El Reinado de Isabel II: Regencias, Guerras Carlistas y Transformación Liberal


Isabel II: Las regencias, las guerras carlistas y los grupos políticos

El Carlismo y el conflicto sucesorio

Fernando VII quiso garantizar la descendencia de su hija, pero la Ley Sálica no permitía reinar a las mujeres, por lo que publicó la Pragmática Sanción y restableció la línea sucesoria de los partidos, poniendo en vigor una ley aprobada por las Cortes de 1789. Cuando el rey muere le sucede Isabel II, pero como tenía 3 años asume la regencia su madre María Cristina de Borbón.

Carlos María Isidro, con el apoyo de los Apostólicos, se negó a reconocer a Isabel como legítima heredera e hizo valer su derecho al trono publicando el Manifiesto de Abrantes, provocando una guerra civil. El carlismo tenía un fuerte contenido ideológico y de clase, y defendía los fueros tradicionales. En su bando estaban los absolutistas más radicales, que cobraban fuerza en el País Vasco, Navarra y Cataluña. Entre sus revueltas destacan los sucesos de La Granja. Frente a los carlistas, se formó un sector de absolutistas moderados con apoyos liberales y de la reina.

Las tres Guerras Carlistas del siglo XIX

El carlismo provocó tres guerras en el siglo XIX:

La Primera Guerra Carlista (1833-1840)

Estalló a los pocos días de morir Fernando VII. En ella diferenciamos tres etapas:

  • 1833-1835: Fracasa el intento carlista de ocupar Bilbao, donde muere el general carlista Zumalacárregui.
  • 1835-1837: Los carlistas penetran en territorio adversario y recorren sin éxito casi toda la Península, llegando hasta Cádiz y Madrid. Los carlistas vuelven a ser derrotados por el general liberal Espartero.
  • 1837-1839: El ejército carlista sufrió continuas derrotas. Espartero logra firmar con el sector transaccionista, encabezado por Maroto, el Convenio de Vergara (Abrazo de Vergara), que contenía una ambigua promesa de mantenimiento de los fueros vascos, pero en 1841 se promulgaron varias leyes por las que Navarra perdía sus aduanas y sus Cortes. Acabó la guerra y Carlos marchó a Francia.

La Segunda Guerra Carlista (1846-1849)

Conocida como la Guerra dels Matiners, estalló durante el reinado efectivo. Estuvo protagonizada por el nuevo pretendiente carlista Carlos VI y la principal zona de batalla fue Cataluña. Finalizó en 1849 y tuvo menor impacto.

La Tercera Guerra Carlista (1872-1876)

Se inició en 1872 durante el reinado de Amadeo de Saboya con el levantamiento armado de Carlos VII, se prolongó durante la I República y acabó en el reinado de Alfonso XII. El conflicto llegó a su fin por el desgaste de las tropas carlistas y la Restauración monárquica. Con Alfonso XII y la mayor capacidad militar del régimen de la Restauración, tras campañas como la del Maestrazgo y la culminación de la guerra en 1876, Carlos VII marchó a Francia.

La Regencia de María Cristina (1833-1840)

El primer gobierno de la regencia estuvo presidido por Cea Bermúdez, absolutista moderado, partidario de hacer reformas administrativas. Pero la presión de los liberales hizo que se formase un gobierno encabezado por Martínez de la Rosa, que publicó el Estatuto Real de 1834.

En cuanto a la evolución política, los liberales se dividieron en:

  • Partido Moderado: Su líder era Narváez y se apoyaba en las clases altas.
  • Partido Progresista: Su líder era Espartero y se apoyaba en las clases medias.

Los progresistas protestaron contra el Estatuto y se sucedieron dos gobiernos: uno progresista con Mendizábal y otro moderado con Istúriz. En 1836, el pronunciamiento progresista de los sargentos de la Guardia Real en La Granja obligó a María Cristina a nombrar un nuevo Gobierno y a restablecer la Constitución de Cádiz, que se reformó llegando así a la Constitución de 1837.

Las consecuencias del carlismo fueron la inclinación de la monarquía hacia el liberalismo, el protagonismo político de los militares y la financiación de la guerra, que obligó a orientar de una manera determinada reformas como la desamortización de Mendizábal. Aprobada la constitución, llegaron los moderados al poder y crearon una Ley de Ayuntamientos que dio a la Corona la facultad de nombrar a los alcaldes de las capitales de provincia.

La Regencia de Espartero (1840-1843)

Ese enfrentamiento llevó a María Cristina a dimitir y las Cortes eligieron a Espartero como nuevo regente. Durante su regencia, Espartero actuó con un marcado autoritarismo y perdió la popularidad. Se aceleró la desamortización de los bienes eclesiásticos, se suprimió el diezmo y recortó los fueros vasco-navarros.

Además, aprobó un arancel que abría el mercado español a los textiles ingleses, por lo que la industria textil catalana provocó un levantamiento en Barcelona que Espartero zanjó mandando bombardear la ciudad. En 1843, tras las conspiraciones de Narváez y O’Donnell, abandonó la regencia y se exilió a Londres.

Marco Jurídico: El Estatuto Real y la Constitución de 1837

El Estatuto Real de 1834

Era una carta otorgada y su contenido se centraba en la reforma de las Cortes del Antiguo Régimen. En él se establecían unas Cortes bicamerales con función consultiva, formadas por una cámara alta de Próceres y por una cámara baja de Procuradores.

La Constitución de 1837

Presentaba características del ideario progresista: soberanía nacional, división de poderes y una amplia declaración de derechos. Para ganar el apoyo de los moderados, recogía:

  • Cortes bicamerales con Senado y Congreso de los Diputados.
  • Concesión de importantes poderes al Rey.
  • Compromiso de financiación del culto católico.

Se creó una Ley Electoral que fijó un sistema de sufragio censitario muy restringido, pero que amplió el censo electoral en comparación con periodos anteriores.

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