Republicanismo y nacionalismos durante la Restauración (1875-1931)
4.3 Durante el período de la Restauración (1875-1931), el sistema político español se basó en la monarquía, el liberalismo conservador y un marcado centralismo, sostenido por el turno de partidos entre conservadores y liberales. Este modelo excluyó del poder a diversas fuerzas de oposición, como el republicanismo y los nacionalismos periféricos, que, aunque inicialmente débiles, fueron ganando apoyo social y político hasta convertirse en una alternativa real en las primeras décadas del siglo XX.
Republicanismo
El republicanismo comenzó la Restauración en una situación de clara debilidad, consecuencia del fracaso de la Primera República y de su profunda división interna. Existían distintas corrientes, como los federalistas de Pi i Margall, los centralistas de Salmerón y los posibilistas de Castelar, partidarios de colaborar con el sistema. Además, el auge del socialismo restó apoyos al republicanismo. Sin embargo, a finales del siglo XIX inició una recuperación, favorecida por el sufragio universal masculino (1890) y por la formación de coaliciones como la Unión Republicana. En este contexto surgieron nuevos partidos, como el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, de carácter populista y anticlerical.
Nacionalismo catalán
Por otro lado, el nacionalismo catalán se desarrolló a partir de la Renaixença, un movimiento cultural que reivindicaba la lengua y la identidad catalanas, y del descontento de la burguesía industrial. Figuras como Valentí Almirall y Prat de la Riba impulsaron el catalanismo político, que se consolidó con la creación de la Lliga Regionalista (1901), principal fuerza política catalana del primer tercio del siglo XX.
Nacionalismo vasco
Finalmente, el nacionalismo vasco surgió tras la pérdida de los fueros en 1876 y las transformaciones económicas del País Vasco. Fundado por Sabino Arana en 1895, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) evolucionó del independentismo inicial hacia el autonomismo, ampliando progresivamente su base social, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa.
La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
4.4 La dictadura de Primo de Rivera surgió como una salida autoritaria a la crisis del sistema de la Restauración y se desarrolló entre 1923 y 1930, constituyendo una etapa clave que acabaría arrastrando a la propia monarquía. El golpe de Estado fue protagonizado por el general Miguel Primo de Rivera en un contexto de profunda inestabilidad política y social, marcado por la conflictividad obrera, el auge del republicanismo y los nacionalismos, así como por el desprestigio del Ejército tras el desastre de Annual y la amenaza que suponía el informe Picasso.
Apoyos, fases y medidas del régimen
El golpe triunfó gracias al respaldo del Ejército, del rey Alfonso XIII y de amplios sectores de la alta burguesía y las clases medias, que veían en la dictadura una solución frente al desorden y el miedo a una revolución. En una primera etapa se instauró el Directorio Militar (1923-1925), caracterizado por la suspensión de la Constitución, la disolución de las Cortes y la prohibición de partidos y sindicatos, salvo la Unión Patriótica. Asimismo, se reprimió duramente al movimiento obrero radical y a los nacionalismos periféricos, destacando la supresión de la Mancomunidad de Cataluña. El mayor éxito del régimen fue el final de la guerra de Marruecos tras el desembarco de Alhucemas (1925).
- Directorio Militar (1923-1925): suspensión constitucional, disolución de las Cortes, prohibición de partidos y sindicatos (excepto la Unión Patriótica) y represión del movimiento obrero y los nacionalismos.
- Directorio Civil (1925-1930): intento de institucionalizar la dictadura mediante la Asamblea Nacional Consultiva y la Organización Corporativa Nacional, con influencias del fascismo italiano, e impulso de una política económica intervencionista basada en obras públicas y monopolios estatales.
Animado por los logros militares y la aparente estabilidad, Primo de Rivera inició el Directorio Civil, intentando consolidar la dictadura mediante órganos consultivos y corporativos. Paralelamente, impulsó una política económica intervencionista centrada en grandes obras públicas y en la creación o protección de monopolios estatales.
Declive y caída
Sin embargo, desde finales de la década crecieron las oposiciones al régimen, agravadas por la crisis económica de 1929. Al perder el apoyo del rey y del Ejército, Primo de Rivera dimitió en enero de 1930. Su caída debilitó definitivamente a la monarquía y abrió el camino a la proclamación de la Segunda República en abril de 1931.
Caída de la monarquía y proclamación de la Segunda República
5.1 La caída de la monarquía y la proclamación de la Segunda República fueron el resultado de un largo proceso de desgaste político acelerado tras la dictadura de Primo de Rivera. Tras la dimisión del dictador en enero de 1930, el rey Alfonso XIII quedó profundamente desacreditado por su apoyo al régimen. El intento de retorno a la normalidad constitucional, primero con el general Dámaso Berenguer y después con el almirante Aznar, fracasó debido a la falta de apoyos y a la oposición de las fuerzas republicanas, socialistas y nacionalistas, unidas en el Pacto de San Sebastián.
Las municipales de abril y la proclamación
En este contexto, las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 se convirtieron en un auténtico plebiscito entre monarquía y república. Aunque en el medio rural triunfaron los monárquicos, la victoria republicana en la mayoría de las capitales provinciales evidenció el rechazo urbano al régimen. Como consecuencia, el 14 de abril de 1931 Alfonso XIII marchó al exilio y se proclamó la Segunda República. Se formó entonces un Gobierno provisional, presidido por Niceto Alcalá-Zamora, que adoptó medidas urgentes como la amnistía política, el inicio de reformas y la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes.
Constitución y reformas iniciales
Las elecciones de junio de 1931 otorgaron la mayoría a la coalición republicano-socialista, lo que permitió la aprobación de la Constitución de diciembre de 1931. Esta establecía una república democrática, basada en la soberanía popular y la separación de poderes, y reconocía amplios derechos sociales. Además, tras un intenso debate, se aprobó el sufragio universal —masculino y femenino—, defendido por figuras como Clara Campoamor. En el plano territorial, se reconocía la posibilidad de autonomía regional, mientras que en el ámbito religioso se proclamaba un Estado laico, con separación Iglesia-Estado.
No obstante, su carácter progresista provocó el rechazo de la derecha y de los sectores católicos. Tras su aprobación, Alcalá-Zamora pasó a ser presidente de la República, mientras Manuel Azaña asumió el Gobierno, iniciando una ambiciosa etapa reformista.
El Bienio Reformista (1931-1933)
5.2 El Bienio Reformista fue el periodo comprendido entre 1931 y 1933, durante el cual gobernó una coalición republicano-socialista tras su victoria en las elecciones a Cortes Constituyentes. Su principal objetivo fue modernizar España y resolver problemas estructurales heredados, como el atraso agrario, la influencia de la Iglesia, la organización del Estado y las desigualdades sociales.
Reformas impulsadas
Una vez aprobada la Constitución de 1931, Niceto Alcalá-Zamora fue nombrado presidente de la República y encargó el gobierno a Manuel Azaña, quien impulsó un amplio programa de reformas. Entre las medidas más destacadas cabe mencionar:
- Reforma religiosa: consolidación de un Estado laico mediante la supresión del presupuesto del clero, la prohibición de que la Iglesia impartiera enseñanza subvencionada por el Estado, la legalización del matrimonio civil y del divorcio. La Ley de Congregaciones limitó el poder económico de las órdenes religiosas.
- Reforma militar: reducción del exceso de oficiales y garantía de la lealtad del Ejército a la República a través de medidas como la Ley de Retiro de la Oficialidad, el cierre de la Academia Militar de Zaragoza y la creación de la Guardia de Asalto.
- Reforma agraria: intento de mejorar la situación del campesinado mediante la expropiación parcial de latifundios para su redistribución; la iniciativa sufrió importantes limitaciones por falta de recursos y complejidades en su aplicación.
- Organización territorial y educación: aprobación en 1932 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, que restableció la Generalitat; expansión de la escuela pública, jornada laboral de 40 horas y proyectos como las Misiones Pedagógicas.
Oposición y fin del bienio
Sin embargo, las reformas provocaron una fuerte oposición de los sectores conservadores y de la izquierda más radical. La crisis económica, el golpe fallido de José Sanjurjo y los sucesos de Casas Viejas desgastaron al gobierno, que cayó tras las elecciones de noviembre de 1933, poniendo fin al Bienio Reformista.
