Europa, sacudida por las revoluciones liberales
1. ¿Por qué la Revolución francesa sentó las bases del mundo contemporáneo?
La ciudadanía y la soberanía popular
La Revolución francesa (1789-1799) acabó con muchos de los privilegios de la sociedad absolutista y proclamó los derechos y las libertades de los ciudadanos. Con la aprobación de la Constitución y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se defendió que todas las personas debían ser iguales ante la ley y que la soberanía residía en la nación.
Sin embargo, estos derechos no se aplicaron de la misma manera a toda la población. El sufragio universal masculino se estableció durante un breve período en 1792, pero posteriormente se impuso el sufragio censitario, que permitía votar solamente a los hombres que cumplían determinados requisitos económicos. Las mujeres quedaron excluidas de los derechos políticos.
Los nuevos sistemas políticos
La Revolución francesa cambió la organización del Estado y dio importancia a la división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Este principio quedó recogido en la Constitución y constituye una de las bases de las democracias actuales.
Durante la Revolución se desarrollaron diferentes sistemas políticos, como la monarquía parlamentaria, en la que el rey estaba sometido a la ley, y la república, en la que el jefe del Estado era elegido. Posteriormente, Napoleón estableció un sistema autoritario, en el que concentró gran parte del poder y limitó las libertades políticas.
La importancia del Estado
La Revolución francesa transformó la organización del Estado. Se reforzó la administración pública para gestionar mejor el territorio, se reorganizaron las instituciones y se crearon departamentos y municipios.
También se liberalizó la economía, se protegió la propiedad privada y se eliminaron muchas restricciones al comercio. El Estado comenzó a intervenir en aspectos económicos y sociales, como la regulación de los precios y los salarios.
Además, se separó la Iglesia del Estado, lo que permitió avanzar hacia la libertad religiosa y favoreció el desarrollo de una educación pública.
¿Cómo consiguió Napoleón dominar Europa?
Napoleón tomó el poder
En 1799, Francia atravesaba una etapa de inestabilidad política. En este contexto, el general Napoleón Bonaparte dio un golpe de Estado con el apoyo de buena parte de la burguesía, puso fin al Directorio y estableció el Consulado.
Napoleón consolidó su poder y fue nombrado primer cónsul. Su gobierno tenía un carácter autoritario, ya que concentraba gran parte del poder ejecutivo y limitaba las libertades políticas.
Napoleón consolidó una nueva Francia
Napoleón reorganizó la administración del Estado, impulsó la educación pública y estableció acuerdos con la Iglesia católica mediante el Concordato de 1801.
También promulgó el Código Civil de 1804, que defendía la igualdad ante la ley, la propiedad privada y el acceso a los cargos públicos. Sin embargo, limitó algunos derechos de las mujeres.
Napoleón creó un imperio europeo
En 1804, Napoleón se proclamó emperador de Francia e inició una política de conquistas militares. Su objetivo era ampliar el territorio francés y convertir a Francia en la principal potencia europea.
Los territorios conquistados quedaron bajo el control directo de Francia o fueron gobernados por personas de confianza de Napoleón. En España, por ejemplo, Napoleón intervino en 1808 y nombró rey a su hermano José Bonaparte.
En los territorios ocupados se eliminaron algunos principios del Antiguo Régimen y se introdujeron reformas inspiradas en la Revolución francesa. Sin embargo, la ocupación y la explotación de estos territorios provocaron el rechazo de muchos pueblos y favorecieron el crecimiento del nacionalismo.
La invasión de Rusia en 1812 debilitó considerablemente al ejército francés. Posteriormente, Napoleón fue derrotado en la batalla de Waterloo en 1815 y enviado a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.
¿Cómo se consolidaron los sistemas liberales?
Del rechazo a la Revolución a la Restauración
Tras la derrota de Napoleón, las potencias vencedoras se reunieron en el Congreso de Viena (1814-1815) para reorganizar Europa. Su objetivo era restaurar las monarquías absolutistas y frenar las ideas liberales y nacionalistas surgidas durante la Revolución francesa.
Se estableció un nuevo equilibrio territorial entre las grandes potencias europeas. Además, se creó la Santa Alianza, formada inicialmente por Rusia, Austria y Prusia, para defender el absolutismo e intervenir contra los movimientos revolucionarios.
Sin embargo, las ideas liberales y nacionalistas continuaron extendiéndose por Europa.
Las revoluciones liberales de 1830 y 1848
En 1830 se produjeron nuevas revoluciones contra el absolutismo. En Francia, Carlos X fue derrocado y se estableció una monarquía constitucional bajo Luis Felipe de Orleans. También se produjo la independencia de Bélgica.
En 1848 comenzó una nueva oleada revolucionaria conocida como la Primavera de los Pueblos. Estas revoluciones se extendieron por diferentes países europeos y defendieron el liberalismo, el nacionalismo y una mayor participación política de la población.
Aunque muchas de estas revoluciones fueron reprimidas, contribuyeron al avance de las ideas liberales y democráticas.
¿Por qué se crearon nuevos Estados en Europa?
El desarrollo del nacionalismo
El nacionalismo defendía que los pueblos con una historia, una lengua, una cultura o unas tradiciones comunes debían poder constituirse en Estados independientes.
Las invasiones napoleónicas contribuyeron a extender estas ideas, ya que muchos pueblos sometidos al dominio francés comenzaron a reivindicar su independencia.
La independencia de Grecia
Grecia formaba parte del Imperio otomano. Durante el siglo XIX, los griegos iniciaron una lucha por su independencia, apoyados por otros países europeos.
En 1829, el Imperio otomano reconoció la independencia griega, que se convirtió en uno de los ejemplos más importantes del nacionalismo europeo.
La unificación italiana
Durante el siglo XIX, Italia estaba dividida en varios Estados. El movimiento nacionalista italiano, conocido como Risorgimento, defendía la unión de todos los territorios italianos.
El proceso fue impulsado por figuras como Víctor Manuel II, el conde de Cavour y Giuseppe Garibaldi. En 1861 se proclamó el Reino de Italia y, posteriormente, se incorporaron otros territorios hasta completar la unificación en 1870.
La unificación alemana
Alemania estaba dividida en numerosos Estados. Prusia impulsó el proceso de unificación mediante una política económica y militar dirigida por Otto von Bismarck.
En 1871 se proclamó el Imperio alemán, con Guillermo I como emperador. La unificación convirtió a Alemania en una de las principales potencias europeas.
¿Cómo surgió y se desarrolló el movimiento obrero?
El nacimiento del movimiento obrero
Durante el siglo XIX, la industrialización transformó la economía y la sociedad. Muchas personas abandonaron el campo para trabajar en las fábricas de las ciudades.
Los obreros trabajaban durante muchas horas, recibían salarios bajos y tenían pocas medidas de protección. Además, las condiciones laborales eran difíciles y las viviendas de los barrios obreros solían ser deficientes.
Ante esta situación, los trabajadores comenzaron a organizarse para defender sus derechos y mejorar sus condiciones de vida.
Las primeras reivindicaciones obreras
Al principio, algunos trabajadores destruyeron máquinas porque las consideraban responsables de la pérdida de empleos. Este movimiento se conoce como ludismo.
Posteriormente, los obreros comenzaron a organizarse en asociaciones y sindicatos para reclamar mejores salarios, jornadas laborales más cortas y mejores condiciones de trabajo.
Entre sus principales reivindicaciones estaban la reducción de la jornada laboral, el aumento de los salarios y el reconocimiento del derecho de asociación.
El pensamiento marxista
El marxismo fue una corriente de pensamiento desarrollada por Karl Marx y Friedrich Engels. Defendía que la sociedad capitalista estaba dividida principalmente entre la burguesía, propietaria de los medios de producción, y el proletariado, que vendía su trabajo a cambio de un salario.
Marx y Engels consideraban que los trabajadores debían organizarse para transformar la sociedad y acabar con las desigualdades de clase.
El pensamiento anarquista
El anarquismo defendía la eliminación del Estado y de las relaciones de autoridad que consideraba opresivas. Sus seguidores proponían una sociedad organizada mediante asociaciones libres y comunidades en las que las personas cooperasen voluntariamente.
Aunque el marxismo y el anarquismo tenían diferencias, ambas corrientes criticaban las desigualdades sociales y buscaban mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
Las asociaciones internacionales
Durante el siglo XIX, los trabajadores comenzaron a organizarse a escala internacional para coordinar sus reivindicaciones.
En 1864 se creó la Primera Internacional, que pretendía unir a los trabajadores de distintos países. Sin embargo, las diferencias entre marxistas y anarquistas provocaron conflictos y debilitaron la organización.
Posteriormente, el movimiento obrero continuó creciendo mediante sindicatos y partidos políticos que luchaban por conseguir derechos laborales y una mayor participación política.
De la monarquía absoluta a la monarquía liberal en España
1. ¿Qué motivó una guerra contra Francia (1808-1814)?
Las tropas francesas invadieron España
En 1808, las tropas de Napoleón invadieron España. Aprovechando los acuerdos entre Francia y España, el ejército francés entró en el país, pero pronto quedó claro que su objetivo era controlar el territorio español.
Napoleón obligó a Carlos IV y a Fernando VII a renunciar al trono y nombró rey de España a su hermano José Bonaparte.
El pueblo se levantó contra los franceses
La ocupación francesa provocó una fuerte oposición popular. El 2 de mayo de 1808 se produjo un levantamiento en Madrid contra las tropas francesas, que fue duramente reprimido.
La resistencia continuó mediante guerrillas, formadas por grupos de combatientes que atacaban al ejército francés. Finalmente, la intervención de las tropas británicas y portuguesas contribuyó a la derrota francesa.
En 1813, los franceses fueron derrotados en la batalla de Vitoria y, en 1814, Fernando VII regresó a España.
¿Por qué generó un desencanto Fernando VII (1814-1833)?
Fernando VII regresó a España en 1814. Sin embargo, su vuelta provocó un conflicto entre los absolutistas, que defendían la monarquía absoluta, y los liberales, que querían mantener una monarquía constitucional.
El Sexenio Absolutista (1814-1820)
Fernando VII anuló la Constitución de 1812 y restauró el absolutismo. Durante esta etapa, se recuperaron los privilegios de la nobleza y el clero, se persiguió a los liberales y se limitaron las libertades políticas.
La vuelta al Antiguo Régimen provocó el descontento de una parte de la población.
El Trienio Liberal (1820-1823)
En 1820, el coronel Rafael del Riego protagonizó un pronunciamiento militar que obligó a Fernando VII a aceptar de nuevo la Constitución de 1812.
Durante estos tres años se intentaron aplicar reformas liberales, pero surgieron enfrentamientos entre los liberales moderados y los exaltados.
En 1823, un ejército francés conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis intervino en España y restauró el poder absoluto de Fernando VII.
La Década Ominosa (1823-1833)
Entre 1823 y 1833, Fernando VII volvió a gobernar de manera absolutista y persiguió a los liberales.
Además, España atravesó una grave crisis económica y política. La pérdida de la mayoría de las colonias americanas debilitó la economía española.
Al final de su reinado surgió un conflicto sucesorio. Fernando VII aprobó la Pragmática Sanción para permitir que su hija Isabel heredase la Corona. Sin embargo, los partidarios de su hermano Carlos María Isidro se opusieron a esta decisión.
La muerte de Fernando VII en 1833 provocó el inicio de la Primera Guerra Carlista.
¿Consolidó Isabel II la monarquía liberal (1833-1868)?
El reinado comenzó con una guerra civil
En 1833, tras la muerte de Fernando VII, Isabel II fue proclamada reina. Como era menor de edad, su madre, María Cristina, asumió la regencia.
Los partidarios de Carlos María Isidro no aceptaron a Isabel II y defendieron el absolutismo. Esto provocó la Primera Guerra Carlista, que terminó en 1839 con la victoria de los isabelinos.
Durante el reinado se consolidó progresivamente el sistema liberal, aunque hubo continuos enfrentamientos entre moderados y progresistas.
La regencia de María Cristina y el avance progresista
En 1836, las protestas populares y el motín de La Granja obligaron a María Cristina a aceptar un gobierno progresista.
Se aprobó la Constitución de 1837 y se impulsaron reformas para transformar la economía y reducir el poder de la Iglesia. Entre ellas destacó la desamortización de Mendizábal, que consistió en la expropiación y venta de bienes eclesiásticos.
Estas medidas pretendían obtener recursos para el Estado y reducir la deuda pública.
La Década Moderada (1844-1854)
Durante esta etapa gobernaron principalmente los moderados, dirigidos por el general Narváez.
Se aprobó la Constitución de 1845, que reforzó el poder de la Corona y estableció un sufragio censitario muy restringido. También se centralizó la administración del Estado y se creó la Guardia Civil en 1844.
El Bienio Progresista (1854-1856)
En 1854, un pronunciamiento militar permitió el regreso de los progresistas al poder.
Durante esta etapa se impulsaron nuevas reformas económicas, entre ellas la desamortización de Madoz de 1855, que afectó a bienes municipales y de otras instituciones. También se promovió la construcción del ferrocarril.
La crisis final del reinado
En los últimos años del reinado aumentó el descontento por la falta de libertades, la corrupción política y los problemas económicos.
En 1868 una revolución conocida como La Gloriosa obligó a Isabel II a abandonar España y marchar al exilio.
