Impacto Global de la Gran Depresión: Sociedad, Economía y el Ascenso de los Totalitarismos


Consecuencias sociales de la Gran Depresión

La crisis repercute en diversas esferas de la vida social. En primer lugar, en la demografía. El rápido desarrollo de la población, perfil de la civilización industrial, se detiene y, en algunos casos, se produce una regresión. En realidad, en Europa la crisis demográfica se inicia con la Primera Guerra Mundial, pero, dentro de un período más amplio, los años de depresión económica y los que la siguen se destacan por una agudización de las tendencias contractivas.

La importancia de la crisis, la extensión del paro y el agravamiento de las dificultades de la vida han reforzado la antigua tendencia a la disminución del índice de natalidad, al tiempo que la insuficiente alimentación aumenta la mortalidad. En bastantes países, la natalidad desciende por debajo de las curvas de mortalidad, con lo que se produce un déficit en la renovación de la población.

Respuestas políticas ante la crisis demográfica

Los distintos regímenes políticos establecieron diferentes medidas demográficas para afrontar la crisis:

  • En los países liberales, el paro se atribuye normalmente a la «superpoblación», de manera que la limitación de nacimientos se considera como el mejor remedio contra este mal.
  • Por el contrario, los gobiernos totalitarios, temerosos de la repercusión que un descenso de la natalidad pueda tener en su potencia militar, estimulan los nacimientos.

Movimientos de población y urbanización

Los movimientos de población también se ven afectados. Parece ser que, a pesar de las medidas adoptadas para impedirlo o moderarlo (una industria en crisis no puede absorber más mano de obra), el movimiento de concentración urbana prosigue. Quizá la más grave consecuencia de la crisis en este sentido fue la interrupción de la emigración, ya muy disminuida en el período precedente. Los EE. UU. se negaron a la entrada de emigrantes, mientras que las naciones iberoamericanas impusieron las primeras restricciones.

Cambios en la estructura social

La crisis ha provocado en todos los países la disminución y la redistribución de la renta nacional y, en consecuencia, profundos cambios en la estructura de la sociedad. En términos generales, ha acentuado la desigualdad social y los antagonismos de clase:

  • Las clases medias ven disminuir sus posibilidades adquisitivas, empobreciéndose y proletarizándose.
  • Los agricultores han sido las víctimas más atacadas por el descenso de los precios.
  • La clase obrera se ve condenada no solo a las privaciones físicas, sino también a la humillación y al fracaso social.

La crisis ha creado una nueva clase de proletariado, de rango inferior: la de los parados. Efectivamente, el paro constituye la primera y más terriblemente novedosa consecuencia de la Gran Depresión. Es posible distinguir, sobre todo en los EE. UU., el paro total y el paro parcial. El primero va acompañado de mendicidad, enfermedad y hacinamiento, puesto que los gobiernos no disponen aún de los mecanismos intervencionistas para su corrección; el otro, el paro parcial, aunque menos dramático, también afectó a la vida diaria. En los EE. UU. se calcula que el 63 % de los trabajadores industriales estaban contratados a tiempo parcial.

La juventud sufrió con mayor dureza aún esta situación, pues la búsqueda de un primer empleo se hacía totalmente inútil. En el orden intelectual se produce una crisis de conciencia o de valores, cuyo ejemplo más conocido, aunque no único, es el de la «generación perdida» americana. Realista, negativa y descarnada, tiene una influencia enorme sobre la sociedad americana y europea, a la vez que es reflejo de esa sociedad y sus contradicciones. En esa atmósfera escribe Steinbeck sus novelas de protesta, Hemingway sus relatos sobre la derrota del esfuerzo humano, Faulkner sus violentos temas del sur, Dos Passos sus amargas críticas sociales, etc.

Consecuencias en las teorías económicas

Tras la crisis, la revisión del sistema económico se convierte en una necesidad. La Gran Depresión impulsó a abandonar progresivamente el liberalismo optimista y autorregulado, siendo necesario instituir una «dirección económica», un control capaz de proteger a la colectividad contra los defectos y peligros del sistema.

La revolución de John Maynard Keynes

La fórmula de intervención estatal fue propuesta por John Maynard Keynes en su «Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero» (1936). Las medidas keynesianas establecían la corrección del sistema capitalista mediante la intervención del Estado para incrementar el consumo y la inversión.

Hay que tener en cuenta que, para paliar el paro, algunos economistas «clásicos» del momento pensaron que con una reducción de los salarios las empresas podrían aumentar el nivel de empleo. La importancia mayor de Keynes en ese momento fue demostrar la falacia de esta argumentación. Keynes alega que el nivel de empleo no depende del nivel de los salarios, sino de otras variables, como la capacidad de consumo y la inversión.

El economista inglés entiende que la depresión se ha producido por una disminución de la demanda, provocada por múltiples causas, y por eso había que actuar sobre la demanda y la inversión. Para ello propugnaba, entre otras cosas:

  • La ayuda a empresas expansivas.
  • El fomento de obras públicas por el Estado para crear puestos de trabajo.
  • El aumento del poder de compra de los obreros.

Pese a su trascendencia, hay que reconocer que las teorías de Keynes no alcanzaron plena vigencia hasta después de la Segunda Guerra Mundial y que, posteriormente, se han criticado mucho sus doctrinas.

Consecuencias políticas de la Gran Depresión

La Gran Depresión repercute en el ámbito político en un doble sentido:

1. El orden internacional

Se interrumpe la atmósfera de concordia abierta por la Conferencia de Locarno (1925) y continuada por el Pacto Briand-Kellogg de 1928. Se recrudecen los nacionalismos y cada potencia se desentenderá de los problemas colectivos.

2. Política interior y descrédito de la democracia

Se produce el descrédito de la democracia parlamentaria. Al demostrarse la necesidad de la intervención estatal, se refuerzan los gobiernos autoritarios y los sistemas totalitarios; el caso del nazismo en Alemania puede considerarse paradigmático.

Al mismo tiempo, a partir de 1930 se plantea una crisis en los partidos socialdemócratas, que tuvieron que transformar sus principios. Por un lado, el triunfo del comunismo en Rusia y la creación de la III Internacional habían desplazado al socialismo a posiciones más moderadas; por otra parte, durante la crisis, estos partidos tuvieron que colaborar con el capitalismo y renunciar a algunas de sus conquistas sociales para apoyar a los gobiernos en la difícil coyuntura. De esta forma, la separación entre socialismo y comunismo se hace más manifiesta.

Contexto: El período de la «Seguridad Colectiva» (1925-1929)

Desde el punto de vista de las relaciones internacionales, este período se caracterizó por:

  • Mejora de las relaciones diplomáticas entre Alemania y Francia.
  • Temor al establecimiento de un gobierno dictatorial en Alemania tras la intentona golpista de Hitler en Múnich.
  • Salida del aislamiento de la URSS.
  • Intervención matizada de los EE. UU. en la política europea (Plan Dawes).

En este ambiente de distensión se logró:

  • Octubre de 1925: Conferencia de Locarno. Alemania reconocía las fronteras occidentales (Alsacia y Lorena para Francia) y se garantizaba el statu quo territorial.
  • Septiembre de 1926: Alemania ingresa en la Sociedad de Naciones.
  • Agosto de 1928: Pacto Briand-Kellogg. Declaración solemne contra la guerra firmada por 15 potencias iniciales y 63 países adheridos.

Intentos de solución: Deflación y Proteccionismo

Hubo una primera respuesta común: las políticas deflacionistas y el proteccionismo económico. En la teoría del liberalismo clásico, el estímulo de la demanda podía llegar a través de la deflación que, al reducir los precios, ampliaría el mercado. Respecto al proteccionismo, se acentuó con la fijación de contingentes de importación y devaluaciones monetarias.

Esta política económica «agresiva» e internacionalmente contradictoria impidió tomar medidas conjuntas, alargando la crisis. El fracaso de la Conferencia de Londres de 1933 lo demuestra. La quiebra de las prácticas deflacionistas abrió paso a un mayor intervencionismo del Estado, suponiendo la definitiva e irreversible quiebra de los principios del capitalismo liberal.

El ascenso del Fascismo y factores políticos

La crisis de 1929 fue un catalizador para el ascenso de regímenes extremistas debido a:

  • Descrédito de las democracias liberales: Devastación de la guerra y crisis económica.
  • Nacionalismo exacerbado: En Italia, el sentimiento de «victoria mutilada» (falta de territorios prometidos como el Tirol o Dalmacia). En Alemania, la humillación del Tratado de Versalles (Diktat).
  • Temor a la revolución obrera: Las clases medias y la burguesía temían el triunfo del comunismo. El fascismo se presentó como una «tercera vía» (falsa) entre la democracia liberal y el comunismo.
  • Debilidad de los sistemas liberales: Carencia de liderazgo y gobiernos de coalición en minoría en Italia y Alemania.

Características fundamentales del Fascismo

  1. Estado totalitario: Represivo y ultraconservador. «Todo dentro del Estado, nada fuera de él».
  2. Partido único: Eliminación de la oposición política y rechazo al parlamentarismo.
  3. Líder carismático: Un guía (Duce, Führer) que concentra todos los poderes. «El Führer no se equivoca nunca».
  4. Política exterior expansionista: Justificación del «espacio vital».
  5. Antimarxismo feroz: Rechazo total a cualquier ideología de corte comunista.
  6. Racismo y antisemitismo: Especialmente en Alemania, utilizando teorías neodarwinistas tergiversadas.
  7. Militarismo y violencia: Uso sistemático del terror y control policial. Exclusión de minorías y mujeres.
  8. Coerción social: Encuadramiento de las masas en organizaciones del partido.
  9. Control cultural: Imposición de un arte oficial; el arte opositor es tildado de «degenerado».
  10. Propaganda: Uso masivo de los medios de comunicación para ganar adeptos.

Modelos de superación: El New Deal y la Autarquía

El New Deal en los Estados Unidos

Tras las contradicciones del presidente Hoover, Franklin D. Roosevelt implanta en 1933 el New Deal, desarrollado en dos etapas:

Primera etapa (1933-1937): El Gobierno de los Cien Días

Se centró en medidas económicas urgentes:

  • Terreno financiero: Prohibición del atesoramiento de oro, devaluación del dólar y el Banking Act para proteger depósitos y evitar la especulación.
  • Sector agrícola (AAA): Indemnizaciones a campesinos para limitar cosechas, reducir excedentes y aumentar precios.
  • Tennessee Valley Authority (TVA): Planificación regional mediante obras públicas y electrificación.
  • Sector industrial (NIRA): Intervención estatal para organizar la industria, establecer salarios mínimos y jornadas máximas.

Segunda etapa (desde 1935): Medidas sociales

Se centró en la lucha contra el desempleo y la protección del ciudadano (ancianos y parados). Se fijó la jornada laboral de 40 horas y se abolió el trabajo infantil. Aunque hubo reactivación, el crecimiento fue lento y la inversión pública no compensó totalmente la debilidad de la inversión privada.

La respuesta de Gran Bretaña

El gobierno británico volvió al proteccionismo mediante el aumento de aranceles, concedió préstamos, redujo tasas de interés y estabilizó la moneda. A pesar de ello, el desempleo se mantuvo elevado (1,5 millones de personas).

Causas de la Gran Depresión

Para comprender las consecuencias, es necesario señalar las causas principales:

  • Especulación bursátil: Inversión masiva para ganancias rápidas, creando una burbuja donde el precio de las acciones superaba su valor real.
  • Sobreproducción: La oferta superó ampliamente a la demanda, provocando la caída de precios y beneficios.

La combinación de ambos factores hizo el sistema insostenible. Cuando la burbuja estalló, se desencadenó la crisis económica más grave del siglo XX.

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