LOCKE
Política:
La política de John Locke se centra en la defensa de la libertad, la propiedad y la limitación del poder del Estado, estableciendo bases fundamentales del liberalismo político. Locke sostiene que, antes de la existencia de los gobiernos, los seres humanos vivían en un estado de naturaleza, donde todos eran libres e iguales y poseían derechos naturales como la vida, la libertad y la propiedad. Sin embargo, en este estado no existía un juez ni un castigo claro para quienes violaran estos derechos, lo que podía generar conflictos y desorden. Para evitar esta situación, los individuos acuerdan un contrato social, mediante el cual ceden parte de su libertad a un gobierno encargado de proteger sus derechos; este gobierno no es absoluto, sino que debe actuar respetando la voluntad del pueblo y asegurando la justicia. Para Locke, la propiedad privada es un derecho sagrado, ya que las personas la adquieren al mezclar su trabajo con los recursos naturales: por ejemplo, si alguien siembra un campo, los frutos son suyos. El Estado tiene la obligación de proteger la propiedad, y cualquier intento de quitarla es ilegítimo. Además, Locke propone la separación de poderes para evitar abusos: el poder legislativo se encarga de elaborar las leyes, mientras que el ejecutivo las aplica; esta idea influyó en Montesquieu y en la estructura de muchos sistemas políticos modernos. Por último, Locke defiende el derecho a la revolución, afirmando que si un gobierno viola los derechos del pueblo o se vuelve tiránico, los ciudadanos tienen la legitimidad de rebelarse, cambiar el gobierno y establecer uno que garantice sus libertades. Esta idea inspiró movimientos históricos como la Independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa, consolidando el concepto de que el poder político debe estar al servicio de la sociedad y nunca en contra de ella.
PLATÓN Teoría de las ideas:
Platón creía que el verdadero conocimiento no se obtiene a través de los sentidos, sino por medio de la inteligencia. Desarrolló la Teoría de los Dos Mundos:
Mundo sensible
Es el mundo que percibimos con nuestros sentidos, pero es solo una copia imperfecta de la realidad.
Mundo de las Ideas:
Es el verdadero mundo, donde existen las ideas o formas perfectas e inmutables, como la justicia, la belleza y la verdad. Solo podemos acceder a este mundo a través de la inteligencia. Platón explicó esta teoría a través del Mito de la Caverna, donde compara a los seres humanos con personas encadenadas dentro de una cueva que solo ven sombras en la pared y creen que esas sombras son la realidad. Al liberarse, descubren que la verdadera realidad está fuera de la caverna. Esto simboliza el proceso de educación y conocimiento, que nos lleva del mundo de los sentidos al mundo de las ideas, donde finalmente se alcanza la idea de Bien, que para Platón es lo más importante, equivalente a la justicia, la belleza y la verdad.
Antropología:
El cuerpo
Es material, desordenado y siempre está cambiando. Nos ata al «mundo sensible», que es el mundo que percibimos con nuestros sentidos. El conocimiento que obtenemos a través del cuerpo es limitado, como si solo viéramos sombras.
El alma
Es eterna, espiritual y pertenece al «mundo de las ideas», donde está la verdad y el verdadero conocimiento. El alma le da orden y estabilidad al cuerpo durante la vida, pero el cuerpo es un obstáculo para alcanzar el verdadero conocimiento. El alma está formada por tres partes:
Racional(
Representa la razón y el conocimiento verdadero simbolizada por el conductor en el mito del carro alado).
PLATÓN alma continuación
Irascible (Es la voluntad, que nos impulsa a superar dificultades simbolizada por un caballo blanco en el mismo mito).
Concupiscible (Son los deseos y apetitos (simbolizados por un caballo negro). Si esta parte domina, nos desviamos del verdadero conocimiento y nos quedamos atrapados en el mundo físico. Para Platón, vivir en el mundo material es como un castigo por seguir los deseos. El conocimiento es un proceso de «purificación» del alma a través de vidas.
Kant Epistemología (Estudio del conocimiento y la verdad) Las cosas de este mundo solo pueden ser conocidas esencialmente, en su totalidad, por Dios; el hombre debe conformarse con conocer los fenómenos que percibe, el noúmeno. Este conocimiento debe ser creado por el ser humano, llevar la pluralidad de sensaciones a la unidad objetiva. Esta actividad consiste en “algo” que permite elaborar juicios sintéticos a priori, elementos que están en el sujeto previos a la experiencia. Kant distingue tres facultades de conocimiento: Sensibilidad (en Estética trascendental), Entendimiento (en Analítica trascendental) y Razón (en Dialéctica trascendental). Los dos primeros conocen porque se ocupan de los fenómenos, pero la razón no conoce porque se ocupa de lo que puede ser pensado pero no conocido. El espacio y el tiempo para Kant son formas a priori de la sensibilidad, pues no son objetos de conocimiento sensible, sino que los usamos para organizar las impresiones. Así la sensibilidad crea los fenómenos mediante la uníón de las impresiones con el espacio-tiempo. El Entendimiento distribuye los fenómenos dados por la sensibilidad y los organiza en categorías, que son agrupaciones de fenómenos. Así se crea el conocimiento objetivo. La Razón unifica afirmaciones mediante enlaces lógicos entre ellas. Estas ideas se pueden dividir en tres grandes grupos: la idea de Alma, Mundo y Dios. Estas ideas son lo que siempre ha querido conocer la metafísica, pero no tenemos impresión ninguna de ello, por lo que al no poder percibirlos por los sentidos, no los podremos conocer nunca con certeza y se puede llegar a conclusiones igualmente válidas mediante la lógica, pero contradictorias entre sí, y nunca sabremos cuál es la verdadera.
Ética (estudio de la moral y la conducta humana) La ética de Kant busca encontrar un principio moral universal y a priori, es decir, una norma que no dependa de la experiencia ni de intereses personales, sino únicamente de la razón. Kant sostiene que las personas deben actuar siempre por deber, no por conveniencia, sentimientos o búsqueda de felicidad. Para explicar este principio formula el imperativo categórico, “obra de tal modo que quieras que tu acción se convierta en ley universal”, es decir, que actúes como querrías que todos actuasen en dicha situación. De esta forma, la moral se basa en la racionalidad y la universalidad, no en las consecuencias de las acciones. Para que la moral humana tenga sentido, Kant afirma que es necesario aceptar tres postulados de la razón práctica, que no pueden demostrarse científicamente pero deben suponerse racionalmente. El primero es la libertad, porque solo si el ser humano es libre puede ser responsable de sus actos y estos pueden ser juzgados moralmente. El segundo es la inmortalidad del alma, ya que se necesita postular la existencia de una vida posterior donde el alma pueda ser completamente moral. El tercer postulado es la existencia de Dios, que garantiza la armónía entre virtud y felicidad, es decir, que actuar moralmente terminará conduciendo a la felicidad, aunque esta nunca debe ser el motivo de nuestras acciones.
