LA DÉCADA MODERADA (1843-1854)
La Constitución de 1845 y el Gobierno de Narváez
Este periodo está intrínsecamente ligado a la figura de Narváez. Durante los primeros gobiernos de González Bravo, se establecieron las bases del liberalismo moderado en España, caracterizado por un papel preponderante de la monarquía en el sistema político. González Bravo implementó medidas clave, como la Ley de Ayuntamientos, la supresión de la Milicia Nacional y la creación de la Guardia Civil, destinada a mantener el orden y proteger la propiedad en el medio rural.
Con Narváez al frente, en septiembre de 1844 se celebraron elecciones para una nueva Asamblea encargada de redactar la Constitución, en las que los moderados lograron un triunfo contundente.
a) La Constitución de 1845: Principales Reformas Moderadas
El poder de Narváez era indiscutible y su gobierno se encargó de fijar las medidas legislativas que definirían al nuevo Estado liberal moderado. Estas fueron las siguientes:
- La Constitución de 1845: Establecía la soberanía compartida entre la monarquía y las Cortes. Estas eran bicamerales (Senado y Congreso de los Diputados); el Senado contaba con un número ilimitado de senadores, nombrados por el rey.
- Religión: Establecía exclusivamente la religión católica, con el compromiso del Estado de sufragar los gastos del culto y el clero.
- Centralización: Defensa de un Estado centralizado y uniforme, mediante la designación de los alcaldes de los municipios de más de 2.000 habitantes y de las capitales de provincia, y de los demás por los gobernadores civiles.
- Reconciliación con la Iglesia: Se suspendió la venta de bienes eclesiásticos y hubo conversaciones que desembocaron en la firma del Concordato de 1851.
- Reforma de la Hacienda: Liderada por el ministro Alejandro Mon, introdujo el impuesto sobre el consumo de algunas especies, que se cobraba a la entrada de las poblaciones.
- Ley Electoral: Redujo el número de electores al duplicar los requisitos de fortuna para poder votar.
b) Los Problemas Políticos de la Década
Sobre el matrimonio de la reina, Francia e Inglaterra influyeron. Isabel II acabó casándose con su primo Francisco de Asís, lo que reavivó el enfrentamiento con los carlistas, que confiaban en casar a la reina con el pretendiente Carlos VI (hijo de Carlos María Isidro). Esto dio lugar al estallido de la Segunda Guerra Carlista (1846-1849).
Tras el último gobierno de Narváez (1847-1851), llegó al poder Bravo Murillo. Durante su mandato se firmó el Concordato de 1851 con la Santa Sede, por el cual el papa reconocía a Isabel II como reina y aceptaba la pérdida de los bienes ya desamortizados. Este acuerdo reforzó el carácter católico del Estado según la Constitución de 1845: se excluyeron otros cultos, se otorgó a la Iglesia control sobre la educación, se permitió el restablecimiento de órdenes religiosas y el Estado asumió la financiación de la Iglesia mediante la dotación de “culto y clero”.
El gobierno de Bravo Murillo cayó debido a divisiones internas entre los moderados y a escándalos de corrupción ligados a la concesión de ferrocarriles. Cuando el Senado votó en contra de estas concesiones, el gobierno emprendió represalias contra los senadores opositores, lo que intensificó la crisis política. Esta situación facilitó la actuación de militares contrarios al gobierno, que se pronunciaron y dieron inicio a la Vicalvarada, abriendo un periodo de inestabilidad y favoreciendo el ascenso de los progresistas.
EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856)
a) Los Progresistas en el Poder
El 28 de junio de 1854, O’Donnell y Dulce encabezaron un pronunciamiento militar en Vicálvaro. Al no recibir el apoyo esperado en Madrid, las tropas sublevadas se retiraron hacia el sur. En Manzanares, el general Serrano se unió a la rebelión y persuadió a O’Donnell para orientarla hacia el progresismo, buscando apoyo popular. Allí se redactó el Manifiesto de Manzanares (7 de julio), obra de Cánovas del Castillo y firmado por O’Donnell, que incluía promesas de corte progresista.
La difusión del manifiesto convirtió el pronunciamiento militar en una revolución popular progresista, provocando la formación de Juntas revolucionarias en Madrid y en otras ciudades. Ante esta situación, la reina Isabel II no tuvo más opción que entregar el poder a Espartero.
b) La Constitución “Non Nata” de 1856 y la Obra Legislativa
El Fin del Bienio
Convocadas elecciones para unas Cortes constituyentes, estas dieron el triunfo al nuevo partido de la Unión Liberal, liderado por O’Donnell, que agrupaba a progresistas (templados) y moderados (puritanos). Seguían los “progresistas puros” y, en ambos extremos, los moderados y los demócratas. Estos últimos, como Partido Demócrata (exaltados dentro de progresistas), criticaban el impuesto de consumos y las quintas (reclutamiento forzoso de clases pobres para la guerra).
Las Cortes del Bienio desempeñaron un importante papel político:
- La Constitución de 1856 (Non Nata): No llegó a promulgarse, pero recogía principios progresistas: soberanía nacional, recuperación de la Milicia Nacional, elección popular de alcaldes, Cortes bicamerales con un Senado elegido por los ciudadanos, y libertades de imprenta y religiosa.
- Ley de Desamortización General de 1855 (Madoz): Afectó tanto a bienes eclesiásticos aún no vendidos como a bienes municipales. La burguesía fue la principal beneficiada.
- Ley General de Ferrocarriles (1855): Facilitó la entrada de capital extranjero y la creación de grandes compañías ferroviarias para desarrollar la red ferroviaria española.
- Ley de Bancos de Emisión y Sociedades de Crédito (1856): Permitió movilizar capitales para financiar la construcción de líneas ferroviarias.
La creciente conflictividad social (con protestas obreras en Barcelona y motines de subsistencia en Palencia y Valladolid) provocó una crisis que llevó al ministro de la Gobernación a dimitir. Espartero hizo lo mismo poco después, poniendo fin al Bienio Progresista. En julio de 1856, la reina nombró a O’Donnell para formar gobierno, mientras los diputados progresistas y demócratas abandonaban las Cortes.
EL RETORNO DE LOS MODERADOS AL PODER
a) La Evolución Política y el Crecimiento Económico
La última etapa del reinado de Isabel II fue de alternancia en el poder entre los moderados y la Unión Liberal. O’Donnell gobernó solo tres meses, en los que suprimió la Milicia Nacional. En octubre, la reina decidió destituir a O’Donnell para formar un gobierno presidido por Narváez. Se decidió restablecer la Constitución de 1845 y la aprobación de la Ley de Instrucción Pública.
Antes de terminar el año (1857), Narváez presentaba su dimisión y, tras la constitución de dos gobiernos de corta duración, fue O’Donnell el encargado de formar gobierno junto a la Unión Liberal. Este periodo se conoce como el “gobierno largo” (1858-1863). Fue una etapa de crecimiento económico, como consecuencia de la red ferroviaria, de la mecanización de la industria textil catalana y el incremento en las ventas de tierras al aplicarse la desamortización civil.
O’Donnell apostó por una política exterior con aventuras militares:
- La “guerra de Cochinchina” (Vietnam).
- La más importante fue la “guerra contra Marruecos” (1859-1860), que tuvo lugar para proteger Ceuta de los ataques marroquíes. En varias batallas se impuso el Ejército español bajo la dirección de los generales O’Donnell y Prim. Se logró la ampliación de la plaza de Ceuta.
- También se intervino en México (1862), junto a Francia, por la paralización del pago de la deuda por parte del Gobierno mexicano (Benito Suárez), ocupándose zonas arancelarias (Veracruz) e impulsando intereses franceses en establecer a un Habsburgo como emperador en México.
b) La Crisis Final del Reinado (1863–1868)
El juego político venía quedando reducido a favor de los moderados y de la Unión Liberal. Narváez vuelve al gobierno en 1863.
En junio de 1865 ocurrió la Noche de San Daniel. Los progresistas, liderados por Juan Prim, intentaron un pronunciamiento que acabó en fracaso; los sargentos de artillería del cuartel de San Gil en Madrid se amotinaron. Hubo una dura represión por parte de O’Donnell.
En 1866, la oposición de progresistas y demócratas, en el exilio, firmaba el Pacto de Ostende (Bélgica) con el propósito de unir fuerzas para conseguir destronar a Isabel II y convocar unas Cortes constituyentes elegidas por sufragio universal masculino. Tras la muerte de O’Donnell (noviembre de 1867), los unionistas, ahora bajo la dirección del general Serrano, se unían al pacto. En abril de 1868 fallecía Narváez, sucediéndole González Bravo.
