El Sistema Filosófico de René Descartes: Antropología, Ética y Metafísica


Antropología en Descartes

La antropología de Descartes se basa en la idea de que el ser humano está compuesto por dos sustancias distintas: el cuerpo y el alma. El cuerpo es una sustancia extensa que funciona de manera mecánica y está sometida a leyes naturales, mientras que el alma es una sustancia pensante cuya actividad principal es el pensamiento. A pesar de ser distintas, ambas sustancias se relacionan mediante el interaccionismo sustancial, que Descartes sitúa en la glándula pineal.

De esta relación surge el pensamiento, que se divide en:

  • Entendimiento: Se encarga de la percepción y el conocimiento, pero está condicionado por los sentidos y por la concepción mecanicista del mundo, por lo que no es completamente libre.
  • Voluntad: No está determinada por las leyes naturales y permite al ser humano actuar libremente.

Así, aunque el cuerpo y el entendimiento están sometidos al determinismo, Descartes defiende que la libertad humana se conserva gracias a la voluntad, que permite al ser humano obrar libremente y no quedar reducido a una mera máquina.

La Ética de Descartes

Introducción

René Descartes, filósofo racionalista de la Edad Moderna, desarrolla una antropología dualista que sirve de base para su reflexión moral. Su filosofía no se limita al conocimiento, sino que también aborda la naturaleza del ser humano y su conducta ética.

Planteamiento

Descartes concibe al ser humano como la unión de dos sustancias distintas: el cuerpo, sometido a las leyes mecánicas, y el alma, cuya esencia es el pensamiento. Ambas se relacionan mediante el interaccionismo sustancial, lo que hace posible el conocimiento.

El conocimiento surge de la interacción entre los sentidos y el alma, dando lugar a las ideas. En el pensamiento se distinguen el entendimiento, limitado y condicionado, y la voluntad, que es libre. Esta libertad permite a Descartes formular una ética provisional, necesaria para actuar mientras no se alcanza un conocimiento definitivo. Dicha ética se basa en reglas prácticas que guían la conducta cotidiana.

Conclusión

En conclusión, la antropología cartesiana fundamenta una ética basada en la libertad de la voluntad. Aunque el conocimiento y el mundo físico están condicionados por leyes, la libertad humana se mantiene en el ámbito de la acción moral, permitiendo al ser humano actuar responsablemente.

El Problema de Dios en Descartes

En la filosofía de René Descartes, el problema de Dios ocupa un lugar central dentro de su proyecto filosófico. Tras aplicar la duda metódica y alcanzar la primera certeza del cogito, Descartes necesita fundamentar el conocimiento y superar el escepticismo y el solipsismo. En este contexto, la demostración de la existencia de Dios se convierte en una pieza clave, ya que permite garantizar la verdad del conocimiento, la validez de las ideas innatas y la realidad del mundo exterior.

Planteamiento

Descartes inicia su reflexión a partir de la duda radical, cuestionando los sentidos, el mundo exterior y las verdades heredadas. Mediante el análisis del pensamiento descubre las ideas que hay en la mente, clasificándolas en:

  • Adventicias: Aquellas que parecen provenir del exterior.
  • Facticias: Aquellas construidas por la propia mente.
  • Innatas: Aquellas que el pensamiento posee por sí mismo.

Entre estas últimas destaca la idea de Dios, entendida como la de un ser infinito, perfecto e independiente. Según el esquema cartesiano, esta idea no puede proceder ni de los sentidos ni de la imaginación, ya que el ser humano es finito. Por ello, Descartes concluye que la idea de Dios debe tener como causa a un ser realmente infinito, es decir, Dios mismo. Así, Dios es concebido como una sustancia primordial, independiente y causa primera de la realidad.

Además, se retoma el argumento ontológico, vinculado a San Anselmo, según el cual la existencia pertenece necesariamente a la naturaleza de Dios. La existencia de Dios se convierte así en una condición previa para explicar la presencia de las ideas innatas y la posibilidad misma del conocimiento.

No obstante, se señala la circularidad del argumento cartesiano: Dios garantiza la verdad de las ideas claras y distintas, pero la existencia de Dios se demuestra precisamente a partir de una idea clara y distinta. A pesar de esta dificultad, Dios desempeña un papel fundamental como garante del conocimiento y como fundamento de la realidad exterior, neutralizando hipótesis escépticas como el genio maligno, el sueño o la ilusión.

Conclusión

En conclusión, el problema de Dios en Descartes no es un tema teológico aislado, sino un elemento esencial de su sistema filosófico. Dios es afirmado como causa primera, creador y garante de la verdad, lo que permite asegurar la validez del conocimiento humano y la existencia del mundo exterior. A través de la demostración de Dios, Descartes consolida su proyecto racionalista y establece las bases de una metafísica moderna articulada en torno a las tres sustancias: el yo (res cogitans), Dios (res infinita) y el mundo (res extensa).

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