Género teatral características


político-social periodo por su inestabialidad. En el plano político tras el inestable periodo del sexenio revolucionario (1868-1876) se instaura la Restauración Borbónica en la figura de Alfonso XII y de Alfonso XIII. La estabilidad del reinado de Alfonso XII contrasta con la de su sucesor envuelto en continuas revueltas que provocan en 1923 el pronunciamiento de Primo de Rivera hasta su dimisión en 1930. En 1931 se instaura la Segunda República pero la crisis europea provocó el triunfo de la derecha. En las elecciones de 1936, el pueblo elige a Manuel Azaña como presidente de la República. El país dividido precipita el levantamiento militar el 17 de Julio en Marruecos, inicio de la Guerra Civil.
En el ámbito social los elementos más destacados son: una reforma educativa, la sustitución de una sociedad estamental por una división en clases. Frente a una tendencia conservadora, dominada por la Iglesia, surge un grupo de intelectuales.
El panorama artístico e intelectual edad de plata debido a lacrisis ideológica
Generación del 98-La difusión del término se debe a unos artículos publicados por Azorín . Los integrantes de la generación del 98  aprovecharon la situación histórica para hacer ver a los gobernantes y a los españoles la necesidad de una reforma nacional.
-Sintieron gran admiración por clásicos como Quevedo, Cervantes y por la presencia de lo popular en sus composiciones de Góngora. Muy significativas son sus alusiones a la literatura medieval: Berceo, El Arcipreste de Hita y Manrique. Los ROMánticos como Bécquer y Larra, del que toman el influjo antibarroquista y la melancolía, son también muy valorados.
Tres grandes tipos de preocupaciones los aglutinaron por encima de sus diferencias personales e ideológicas: la política, la religiosa y España. El árbol de la ciencia de Pío Baroja resume los sentimientos de la Generación del 98 de la que él forma parte.
En cuanto a las ideas políticas estuvieron de acuerdo en rechazar los modos políticos de la Restauración: Atacaron al caciquismo, al conservadurismo y expusieron la necesidad de reformas en España. Era necesario un reformismo integral, que afectase no sólo a la política sino también al pensamiento y a las costumbres españolas. Pero mientras en su juventud profesaron ideas muy avanzadas, posteriormente, se atenuaron. Para tal fin utilizaron muy frecuentemente el género ensayístico, aunque también la novela, el teatro y la poesía suscitaron su interés. Unamuno en el ensayo Del sentimiento trágico de la vida sistematiza los problemas humanos y nacionales.
La problemática religiosa participa de la preocupación existencial, eje del pensamiento contemporáneo: la existencia de Dios, la posibilidad de vida eterna, son algunos de los temas más recurrentes, tratados desde una convencíón no católica sino heterodoxa. Fiel reflejo es la novela corta San Manuel, Bueno, mártir de Miguel de Unamuno en la que plantea paralelamente dos temas, el de la fe y el de la inmortalidad, de forma similar a como lo hizo en su ensayo La agonía del cristianismo.
Desde el punto de vista temático, la preocupación por España está en el fondo de toda la producción literaria de estos autores. De ahí su enorme interés por los pueblos y por el paisaje. La descripción del paisaje se concreta en tierras castellanas porque ven que en Castilla está la raíz medular de España. No obstante, no hay que ver en esta descripción un trasunto fiel de la realidad (rechazan el Realismo imperante a finales del Siglo XIX) sino que expresa su postura subjetiva ante la historia de España. En relación con esta presencia del paisaje hay que anotar el influjo de Spencer y Taine, quienes señalaron que entre el paisaje y el hombre existía una relación de interdependencia, hasta el punto que el paisaje determinaba las carácterísticas del hombre que lo habitaba. Desde esta perspectiva se entiende obras como Campos de Castilla, donde la dureza del paisaje corresponde con las descripciones del hombre castellano como rudo, violento.
Curiosidad por lo extranjero. El deseo de europeización no se contradice con su amor por España. Éste se entiende por su interés por la historia en la que indagan para descubrir la esencia nacional. Un concepto interesante es el de Unamuno cuando habla de intrahistoria para referirse no a la historia que escriben los historiadores sino al sentimiento y pensamiento del pueblo, que con su trabajo diario construyen la realidad histórica profunda.
La estética de la Generación del 98 rechaza el formalismo, la ornamentación y persigue un planteamiento de la literatura como canal comunicativo. El arte literario se caracteriza por la búsqueda de la verdad y debe sobreponer el interés intelectual al artístico, es decir, aspirar a la profundización en la vida sin renunciar a la claridad y a la sencillez. Todos los autores comparten este principio estético: Unamuno presenta una narrativa esquemática, carente de adorno como plasma en su obra más significativa Niebla. Baroja presenta en su producción una prosa espontánea, cercana al discurso conversacional. La voluntad y Antonio Azorín de José Luis Martínez Ruíz Azorín se caracteriza, desde el punto de vista lingüístico, por el empleo de frases breves para ejemplificar el deseo de sencillez y claridad y por la precisión terminológica.


Carácterísticas del género de teatro: drama y comedia

El teatro es el género literario dialogado por excelencia. Unos personajes, sin intervención del narrador, desarrollan la acción mediante el diálogo en un lugar y en un tiempo determinados.
Antes de determinar las carácterísticas que definen al teatro, conviene establecer la distinción entre los subgéneros dramáticos más importantes:

A)Tragedia


Pone en escena personajes víctimas de grandes pasiones (amor, odio, celos, venganza…) que las conducen a un final funesto.

B)Comedia


Presenta conflictos o costumbres de la vida cotidiana de forma amable y su final es siempre feliz.

C)Drama:


Presenta conflictos entre los personajes, pero, a diferencia de la tragedia, la lucha no tiene un carácter heroico; suele mezclar momentos trágicos y cómicos.
Los elementos estructurales de la obra dramática se relacionan con los existentes en la narración puesto que una obra teatral es la recreación de una serie de hechos reales o ficticios.

Los personajes

Llevan a cabo la acción dramática, actuando y hablando en escena.
Según la función que desempeñen pueden ser:
Principales, aquéllos en relación con los cuales se desarrolla la acción narrativa y secundarios, menos significativos dentro de la trama general pero que adquieren cierta relevancia en algunas escenas. Dentro de los principales podemos diferenciar al protagonista, personaje principal de una obra en torno al cual gira todo el interés y al antagonista, personaje o personajes que están en conflicto con el protagonista. El personaje coro es aquel que aparece esporádicamente y que contribuye a la ambientación de la narración. En el teatro griego, representaban a la comunidad, al pueblo.
Atendiendo a su caracterización pueden ser: planos o redondos. Los personajes planos aparecen caracterizados a grandes rasgos. Son identificados con un determinado rasgo humano o con un modo de proceder que explique todos sus actos. No evolucionan a lo largo de la obra.
Los personajes redondos no pueden definirse en pocas palabras, ya que su mundo interno es muy complejo y contradictorio. Evolucionan a lo largo de la obra.

La acción

Es la recreación narrativa en una secuencia lineal de los hechos sucedidos o imaginados. Un resumen de los hechos más importantes se llama argumento.

La estructura

En la obra dramática, la estructura interna de la acción está definida siempre por un conflicto (entre personajes, entre un personaje y el mundo, entre ideas…), un choque de fuerzas contrarias. La estructura básica de la acción sería la siguiente:

Presentación, Intensificación, Clímax, Declinación y Desenlace


En cuando a la estructura externa, es habitual la separación en actos, grandes apartados -generalmente tres- que se establecen en función del tiempo y del desarrollo de la acción. La distinción entre los actos y el paso de uno a otro se suele señalar de diversas maneras: caída del telón, intervención del coro, cambio de luces, etc. La acción puede organizarse también en cuadros, que se establecen en función de los cambios de espacio, ambiente o época. A cada cuadro le corresponde, por lo general, un cambio de decorado. Las escenas son cada una de las partes en que se divide un acto o cuadro y que corresponden al período de tiempo y al lugar en que intervienen los mismos personajes. El paso de una escena a otra viene determinado por la entrada o salida de alguno de ellos.

El espacio

Hay que distinguir entre el espacio dramático que son los distintos lugares donde se desarrollan las situaciones que componen la acción y el espacio escénico que es el lugar que ocupan y por el que se mueven los actores en una representación teatral.

El tiempo

La obra teatral refleja el tiempo, principalmente, de tres modos:

La época histórica en que se desarrollan los hechos relatados.

El tiempo dramático que está constituido por los distintos momentos en que suceden las situaciones y las relaciones que se establecen entre ellos y la realidad. Atendiendo a éstas podemos diferenciar: las analepsis o narración de hechos que sucedieron anteriormente; las prolepsis, avance de hechos que sucederán más tarde;
acciones simultáneas, narraciones que suceden al mismo tiempo en diferentes lugares;
elipsis o omisión de determinados pasajes, etc.

El tiempo escénico que se refiere a la duración de la representación.
La perceptiva teatral clasicista impónía fuertes restricciones en la estructura de la acción, del espacio y del tiempo dramáticos. Es conocida la llamada regla de las tres unidades, según la cual las obras debían contener una sola acción, que se desarrollara en un espacio único y en un tiempo único que no había de exceder de un día. De todas formas, tales limitaciones a la creatividad han sido raramente aceptadas por los autores dramáticos. Sólo en épocas y tradiciones teatrales muy determinadas se han seguido con fidelidad.

El discurso dramático

Está compuesto por dos variedades de discurso bien diferenciadas, incluso gráficamente, y que cumplen funciones muy diferentes: el diálogo de los personajes y las acotaciones.

El diálogo teatral tiene una disposición tipográfica determinada: cada intervención aparece precedida por el nombre del personaje correspondiente. Lo fundamental es que el diálogo permite la presencia de diferentes voces en la obra, tantas como personajes intervienen. Por ello, la acción se desarrolla, supuestamente, de manera objetiva y autónoma ya que son los propios personajes quienes la hacen avanzar a través del diálogo, y no un narrador externo. Ésta es, pues, la principal función del diálogo, crear la acción dramática, ser el vehículo que hace explícitos los conflictos de la obra.
Además, a través del diálogo los personajes manifiestan también sus estados de ánimo, sus sentimientos, sus deseos… con lo que se convierte en el principal instrumento que el autor utiliza para su caracterización.
También forman parte del discurso del personaje los llamados monólogos, intervenciones verbales en las que éste no se dirige específicamente a otros personajes. Pueden ser de dos tipos: el soliloquio, en el que se dirige a sí mismo en una especie de monólogo interior, expresado en voz alta y el monólogo apelativo en el que el personaje se dirige directamente a los espectadores.
Un carácter especial tienen los llamados apartes, intervenciones de un personaje que éste pronuncia pero que otros presentes en la escena no pueden oír. Suelen ser breves y contener comentarios sobre la acción o el diálogo que el personaje dirige a sí mismo (como una reflexión interior) o al espectador.
Las acotaciones son partes secundarias del texto dramático (generalmente entre paréntesis y en cursiva) en las que el autor hace indicaciones sobre los elementos escénicos. Son comentarios de carácter narrativo y descriptivo, casi siempre breves, sobre los personajes (aspecto físico, vestimenta, gestos y movimientos), sobre el espacio (decorados, entradas y salidas de los personajes), el ambiente (luces, efectos de sonido), etc. Con ellas, el autor trata de controlar desde el texto algunos aspectos de la puesta en escena. En algunas obras -por ejemplo, en todo el teatro de Valle-Inclán-, pueden llegar a adquirir carácter literario y convertirse en parte fundamental del texto.

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