Progresista (1854-1856)


Tras este golpe de Estado, comenzó una etapa política de dos años, en la que se elaboró una carta constitucional conocida como “non-nata” (no se puso en práctica).  

Después de “la Vicalvarada”, Isabel II pidió al general progresista Espartero que formara Gobierno, con lo que se adoptaron medidas radicales. Así, los jesuitas fueron expulsados de España y se prohibieron las manifestaciones externas del culto católico. Otra medida importante del Gobierno fue la realización de una segunda desamortización (1855), según el plan de Pascual Madoz. Las consecuencias de esta medida fueron, en parte, beneficiosas; pero también provocó un empeoramiento de las condiciones de vida de los jornaleros y de los pequeños agricultores.

Del año 1855 es también la Ley de Ferrocarriles, que planificó la red ferroviaria, que tanta importancia tuvo en el desarrollo del capitalismo español.


El Bienio Progresista coincidió con un buen momento de la economía española, caracterizado por las exportaciones de productos agrícolas e industriales de todo tipo. La razón de esta bonanza económica fue la guerra de Crimea. 

Este periodo acabó por la reacción de los liberales moderados y las presiones de la Corona y la Iglesia. 

C. El retorno al moderantismo (1856-1868)


Narváez se puso al frente del gobierno y comenzó un largo periodo caracterizado por el predominio de tres sectores sociales: los terratenientes, los militares conservadores y la Iglesia. Se sucedieron los gobiernos de los generales Narváez y O’ Donnell, este último con unas posiciones más moderadas que en 1854.

En este periodo cabe destacar la paralización de la desamortización de 1855, el reconocimiento a la Iglesia de muchos de sus privilegios tradicionales, la dura represión contra las revueltas campesinas llevada a cabo por la Guardia Civil, el establecimiento de prácticas electorales corruptas, como las institucionalización de la compra de votos, los pucherazos y la creación de un sistema de caciques locales que, a cambio de cargos u otros beneficios, controlaban las fraudulentas elecciones.

La época de mayor prosperidad coincidió con el Gobierno de 5 años del general O’Donnell, conocido como “Gobierno largo”. Fue un periodo de buenas cosechas y de expansión comercial, gracias a las bases coloniales de Cuba y Filipinas.

También se inició una política exterior colonial a imitación de las potencias  europeas, en alianza con Francia, aunque no tuvo la misma envergadura. En este sentido, se enviaron tropas a Cochinchina y al norte de África; se ocupó Santo Domingo, para perderse poco después: y se envió un ejército a México dirigido por el general Prim, que decidió la retirada española de este territorio.

 Frente a la política conservadora de los moderados, aumentaban los deseos de unos derechos civiles más amplios. Entre las capas ilustradas se implantaba el Partido Demócrata y aparecía el republicanismo, al tiempo que se creaban las primeras organizaciones obreras y se producían agitaciones entre el campesinado jornalero. La política moderada respondía con represión a las demandas de libertad y, en 1864, Narváez volvió al frente del Gobierno.


En 1866 se produce una crisis industrial y otra financiera, que supuso el hundimiento de casi todos los bancos. Todo ello coincidió con una sucesión de malas cosechas y crisis de subsistencias. 

 El malestar se extendió por todo el país, arreciaron las agitaciones sociales, las conspiraciones militares y la crítica política en la prensa y en la Universidad. Tras la destitución de los profesores universitarios republicanos Castelar y Sanz del Río y las consiguientes protestas estudiantiles, el ejército actuó con gran violencia (noche de San Daniel). Hubo pronunciamientos progresistas, alentados por el general Prim, que fueron reprimidos duramente (fusilamiento de los sargentos del cuartel de San Gil). La Corte y la reina se desprestigiaban día a día. Como alternativa a la crisis, progresistas y demócratas firmaron el Pacto de Ostende, que llevará a la Revolución de 1868, produciendo la caída de Isabel II.

12. 4 Sexenio Democrático (1868-1874). Intentos democratizadores. La Revolución, el reinado de Amadeo I y la Primera República

1. Introducción: la Revolución de 1868 y la Constitución de 1869

 En 1866 se produce una crisis industrial y otra financiera, que supuso el hundimiento de casi todos los bancos. Todo ello coincidió con una sucesión de malas cosechas y crisis de subsistencias. 

 El malestar se extendió por todo el país, arreciaron las agitaciones sociales, las conspiraciones militares y la crítica política en la prensa y en la Universidad. Tras la destitución de los profesores universitarios republicanos Castelar y Sanz del Río y las consiguientes protestas estudiantiles, el ejército actuó con gran violencia (noche de San Daniel). Hubo pronunciamientos progresistas, alentados por el general Prim, que fueron reprimidos duramente (fusilamiento de los sargentos del cuartel de San Gil). La Corte y la reina se desprestigiaban día a día. Como alternativa a la crisis, un grupo de políticos demócratas y progresistas, firmaron el Pacto de Ostende (1866), para destronar a Isabel II y crear juntas revolucionarias que organizaran a las masas populares, muy descontentas de la situación social, económica y política.


 Dos años después, en septiembre de 1868, la armada española atracada en Cádiz y dirigida por el almirante Topete se sublevó contra la monarquía de Isabel II. Muy pronto, la insurrección se extendió por Cataluña, Valencia y Andalucía. Se crearon juntas revolucionarias en las principales ciudades y el pronunciamiento militar se convirtió en un movimiento revolucionario de los sectores populares contra los Borbones. En pocos días triunfó la revolución, conocida como “la Gloriosa”.

 La Revolución de 1868 puso fin al régimen liberal autoritario. Isabel II y su familia abandonaron España y se exiliaron en Francia.

 Como primera medida, los revolucionarios, encabezados por los generales Francisco Serrano y Juan Prim, convocaron elecciones para que las nuevas Cortes redactaran una Constitución que sustituyera a la de 1845. La nueva Carta Magna, promulgada en junio de 1869, establecía el sufragio universal masculino; garantizaba las libertades de expresión, de prensa, de reunión y de asociación; el Estado se comprometía al mantenimiento de la Iglesia católica, pero permitía la libertad de culto; y la monarquía seguía manteniéndose como forma de Estado. El general Serrano se convertiría en regente y Prim, en jefe de gobierno.

 El mantenimiento de la monarquía planteaba un problema, ya que en aquellos momentos la familia real española estaba exiliada. Por ello, se buscó un candidato entre las cortes europeas. El general Prim ofreció el trono al príncipe Amadeo de Saboya, perteneciente a la casa real italiana y de un marcado carácter liberal.

2. El reinado de Amadeo I

Amadeo I reinó poco más de dos años (noviembre, 1870- febrero, 1873) y asumió el papel de monarca constitucional que reina pero no gobierna. Se encontró un país con graves problemas políticos. La mayoría de los partidos le ignoraban y se disputaban el poder en el Congreso, impidiendo, así, la estabilidad de cualquier Gobierno. Además, su principal apoyo, el general Prim, fue asesinado el 27 de diciembre de 1870, poco antes de su llegada a Madrid. En esa época, los carlistas iniciaron insurrecciones en zonas de Cataluña, Valencia, Navarra y el País Vasco, y se produjeron numerosas revueltas urbanas, protagonizadas por sectores populares que se sentían traicionados por el Gobierno liberal. Mientras tanto, en Cuba, entre 2868 y 1870 se sucedieron los levantamientos contra el Gobierno. Ante esta difícil situación, en 1873 Amadeo I abdicó y volvió a Italia.


3. La Primera RepúblicaTras la abdicación del rey Amadeo I, los sectores republicanos convencieron a los diputados de que la alternativa era la república. Así, el 11 de febrero de 1873 las Cortes votaron la constitución de una república, cuyo primer presidente fue Estanislao Figueras.La falta de políticos convencidos del republicanismo y la desconfianza entre los sectores populares fueron los principales problemas con los que tropezó la joven República. Las clases populares no obtuvieron una respuesta clara a sus demandas de supresión de los impuestos y del injusto sistema de reclutamiento “las quintas”. Además, la República tenía en contra a grupos como los políticos autoritarios y conservadores, buena parte de la jerarquía eclesiástica y los carlistas. Las juntas revolucionarias resurgieron y quisieron poner fin, por la vía insurrecional, a los ayuntamientos gobernados por políticos monárquicos. Por su parte, los jornaleros del sur pedían el reparto de los numerosos latifundios. Además, aumentó la agitación en las fábricas.Poco después, surgió en Cataluña el republicanismo federal, que se manifestó en lugares como Galicia y Levante, enfrentándose al republicanismo unitario y centralista. Con el breve gobierno de Pi i Margall llegaron a redactar un proyecto de constitución federal, que organizaba España en 17 estados. Pero la radicalización de los intransigentes federales llevó a la proclamación de cantones, pequeños territorios que se proclamaban soberanos frente al Estado central. Algunos, como Alcoy, Málaga o Cartagena, perduraron varios meses. La República, en el verano de 1873, aparecía ya como un régimen frágil e inestable. Si a esto se le añade la Tercera Guerra Carlista y la guerra de Cuba, queda claro que la consolidación de la República era imposible. Durante el año que duró se sucedieron cuatro presidentes: Estanislao Figueras, Francisco Pi i Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar. Las continuas luchas entre los partidos y la falta de apoyo al Gobierno provocaron una constante inestabilidad, por lo que ninguno de los presidentes consiguió hacerse con las riendas del poder.Un nuevo pronunciamiento puso fin a esta situación. El 3 de enero de 1874, el general Manuel Pavía, capitán general de Madrid, entró con las tropas en el Congreso, lo disolvió y entregó el poder al general Francisco Serrano, quien decidió autoproclamarse presidente vitalicio de la República y gobernó dictatorialmente durante doce meses, hasta que se produjo la restauración monárquica con el golpe de Estado del general Arsenio Martínez Campos (29 de diciembre de 1874) a favor de Alfonso XIII, hijo de Isabel II.


12. 5 El reinado de Alfonso XII: El sistema canovista y la Constitución de 1876

1. Introducción: La restauración de Alfonso XII y ejes políticos de la primera fase de la Restauración

El 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos encabezó un pronunciamiento en Sagunto y proclamó rey de España a Alfonso XII, hijo de Isabel II. Otros jefes militares se unieron a la proclamación y el general Serrano, presidente de la República, fue desautorizado por sus oficiales y se exilió temporalmente. Al día siguiente, se formó en Madrid un gobierno provisional presidido por Antonio Cánovas del Castillo, que gozaba oficialmente de la confianza de Alfonso XII, a quien había redactado pocos días antes el llamado Manifiesto de Sandhurst, en el que se exponían los principios del futuro régimen de la Restauración.

El 9 de enero de 1875 el joven rey entró en España, donde fue recibido con una gran cordialidad oficial y popular. La monarquía borbónica acababa de ser restaurada.

Los ejes políticos esenciales que marcan la primera fase de la restauración son el fin de la guerra carlista, el establecimiento del bipartidismo, la alternancia pacífica en el poder y la política exterior.

La primera acción política del nuevo rey fue desplazarse al norte de la Península para  conducir la guerra contra los carlistas. Mientras se dirigía a la zona del conflicto, Alfonso XII ofreció una amplia amnistía en la que proponía a todos olvidar el pasado y unirse a la monarquía constitucional que él representaba. El general carlista Cabrera aceptó la amnistía, incluso dirigió un manifiesto a las tropas carlistas invitándolas a poner fin a esta guerra. Pero el conflicto no se resolvió de forma definitiva hasta marzo de 1876, fecha en el que Carlos VII, el pretendiente carlista, vencido definitivamente pasó con sus tropas a Francia. Los carlistas ya no volvieron a levantarse en armas aunque su pensamiento tradicionalista se mantuvo vivo, comenzaron a participar en la vida política y se situaron en la extrema derecha del arco parlamentario.

Cánovas aprovechó el fin de la guerra para derogar en 1876 las exenciones fiscales y del servicio militar del País Vasco y Navarra, restos de los antiguos privilegios forales. 


Cánovas impulsó un régimen bipartidista inspirado en el modelo inglés, con el fin de acabar con las tensiones que habían marcado la política del país a lo largo del siglo XIX, y asegurar la estabilidad del régimen nacido con la Restauración.

Su intención era crear dos grandes partidos políticos que pudieran aglutinar diferentes criterios, siempre y cuando se ajustaran a la legalidad que él mismo había diseñado. Esto significa dejar fuera del sistema a las organizaciones políticas que no aceptaran la monarquía restaurada y la dinastía borbónica. En consecuencia, los partidos que dominaron la escena política durante la Restauración fueron el Conservador y el Liberal.

 Cánovas lideró el Partido Liberal Conservador, conocido después como Partido Conservador. Y Sagasta, por su parte, lideró el Partido Liberal Fusionista, llamado después Partido Liberal.

El Partido Conservador había ganado las elecciones y, bajo su hegemonía, se redacto la Constitución  de 1876. A partir de su aprobación, la vida política del país de basó en la alternancia pacífica de los dos grandes partidos en la gestión del poder del Estado.

El bipartidismo se consolidó definitivamente tras la muerte prematura del rey Alfonso XII, en 1885, sin sucesión masculina y estando la reina embarazada. Los dos grandes partidos acordaron el turno político para garantizar la estabilidad del régimen (en un supuesto acuerdo conocido como Pacto de El Pardo).

 Otro aspecto en el que el nuevo régimen tuvo éxito inicialmente fue en la pacificación de Cuba, en la que poco después de la Revolución del 68 había comenzado una guerra de liberación que duraba 10 años y que había empezado con el llamado grito de Yara. El general Martínez Campos fue enviado a la colonia caribeña con el encargo de combatir a los rebeldes y de negociar un acuerdo con ellos. La Paz de Zanjón, firmada en febrero de 1878 en virtud de la cual se concedían a los cubanos los mismos derechos que a los españoles, trajo momentáneamente la tranquilidad a la isla.


2. El sistema canovista y la Constitución de 1876

 Cánovas del Castillo fue un hombre práctico en política y confiaba más en el éxito concreto de las ideas que en la pureza de los pensamientos. Este político, encargado de dirigir el país y de dotarlo de un nuevo marco político de actuación, creyó que principios como la patria, la monarquía, la dinastía histórica, la libertad, la propiedad  y el gobierno conjunto del rey con las Cortes eran incuestionables y claves en la organización política (“constitución interna”), por lo que tenían que formar parte de la Constitución de manera indiscutible. En consecuencia, sostenía que los sectores que no los aceptaran no podían tener cabida en el sistema ni en la elaboración de la Constitución. Pero salvo estos fundamentos básicos, el resto de las cuestiones del Estado sí podían ser objeto de debate político. Gracias a esa actitud, el nuevo régimen consiguió aglutinar la mayor parte de la clase política dentro del juego institucional.

 La Constitución empezó a debatirse en febrero de 1876 y, aunque los conservadores tenían mayoría absoluta en el Parlamento, cedieron con frecuencia a las propuestas del Partido Liberal. El resultado fue que, aparte de los principios que Cánovas consideraba básicos, los principales temas ideológicos en los que se enfrentaron los dos partidos dinásticos, conservadores y liberales, fueron objeto de negociación mediante una redacción flexible. Las divergencias más importantes se centraron fundamentalmente en el concepto de soberanía y la confesionalidad del Estado.

 Algunas de estas diferencias se solucionaron mediante una redacción esquemática de los artículos, que dejaba su concreción para leyes posteriores. De esta forma, cada Gobierno podría adoptar la formulación que mejor se adecuara a su ideología. En cuanto a la religión, se llega a una solución de tolerancia mutua. Por una parte, el estado se declaraba confesional y se obligaba a mantener el culto católico y a sus ministros, aspecto que identificaba a los conservadores. Pero, por otra parte, los liberales conseguían la libertad de conciencia.

 Muchos de los contenidos expresados en esta Constitución se encontraban ya en la de 1869. Las diferencias más importantes con ésta eran las atribuciones que se adjudicaban a la monarquía, mucho más amplias en la Constitución de la Restauración.

 Con la Constitución de 1876, cada Gobierno pudo legislar con sus ideas, pero manteniendo cierto respeto hacia la obra realizada anteriormente por su adversario. Durante el periodo de la Restauración, independientemente del tipo de sufragio, las elecciones nunca fueron transparentes. Si un presidente se veía obligado a dimitir, el rey encargaba la formación de un nuevo Gobierno al líder de la oposición, quien disolvía las Cortes y convocaba unas elecciones que siempre ganaba por mayoría absoluta, ya que las organizaba desde el Ministerio de la Gobernación con la colaboración de los alcaldes, los gobernadores civiles y caciques de los pueblos y de las ciudades.

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