Piensan y repiten lo que les dicen sus padres y maestros.
Distinguen lo propio de lo ajeno.
Su sentido de justicia se limita a la reciprocidad: «Tú me das y yo te doy».
La moral sigue siendo heterónoma.
Dimensión religiosa
Se relacionan con Dios fácilmente, sobre todo en el ámbito de los sentimientos.
Consideran a Dios como el que hizo todo (Creador), todopoderoso y bueno.
Están convencidos de que Dios nos quiere, nos ama y nos protege siempre.
Para ellos es más fácil ver a Dios como un gran Padre que nos da la vida y nos ama, y que nos envió a su Hijo, Jesús, por amor.
Les resulta fácil creer; no necesitan grandes explicaciones para entender que Dios da la vida por medio de los padres.
Se relacionan con Dios a nivel de sentimientos y según se lo indican sus mayores.
En esta etapa se da un tipo de oración contemplativa, de mucha unión con Dios a partir de las maravillas del mundo y del sentido de que Dios es omnipotente.
Su experiencia religiosa es muy fuerte.
Para los niños de esta edad, Dios tiene tres connotaciones vitales: Dios es todopoderoso, Dios es bueno y Dios es su padre.
Niño de 7 a 8 años
Dimensión ética
Distinguen con claridad lo bueno y lo malo en ejemplos concretos; saben, entre otras cosas, que es malo robar, desobedecer y mentir.
Ya son capaces de valorar actitudes y aprecian la virtud de la verdad.
No les gusta que los critiquen ni que los traten con desprecio, burla o bromas.
Aceptan los castigos si están justificados, pero se rebelan si se consideran inocentes.
Dimensión religiosa
Tienen una fe espontánea, pues perciben que hay un ser superior a ellos; se inclinan fácilmente a creer y a gustar de su relación con Dios.
Forman su imagen interna de Dios y disfrutan de su relación con Él.
La oración expresa esa relación y tiene un contenido en función de las cosas concretas que viven, por lo que aparece la oración de petición o de acción de gracias.
Les gusta asistir a los encuentros de catequesis.
Dios es captado por ellos como el que les ama y les da todo: creador, sabio, bueno y todopoderoso, que los ama mucho e hizo todo pensando en ellos.
Se siente la necesidad de corresponderle siendo buenos; su religiosidad está más en el ámbito de la imaginación que de la realidad.
Les gusta repetir las palabras y los gestos de los ritos religiosos, aunque no siempre les encuentren sentido ni los entiendan.
Es un buen momento para enseñarles el sentido de participar con la comunidad de la Iglesia, el significado de los sacramentos, de los tiempos litúrgicos, de las ceremonias religiosas y de los ornamentos utilizados en ellas.
Les agrada que les cuenten detalles sobre las historias de la Biblia, en especial de Jesús.
Niño de 9 a 10 años
Dimensión ética
Se dan perfecta cuenta de lo verdadero y lo falso, lo justo e injusto, lo bueno y lo malo.
Tienen conciencia de lo correcto e incorrecto y de la doble tendencia hacia el bien y el mal en las personas.
Juzgan no solo las acciones, sino también las intenciones; valoran las motivaciones.
Prefieren normas prácticas, claras y breves.
Quieren ser honestos, caritativos, respetuosos, sinceros y obedientes, y se dan cuenta de que muchas veces no lo son.
Captan mejor lo que es el mal que lo que es el bien; si actúan mal, sienten necesidad de confesar sus faltas.
Son sensibles a los valores vividos y están dispuestos a identificarse con personas valiosas.
Dimensión religiosa
Continúan formando su imagen interna de Dios.
Crecen física y espiritualmente; se dan cuenta de que pueden ayudar y ser útiles a los demás.
Su religiosidad empieza a ser verdaderamente personal.
Su mente, más concreta y realista, lleva a captar a Dios como el Creador sabio, bueno y poderoso que ha hecho todas las cosas porque nos ama y nos envió a su Hijo, Jesús.
La imagen de Dios Hijo, Jesús, es el ejemplo que imitar: es el hermano mayor que nos muestra, con su vida, el camino.
Es la etapa en que viven la Eucaristía y participan de la misma con gran intensidad.
La vida y palabras de Jesús y sus amigos los atrapan y cautivan.
La oración aparece como un diálogo más personal y privado con Dios; comienzan a aparecer elementos de la realidad que hacen que su oración sea más solidaria.
La oración se hace más íntima, con mayor afectividad y espontaneidad, normalmente ligada a las circunstancias negativas de la vida en las que se necesita la ayuda de Dios.
Ya comprenden, viven y gozan los símbolos religiosos; les gustan las oraciones comunitarias y las misas participativas.
Captan que lo que Dios quiere de ellos se manifiesta en su conciencia: la conciencia es la voz de Dios que vive en ellos y quiere iluminar su mente y su corazón para que vivan como Él quiere.
Niño de 11 a 12 años
Dimensión ética
Tienen un vivo sentimiento del bien y del mal.
La moral es autónoma; pueden emitir juicios de valor al juzgar actitudes humanas y casos de moral sencillos.
Saben que las causas del bien y del mal están en el corazón del ser humano, y que el remedio al egoísmo es el amor.
Son capaces de sacrificio y esfuerzo para superarse.
Les resulta difícil obedecer por el desarrollo de la libertad, pero al mismo tiempo les atrae seguir caminos de virtud y heroísmo.
Los preadolescentes se desalientan cuando caen en la cuenta de sus fallos o limitaciones; son sensibles frente a las injusticias.
Empiezan a valorar los principios morales y descubren el sentido de una moral autónoma.
Dimensión religiosa
Admirar a Cristo es característico en esta etapa: les llaman la atención sus milagros, su amor, su entrega, su generosidad, su libertad y su sacrificio.
Jesús se transforma en modelo para imitar; vale la pena seguirle.
No solo saben que Dios es bueno, sabio y poderoso, sino que comprenden que Dios quiere que seamos santos.
Se interesan por las historias bíblicas, el origen del hombre y la relación entre lo científico y lo religioso.
Les gusta y se interesan por la Historia de la Salvación y los primeros tiempos de la Iglesia.
Disfrutan participar en la liturgia: leer, intervenir, ayudar en la misa, preparar las plegarias de los fieles, cantar, etc.
Si se les convoca a participar en grupos de Iglesia, de acuerdo con su edad y con proyección solidaria, se sienten cómodos y a gusto; si son bien recibidos, tratados como mayores y acompañados, participan con entusiasmo.
Les gustan las salidas, las convivencias y, sobre todo, los campamentos.
Suen capaces de concentrarse para orar y están abiertos a las necesidades del mundo exterior.
Dios cobra sentido para ellos si lo ven como un Dios cercano, capaz de entenderlos y perdonarlos, que no les falla y los quiere siempre.
Necesitan estar cerca de Jesús por medio de la frecuente recepción de los sacramentos y de celebraciones que les motiven y refuercen la vivencia de la fe cristiana; en este ambiente suele brotar la devoción a la Virgen María con naturalidad.