La crisis del Antiguo Régimen
La crisis del Antiguo Régimen
La crisis de 1808, la Guerra de la Independencia y los comienzos de la revolución liberal
A finales del siglo XVIII se produjo en Francia un acontecimiento político: la Revolución Francesa. Fue un cambio político radical que supuso la sustitución del sistema de monarquía absolutista por una sucesión de sistemas políticos nuevos que convirtieron a Francia en un estado muy diferente al resto de los países europeos. La ideología política que está en el origen de esa revolución es el liberalismo.
El absolutismo nace en la Ilustración; sus padres fueron filósofos ilustrados como John Locke, Jean-Jacques Rousseau y Montesquieu. Sus ideas fundamentales son:
- La legitimidad del poder puede tener un doble origen (Dios y el bien del gobierno) y se vincula a los derechos naturales de los hombres: libertad, igualdad y propiedad privada.
- Organización del nuevo Estado liberal en base al principio de separación de poderes: Montesquieu divide el poder en ejecutivo, legislativo y judicial.
- La Constitución: el Estado moderno se organizaba en base a una ley marco que contiene a todas las demás —la Constitución—.
Estas ideas se difundieron por toda Europa. En España se percibieron como un peligro durante el reinado de Carlos IV. Este rey encargó a su ministro, el conde de Floridablanca, una serie de medidas destinadas a frenar las ideas de la Revolución Francesa. Estas medidas, conocidas como el pánico de Floridablanca, incluyeron:
- Realizar un censo de todos los extranjeros que vivían en España.
- Prohibir la importación de libros franceses.
- Prohibir ir a estudiar a universidades francesas y la llegada de estudiantes franceses.
- Prohibir la entrada en España de todo tipo de propaganda revolucionaria.
Una vez triunfó la Revolución Francesa surgió un serio problema de política exterior. Entre España y Francia estaban vigentes los llamados pactos de familia. España tuvo que decidir si mantener la alianza con Francia o romperla y firmar una alianza con Gran Bretaña; la decisión fue mantener la alianza con Francia.
La crisis de 1808 y la Guerra de la Independencia
Se sustituyeron los pactos de familia por los Tratados de San Ildefonso (1796 y 1800) y por el Tratado de Fontainebleau (1807). En el Tratado de Fontainebleau, España y Francia se comprometieron a ayudarse mutuamente en la operación sobre Portugal y España facilitó el tránsito de un ejército francés camino de Portugal. Ese tratado fue un engaño: Francia pretendía ocupar España y Portugal.
Con un ejército francés en suelo español se produjo un acontecimiento que marcaría el comienzo de la guerra: el ejército francés recibió la orden de ocupar Madrid. En Madrid, el 2 de mayo de 1808 se produjo una sublevación popular; unidades del ejército francés fueron atacadas por el pueblo y la represión francesa posterior tuvo como consecuencia el inicio de una guerra larga, dura y sin reglas: la Guerra de la Independencia.
Consecuencias de la guerra
España quedó sin gobierno central; la guerra la dirigió la Junta Suprema, que funcionó como gobierno provisional. En España aparecieron los patriotas y los afrancesados; el país se dividió entre liberales y absolutistas. La guerra supuso un enorme desastre demográfico, pérdidas materiales y patrimoniales graves: muchas ciudades quedaron prácticamente destruidas.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
A partir de 1808 y hasta que concluyó la Guerra de la Independencia, la soberanía del país —y por tanto el poder político legítimo— estaba en las Juntas y, por decisión de las mismas, en la Junta Central Suprema. La Junta Central estuvo formalmente presidida por el conde de Floridablanca, y figuras ilustradas como Jovellanos tuvieron gran relevancia. Fernando VII estaba en Francia, en poder de Napoleón, junto con su padre, Carlos IV.
Durante la guerra se enfrentaron dos concepciones políticas: la concepción afrancesada, capitaneada por el rey impuesto José I, que ofrecía una carta otorgada reconociendo algunos derechos individuales y económicos pero manteniendo el poder en el rey; y la concepción liberal, defendida por quienes aspiraban a un estado representativo y constitucional.
Aunque José I intentó dar la apariencia de independencia respecto a Napoleón, solo estuvo apoyado por un grupo de políticos ilustrados y afrancesados que, tras la guerra, pagarían caro su apuesta por ese bando. José I intentó poner en vigor una serie de reformas en los territorios bajo su control, entre las que destacan:
- Supresión de las órdenes militares.
- Supresión de algunas órdenes religiosas masculinas.
- Supresión del Tribunal de la Santa Inquisición.
- Abolición de los consejos.
- Desamortización de bienes del clero y de la nobleza.
- División del país en prefecturas (modelo francés).
Con gran parte del país controlado por las tropas francesas, la Junta Central Suprema convocó elecciones a Cortes Generales y, a pesar de las circunstancias, se constituyeron las Cortes Generales en la ciudad de Cádiz.
Los diputados electos se dividieron en tres grupos bien diferenciados: los liberales, los centristas y los absolutistas. Las Cortes se reunieron no por estamento, sino formando una única asamblea.
La labor legislativa de las Cortes de Cádiz fue excepcional. De ellas emanó la Constitución de 1812, que marca el inicio de la historia del constitucionalismo español. La Constitución de 1812 nació para contrarrestar el Estatuto de Bayona y para servir de base al nuevo estado liberal que quería crear la Junta Central Suprema.
Entre los puntos más importantes de la Constitución de 1812 se encuentran:
- La soberanía reside en la Nación.
- La religión de España es la católica, apostólica y romana.
- El régimen político es la Monarquía Constitucional.
- División de poderes: poder ejecutivo, poder legislativo y poder judicial.
- El rey tiene iniciativa legal y propone la aprobación de las leyes a las Cortes Generales.
- La forma de votación para las elecciones a Cortes Generales es el sufragio universal masculino e indirecto.
- Reconocimiento del derecho a la libertad y de la libertad de expresión.
- Reconocimiento del derecho a la propiedad privada y de la igualdad de todos los españoles ante la ley.
- El domicilio es inviolable.
- Creación de la Milicia Nacional.
- Elección anual de las corporaciones municipales.
- Establecimiento de una fiscalidad común y justa para todos los españoles.
- El objetivo final del gobierno se define como la “felicidad de la Nación”.
- Establecimiento de un ejército nacional.
La Constitución de 1812 no tomó como preámbulo la Declaración de los Derechos del Hombre en su totalidad, pero sí incorporó muchas ideas liberales. Al mismo tiempo que diseñaban la Constitución, las Cortes desarrollaron una labor legislativa paralela destinada a introducir reformas para hacer desaparecer el Antiguo Régimen y sus instituciones sociales. Entre estas reformas destacan:
- Abolición de los privilegios feudales que aún gozaba la alta nobleza.
- Abolición del Tribunal de la Santa Inquisición.
- Abolición del Honrado Concejo de la Mesta.
- Prohibición de la tortura en todos los procesos judiciales.
- Abolición de las aduanas interiores.
- Abolición de los gremios.
La Constitución de 1812 solo estuvo en vigor dos años: a su regreso a España después de la Guerra de la Independencia, fue abolida por el rey Fernando VII. Posteriormente, durante el reinado de este monarca y el de su hija Isabel II, volvería a entrar en vigor de forma intermitente.
Fernando VII: absolutismo y liberalismo. La emancipación de la América Latina
Fernando VII. Absolutismo y liberalismo. La emancipación de la América Latina
Buena parte de la historia del siglo XIX está marcada por la lucha ideológica entre absolutistas y liberales. A partir de mediados de siglo, el liberalismo se impondrá definitivamente, pero antes España vivió un período de gran inestabilidad política durante el que absolutistas y liberales intentaron imponer sus puntos de vista. Cuando unos triunfaban, perseguían a los otros de forma implacable. Los militares fueron una figura clave en este periodo, ya que intentaron imponer ideologías mediante pronunciamientos.
Al regresar a España como rey legítimo, Fernando VII, “el deseado”, dejó en suspenso la Constitución de 1812 y restableció el más rancio absolutismo. En esta acción contó con el respaldo de los diputados absolutistas. Estos diputados le entregaron al rey, al cruzar la frontera de los Pirineos, un documento conocido en la historiografía como el “Manifiesto de los Persas”. En él acusaban a las Cortes de Cádiz de haber llevado al país a la anarquía y pedían el restablecimiento de las instituciones tradicionales y la participación de la nobleza en el nuevo tiempo que se avecinaba. Fernando VII hizo caso y la Constitución de 1812 quedó sin efecto; las Cortes fueron disueltas mediante un decreto dado en Valencia el 4 de mayo de 1814.
Sin embargo, el futuro inmediato no iba a ser sencillo. En España ya había muchos liberales —burgueses, militares— que lucharían por sus ideas con las únicas armas que la situación dejaba. Fernando VII era un rey inseguro y ello propició que no fuera capaz de imponer su decisión de forma definitiva. Como consecuencia se abrió un largo periodo de inestabilidad política y luchas intestinas que debilitaron a la nación.
En 1820 el general Riego (liberal) se sublevó contra el rey y el gobierno absolutista al frente de un ejército acantonado en Las Cabezas de San Juan (Sevilla). Ese ejército estaba a la espera de embarcar rumbo a América, con la misión de someter intentos de sedición en algunas partes del continente. El rey fue incapaz de doblegar la sublevación; se plegó a las exigencias de Riego y aceptó poner en vigor nuevamente la Constitución de 1812. Durante un breve periodo de tres años (1820–1823) tuvo lugar el llamado Trienio Liberal.
Durante el Trienio Liberal se sucedieron gobiernos que reimplantaron la legislación de las Cortes de Cádiz. Los liberales, no obstante, se dividieron en dos facciones cada vez más enfrentadas: los doceañistas o moderados y los exaltados o más radicales.
El Trienio Liberal terminó cuando, en ayuda de Fernando VII, acudió la Santa Alianza. En poco tiempo, la intervención extranjera se hizo con el control del país, a pesar de la resistencia ofrecida por parte de elementos del ejército español que continuaron obedeciendo al gobierno liberal hasta el final. Fortalecido por esta intervención y arropado por el ejército invasor, Fernando VII volvió a dejar en suspenso la Constitución de 1812 y reinstauró el absolutismo, abriendo un periodo de diez años de duro despotismo. Durante este periodo los liberales intentaron golpes de Estado, pero fracasaron.
Fernando VII no tuvo hijos varones; había dos posibles herederos al trono: su hija Isabel y su hermano, el príncipe Carlos María Isidro. En el gobierno y en el país había partidarios de ambos bandos que intentaron influir en el rey para que nombrara heredero a uno u otro. Los partidarios de la princesa tuvieron éxito y el rey derogó la Ley Sálica mediante una nueva disposición. La reina María Cristina sería la regente de España hasta la mayoría de edad de la princesa. España quedó dividida entre isabelinos y carlistas, y esta división dará lugar a nada menos que tres guerras civiles: las Guerras Carlistas.
Mientras en la metrópoli ocurrían estos sucesos, la situación en América empeoraba. El liberalismo favorecía la independencia de los pueblos colonizados. En la América española esta ideología caló profundamente entre los criollos, el grupo social más dinámico e influyente del continente. Los criollos eran ricos y muchos habían estudiado en universidades europeas. La Guerra de Independencia en España favoreció el inicio de movimientos secesionistas y la expansión de ideas liberales, pero al principio los criollos solo pretendían obtener de España mayor autonomía en sus territorios.
España no se mostró negociadora: Fernando VII envió ejércitos a América para someter los movimientos independentistas. Al comprobar los criollos que España no aceptaba la autonomía, comenzó un largo proceso de enfrentamientos y guerras de independencia que, con el tiempo, llevó a que los territorios españoles de América alcanzaran la independencia por la vía de los hechos consumados, es decir, venciendo en el campo de batalla a los ejércitos metropolitanos. España perdió definitivamente su Imperio americano, dando lugar al nacimiento de un conjunto de países soberanos.
