Argumento de el libro de buen amor


Castellano Unidad 5

El sintagma nominal: los complementos del nombre


– Los complementos del nombre.

Elementos que desempeñan la función de complemento del nombre dentro de un sintagma nominal:

Un adjetivo calificativo

  Los enanos barbados.

Un sintagma preposicional (SPrep)

Una anilla de bronce.

Un sintagma nominal en aposición

Nuestro amigo Eduardo.

Una proposición subordinada adjetiva

El riachuelo que corría al pie de La Colina.

– El adjetivo calificativo.

El adjetivo calificativo es la palabra que, en un sintagma nominal, expresa una cualidad del nombre y funciona como un complemento de éste (CN).

Tenía una puerta redonda, perfecta como un ojo de buey.

– Grados del adjetivo.

Positivo

Cuando la cualidad se presenta sin modificaciones de intensidad.

Esta persona es alta.

Comparativo

Cuando la intensidad de la cualidad se compara con la de otros seres.

           – de superioridad:
Esta persona es más alta que aquélla.

           – de inferioridad:
Esta persona es menos alta aquélla.

           – de igualdad:
Esta persona es tan alta como aquélla.

Superlativo

Cuando la cualidad se expresa en el grado máximo de intensidad.


– Superlativo absoluto

La cualidad se presenta sin tener en cuenta a ningún otro                                                  

ser: Esta persona es altísima.        

Superlativo relativo

La cualidad que posee un ser se presenta en mayor grado

              que la de los demás de su grupo.

– Adjetivos especificativos y explicativos.

Especificativos

Son los adjetivos que añaden al nombre una cualidad que sirve para diferenciarlo de los demás nombres del mismo grupo.

Cortaban los árboles viejos.


Explicativos

Son los adjetivos que se limitan a señalar una cualidad del nombre sin diferenciarlo de los otros nombres del mismo grupo.

La Edad Media (ll)


La sociedad feudal comienza a dar paso a la sociedad civil. Las ciudades, representan los cambios que se han ido produciendo en las instituciones, y también en la cultura y en el arte.

Las primeras universidades, la lectura y el estudio se extienden entre la población civil y dejan de ser patrimonio exclusivo de los clérigos de los monasterios. Pero todavía hay gran parte de la población que es analfabeta.

Las lenguas germánicas y romances se afianzan, y en España concretamente la lengua castellana se enriquece y gana prestigio gracias a la labor de Alfonso X el Sabio, bajo cuyo mandato se dispuso que esta lengua sustituyera al latín en la redacción de los textos jurídicos, científicos e históricos. También el gallego y el catalán viven un momento de esplendor como lenguas literarias.

La narrativa presenta dos modalidades expresivas: el verso y la prosa. El verso es empleado, por clérigos, que forman el llamado Mester de Clerecía y cuyas obras tratan principalmente temas religiosos. Destinada a un público que sabe leer, la narrativa en prosa trata temas muy variados que originan la aparición de diversos subgéneros: la novela de caballerías, el cuento, los libros de viajes…

En esta etapa aparecen en Italia tres autores que iniciarán un nuevo período de la literatura europea. Son Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccacio.

– El Mester de Clerecía


Compusieron narraciones en verso que explicaban la vida y los milagros de Cristo, de la Virgen o de los santos.

Las narraciones de los clérigos tenían un estilo muy cuidado, del que estaban muy orgullosos. Los rasgos más destacados de este estilo son un léxico muy rico y el uso de la cuaderna vía.

Fueron los mismos clérigos los que denominaron su trabajo literario con el nombre de Mester de Clerecía ‘oficio de clérigos’. Los clérigos se copiaban las fórmulas expresivas de los juglares.

– Gonzalo de Berceo y el Mester de Clerecía (siglo XII)


Es el primer autor de nombre conocido en la literatura castellana. Fue un clérigo que vivió y trabajó en el monasterio de San Millán de la Cogolla (Rioja). Compuso varias obras para hacer propaganda de su monasterio y divulgar la fe cristiana: Vida de santo Domingo de Silos, Milagros de nuestra señora…

– Milagros de Nuestra señora: argumento y estilo

Gonzalo de Berceo selecciona para su libro
25 hechos prodigiosos en los que la Virgen ayuda a las personas que confían en ella y le rinden culto.

Las 25 narraciones están escritas en verso (cuaderna vía) y el autor emplea en ellas rasgos de estilo que facilitan su comprensión.

·Las descripciones son breves y se alternan con los diálogos.

·En el léxico abundan los diminutivos, las notas de humor y las expresiones coloquiales.

·Los personajes están caracterizados con cualidades o defectos muy acusados.

·La Virgen María, reúne cualidades propias de los héroes caballerescos: es justiciera y poderosa. Se la presenta como una mujer llena de carácter, llena de espontaneidad y de sentimientos humanos.

– Juan Ruiz, arcipreste de Hita, y el Mester de Clerecía (siglo XIV)


Su obra (El libro de Buen Amor) se incluye en el Mester de Clerecía, ya que su mayor parte está escrita en cuaderna vía, si bien Juan Ruiz también empleó otro tipo de versos.

Juan Ruiz demuestra ser un hombre culto y un buen conocedor de las personas, frente a cuyos defectos adopta una actitud irónica y satírica aunque comprensiva. Su lectura nos plantea la búsqueda y la exaltación del placer junto a la recomendación de la práctica de la virtud cristiana para alcanzar el cielo.

El libro del Buen Amor: intención y argumento


El libro de Juan Ruiz está escrito como si de una autobiografía se tratara y está formado por un conjunto de poemas –algunos narrativos y otros líricos- que tienen el objetivo de enseñar a las personas a elegir el buen camino (el “buen amor”), según la religión cristiana.

El contenido del libro es muy complejo; se acumulan en él fábulas, cuentos, oraciones… Todo el conjunto, sin embargo, obedece a un plan didáctico cuyo argumento es el siguiente:

Juan Ruiz, arcipreste de Hita, se autopresenta como humano y pecador, y hace un recuento de los fracasos de su vida amorosa. Culpa a Amor (Cupido) de su mala fortuna y, además, lo hace responsable de todos los pecados capitales, que ejemplifica muchas veces por medio de fábulas. Como respuesta, Amor y Venos, su madre, se le aparecen y les dan consejos útiles para que consiga novia. Entre estos consejos destaca la conveniencia de tener una buena alcahueta. El arcipreste seguirá dichos consejos y, con la ayuda de Trotaconventos, su alcahueta y amiga, triunfará en el amor. Se suceden una serie de episodios, como el de doña Endrina, las serranas, doña Garoza… hasta que muere Trotaconventos, después de lo cual el arcipreste hace una profunda reflexión, de carácter cristiano, sobre el sentido de la vida y la salvación de las almas.

Don Juan Manuel. La prosa en el siglo XIV

Juan Manuel era sobrina de Alfonso X el Sabio y contribuyó, como su tío, al desarrollo de la prosa en castellano. Su actividad literiaria, de la que se siente orgulloso, junto con su condición de guerrero, muestra ya un cambio en la mentalidad de algunos nobles de su época, en un tiempo en que aún eran muchos los que consideraban que todo lo relacionado con la lectura y la escritura era más bien propio del oficio del clérigo.

Juan Manuel se esforzó en crear un estilo personal que fuera claro y preciso, y demostró tener una cultura muy amplia de origen grecolatino, árabe, hebreo y cristiano. Escribió varias veces de temas diversos: el Libro del caballero y del escudero, el libro de la caza, etc., pero su obra más destacada es El conde Lucanor.

El Conde Lucanor

Este libro recoge una serie de cuentos que están dirigidos a los nobles con el fin de enseñarles a conservar su poder en la tierra y a ganar el cielo.

El argumento de estos cuentos está inspirado en otras historias de orígenes diversos, como fábulas grecolatinas o cuentos orientales, y su estructura siempre es la misma: el conde Lucanor plantea un problema a su consejero Patronio, y éste le cuenta una historia para que el conde deduzca la enseñanza que le conviene en el caso expuesto. Todos los cuentos finalizan con un resumen de la enseñanza o moraleja en forma de pareado. En realidad, tanto Juan Ruiz como Juan Miguel siguen una costumbre propia de la Edad Media que consistía en dar a conocer algo a través de un cuento o anécdota, que recibía el nombre de ejemplo.

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