El Siglo de las Luces: Razón, Progreso y la Filosofía Crítica de Kant


El Siglo de las Luces: Un Movimiento de Emancipación Intelectual

La Ilustración, conocida también como el Siglo de las Luces (*Lux*), fue un movimiento cultural, artístico e intelectual que se desarrolló en Europa, especialmente en Francia, durante el siglo XVIII. Su objetivo primordial era liberar al ser humano de los prejuicios, las supersticiones, las tradiciones y las autoridades ciegas. Esto se buscaba lograr mediante el uso autónomo de la razón, la ciencia y la educación. Entre los principales filósofos de este movimiento se encuentran Montesquieu, Locke, Rousseau, Voltaire, Diderot e Immanuel Kant.

Principales Características de la Ilustración

La Ilustración se caracteriza, en primer lugar, por la defensa de un nuevo modelo de razón. En este sentido, se desarrolla la razón empírica y analítica, según la cual, tras las críticas del empirismo al racionalismo dogmático, los hechos y los experimentos se convierten en el punto de partida del conocimiento. Asimismo, se afirma la razón crítica, que rechaza cualquier autoridad externa a la razón, como la tradición, la autoridad, la revelación o los prejuicios. Frente al oscurantismo, se defiende el espíritu crítico racionalista y, además, la razón se somete a su propia crítica, reconociendo sus límites. Por último, se defiende la autonomía de la razón, ya que para los ilustrados esta debía ser la única guía del ser humano, no solo en el ámbito del conocimiento, sino también en la vida pública y privada.

En segundo lugar, destaca el progreso y el optimismo. La Ilustración difundió una visión optimista del mundo y de la humanidad, pues mediante el uso de la razón y el avance científico y técnico se podía dominar la naturaleza y alcanzar el bienestar material y espiritual. Creían que la felicidad individual y colectiva dependía del uso crítico de la razón. De ahí su empeño en extender la cultura y la educación, defendiendo el derecho a la educación pública obligatoria, impulsar las enciclopedias y promover que el conocimiento llegara al mayor número posible de personas.

Otra característica fundamental es el rechazo del absolutismo y la defensa de los derechos naturales. Los filósofos ilustrados fueron muy críticos con el absolutismo, proponiendo una monarquía limitada o constitucional e incluso, en algunos casos, la república. También rechazaron los privilegios aristocráticos y proclamaron los derechos naturales de todos los seres humanos:

  • John Locke había defendido la vida, la libertad y la propiedad.
  • Montesquieu defendió la separación de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.
  • Rousseau sostuvo la soberanía popular, afirmando que la legitimidad del gobierno depende del respeto a la voluntad general.

Sin embargo, en esta época surgió también el despotismo ilustrado, donde algunos monarcas adoptaron ideas ilustradas pero mantuvieron el poder absoluto.

Asimismo, la Ilustración se caracterizó por el rechazo racional de la religión revelada y la defensa del deísmo. Los ilustrados propusieron una interpretación racionalista de la religión, rechazando la revelación por considerarla irracional. Frente a las religiones reveladas, defendieron una religión basada en la razón, el deísmo, que sostenía la idea de un Dios personal o un principio racional o fuerza trascendente común a todas las religiones.

Por último, la defensa de la libertad y la tolerancia fue una idea central en la Ilustración. La libertad adquirió gran importancia, especialmente la libertad de conciencia y de expresión. Kant consideró esenciales estas libertades para el progreso social, mientras que Voltaire defendió la tolerancia religiosa y luchó contra el fanatismo. Esta reivindicación de la libertad se extendió también al ámbito económico, ya que la burguesía exigió mayor libertad de comercio, superando el mercantilismo.

La Primera Ola del Feminismo: Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges

La primera ola del feminismo surge a finales del siglo XVIII, en el contexto de la Ilustración y las revoluciones liberales, como la Revolución Francesa y la Revolución Americana. Aunque estas revoluciones proclamaron ideales como la libertad, la igualdad y los derechos universales, en la práctica dichos derechos se reservaron a los hombres. Las mujeres quedaron excluidas de la ciudadanía, la educación y la participación política. Las feministas ilustradas denunciaron esta contradicción y reclamaron que los principios ilustrados se aplicaran también a las mujeres.

El feminismo ilustrado se apoya en la razón, la igualdad de todos los seres humanos y la crítica a las desigualdades sociales presentadas como “naturales”. Defiende que la subordinación femenina no es biológica, sino histórica y social.

Mary Wollstonecraft

Mary Wollstonecraft, en Vindicación de los derechos de la mujer (1792), sostiene que las mujeres son seres racionales, como los hombres, y que su aparente inferioridad intelectual se debe a la falta de una educación adecuada. Critica una educación orientada a la belleza, la obediencia y el matrimonio, que fomenta la dependencia y la frivolidad. Defiende una educación igualitaria que permita a las mujeres ser autónomas, libres y moralmente responsables, capaces de participar en la vida social y política en condiciones de igualdad.

Olympe de Gouges

Por su parte, Olympe de Gouges, en la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (1791), denuncia que la Revolución Francesa excluyó a la mitad de la humanidad. Reclama la igualdad jurídica y política, el derecho al voto, a la propiedad y al acceso a cargos públicos. Afirma que si la mujer puede ser castigada por la ley, también debe poder participar en su elaboración, convirtiéndose en sujeto pleno de derechos.

La primera ola del feminismo inaugura así la lucha por la igualdad legal y racional entre hombres y mujeres, sentando las bases del feminismo posterior.

C.2 – La Filosofía Crítica de Immanuel Kant y el Problema de la Metafísica como Saber

El criticismo de Kant se articula en torno a tres preguntas: ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer? y ¿qué me cabe esperar?

La crítica es el motor y el principio fundamental sobre el que se construye todo el sistema kantiano. De ahí que el título de sus principales obras sea Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio. Kant da a la crítica más importancia que al conocimiento en sí mismo, ya que tiene como objetivo aclarar las posibilidades que posee nuestra razón para establecer unos conocimientos de los que no podamos tener la menor duda. Kant intenta descubrir el camino que nos permita usar libremente la razón y, para ello, considera necesario someter a crítica a la propia razón. La tarea fundamental consiste en aprender a someter a la razón a juicio, en la que ella misma será al mismo tiempo juez y abogada en sus dos formas de funcionamiento: teórica (razón pura) y práctica (razón práctica).

Una vez establecidas las posibilidades y los límites de la razón, podemos usarla libremente y avanzar hacia una humanidad en libertad, ya que es precisamente el uso de la libertad donde reside la distinción entre los humanos y el resto de las criaturas. Esta crítica es la que hace plantearse al hombre el sentido de su vida y cuáles son sus últimos fines e intereses. Esto le llevará a intentar contestar las grandes interrogantes del ser humano, que son respondidas por los distintos usos de la razón.

Los Tres Usos de la Razón en Kant

  1. ¿Qué puedo conocer?: Kant responde en la Crítica de la razón pura, donde analiza y juzga la razón para establecer los límites del conocimiento y determinar la estructura de todo conocimiento y, fundamentalmente, del conocimiento científico. Supera las posiciones antagónicas respecto al conocimiento del empirismo y el racionalismo. Según Kant, la razón en su uso teórico posibilita a todo ser humano este conocimiento, y esto es un derecho y un deber, ya que es la forma de contribuir a la Ilustración.
  2. ¿Qué debo hacer?: Responde en la Crítica de la razón práctica. En su uso práctico, la razón determina los principios morales que rigen nuestros comportamientos y todas aquellas acciones en las que interviene la libertad, fundamento de la acción moral. Cuando el hombre es libre y su voluntad es autónoma, es decir, no condicionada por nada ajeno a ella misma, el ser humano es capaz de darse a sí mismo la ley moral y, por sí mismo, conocer y decidir qué normas morales deben regir su conducta.
  3. ¿Qué me cabe esperar?: Responde en las obras Crítica del juicio y La religión dentro de los límites de la mera razón. Se trata del problema de la Religión y de la Historia, para el destino último del hombre y las condiciones de posibilidad de su realización en el tiempo y el espacio. Todo ser humano espera la felicidad, pero Kant considera que solo nos está permitido esperar ser felices si hemos cumplido con nuestro deber, con la ley moral. Esperar la felicidad sin haber cumplido con el deber moral, además de ser una actitud irresponsable, potencia la pasividad respecto al futuro, que para Kant debe avanzar hacia una humanidad en libertad y en la que el ser humano sea tratado conforme a su dignidad.

Límites y Condiciones del Conocimiento: El Idealismo Trascendental de Kant

La primera tarea de la filosofía crítica de Kant será preguntarse por el conocimiento. La filosofía crítica de Immanuel Kant analiza los límites y las condiciones del conocimiento, especialmente en su obra Crítica de la razón pura (1781). En los siglos XVII y XVIII, en el ámbito de la epistemología, dominaban dos corrientes: el racionalismo y el empirismo. Kant intentará combinar lo mejor de ambas, superando la discusión entre Heráclito y Parménides.

En su obra Crítica de la razón pura, Kant tratará de responder a las siguientes cuestiones: ¿qué puedo conocer? y ¿cómo es posible el conocimiento científico, universal y necesario?, a partir de las cuales nos planteamos si es posible la metafísica como ciencia. La filosofía anterior no había resuelto el problema del conocimiento.

Posturas Epistemológicas Previas
  • Racionalistas: La razón es la fuente de conocimiento válido, infravalorando la experiencia. A partir de las ideas innatas, siguiendo el método deductivo, se puede alcanzar un conocimiento universal y necesario, siendo posible el conocimiento de los objetos de la metafísica, como el alma y el mundo.
  • Empiristas: La experiencia es el origen y el límite del conocimiento. El conocimiento científico es solo probable, salvo el matemático, y los objetos de la metafísica, al no estar más allá de la experiencia, no podemos conocerlos.

Kant no estaba de acuerdo con los conocimientos que son obra exclusiva de la razón, por eso el criticismo kantiano somete a crítica a la razón para descubrir su naturaleza, establecer sus límites y determinar si es posible un conocimiento universal y objetivo. Este análisis se desarrolla en la Crítica de la razón pura, donde Kant formula su principio fundamental: “Todo conocimiento empieza en y con la experiencia, pero no todo lo que hay en el conocimiento procede de la experiencia”. Hay algo que pone el sujeto, de lo contrario no tendríamos ninguna seguridad universal y necesaria.

El origen del conocimiento es experiencial, ya que el objeto suministra la materia del conocimiento, es decir, es a posteriori (posterior a la experiencia), como dice el empirismo. Sin embargo, el sujeto suministra la forma del conocimiento, que es a priori (independiente de la experiencia). La razón produce principios de manera espontánea que condicionan nuestro conocimiento de la realidad.

Kant distingue los principios a priori de la sensibilidad, como el espacio-tiempo, que son el modo en que el ser humano percibe los objetos, y los principios a priori del entendimiento, como las categorías, que son el modo que tiene de organizar la realidad y poder entenderla. Estos principios a priori que suministran la forma del conocimiento son trascendentales, es decir, son el modo de conocer que tiene todo ser racional y que hace posible un conocimiento universal y necesario propio del racionalismo.

Un conocimiento sin materia, sin experiencia, es vacío, y un conocimiento sin forma es caótico. La razón en su uso teórico no puede separarse de la experiencia, como afirmaba el empirismo, pero gracias a los principios a priori de la razón, como defendía el racionalismo, podemos alcanzar un conocimiento objetivo, universal y necesario.

La Revolución Copernicana de Kant

Este nuevo planteamiento cambia el modo de entender la relación entre el objeto y el sujeto. El conocimiento no es la captación pasiva del objeto, sino la acción de un sujeto activo que organiza y adapta los datos que proceden de la experiencia a las formas del sujeto cognoscente, modificando el objeto. Por tanto, nosotros no conocemos las cosas tal como son, porque es el sujeto el que construye los objetos de conocimiento en la medida en que los somete a sus formas a priori. En esto consiste la revolución copernicana de Kant: no es el sujeto el que se adapta al objeto, sino el objeto el que se adapta a las formas del sujeto.

De todo ello se deriva que no podemos conocer el objeto en sí o númeno, sino el objeto tal y como aparece en nuestra conciencia, el fenómeno. Quedan así respondidas las dos preguntas iniciales: es posible el conocimiento científico, universal y necesario, y no es posible la metafísica como ciencia, porque le falta el elemento material, ya que sus objetos están más allá de la experiencia. Si bien la razón teórica no puede tener conocimiento científico de los objetos de la metafísica, estos aparecen como postulados de la razón práctica.

Kant y la Ilustración: Sapere aude

En su pequeño ensayo titulado ¿Qué es la Ilustración?, Kant responde que la Ilustración es “la salida del hombre de su minoría de edad o incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro”. Considera que el hombre es culpable de esa incapacidad, ya que no tiene valor para pensar por sí mismo sin la tutela de otro.

Para Kant es necesario luchar por la emancipación del hombre. Para ello, es preciso eliminar las causas tanto externas como internas responsables de esa minoría de edad. Es necesario eliminar las causas externas, como leyes injustas, instituciones autoritarias, tutores religiosos y tradiciones, que dirigen a los hombres, impidiéndoles ser libres, convirtiéndolos en sujetos dóciles y obedientes, incapaces de caminar por sí mismos. También es necesario eliminar las causas internas, ya que el único culpable es el propio hombre. Por un lado, la pereza, porque pensar por sí mismo cuesta esfuerzo, y por otro, la cobardía, que impide liberarse de los tutores y tomar las propias decisiones.

Por tanto, es especialmente importante que el propio hombre tome conciencia de que también debe actuar para lograr su propia libertad y felicidad digna. Puesto que, si solo unos mandan y los demás obedecen, si solo unos saben y los demás son ignorantes, la culpa no está solo en los primeros. Quienes se mantienen en la minoría de edad pasiva, como niños que necesitan continuamente de tutela, de mandatos y de ayuda, también son culpables de esa situación.

Es necesario retirar los obstáculos externos a la libertad de todos para salir de la minoría de edad. Pero, según Kant, el ser humano solo alcanzará la mayoría de edad cuando se atreva a pensar por sí mismo. Entonces logrará la verdadera libertad, que consiste en construir y dirigir la propia vida con total autonomía.

Por eso, la Ilustración no es solo un asunto de mero conocimiento, ni de mera lucha contra los prejuicios, supersticiones y dogmas religiosos. Es, sobre todo, una actitud práctica, algo que todos debemos hacer. Sapere aude, ¡atrévete a pensar!, a servirte de tu inteligencia sin la guía de otro. Atrévete a decidir y a cargar responsablemente con tu vida, porque es tu derecho y también tu deber. Solo entonces seremos soberanos de nuestra vida.

Kant y la Ilustración: Uso Público y Uso Privado de la Razón

La libertad es uno de los principios o requisitos fundamentales de la Ilustración, condición indispensable para que el hombre sea autónomo, supere la minoría de edad y se libere de toda tutela. Pero no debe ser una libertad ilimitada, sino “la más inocente” de todas: la libertad de hacer siempre y en todo lugar uso público de la razón.

Kant distingue dos usos de la razón:

Uso Público de la Razón

Es el que alguien, en cuanto docto en una materia, realiza fuera del ejercicio de su función pública, haciendo uso de su razón ante el gran público. Se trata de la libertad de expresión, de pensamiento y de opinión para hacer propuestas y objeciones sobre cualquier asunto, como la religión, la política, la ley o la moral, con el objetivo de ayudar al progreso y mejora de la sociedad. Respecto a este uso, debe haber una libertad total y sin límites, ya que lo contrario impediría la Ilustración y el progreso de la humanidad.

Uso Privado de la Razón

Es el que se ejerce en un determinado puesto civil o función pública. En este caso, la libertad está limitada, ya que obedecer normas y órdenes garantiza el correcto funcionamiento ordenado de la sociedad. Esto no supone un gran obstáculo para la Ilustración, ya que el orden social debe mantenerse.

Para aclarar esta cuestión, Kant utiliza varios ejemplos:

  • Un oficial de la armada debe cumplir las órdenes de sus superiores en el ejercicio de su cargo (uso privado). Sin embargo, no se le puede prohibir que, como docto, argumente sobre el objetivo y el beneficio de esas órdenes en su uso público.
  • Un ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le son asignados (uso privado), pero sí puede manifestar públicamente, como docto, su pensamiento sobre la inconveniencia o injusticia de tales impuestos (uso público).
  • Un sacerdote debe cumplir las órdenes de la Iglesia a la que sirve (uso privado). Sin embargo, como docto, tiene plena libertad, e incluso el deber, de comunicar al público sus pensamientos acerca de los defectos de esa doctrina (uso público).

En caso de no querer cumplir las normas o leyes, solo queda abandonar la armada, la sociedad o el sacerdocio. Según Kant, en el ámbito del uso privado de la razón no hay libertad. A pesar de todo, la falta de libertad del uso privado de la razón no impide la Ilustración, siempre y cuando exista libertad para informar, pensar y expresar públicamente las ideas. Ni la Iglesia ni la sociedad ni el monarca deben impedir la libertad del uso público de la razón.

Por eso, Kant considera a Federico II el Grande un príncipe ilustrado, ya que con este lema representa mejor que nadie el espíritu de la Ilustración: “Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, ¡pero obedeced!”. Esta máxima es representativa de la Ilustración y muestra su paradoja, es decir, la relación dialéctica entre el uso público y privado de la razón.

El progreso desarrollado en esta relación dialéctica entre el uso público y privado repercutirá gradualmente en el sentir del pueblo, con lo que el sentir de la Ilustración impregnará progresivamente tanto la libertad de actuar del pueblo como del legislar del gobierno. Todo ello conducirá a una auténtica época ilustrada, donde el hombre será tratado no como una máquina, sino conforme a su dignidad.

Como la libertad y la racionalidad son dos elementos propios de la naturaleza humana, todo ser humano estará capacitado para la decisión y el aprendizaje, y acabará por imponerse mayoritariamente en los seres humanos la autonomía y la libre elección consciente de las normas de convivencia.

Resumen Conceptual
Apartado A — Sapere aude

Kant define la Ilustración como la salida del ser humano de su minoría de edad, entendida como la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro. Esta situación no se debe a la falta de razón, sino a la falta de decisión para usarla. Según el autor, el propio hombre es responsable de esta minoría de edad, cuyas causas principales son la pereza y la cobardía. La Ilustración exige que el individuo se atreva a pensar por sí mismo y actúe con autonomía, liberándose de toda tutela.

Apartado B — Uso público y privado de la razón

Kant sostiene que la Ilustración solo requiere libertad, especialmente la libertad de hacer uso público de la razón. Distingue entre el uso público de la razón, que debe ser siempre libre y consiste en expresar pensamientos y críticas ante el público, y el uso privado de la razón, que se ejerce en un cargo o función y puede estar limitado para garantizar el orden social. Según el autor, la limitación del uso privado no impide la Ilustración, siempre que se mantenga la libertad del uso público.

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