Turno de partidos 1876 España


SEP 2003

Nos encontramos ante cinco documentos de carácter político que reflejan el periodo de la Restauración española que abarca de 1875 a 1902 donde sucede el regreso de la dinastía Borbónica con Alfonso XII siendo un período marcado por la corrupción, el caciquismo y el fraude.

La noche del 2 al 3 de 1874 se produjo el Golpe de Estado del general Pavía que disolvíó las Cortes Constituyentes y puso fin a la Primera República.

Con este suceso, los oficiales alfonsinos adquirieron mayor protagonismo. El 1 de Diciembre de 1874, con motivo de su decimoséptimo cumpleaños, Alfonso XII dirigíó desde la academia militar de Sanhurst (situada en Reino Unido) un manifiesto a la nacíón española que fuera redactado por Antonio Cánovas del Castillo (líder del bando moderado y responsable del sistema de Restauración) como se ve en el documento uno, donde se refleja el ideario político de la Restauración que va a estar marcada por un régimen de tipo conservador y católico que aseguraría el funcionamiento del sistema político liberal y restablecería la estabilidad política y el orden social. Esta estabilidad, según se afirma en el texto solo se conseguirá a través de una monarquía constitucional y hereditaria, reflejando así  la legitimidad de Alfonso  al trono salvando el honor de su dinastía, una vez fallida la experiencia de Amadeo I de Saboyá. Manifestando su confesión religiosa en el texto, tranquiliza a los conservadores, mientras su convicción de “hombre liberal” le hace ganar la confianza de los progresistas.

El texto ganó aún más significado tras el golpe del general  Martínez Campos (Pronunciamiento de Sagunto)  a finales del año 1874 que permitíó la vuelta de Alfonso XII ya como rey y haciendo que el manifiesto de Sandhurst dejara de ser propaganda para convertirse en la guía del proyecto de la Restauración.

Los grupos conservadores recibieron con satisfacción la restauración de los Borbones  porque esperaban que la nueva monarquía devolviera la estabilidad política y pondría fin a todo intento de revolución democrática y social en España.

Cánovas, aspiraba a que este nuevo modelo político superase los problemas constantes del liberalismo como el carácter partidista o el excluyente de los moderados como la intervención de los militares en la vida política o los enfrentamientos civiles como las guerras Carlistas (derrotada la última en 1876). Para poder logar estos propósitos se fijaron dos objetivos: el primero, poner paz en el país poniendo fin a la Guerra de los Diez Años con Cuba con la Paz de Zijón y a las Guerras Carlistas que supusieron el fin en 1876 de los fueros del País Vasco y Navarra (a pesar de que dos años después fueron acordados unos conciertos económicos que les otorgaban una pequeña autoridad fiscal). Y el segundo elaborar una nueva Constitución.

Esta nueva Constitución fue promulgada en 1876. Se trataba claramente de una monarquía hereditaria, constitucional y por derecho divino. Fue elaborada conjuntamente con las Cortes y algunos de sus artículos más destacables aparecen recogidos en el documento dos:
Se declaró España como un Estado confesional (art.11) obligando a los ciudadanos a mantener el culto a la religión católica apostólica y romana ( se toleraba otras creencias pero no solo si se manifestaban en privado) , tenía una soberanía compartida, el poder legislativo residía en las Cortes (que eran bicamerales: Senado y Congreso de Diputados)  y en el rey (art.18 y 19), que también tenía el poder ejecutivo (art.50) por último el poder judicial estaba en los jueces. Era claramente una constitución de carácter conservador con una amplia declaración de derechos entre los que se encontraban unas restricciones en las antiguas libertades de imprenta, expresión, asociación y reuníón.


Esta ley de leyes consideraba a la monarquía  como una institución superior, permanente e incuestionable y sobre todo al margen de cualquier decisión política. Por su parte, esta debería garantizar la alternancia de partidos en el nuevo bipartidismo  y el buen entendimiento entre ambos. El monarca tenía entre otros el poder de derogar las leyes, de nombrar a los ministros y podía convocar o disolver las cortes sin contar con el gobierno.

El sufragio no es recogido en esta constitución, pues varía según el partido que esté en el poder: en 1878 se establecíó el voto censatario con los moderados y en 1890 estando en el poder un partido liberal se retomó el sufragio universal masculino.

Cánovas pretendía alcanzar una cierta alternancia pacífica en el poder a través del bipartidismo entre el partido moderado (del cual el propio Cánovas era representante) y el progresista (liderado por Sagasta)  dejando fuera a republicanos, demócratas, socialistas y carlistas. Las dos viñetas del documento tres aluden a esta situación, se ve como ambos líderes se turnan en la mesa a la hora de comer (unas veces como cocineros y otras como comensales) mientras que España (representada por la mujer del fondo) es siempre la que friega los platos, manteniéndose espectadora y sumisa en la misma posición.

Los dos partidos eran partidarios de una serie de medidas ideológicas comunes como la de monarquía o la de propiedad privada y con escasas diferencias entre ambas. Los liberales, eran defensores del sufragio universal y de una reforma social de carácter progresista y laico. En cambio, los conservadores eran partidarios de una involución regresando al  sufragio censitario y defensores de la Iglesia y del orden social.

El partido conservador estuvo de 1875 a 1881 donde Sagasta tomó el poder en un partido liberal fusionista. Regresaron al poder de 1884-1885 acordando tras la muerte de Alfonso XII el “Pacto del Pardo” en 1885 donde apoyaban la continuidad de la dinastía bajo las constantes presiones de carlistas y republicanos. Con Mª Cristina como regente, el partido liberal gobernó mayoritariamente e impulsaron reformas como la Ley de asociaciones de 1887 o  la abolición de la esclavitud en 1888.

Cuando el partido que estaba gobernando sufría un desgaste político y perdía la confianza de las Cortes, el monarca llamaba al líder del partido contrario al gobierno. Que convocaba elecciones para conseguir los diputados suficientes y formar gobierno. Este sistema se manténía debido al fraude electoral y al caciquismo.

El escritor realista Benito Pérez Galdós nos hace referencia en la antología de artículos Política española de 1884 al fenómeno del caciquismo, hombres que aprovechando su gran influencia y su prestigio social, lograban el control del poder en determinadas zonas (sobre todo las rurales como Galicia (con Linares Rivas), Castilla y Andalucía). Se podría decir que eran un residuo de las antiguas relaciones señoriales y que supónían la dependencia personal y el dominio del cacique sobre los campesinos como un auténtico señor de vidas y haciendas.

Al tener poder en una sociedad cerrada, actuaban como intermediarios entre esta  y el Estado como se nos dice en el texto, consistía en el “entronizamiento de ciertos individuos en las localidades como instrumentos del deputado” convirtiéndose el cacique en “tirano de la aldea”.

Al fraude electoral se denuncia  en el documento cinco por parte del republicano federal Valentí Almirall definíéndolo como farsa y diciendo que “no hay nada que sea sagrado: listas electorales, urnas, escrutinio, todo es falso (…) el único elector es el ministro del Gobierno”. Y los que él denomina como “gobernantes de provincia” aludiendo a los caciques que orientaban la dirección del voto de los ciudadanos haciéndoles “favores” a cambio de su fidelidad electoral. A este conjunto de trampas se le conoce como “pucherazo”.

Podemos concluir que a esa España dominada por el fraude, el caciquismo, la corrupción y la marginación del resto de partidos políticos pronto se le avecinaría una crisis en 1917 la cual acabaría con el sistema de la Restauración y pondría al país en quiebra.

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