Propiedades de la narracion


El relato empieza por el final. El principio parece una conversación con una o varias personas (el inglés no especifica el número verbal) no identificadas. Se ha especulado que el narrador está confesando a un guardián, a un juez, un periodista o un médico o psiquiatra.1 Esto puede ser así por la necesidad de explicarse del narrador con todo detalle.2 Lo que sigue es un estudio de terror, pero, más específicamente, la memoria del mismo, ya que el narrador cuenta sucesos del pasado.3 Las primeras palabras del texto: “¡Es cierto!”, son una confesión de culpa.1 Esta introducción sirve también para captar inmediatamente la atención del lector sobre lo que se cuenta.4 Desde este punto, según era propio en Poe, cada palabra está enfocada al avance de la historia, lo que hace de El corazón delator posiblemente el mejor reflejo de las teorías de su autor sobre lo que debe ser un relato perfecto.El motor de la historia es la insistencia del narrador, no en su inocencia sino en su cordura. Pero esto revela una pulsión autodestructiva, ya que se está pretendiendo demostrar la cordura a través de la culpabilidad en el crimen. Como muchos otros personajes en la literatura macabra tradicional, las pasiones dictan su naturaleza.

Rasgos de estilo. Frente a otros relatos del autor, El corazón delator se caracteriza por una admirable concisión, por el uso de unas frases breves que le dan un ritmo nervioso y peculiar, perfectamente adecuado al tono confesional del mismo. El protagonista psicópata es quien nos cuenta en primera persona su terrible


experiencia y lo hace con un tono sincero y sádico al mismo tiempo. Se dirige en segunda persona a los lectores recurriendo constantemente a oraciones interrogativas y exclamativas, apropiadas para expresar las intensas vivencias del asesino. Destacan en el relato las reflexiones introspectivas que tratan de explicar los terrores profundos del ser humano y las oscuras motivaciones que le empujan a cometer el mal. Por contraste, aparece una gran economía narrativa en los momentos culminantes: el asesinato (narrado con la máxima brevedad) o el final contundente: el protagonista confiesa su crimen, pero no hay más explicaciones.

En este sentido es importante destacar el carácter premonitorio que nos ofrece elpropio título, pues  éste es una pista certera de lo que va a sucederle al protagonista.En cuanto al tema o temas que aparecen desplegados a lo largo de la historia, es obvio que  Poe pretende descubrirnos la delgada línea que separa el equilibrio entre el bien y el mal. Para ello implica al lector en esa reflexión donde introduce  continuas llamadas de atención,  como la que sirve de inicio de la historia: >

Todos los elementos se amoldan a la perfección, sin dejar cabos sueltos


. Para conseguir su propósito, el autor  comienza por esa reflexión final del protagonista –que bien podría ser una confesión-. Desarrolla así un flash back, para contarnos el móvil que le ha conducido al asesinato.  El motor de la historia es la insistencia  con la que pretende demostrarnos que


no está loco. En realidad, la historia demuestra lo contrario. Un simple ojo de vidrio es el móvil de los sucesos posteriores: la fría tranquilidad con la que recibe a los policías y, posteriormente, la presencia de un zumbido  que provoca su confesión.
La coyuntura temporal,por su parte,  se caracteriza por la discontinuidad, por el flash back.
 La narración comienza con la confesión del protagonista quién, después de explicarnos su nerviosismo y negar su carácter lunático, se detiene en el relato cronológico de lo sucedido.  Por otra parte. 

El espacio es minimalista

Un espacio interior (la habitación) que no aparece descrito, pero que intuimos claustrofóbico e inquietante. La historia comienza además en un lugar no revelado, posiblemente una prisión, aunque nada nos se ha dicho sobre sus características.
El lenguajese ciñe a la perfección a la atmósfera terrorífica, gracias, en parte, al tono hiperbólico. El léxico se carga con palabras relacionadas con el campo semántico del horror: loco, enfermedad, sangre, terror, cadáver. En el texto se reproducen con claridaduna condensación de procedimientos lingüísticos que van desde la alternancia deverbos –en pasado, en subjuntivo, perífrasis…-, hasta la precisión de las figuras literarias.  En el caso de los verbos, los que aparecen en pasado muestran –por ejemplo- lo que sucede cuando llega la policía: Cuando la campana del reloj daba las horas, llamaron a la puerta; en cuanto al subjuntivo es evidente que este modo se caracteriza por la subjetividad o la hipótesis, de ahí que sea el más idóneo:


Ustedes suponen que estoy loco. También contribuyen al tono hipotético, el uso de las perífrasis verbales:¿cómo puedo estar loco? La narración  se caracteriza a su vez por una mayor presencia verbal, sobre todo en los momentos de mayor dramatismo: ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer? Lanzaba espumarajos, desvariaba, juraba. Hice girar la silla en la que estuve sentado y la arrastré por el suelo señalando las tablas. Asimismo son muy frecuentes  las gradaciones de los adjetivos o de las acciones: terriblemente nervioso; ¡Deberían haber visto qué atinadamente actúe! Este ritmo acelerado es constante, incluso en el apartado sintáctico: oraciones simples o coordinadas, modalidad interrogativa, frases cortadas por los puntos suspensivos: No tenía ninguna pasión. Yo quería al viejo. Me dolía la cabeza y sentía un zumbido en los oídos (…) ¡Oh Dios! ¿qué podría hacer? Lanzaba espumarajos, desvariaba, juraba. (…) ¡ Se hizo más fuerte… más fuerte… más fuerte…!Finalmente el autor prolonga los efectos intensificadores, mediante  los recursos retóricos:  a) 

Reiteraciones:

 paralelismos, anáforas: No había ningún motivo. No tenía ninguna pasión; ¡Con qué precaución, con qué previsión, con qué disimulo fui realizando mi trabajo! b) 
Hipérboles necesarias para crear la atmósfera deseada: He sido nervioso, tremendamente nervioso; Era un sonido rápido, monótono y ahogado…. c) 
Gradaciones constantes, como ya hemos señalado con anterioridad: lanzaba espumarajos, desvariaba, juraba. La riqueza retórica se completa además


con el uso de la sinécdoque(Cada vez que este ojo caía sobre mí;  la perífrasis o circunloquio (desmedida audacia de mi completo triunfo)  los apóstrofes finales (¡Oh, Dios!), etc. 
En definitiva, Poe consigue un cuento perfecto, cuya incógnita va despejándose con un ritmo inquietante, típico del género de terror.  Lo excepcional reside en la sutileza  con la que selecciona el narrador en primera persona,  la subsiguiente apelación al lector y, por supuesto,  la forma de abrir y cerrar la historia, de una gran calidad dramática.

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