Apolíneo y Dionisíaco: Las Dos Fuerzas Fundamentales
Apolo y Dionisos son dos símbolos que sirven para entender dos posturas contrapuestas ante la vida. Estas fuerzas representan impulsos esenciales en la existencia humana:
- Apolo: Es el dios de la luz, la forma, la medida y la racionalidad.
- Dionisios: Representa lo informe, lo desmedido, la noche y los impulsos primarios y sexuales.
Ambas fuerzas son mutuamente necesarias, pues una vida que carezca de uno de los dos componentes se rompería por completo. A pesar de esto, en la tradición filosófica europea ha prevalecido una visión marcadamente racionalista. En su crítica a la filosofía occidental, Nietzsche reivindicó la necesidad de conciliar ambas tendencias para conseguir equilibrar lo que de ambos habita en el ser humano.
El Nihilismo y la Transformación de Valores
El nihilismo es una consecuencia directa de la «muerte de Dios». Los valores tradicionales que durante siglos cobijaron y ofrecieron luz al ser humano han quedado reducidos a cenizas.
Caminos hacia el Nihilismo
Existen diversas vías que conducen al nihilismo:
- La concepción según la cual la historia estaría inevitablemente dirigida hacia una finalidad determinada. Al darse cuenta de que la historia no sigue ningún modelo, el ser humano se desespera, adoptando un fuerte sentimiento nihilista.
- El ser humano sospecha incesantemente que ha sido arrojado a la vida sin que haya modo alguno de saber ni de dónde viene ni a dónde va, lo cual le impulsa fuertemente hacia el nihilismo.
- Tampoco la metafísica le sirve de nada, puesto que el más allá que aquella postulaba ha quedado reducido a la nada.
Formas de Nihilismo
Ahora que nuestros criterios de evaluación han sufrido un cambio radical, parece que el ser humano se ve avocado a precipitarse por el gran barranco del vacío. El nihilismo aparece primeramente en forma pasiva, pero a medida que aparece la transformación radical de los valores, surge en el horizonte una forma activa de nihilismo, destruyendo definitivamente los criterios de evaluación más obsoletos. El individuo debe llegar a afirmarse entusiasta y valientemente ante la vida.
Etapas del Nihilismo Pasivo
Mientras la humanidad se halla aún atrapada en las garras del nihilismo pasivo, ha de recorrer cuatro etapas:
- El individuo se percata de la decadencia de la metafísica, de la religión y de la moral, y se hacen grandes esfuerzos por mantenerlos en pie.
- Después de este fatídico intento, el individuo se hace con los valores del nuevo mundo y se da cuenta de que la nueva moral es incompatible con los principios del mundo que ya ha desaparecido.
- En una siguiente fase, el ser humano se niega a sí mismo, afloran en él sentimientos de piedad y se convierte, en definitiva, en un ser resentido.
- Es entonces cuando ocurre su verdadera transformación y se alcanza la fase final de su proceso de decadencia, momento en el cual se crean nuevas creencias.
Una vez alcanzada la transmutación de todos los valores, se impondrá la moral de los vencedores. Cada cual actuará según su voluntad, decidiendo en cada momento qué hacer sin subordinarse a nadie. Se proclama la «muerte de Dios»; cualquier cosa quedaría permitida para el ser humano, y solo al vencedor, al perseverante, al más fuerte, le correspondería la creación de nuevos valores.
La Moral de los Esclavos y la Moral de los Señores
La moral de los esclavos/señores. Nietzsche aplicó el método genealógico, imbricando entre sí psicología y filología para dilucidar las condiciones bajo las que surgen y se desarrollan los valores morales. El primer resultado del método genealógico es el hallazgo de dos tipos de moral: la de los esclavos y la de los señores.
Origen de los Conceptos de Bien y Mal
Nietzsche analizó el origen de los conceptos del bien y del mal:
- Bien (Moral de Señores): Se asocia con lo noble, lo poderoso, lo feliz, lo bendecido por Dios. En los orígenes de la cultura, el poderoso es el que nombra las cosas e impone las definiciones necesarias para identificarlas. La palabra «bueno» se asemeja a aquello que tenga que ver con la fuerza, la dominación, el orgullo y lo terrible.
- Mal (Moral de Esclavos): Se vincula con lo común, lo humilde, lo falso y lo subyugado.
Desde el punto de vista de la moral de los señores, el bien se corresponde con la naturaleza del guerrero; el débil es aquel que vive a expensas de los demás.
El Triunfo del Resentimiento
Los débiles y oprimidos han conseguido a lo largo de la historia vencer a la moral de los señores, imponiendo la de los esclavos, gracias a la ayuda de las distintas religiones. La moral de los esclavos nace del resentimiento hacia los señores que representan un tipo de vida superior. Esta moral no nace del amor hacia la vida, sino del rencor, el odio, la envidia y la impotencia de los esclavos.
Por eso dice Nietzsche que el «bueno» siempre ha sido el pobre, el tolerante, el humilde, el manso de espíritu. Ensalza los valores que hacen más llevadera la vida del ser humano, como la solidaridad, el amor y la obediencia.
Contraste Histórico y Jerarquías
Para ilustrar su punto, Nietzsche enfrenta a los eclesiásticos con una serie de modelos históricos que, como Napoleón, César y Federico II, representaron sin duda la moral llena de prepotencia y grandeza de los señores. La moral de los esclavos se basa en la igualdad, mientras que la de los señores impone jerarquías. La historia de la moral se basa sobre todo en la lucha encarnizada entre esas dos morales.
Cuando el Imperio Romano rompió por la fuerza el territorio de Judea, el pueblo judío se rebeló contra el Imperio, que más tarde acabaría siendo absorbido por el cristianismo.
Instintos y Violencia
Solo un hombre ha representado en la historia de Europa el símbolo del hombre orgulloso y ambicioso: Napoleón. Entre los instintos que Nietzsche encuentra positivamente estimulante estaría la violencia. La crueldad es un componente esencial de los pueblos fuertes y orgullosos. Sin embargo, la moral ha pretendido disimular la violencia a través de una serie de prohibiciones.
Crítica a la Religión y Vitalismo
Las distintas religiones han postulado una trascendencia —el más allá y la existencia de Dios— que, según Nietzsche, ha subyugado a los seres humanos, cuyas espaldas han tenido que soportar una enorme losa. El vitalismo nietzscheano propone que el ser humano busque sus objetivos y fines vitales dentro de sí mismo, sin recurrir a ninguna instancia ajena a él. Por consiguiente, el ser carece de jerarquías; no existe nada más allá de este mundo definido por el tiempo y el espacio.
