Evolución de la Demografía, Agricultura e Industria en la España Contemporánea


1. El lento crecimiento demográfico

España experimentó un leve descenso de la mortalidad a causa de los avances médicos y las mejoras en la alimentación e higiene, aunque la tasa de mortalidad seguía siendo alta, ya que la esperanza de vida era de apenas 30 años. No obstante, el crecimiento de la población se debió principalmente a las elevadas tasas de natalidad propias del Antiguo Régimen. Los altos índices de mortalidad se explican por las epidemias, las crisis de subsistencia y las víctimas mortales de las diferentes guerras carlistas.

Otro factor determinante fue la emigración exterior; los emigrantes se dirigieron principalmente a Argelia, América Latina y Francia. La emigración también se produjo dentro del mismo territorio español, ligada al crecimiento urbano (éxodo rural en dirección campo-ciudad). Como consecuencia, se duplicó la población, aunque esta seguía siendo mayoritariamente rural. A partir de 1870, hubo movimientos desde las regiones y provincias del sur hacia el norte, con la excepción de Madrid, que recibió inmigrantes de todas las regiones españolas.

El particularismo de la demografía catalana

Durante el siglo XIX, Cataluña experimentó cambios demográficos más cercanos a los de Europa occidental. Duplicó su número de habitantes, lo cual se consiguió gracias a las altas tasas de natalidad. Un elemento característico de la demografía catalana fue el proceso de crecimiento urbano: aumentó el número de poblaciones y se dio un crecimiento notable de la capital y de sus localidades circundantes. Fue necesaria la construcción para agrandar la ciudad mediante planes de ensanche y el derribo de la muralla medieval.

2. Agricultura

Cambios en la propiedad de la tierra

Los gobiernos liberales progresistas buscaban establecer un modelo basado en la propiedad libre de la tierra y en la libertad de comercialización de los productos. Las leyes más relevantes fueron:

  • La ley de desvinculación de los mayorazgos: permitió a la nobleza transformar estas tierras públicas en privadas; así, los aristócratas podían comprar o vender tierras de acuerdo con sus intereses. Sin embargo, esto provocó que el campesinado no pudiera trabajar las tierras.
  • Las desamortizaciones de Mendizábal (1836) y de Madoz (1855): consistieron en que el Estado incautaba bienes eclesiásticos y comunales para venderlos y aumentar los ingresos públicos. Debido al elevado precio, solo la aristocracia y la burguesía pudieron adquirir las tierras. Esto potenció el latifundismo y, como resultado, aumentó el número de jornaleros y arrendatarios con condiciones salariales peores que las anteriores.

Las desamortizaciones produjeron un incremento de la superficie de tierra trabajada, lo que supuso un aumento de la producción gracias a la mayor extensión cultivada.

Los bajos rendimientos agrícolas

La agricultura se dedicó mayoritariamente al cultivo de cereales, caracterizado por la falta de innovaciones técnicas. La producción era de ámbito comarcal y, cuando llegaron cereales de América o Rusia a precios mucho más bajos, el sector se arruinó. Para solucionarlo, los gobiernos de la Restauración aplicaron políticas proteccionistas para poner obstáculos a las importaciones.

Por otra parte, existían productos como la vid y el olivo destinados al mercado exterior. La vid, el aguardiente y el vino fueron los productos con más demanda en el extranjero; su cultivo se vio beneficiado por la plaga de la filoxera en Francia. En cuanto a la ganadería, el gobierno progresista eliminó los privilegios medievales de la Mesta, que se transformó en la Asociación General de Ganaderos. El incremento de la población implicó una mayor demanda de carne y leche, lo que impulsó la actividad ganadera.

La crisis de fin de siglo

En 1890, España sufrió una crisis económica en el sector agrario debido a la importación de cereales a bajos precios y a la llegada de la filoxera, que afectó al vino y arruinó la producción. Para disminuir los costes de producción, los propietarios redujeron los sueldos a los jornaleros, lo que generó una respuesta muy violenta; en Andalucía se produjeron ataques, levantamientos armados y destrucción de cosechas por parte de los trabajadores vinculados al anarquismo. En Cataluña, la muerte de la viña a causa de la filoxera provocó que los campesinos vinculados a la rabassa morta perdieran sus derechos sobre las tierras. La solución contra la filoxera fue la replantación de todas las viñas con cepas inmunes a la plaga.

3. Industria

El retraso de la industrialización

El proceso de industrialización se inició en España con medio siglo de retraso respecto a Europa debido a los problemas políticos, la Guerra de la Independencia, la emancipación de las colonias americanas y las guerras carlistas, lo que generó una fuerte dependencia del extranjero. Además, gran parte de la población era analfabeta, lo que impedía el desarrollo técnico y profesional.

La especialización en el cereal provocó escasez en la producción de otras materias primas, por lo que era necesario invertir dinero en comprarlas al exterior. Asimismo, el sistema tributario español no era capaz de solventar una crisis, ya que el dinero se destinaba a pagar la deuda pública. La red de vías de comunicación era muy deficiente, lo que fomentaba el aislamiento. En el sector minero, la industrialización también llegó de forma tardía.

Sectores industriales y diferencias regionales

La industria textil

Cataluña lideraba la industria textil, habiendo logrado desarrollarse gracias al capital propio de su comunidad autónoma. Este crecimiento fue favorecido por las medidas proteccionistas del gobierno, que impedían la llegada de productos extranjeros. Sin embargo, la industria entró en crisis cuando el gobierno adoptó medidas librecambistas que permitían la importación de productos extranjeros más baratos.

La industria siderúrgica

La industria siderúrgica se concentró inicialmente en Málaga, pero en 1860 decayó por la escasez de carbón vegetal, los altos costes de importar antracita y la falta de nuevos avances tecnológicos. Asturias se especializó e implantó una industria del hierro beneficiada por el mineral de calidad, la inversión de capital extranjero y el comercio marítimo. Por el contrario, los intentos de establecer la industria siderúrgica en Cataluña fracasaron debido a la falta de carbón.

4. El comercio y la modernización de las infraestructuras

La disputa entre librecambismo y proteccionismo

La balanza comercial española reflejó un crecimiento de las exportaciones a principios de siglo y, posteriormente, una importante aceleración. El destino de estas exportaciones fue principalmente el Reino Unido y Francia, basándose en minerales y productos alimenticios. Cuando la filoxera llegó a España, aumentó la producción de cítricos, corcho, almendras y productos textiles.

En cuanto a las importaciones, hubo un descenso de materias primas, aunque siguió llegando algodón, azúcar, carbón y madera. Durante el siglo XIX, la política exterior española se debatió entre el librecambismo y el proteccionismo. Los librecambistas querían reducir las tarifas arancelarias para incentivar la compra exterior, mientras que los proteccionistas exigían más aranceles y la prohibición de importar ciertos productos. El sector industrial catalán era firmemente proteccionista, rechazando la llegada de productos elaborados de fuera a través de instituciones como el Fomento del Trabajo Nacional.

Los medios de transporte

La red de comunicaciones en España no estaba desarrollada debido a la compleja configuración orográfica de la Península y a la estructura económica del país. Esto dificultaba la articulación de un mercado interno, ya que el transporte de mercancías y personas resultaba muy lento, caro y peligroso. Los diferentes gobiernos liberales trataron de corregir esta situación impulsando la construcción de vías y caminos. En cuanto a las comunicaciones marítimas, se realizaron mejoras en los puertos, se desarrolló la navegación a vela y se introdujo la propulsión a vapor.

El desarrollo de la red ferroviaria

Hacia 1840 se inició la construcción de la red ferroviaria en la Península. En 1848 se inauguró la primera línea entre Barcelona y Mataró, seguida en 1851 por las líneas Madrid-Aranjuez y Gijón-Langreo. En 1855, el gobierno liberal progresista impulsó la Ley de Ferrocarriles con el objetivo de lograr una rápida implantación de una red ferroviaria estatal.

Para ello, se realizaron obras de infraestructura a cuenta del Estado y se subvencionó a empresas constructoras privadas. Una de estas facilidades fue priorizar las exenciones arancelarias para la importación de maquinaria, raíles y locomotoras. No obstante, esto provocó que la industria siderúrgica nacional no se viera tan favorecida y que sus beneficios potenciales no pudieran ser reinvertidos en el país.

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