Fundamentos de la Criminología como Ciencia del Delito
I. La Criminología
Las teorías criminológicas, como ciencia social, no solo se componen de afirmaciones más o menos explícitas sobre el delito y los delincuentes, sino que conllevan una serie de asunciones latentes. Cada teoría es coherente con alguna o algunas determinadas concepciones del ser humano, de la sociedad, de las políticas criminales, etc. Para Henry, existen cinco dimensiones analíticas interrelacionadas que se encuentran en el corazón de cualquier teoría criminológica. Las dimensiones son:
- La naturaleza humana y el comportamiento humano.
- La sociedad y el orden social.
- El papel de la ley, la definición del delito y la imagen del delincuente.
- La lógica central.
- Las implicaciones de justicia criminal.
¿Qué es la criminología según Sutherland? Es el cuerpo de conocimientos sobre el delito como fenómeno social. Incluye dentro de su ámbito los procesos de elaboración, infracción y de la reacción a la infracción de las leyes; también se ocupa de la extensión del fenómeno delictivo.
Funciones de la Criminología:
- Su principal actividad es el estudio de las causas del delito, o sea, en explicarlo (función etiológica). Existen distintas teorías que ofrecen explicaciones sobre las causas del delito: como las del aprendizaje, el control, la frustración, la desorganización social o la anomia.
- Contribución a las formas de respuesta al delito, o sea, a su control o prevención. La Criminología contribuye a la Política criminal.
- El estudio científico también incluye la medición o extensión del delito, esto es, cuántos delitos se cometen en un cierto período de tiempo en una unidad espacial dada, como puede ser en un país, una región o un barrio.
- Estudio de los procesos de cómo y por qué se elaboran las leyes, y más concretamente las penales.
- También es imprescindible estudiar por qué unos hechos se definen como delictivos y otros no y, por qué unas leyes se aplican con rigor y otras no tanto; y, si intereses de grupos particulares influyen decisivamente en el proceso.
2. La Criminología como Ciencia: El Recurso al Método Científico
La aspiración de la Criminología es la aplicación del método científico, propio de las ciencias naturales, al estudio del comportamiento humano. Esta opción se traduce en la descripción y explicación de la realidad sobre la base de dos columnas: la teoría y la observación de hechos empíricos, a la experimentación, a la experiencia… sobre todo porque mediante la observación es posible saber si una determinada teoría o una hipótesis es falsa o bien verosímil y puede confiarse en ella. Así, en Criminología es decisiva la metodología a través de la cual se realizan observaciones del delito y de los delincuentes con técnicas tales como la observación participante, las entrevistas, las estadísticas oficiales, los cuestionarios de autoinforme… La ciencia se centra en aquello que sea observable con una cierta minuciosidad. Una de las aspiraciones del conocimiento científico es ir más allá, es superar el sentido común.
3. La Idea de Ciencia y sus Limitaciones
3.1. El Criterio de la Refutación
¿Cuándo puede considerarse que un sistema es científico y diferenciarlo así de los otros que no lo son? Según Popper, un sistema científico consiste en un conjunto de hipótesis interrelacionadas que pueden someterse a contrastación a través de la observación de los hechos. Científico será todo sistema o hipótesis que puede ser negado mediante hechos observables. Esto es conocido como criterio de refutación y sirve para separar —demarcar— la ciencia de cualesquiera otros saberes. El principio de refutación propone construir teorías, derivar hipótesis de las mismas por deducción y someterlas a refutación.
La clave para decidir si nos encontramos ante un saber científico reside en comprobar si puede ser sometido a refutación, es decir, si es posible encontrar algún hecho empírico que lo contradiga. Uno de los ejemplos más conocidos en que se ha denunciado la irrefutabilidad de un sistema pretendidamente científico es el psicoanálisis de Freud y sus seguidores.
Una hipótesis de una teoría —deriva la hipótesis— es científica solamente cuando puedan encontrarse hechos observables contrarios a la misma, que la contradigan y que sean capaces de refutarla. Ahora bien, una teoría puede ser fácilmente refutable y otra solo de manera muy débil: la refutabilidad es una cualidad graduable. Por este motivo, el principio de refutación propuesto por Popper además sirve para evaluar las diversas teorías científicas, o sea, decidir su valor científico e incluso para compararlas entre ellas y establecer cuál es superior o preferible.
Ejemplo: De la teoría del aprendizaje se deriva la hipótesis de que uno primero se echa amigos delincuentes y luego delinque. La investigación empírica puede decirnos si esto es verdad o no (puede ser que primero uno delinca y luego se eche amigos delincuentes, como hipotetizan las teorías del control).
3.2. Consideraciones Críticas sobre el Criterio de Refutación
El criterio de refutación (o racionalismo crítico) no carece de problemas. Popper reconoce que su doctrina no es completa o definitiva y que no es posible jamás presentar una refutación concluyente de una teoría.
- Cuando se observan unos hechos que contradicen una teoría es perfectamente posible que la teoría no sea falsa, sino que la observación se haya realizado de manera defectuosa. No existen las investigaciones perfectas y los errores pueden acabar en hallazgos falsos.
- Por eso, la mayor parte de las veces se exigen varios estudios empíricos para establecer un hecho o una observación y, en su caso, refutar una hipótesis. Esta repetición de observaciones se conoce como replicación, y en las ciencias naturales suele exigirse la replicación de observaciones para que se acepten por la comunidad científica. Por diversas razones, las replicaciones son muy difíciles en las ciencias humanas y sociales.
- Es legítimo que ante una refutación el teórico simplemente modifique la teoría ad hoc de manera que pase a ser compatible con la observación.
- En la Historia de la Criminología son muy raros los casos en que una teoría se refuta. Algunas teorías siguen teniendo plena vigencia y popularidad pese a que la evidencia en su contra es abundante. Cuando, por el contrario, una teoría cae en desgracia, las más de las veces lo que parece haber es mucho más un mero abandono por razones poco claras que una verdadera refutación. Finalmente, no es raro que cuando una teoría parecía haber sido refutada y abandonada, con el paso del tiempo vuelva a defenderse por nuevos teóricos.
3.3. La Aplicabilidad del Método Científico
La aplicación del método científico al estudio del delito, tal y como propone la criminología mayoritaria contemporánea, no es aceptada pacíficamente. Aunque las dificultades han sido reconocidas desde hace tiempo. Solo se pretende que los métodos de las ciencias naturales se apliquen en la medida de lo posible. Este procedimiento es especialmente prometedor si se quiere disponer de conocimientos verosímiles sobre la naturaleza, etiología y extensión del delito y sobre todo las posibles respuestas al mismo y para evitar consiguientemente enfoques básicamente ideológicos o incluso de mero intercambio de eslóganes.
El positivismo ha recibido una impresionante avalancha de críticas, y desde luego sus dos puntos de partida se han moderado mucho desde el siglo XIX. Las críticas constituyen un abanico muy amplio que se extiende desde lo epistemológico a lo ideológico, y así se ha llegado a acusar incluso de ser un instrumento que favorece a los poderosos. A pesar de todo y con más o menos modificaciones, ha sobrevivido hasta nuestros días.
La alternativa que suelen presentar los críticos más reputados no es la especulación desconectada de la realidad ni el análisis ideológico o de cariz puramente político, sino la investigación (empírica) seria de tipo cualitativo, comprensivo, que suele encuadrarse en el amplio marco de la llamada hermenéutica. Adorno: lo que se discute no es la investigación empírica o su omisión, sino su interpretación… Ningún investigador social sensato puede pretender sustraerse a la investigación empírica; la especulación desenfrenada se ha puesto a sí misma en una situación extremadamente delicada con teorías como la de que la raza es un factor decisivo en la vida de la sociedad.
Maíllo, está perfectamente justificado que la criminología recurra al método científico para el estudio del fenómeno delictivo:
- El mejor argumento a favor de su viabilidad para el estudio del delito viene dado por los éxitos que ha proporcionado ya de hecho. Se trata, sin duda, de avances modestos y limitados, pero en definitiva gracias a la aplicación de este método existe hoy en día una cierta confianza en la existencia de ciertos correlatos e incluso causas del delito e incluso sobre prometedoras respuestas al mismo: la fuerte correlación que existe entre edad y delito, o género y delito, hechos empíricos como la continuidad y el cambio o la relevancia causal de la socialización en la familia, solo han sido posibles de establecer con seguridad cuando se ha recurrido al método científico.
- El comportamiento humano no solo es susceptible de reflexión teórica, sino que entra dentro de los fenómenos observables.
- El positivismo es una empresa optimista, que anima a los investigadores porque les ofrece el progreso científico y, quizá, mejoras sociales. Pues bien, advierte Popper, este optimismo promueve la investigación, mientras que su negación en la práctica suele conducir a un cierto pesimismo que la paraliza.
4. La Criminología Comprensiva
La criminología y las ciencias humanas y sociales aspiran a comprender su objetivo de estudio (en nuestro caso, el delito y el delincuente).
Siguiendo a Weber, la Criminología no solo aspira a explicar, sino también a comprender el delito y al delincuente. Se trata de interpretar el sentido de la acción del sujeto, para lo cual el investigador ha de procurar situarse en el lugar de quien ha realizado un hecho delictivo, tratar de ver a través de sus ojos, con toda la carga emocional del contexto en que se produjo el hecho (o en el lugar de la víctima, del policía) o en que viven habitualmente los sujetos. La criminología comprensiva (o enfoque) recurre a metodologías cualitativas.
Naturalmente, nada de esto es algo que pueda hacer la Física, por ejemplo, respecto a la congelación del agua, ni tampoco la Criminología positiva basada en estadísticas o estudios de autoinforme, los cuales, a la luz de estos estudios etnográficos, han de resultar necesariamente fríos y ajenos al verdadero drama que supone casi siempre el delito. Esta metodología puede explicar por qué se delinque, pero no puede ayudarnos a comprender cómo el sujeto veía la situación en que se encontraba, qué le llevó a tomar la decisión final, qué experimentó durante los hechos, si pensaba en la posibilidad de ser arrestado o tenía miedo a sufrir una sanción… La orientación comprensiva en Criminología se refleja principalmente en determinadas metodologías cualitativas como la observación participante o la entrevista en profundidad.
La criminología comprensiva se inscribe en una ciencia empírica y positiva. Ambas metodologías comparten muchos de los puntos de partida básicos, como son el establecimiento e incluso test de hipótesis, la preocupación por la objetividad del investigador y de sus resultados o la preocupación por las causas del delito.
A todo ello debe añadirse que en los últimos quince años las heterogéneas metodologías cualitativas han producido una serie de trabajos de enorme calidad científica que han tenido una acogida excepcional en la criminología mayoritaria, positiva; y que muchos de estos trabajos han mostrado una especial sensibilidad por los temas de interés mayoritario.
5. La Naturaleza de la Criminología como Ciencia: Objetividad, Realismo y Progreso
5.1. Objetividad, Realismo y Progreso
La ciencia aspira a ser objetiva, en el sentido de búsqueda de la verdad y de que sus propuestas sean independientes de los puntos de vista de quienes las hacen.
El instrumento fundamental del objetivismo científico reside en el recurso a su metodología, que permite hacer observaciones hasta cierto punto independientes de quien las haga y que pueden ser repetidas y comprobadas por cualquier otra persona. De este modo, la ciencia confía en la existencia de un mundo real independientemente de los sujetos que, aunque no se muestra en su totalidad ni puede ser abarcado plenamente por el limitado conocimiento humano, sí que asegura que la ciencia puede aspirar a ser objetiva y en este sentido es realista. Popper: el hecho de que no podamos obtener nunca certezas definitivas, sino que precisamente cuando se refuta una hipótesis es que se ha tocado la realidad.
5.2. Autonomía e Independencia Científicas
La criminología es una ciencia autónoma e independiente. Tradicionalmente diversas disciplinas han pretendido adjudicarse el estudio científico del delito; entre ellas destacan la ciencia del derecho penal, la sociología, la psicología, la biología y la economía. Para ello, han propuesto definir el delito y el delincuente conforme a sus propios esquemas; explicarlo de acuerdo con planteamientos o teorías particulares de su ámbito; proponer el recurso a las metodologías que les son propias; o sugerir respuestas al fenómeno delictivo coherentes con sus intereses disciplinares. A veces, incluso se han encontrado intereses particulares de los profesionales de cada una de estas disciplinas.
Esta tendencia se inscribe en el imperialismo disciplinar, es decir, el intento de imponer al estudio del delito perspectivas propias de disciplinas concretas. A mayor abundamiento, las distintas disciplinas han competido entre sí, criticándose fieramente y cayendo en lo que se ha denominado destrucción del conocimiento, lo cual ha repercutido en algunos casos en un grave daño para una explicación plausible del delito. Todos estos intentos disciplinares han fracasado rotundamente si se juzgan desde un punto de vista científico sus propuestas para explicar y responder al delito. Así las cosas, solo un estudio especializado, independiente de cualesquiera disciplinas madre, puede resultar prometedor para el estudio científico del delito.
- La criminología se caracteriza por tener un objetivo de estudio que le es propio y privativo como es el delito como fenómeno individual y social. Entre sus funciones concretas se incluyen: la explicación causal del mismo, los procesos de definición, su medición y contribuir a su prevención y control.
- La criminología ha desarrollado teorías originales y ha establecido sus propias variables causales y correlatos del delito.
- La criminología tiene muchas más especificidades metodológicas.
- La criminología es una ciencia que se caracteriza por una enorme exigencia a la hora de plantear teorías sobre el delito o propuestas de prevención o control del mismo y a la hora de evaluar las mismas y de proponer y desarrollar investigaciones empíricas; a la vez, posiblemente debido a ello, es una ciencia modesta en sus conclusiones.
5.3. La Criminología como Ciencia Libre de Valores
La criminología como ciencia libre de valores. Weber quiere decir en realidad dos cosas:
- Que ciencia por un lado y valores por otro se mueven en planos diferentes: la ciencia no puede decirnos qué valores son superiores. La ciencia estudia aspectos empíricos de la realidad, de modo que no puede decirnos qué valores éticos o políticos son superiores. La criminología positiva, verbigracia, puede decir si la pena privativa de libertad tiene efectos preventivos o no, pero no puede decirnos si es buena o no.
- Weber se refiere a si el profesor puede impartir ideología en sus clases. La respuesta a esta cuestión tiene para Weber una naturaleza ética, de manera que no puede decidirse científicamente. De acuerdo con una ciencia libre de valores, en todo caso, el profesor debería ser intelectualmente honesto y diferenciar sus propias valoraciones por un lado y la constatación de hechos por otro. Afirma Weber que siempre que un hombre de ciencia se presenta con sus propios juicios de valores cesa su plena comprensión de la realidad y que el profeta y el demagogo no tienen su sitio en la cátedra.
La Introducción a la Criminología es favorable a esta idea:
- Maíllo: el problema fundamental del voluntarismo (valores) es que suele tener consecuencias desastrosas.
- Pueden paralizarse las investigaciones porque no se piense que el problema es científico.
- Hechos sospechosos no son tan indeseables a veces.
- Es probable que deban existir limitaciones éticas a las investigaciones, pero excepcionalmente.
La Criminología y el Problema de la Definición del Delito
1. El Delito y el Problema de su Definición: La Normalidad del Delito
En todas las sociedades conocidas existen y han existido una serie de conductas (delitos) que se han prohibido o bien han sido de obligado cumplimiento, bajo la amenaza de un mal. De acuerdo con el art. 10 CP son delitos las acciones y omisiones dolosas o imprudentes penadas por la ley; y en sus libros II y III describe una serie de conductas que, en efecto, castiga con penas. Aunque es difícil llevar a cabo una caracterización de todos los delitos, en general estos tenderán a ser, como señala Cerezo Mir, infracciones graves de las normas de la Ética social… de la sociedad. Los delitos no se tipifican de manera caprichosa, sino porque infringen normas sociales básicas.
Aunque pueda ser reprobable, el delito es un fenómeno normal de una sociedad. En efecto, no solo existe en toda sociedad conductas que pueden considerarse delictivas, sino que incluso parece que no puede existir sociedad sin delito. Esto se conoce como el principio de normalidad del delito. Durkheim afirmó que el delito, lejos de ser un fenómeno patológico, es un fenómeno normal de una sociedad, y que incluso en una sociedad de santos habría delitos. El delito es funcional en el sentido de que contribuye al funcionamiento de la sociedad. En efecto, su verdadera función (la de la pena que se impone a quien comete un hecho delictivo) es mantener intacta la cohesión social, conservando en toda su vitalidad la conciencia común. Durkheim, el delito es funcional para la sociedad porque:
- El delito crea empleo.
- Si un traficante es expulsado puede afrontar un desastre financiero.
- El delito puede reducir el delito.
- Las bandas de Chicago impidieron que el crack entrara en la ciudad.
Esto es paradójico porque está claro que la delincuencia supone también un costo para la sociedad, no solo en términos económicos directos e indirectos tanto para el Estado como para particulares, sino también de sufrimiento para las víctimas y de miedo al delito para los ciudadanos en general. Los grupos con más miedo tienen menos probabilidades de sufrir una victimización. Tiene tres representaciones:
- Miedo cognitivo.
- Miedo emocional.
- Miedo operativo.
Como es fácil de comprender, la medición de estos fenómenos es de una complejidad abrumadora.
2. El Problema de la Definición del Delito
La Criminología estudia el delito. Una disciplina se caracteriza, entre otras cosas, por su objeto de estudio (o variable dependiente): la autonomía e independencia de la criminología se justifican porque estudia científicamente el delito desde un determinado punto de vista. Así, pues, ¿qué es el delito? y ¿quién puede considerarse que es un criminal? El problema de la definición del objeto de estudio de la Criminología es el más importante. Existen dos orientaciones: legal y natural.
2.1. La Concepción Legal de Delito
La idea de que el objeto de estudio de la criminología viene delimitado por el CP y las leyes penales especiales, o sea, la concepción legal del delito, se remonta a la Escuela clásica, tiene una larga tradición y es, quizá, la más seguida en la doctrina española. De acuerdo con el principio de legalidad, para que una conducta pueda considerarse delictiva ha de encontrarse descrita (tipificada) en las leyes penales. Todo lo que no se encuentre tipificado en dichas normas no puede ser considerado delictivo por muy injusto o dañino que pueda ser; a la vez, todas las conductas incluidas en dichos cuerpos legales se consideran delictivas. De acuerdo con esta postura legalista, pues, el objeto de estudio de la criminología (delito) es toda conducta injustificada que se encuentra tipificada en una ley penal, cometida sin justificación o excusa y castigada por el Estado; y por delincuente o criminal ha de entenderse todo aquel que incurra en una de dichas conductas. La ley penal define qué es el delito.
El criterio legal es insatisfactorio desde un punto de vista científico:
- No parece asumible que el objeto de estudio de una disciplina venga impuesto desde fuera de la misma. Lo lógico es que cada disciplina defina ella misma qué va a estudiar y cuál es su contenido y naturaleza.
- El legislador (no sigue un criterio científicamente satisfactorio) es quien legítimamente establece qué conductas son delitos, no sigue un criterio satisfactorio desde el punto de vista de la explicación causal de los delitos, sino que predominan los históricos y de oportunidad. De este modo es difícil que pueda darse una explicación científica general convincente de una materia en la que elementos irracionales y contradicciones tienen una fuerte presencia.
- Las leyes penales son irremediablemente vagas e imprecisas.
- Las leyes penales son cambiantes: con relativa rapidez se tipifican nuevas conductas, mientras que delitos tradicionales se redefinen o bien dejan de estar castigados.
2.2. La Concepción Natural de Delito
Tradicionalmente se ha defendido la necesidad de que la criminología definiera por sí misma su propio objeto de estudio: ¿qué es el delito? y ¿quién es el delincuente?
Garofalo, propone un concepto natural del delito: delito sería la infracción de ciertos sentimientos morales que sean fundamentales para una comunidad, independientemente de que estén tipificados en las leyes penales o no (esta definición ha sido abandonada por ambigua).
Gottfredson y Hirschi proponen la definición de delito como todo acto de fuerza física o engaño realizado buscando el beneficio propio. Sin embargo, no es asumible por diversas razones:
- Resulta excesivamente imprecisa.
- Muchos delitos no son engaños.
- Algunos delitos no se realizan por propio interés.
Para Akers, el concepto implica que hechos que se han realizado por razones distintas al propio interés no podrían considerarse delitos. A juicio de Maíllo, sí sería posible encontrar un interés propio en casi todos los delitos de las leyes penales, el problema, por lo tanto, sería más bien el de definir con precisión qué es el interés propio y si no se trata de un concepto excesivamente amplio e impreciso.
- Se incluyen muchos comportamientos que son irrelevantes para la criminología.
2.3. La Violencia y la Agresión como Objetos de Estudio de la Criminología
Debido a las insuficiencias científicas del concepto de delito que acabamos de ver, tanto desde el punto de vista legal como natural, algunos autores han propuesto que una ciencia positiva debería fijar otros objetos de estudio. En esta línea se encuentra, por ejemplo, el planteamiento de Fishbein, para quien la investigación no debería centrarse en el delito per se ya que es una mera abstracción legal y no un comportamiento real, sino en componentes del comportamiento antisocial que son susceptibles de medición, estables y permanentes a lo largo de diversas culturas, como sería el caso de la agresión. Este programa es perfectamente coherente con la apuesta de esta autora por una ciencia positiva, pero sin embargo no podemos compartirlo:
- La mayoría de los delitos lo son contra la propiedad, o sea, no agresivos ni violentos. Si hemos decidido que debe existir una ciencia que estudie científicamente el delito como es la criminología, entonces es preciso que se tenga en cuenta todos los fenómenos que entren bajo dicha denominación, o al menos el mayor número posible de ellos. Como existen muchos hechos delictivos que no son agresivos, violentos…, estos conceptos solo pueden dar razón de una parte mínima del fenómeno que pretende estudiarse.
- Muchos comportamientos agresivos no son delictivos.
- Es difícil definir agresión.
- Algo parecido puede decirse respecto a la violencia: la mayoría de los delitos no conllevan violencia y muchos actos violentos no son constitutivos de delito.
2.4. El Comportamiento Desviado
Otras orientaciones mantienen que la criminología debe estudiar no solo el delito, sino los comportamientos desviados en general (el delito, de hecho, es en general un acto desviado). Comportamientos desviados son conductas que infringen normas sociales, como es el caso de la drogadicción o el alcoholismo.
El objeto de estudio de la criminología viene constituido por el delito, no por los comportamientos desviados: conductas que infringen normas sociales. Tampoco es de recibo:
- El estudio de la criminología se ampliaría demasiado, haciendo su labor mucho más difícil y desviando su atención hacia comportamientos que en teoría no atentan tan gravemente contra intereses y bienes ajenos, y que tampoco provocan una reacción oficial y formal mediante las sanciones estatales más serias, como es el caso de las penas.
- La desviación es un concepto esencialmente ambiguo y relativo, mucho más que el delito. También puede aducirse que desviación y delito no se solapan en todos los casos.
- Es competencia de la Sociología de la desviación.
Sí son relevantes para la Criminología:
- Es posible que una teoría criminológica sea tan amplia en su ámbito que incluso sea capaz de explicar los comportamientos desviados.
- En una investigación, Robins, encontró que diversos comportamientos desviados, incluido el delito, tienden a concentrarse en los mismos sujetos: una amplia proporción de la población criminal son personas… que no se relacionan, con escasa instrucción, carreras laborales precarias, relaciones matrimoniales pobres, dependencia de agencias sociales, vagancia, abuso de la bebida, alimentación y hostilidad frente a sus familias y conocidos.
- Esto es también coherente con el hallazgo de que los delincuentes tienden a ser versátiles, o sea, a cometer hechos delictivos heterogéneos entre sí cuando se les presenta la oportunidad, y no a especializarse en la comisión del mismo delito o grupos concretos de delitos. Algunos autores se refieren a este fenómeno como la generalidad de la desviación, incluido el delito: tanto los delitos como otros comportamientos antisociales tales como el consumo de drogas o alcohol, pero incluso los accidentes de tráfico y otros, tienden a concentrarse en las mismas personas o al menos en personas con las mismas características. Cualquier teoría sobre el delito debería ser capaz de dar razón de esta generalidad de la desviación y de hecho la mayoría de las teorías criminológicas lo son: este hallazgo empírico, como ocurre casi siempre en criminología, puede explicarse de maneras diferentes.
- Además, es posible no solo que ambos tipos de comportamientos, desviados y delictivos, se concentren en las mismas personas, sino que es incluso posible que respondan a la misma causa, con lo cual se vuelve a presentar la posibilidad de que una única teoría etiológica pueda abarcar fenómenos tan diferentes.
Estas reflexiones pretenden destacar que si bien la desviación en general no es por sí misma objeto de estudio de la criminología, sí que puede ser relevante para la misma.
3. La Necesidad de una Definición Criminológica
Por diversas razones parece que la concepción legal del delito es insatisfactoria científicamente. Una definición natural es deseable pero muy difícil de elaborar.
A pesar de estas dificultades, sugerimos una definición provisional de delito como: toda infracción de normas sociales recogidas en las leyes penales que tienda a ser perseguida oficialmente en caso de ser descubierta.
El delito es en primer lugar un comportamiento que viola normas básicas de una sociedad. Aunque sin duda no es el único, sí es también el principal motivo por el que despierta la reacción de la comunidad. Las leyes penales recogen básicamente las más graves de estas normas, y castigan su infracción a través de sanciones formales impuestas por instituciones oficiales. Esta concreción de las normas básicas de la sociedad en las leyes tiene lugar tanto en el momento de su elaboración legislativa como en el de su interpretación por los Jueces y Tribunales y, en general, por todos los servidores de la Administración de Justicia. El primer elemento de nuestra definición es, pues, la infracción de normas sociales recogidas en las leyes penales. Hasta aquí coincide aproximadamente con una concepción legal.
Pero no todas las leyes penales son aplicadas en la práctica: muchos comportamientos que posiblemente podrían calificarse de delictivos no son perseguidos por las instituciones cuando se descubren. Ello es debido a que los recursos de que disponen las autoridades son limitados, pero también, sin duda, a otras razones, como puede ser la posición de privilegio de quienes realizan tales conductas. En general, las leyes que castigan los delitos más graves, tenderán a ser perseguidas más que las que infringen normas menos importantes para la comunidad. A mayor abundamiento, cuando una conducta no es perseguida, que esté o no incluida en la ley penal depende en buena medida del criterio del investigador, con lo cual se incurre de nuevo en la imprecisión y en el voluntarismo. Por lo tanto, el segundo elemento de nuestro concepto exige que la conducta tienda a ser perseguida en caso de ser descubierta oficialmente.
En conclusión, es menester definir con una precisión mínima qué se entiende por delito, puesto que de ello pueden depender críticamente las conclusiones que se alcancen. Todos los esfuerzos, sin embargo, parecen reforzar la inferencia de que el delito es un concepto débil, lo cual representa una seria dificultad para nuestra disciplina.
4. Los Delitos de Cuello Blanco
Para referirse a estos delitos de las clases altas que tendían a no aparecer en las estadísticas oficiales, Sutherland recurrió al hoy popular término de delito de cuello blanco: como el delito cometido por una persona respetable y de alto estatus social en el curso de su ocupación. Para Sutherland, los delitos de cuello blanco tenían un gran coste para un país, sobre todo económicos, superior al del delito común, y además se encontraban bastante extendidos. A pesar de ello era difícil que cuando se cometía la conducta ilícita en cuestión se llegara a un arresto y no digamos ya a una condena. Los delitos de cuello blanco tienden a no ser perseguidos por un proceso de aplicación diferencial de la ley; las personas de las clases superiores tienen una mayor facilidad para no ser descubiertos, arrestados y condenados en caso de incurrir en algún acto prohibido.
Pese a su complejidad, el concepto de delito de cuello blanco es muy impreciso y, por tanto, inasumible científicamente. Es tan impreciso que resulta inútil desde un punto de vista científico: no se sabe en qué consisten los delitos de cuello blanco y, en consecuencia, estas deficiencias han hecho del delito de cuello blanco un constructo estéril. Aunque intuitivamente se puede tener una idea de lo que Sutherland quería decir con su definición, cuando se trata de precisarla de cara a una investigación teórica o empírica se hace muy complicado decidir en qué consisten cada uno de los términos que la componen. El problema se complica ya en la propia obra de Sutherland, en la que se refiere a comportamientos muy diversos.
Si se entiende como una concepción legal, es menester no olvidar cuál es precisamente la pregunta de Sutherland: ¿es el delito de cuello blanco delito? ¡Sí! ¿es posible, pues, que existan delitos que no solo no los conozca la policía, sino que ni siquiera los autores o sus víctimas sean conscientes de su ocurrencia? ¡Sí! Para que constituyan delito en sentido estricto es suficiente con que estén tipificados en las leyes penales.
El problema fundamental de esta postura es que es el investigador quien define qué es el delito. Un mayor problema del delito de cuello blanco es que propone una noción de delito intuitivamente atractiva pero que concede al investigador una gran flexibilidad para definir como delito lo que crea conveniente. Existen muchas conductas que, con una lectura literal de las leyes penales, pueden ser constitutivas de delito pero que sin embargo no se persiguen.
La inexactitud de la ley penal es imposible de evitar. En ese margen puede tener cabida muchas conductas que pueden ser, por voluntad del intérprete, atípicas o cifra negra. Ello se traduce en la práctica en que, con la ley en la mano, siempre es posible imaginar innumerables conductas que podrían considerarse constitutivas de delito, pero que en la práctica no se persiguen.
La idea de delito de cuello blanco ha tenido un impacto enorme entre muchos criminólogos y penalistas, y también a nivel popular. El impacto de delitos de cuello blanco ha sido mucho más ideológico que científico. Molina: No puede ignorarse, sin embargo, que la significación de este nuevo tipo criminal… va inseparablemente unida a una actitud crítica y de denuncia del orden social y de la justicia penal; Mayor interés tiene el trasfondo ideológico de la discusión doctrinal. Porque no puede olvidarse que el concepto de delincuente de cuello blanco de Sutherland es un concepto inequívocamente crítico y clasista, dirigido contra personas que disfrutan de respetabilidad y de un alto estatus social.
De hecho, dentro de los muy diversos usos que se les ha dado en nuestro ámbito sociocultural, destaca el que ve en los delitos de cuello blanco delitos que lo son pero que no son definidos como tales, que no son detectados y perseguidos.
Para que exista el delito de cuello blanco no es preciso que ni autor ni víctima lo definan como tal, ni que intervenga el sistema de Administración de Justicia, incluida la policía, ni, en definitiva, que la comunidad reaccione. Quien decide si se ha producido un delito es el investigador. No puede extrañar que el estudio de los delitos de cuello blanco se haya hecho más en términos voluntarios, políticos y retóricos que científicos. Si se puede definir libremente el objeto de estudio de la disciplina, no puede caber la menor duda de que todas las consideraciones etiológicas, preventivas, sobre su extensión, etc. quedan también en manos del investigador.
5. Teorías del Derecho Penal
La definición de delito es toda infracción de normas sociales recogidas en las leyes penales que tienda a ser perseguida oficialmente en caso de ser descubierta presupone que las leyes penales responden en general y con mayor o menor concordancia a las normas generalmente aceptadas por parte de la sociedad, por lo menos en los sistemas democráticos contemporáneos. Se trata de una concepción consensual del Derecho penal.
Otras posturas, sin embargo, no comparten esta visión consensual del derecho, y proponen más bien que la esencia del mismo responde a la naturaleza conflictiva de la sociedad. Se trata de las concepciones conflictuales de la sociedad y del Derecho. Aunque sin duda la polémica entre esta concepción y la consensual se remonta a los primeros filósofos de la humanidad, quizá una de las propuestas modernas más conocidas sea la de Marx: en las sociedades coexisten clases sociales con valores e intereses contrapuestos en abierta oposición y confrontación. En palabras de Engels: La sociedad se divide en clases privilegiadas y perjudicadas, explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, y el estado (…) asume a partir de ese momento, con la misma intensidad, la tarea de mantener coercitivamente las condiciones vitales y de dominio de la clase dominante con respecto de la dominada…. Es menester aclarar que, para estas posturas, por supuesto, todas las clases tienen también algunos intereses comunes. El Derecho penal es en buena medida un instrumento de control de las clases privilegiadas sobre las desfavorecidas. Quinney afirma: la realidad social del delito se construye básicamente a partir de las concepciones del delito mantenidas por los segmentos más poderosos de la sociedad y que el Estado ha utilizado su poder legislativo para definir como criminal lo que considera como una amenaza para el orden social y político. El delito se ha convertido en un arma política que es utilizada en beneficio de los que controlan los procesos del gobierno.
Para otra postura cercana, en la sociedad predomina el conflicto y no el consenso pacífico; sin embargo, no es fácil que un mismo grupo logre que sus intereses prevalezcan siempre, sino que diversos grupos luchan por imponerse en distintas cuestiones concretas. La Ley, y en concreto la ley penal y su interpretación y aplicación, es vista ahora como el resultado de estas luchas para la resolución de conflictos. Así, para Turk nada es intrínsecamente criminal, sino que la criminalidad es una definición que aplican aquellos con poder suficiente para hacerlo. La diferencia fundamental con la interpretación anterior, entonces, es que el Derecho ya no se ve como un instrumento relativamente pacífico con el que los opresores se imponen a los oprimidos, sino que responde a un conflicto real y constante que puede traducirse en cambios relativamente rápidos y sin que medie revolución alguna.
Más allá, el conflicto no se ve solamente en términos de clases, sino que el conflicto se contempla desde diversos puntos de vista: razas, culturas…
Como vemos, este paradigma (es un modelo o patrón en cualquier disciplina científica u otro contexto epistemológico) contiene más de una interpretación del conflicto social. Pero, puesto que el Derecho es sobre todo un instrumento de grupos privilegiados o que llegan a prevalecer a la hora de reafirmar sus intereses, la labor fundamental de la criminología debe ser el estudio del propio Derecho y de su producción. Por lo que a la Criminología respecta, no es preciso defender una tesis consensual de la sociedad, sino que bastaría con mostrar que el Derecho penal o al menos su núcleo básico sí responde a valores e intereses generales, más o menos ampliamente compartidos y que favorece el bien común.
Algunos autores han defendido una postura ecléctica (eclecticismo: modo de juzgar u obrar que adopta una postura intermedia, en vez de seguir soluciones extremas o bien definidas), afirmando que la sociedad no puede comprenderse ni desde el punto de vista del menor consenso ni desde el del puro conflicto, sino que se precisa una mirada intermedia. Así, Akers se refiere a la teoría pluralista del conflicto, la cual caracterizaría a las sociedades democráticas contemporáneas, dentro de las cuales tienen cabida conjuntos heterogéneos de valores e intereses. A su tenor, en nuestras sociedades existen diversos grupos e incluso movimientos sociales desorganizados que tratan de imponer sus intereses a través de un sistema legislativo y gubernamental que consideran legítimo. Además, aunque estos grupos puedan imponer sus intereses, las leyes también reflejan a menudo los intereses generales de la sociedad.
Esta postura ecléctica descansa, a juicio de Maíllo, en un malentendido. Ninguna posición defiende que en una sociedad todos estén siempre de acuerdo en todo ni que todo lo que acontezca responda solo a intereses de determinados grupos. Sin duda, los teóricos del conflicto conceden que las agresiones atroces tenderán a perseguirse independientemente de quién las realice y los consensualistas que determinadas normas responden sin duda a intereses de grupos particulares que han ejercido con éxito presiones políticas. Ambas tesis pueden compartir muchas cosas. Lo que se discute, entonces, es si en una sociedad predomina en general el consenso o el conflicto; y, más concretamente, si las leyes penales protegen por regla (o sea, que hay excepciones) valores e intereses comunes o de ciertos grupos poderosos. La postura ecléctica, pues, no puede contestar la pregunta decisiva.
La Teoría Criminológica: Concepto y Causalidad
1. La Relevancia de la Teoría para la Ciencia Criminológica: El Concepto de Teoría
1.1. La Teoría
Las teorías son conjuntos de hipótesis o conjeturas organizadas más o menos sistemáticamente que pueden someterse a contrastación mediante la observación de hechos empíricos. Una teoría describe la realidad, y aspira a definir y explicar las relaciones y los procesos que tienen lugar en su seno; mediante elementos fundamentales que integra cualquier teoría: leyes, conceptos, relaciones causales, etc. Esta definición y planteamiento se deriva de las ideas de Popper. Las teorías no son imágenes fieles y exactas del mundo real: este es simplemente demasiado complejo e inaccesible como para que la limitada capacidad del conocimiento humano pueda aspirar a abarcarlo y entenderlo completamente. Una teoría no es un espejo de la naturaleza sino que la ciencia recurre a creaciones humanas. Las teorías son abstractas, de modo que ellas mismas no pueden contrastarse directamente con la realidad: solo las hipótesis que se derivan de las mismas pueden serlo. Por este motivo, lo que se somete a refutación son hipótesis definidas de la manera más precisa como sea posible, hipótesis que han sido derivadas a partir de la teoría abstracta.
La aspiración de una teoría es explicar cuantos más fenómenos mejor y de la manera más precisa, completa y sencilla posible. Según su desarrollo, que es variable, pueden distinguirse:
- Teorías formales: se aproximan a un sistema completo y cerrado de hipótesis perfectamente definidas y lógicamente relacionadas entre sí. En criminología prácticamente no existen, son mucho más limitadas.
- La mayoría de las teorías criminológicas más importantes son explicaciones más o menos amplias y precisas que aspiran a proponer deductivamente hipótesis claras y consistentes entre sí que puedan someterse a intentos de refutación y superarlos con éxito.
- Otras veces nos encontramos ante un enfoque, perspectiva, aproximación, etc. que quizá pueden considerarse teorías pero solo en un sentido muy débil. Así, puede ser que solo se refieran a una pequeña parte de los factores que influyen en el fenómeno delictivo y no ofrecen una explicación completa; que llamen la atención sobre algo que pueda acontecer; pero sin afirmar que sea general; etc.
- Por último, existen meras descripciones de fenómenos en el ámbito del delito o los delincuentes, pero sin aspirar a ofrecer explicaciones. Otras posturas también pueden aspirar a realizar predicciones, por ejemplo, si es probable que un determinado sujeto delinca o no en el futuro; y a proponer programas de prevención o tratamiento no muy sólidamente vinculados con la teoría.
1.2. Criminología como Ciencia Multiparadigmática
La Criminología es una ciencia multiparadigmática, de acuerdo con la concepción de Kuhn, de modo que es posible que teorías procedentes de paradigmas distintos no puedan compararse entre sí, serían inconmensurables.
Kuhn: la ciencia de cada época constituye un paradigma distinto y es difícil hacer comparaciones entre paradigmas. Si se nos permite una analogía, esta concepción de la ciencia la acerca al arte: ¿es el románico superior al gótico o simplemente son diferentes, particulares de cada época? Los paradigmas pueden considerarse rendimientos científicos universalmente reconocidos que proporcionan durante un cierto tiempo modelos de problemas y soluciones a una comunidad de estudiosos; o sea, el conjunto de creencias, problemas y soluciones que guían el trabajo de una comunidad (científica). De acuerdo con el cual teorías de épocas diferentes no podrían compararse entre sí y no podría decidirse cuál es superior ya que incluso reconocerían criterios de evaluación diferentes. La cuestión es, entonces, si en una misma época pueden coexistir a la vez dos paradigmas o más. Ya el propio Kuhn concedió que existen circunstancias en las que dos paradigmas pueden coexistir pacíficamente, si bien se apresuró a añadir que estas circunstancias serían más bien raras. Como era de esperar, diversos autores han defendido que la criminología contemporánea es una ciencia multiparadigmática, en el sentido de incluir más de un sistema de teorías que no podrían compararse entre sí, de modo que no podría evaluarse cuál es preferible. Es posible, de este modo, que existan teorías ubicadas en paradigmas distintos y que no pueda decidirse racionalmente cuál es preferible.
2. El Concepto de Causa
Las teorías criminológicas ofrecen explicaciones del delito; se preocupan por las causas del delito. O sea, responder a preguntas del tipo ¿Por qué algunas personas delinquen? ¿Por qué unas personas delinquen más que otras? ¿Por qué existe una determinada tasa de delincuencia en una sociedad o comunidad dada, y por qué varía esa tasa? La causa del delito es la función más importante de la criminología y la teoría. Causa es la respuesta a preguntas del tipo ¿por qué?.
Causalidad es una relación entre dos fenómenos, que suelen poder tomar valores distintos y son denominados variables. Una variable es un fenómeno que puede variar: ser medido y tomar distintos valores. Verbigracia, la pobreza, los ingresos, el nivel de estudios, los delitos que alguien ha cometido y su gravedad…, uno puede tener 10, 30, 50… años, de forma que la edad es una variable, etc. Algunas variables están íntimamente relacionadas entre sí, de modo que la presencia de una de ellas suele significar que la otra está también presente; o bien el aumento o descenso de los valores de una suele estar asociado al aumento o descenso de los valores de la otra: como ya sabemos, edad y número de delitos están así relacionados. En estos casos se habla de correlación o covariación entre dos variables. A veces, la relación implica que algunas variables pueden influir sobre otras, afectando a sus valores, y entonces se habla de variable independiente (la que influye en la otra) y de variable dependiente (la que es la influida). El término de causalidad: la variable independiente influye causalmente en la dependiente (Variable Independiente → Variable dependiente).
Requisitos de Causalidad:
- Covariación. La existencia de una correlación entre dos fenómenos. A y B deben encontrarse asociadas estadísticamente en el sentido: de que la presencia de una vaya acompañada de la otra; o que la variación de una vaya acompañada de la variación de la otra.
- Orden temporal. Que el que constituye la variable independiente sea previo al otro. A debe ser temporalmente anterior a B, debe aparecer antes en el tiempo, se trata, pues, de una cuestión de orden temporal: solo lo previo puede causar lo posterior, y nunca al revés. Se trata de una exigencia lógica.
- Que la relación no sea espuria. La ausencia de una tercera variable, que cuando se toma en cuenta, haga desaparecer la relación. La relación no debe desaparecer cuando se toma en cuenta una tercera variable, C, que sea previa a las otras dos.
Con estos tres requisitos se puede considerar que existe una relación causal entre dos variables. Consideramos que A es la causa de B si se satisfacen todos estos tres criterios; de ahí se sigue que demostrar que cualquiera de las tres es falso es suficiente para mostrar que A no es causa de B.
Ejemplo: El consumo de drogas parece covariar con la comisión de delitos; para muchos autores también aparece antes que la tendencia a delinquir; finalmente, no hay acuerdo sobre si puede haber una variable anterior a las dos que las explique, por ejemplo, tener amigos delincuentes o un autocontrol bajo.
Finalmente, la Criminología mayoritaria suele indicar que el concepto de causa es un concepto probabilístico. Afirmar que algo es una causa del delito no quiere decir que siempre que se presente esta causa se producirá como consecuencia necesaria el delito o nos encontraremos al delincuente.
3. ¿Es Imprescindible la Teoría en Criminología?
Algunas importantes orientaciones criminológicas sugieren que la teoría no es necesaria. Otras parecen mantener que sería suficiente con modelos débiles de teorías.
Ahora bien, en consonancia con su toma de postura epistemológica y concediendo que, en efecto, la relación entre teoría e investigación es básica pero compleja, en esta introducción se considera que la teoría tiene un papel crucial en criminología y es imprescindible por distintas razones:
- La teoría siempre está presente y guía la investigación. La teoría, por inconsciente que sea, es siempre lo primero: cualquier estudio está guiado por una perspectiva teórica. Por ello, cuanto más detallada y precisa sea la teoría, mejor será la investigación y más factible alcanzar avances significativos. Una teoría permite establecer hipótesis testables y realizar predicciones. De acuerdo con el principio de refutación, este es un método muy prometedor para que avance nuestro conocimiento del delito y la criminalidad. La teoría debe guiar la investigación.
- Una teoría es imprescindible para explicar el delito.
- La teoría puede contribuir a una organización especialmente eficaz de las medidas de prevención y control del delito que se vayan a tomar. La relación entre teoría criminológica y respuesta político-criminal es muy compleja. Además, en las decisiones político-criminales influyen no solo aspectos empíricos y teóricos sobre la prevención y control del delito, sino también y sobre todo aspectos éticos, jurídicos, constitucionales y políticos, económicos, etc. Ahora bien, una buena política criminal debería estar basada en teoría y hechos.
- La teoría permite una defensa seria contra posturas intolerantes y falsas, pero que pueden venir revestidas también de un armazón teórico.
- La propia construcción de teorías abstractas en criminología viene determinada por el reconocimiento de que el delito correlaciona e incluso puede estar causado por múltiples factores.
- Solo la teoría puede desenmarañar relaciones empíricas complejas.
Métodos y Enfoques Teóricos en Criminología
1. Métodos Teóricos: El Problema de los Niveles de Explicación: Teorías Micro y Macro
El delito se puede estudiar y tratar de explicar a distintos niveles de análisis o explicación, macro y micro.
- Algunas teorías hacen referencia a elementos relativos al actor (individual o micro). Por ejemplo, para las teorías biológicas, existen determinadas características individuales de los sujetos que les pueden hacer más propensos a delinquir.
- Otras teorías se refieren a propiedades de la estructura o del sistema social (nivel macro). Ejemplo clásico es El suicidio, obra de Durkheim. Este autor destaca que determinadas fuerzas que se ubican a nivel social (y no individual) influyen decisivamente en el comportamiento humano. Más concretamente, en situaciones de cambio rápido se pueden producir en una sociedad una falta de normas o anomia, que influyen decisivamente en que se cometan suicidios e incluso hechos delictivos.
En realidad, aunque aquí se destacan los niveles que llamamos micro y macro, existen distintas posturas sobre el contenido exacto de cada nivel y sobre el número de niveles que pueden distinguirse. Hasta cierto punto se trata de algo arbitrario.
Naturalmente, teorías de uno y otro tipo no son excluyentes, sino que en general son complementarias (las teorías serán complementarias entre sí, si son coherentes en diversos puntos y predicciones). Puesto que una teoría puede estar construida a un nivel determinado, solo es legítimo criticar una teoría por aquello que pretende explicar.
En efecto, los niveles de análisis no se encuentran totalmente desvinculados entre sí, ni mucho menos. Lo que puede hacerse es llevar a cabo saltos precipitados, demasiado simples y acríticos de un nivel de análisis a otro, pero muchas veces estos saltos son legítimos. Las teorías psicológicas (las que aquí hemos denominado micro) tienen implicaciones para el nivel sociológico (macro), y todas las teorías sociológicas llevan a cabo asunciones, explícita o implícitamente, sobre el nivel psicológico. El propio Bernard reconoce expresamente que algunas teorías macro implican predicciones probabilísticas sobre los individuos.
Cómo no, lo ideal sería construir teorías que tomasen en cuenta tanto elementos socioestructurales como individuales, pero ello es muy difícil. Laub comenta que la mayoría de los investigadores han estudiado o variables de nivel macro o estructurales (…) o procesos de nivel micro (…) en el estudio del delito. Creemos que ambos conjuntos de variables son necesarios para explicar el delito (micro y macro).
El principal motivo por el que hoy por hoy las teorías se ubican en un nivel de análisis u otro es que otra cosa es muy difícil. El problema no se presenta solo en criminología, sino en otras disciplinas como la sociología. Como señala Meier, lo primero que debería preocuparnos es construir buenas teorías en cada nivel, y solo cuando se tuviesen, intentar abarcar ambos niveles; solo con buenas teorías puede esperarse que la integración tenga éxito, pero incluso entonces puede que esta se revele imposible o inútil.
2. Teorías y Enfoques Plurifactoriales
2.1. La Tesis de los Factores Concurrentes
En Criminología existen otras formas alternativas de afrontar el estudio del delito, sus causas y las posibles respuestas al mismo. Es menester distinguir las teorías de los enfoques plurifactoriales. De hecho, en América Latina y España vienen predominando desde hace décadas estos enfoques plurifactoriales. Aunque en el ámbito anglosajón fueron abandonados a partir de los años treinta.
De acuerdo con esta perspectiva (la tesis de los factores concurrentes), la pretensión de construir teorías explicativas del delito y los delincuentes es poco realista. Un fenómeno tan complejo no puede reducirse a una teoría, salvo que esta sea tan limitada en su ámbito y su precisión que se revele inútil. Por eso suelen añadir que las teorías que se han propuesto de hecho han fracasado en su intento de explicar el delito.
Entre nosotros, Serrano Gómez, ha propuesto una criminología de orientación plurifactorial: preferiríamos hablar de factores concurrentes, por ser más acorde con la realidad. Normalmente concurren en el delincuente una serie de factores que se estima influyen en el delito, aunque no siempre es así, como tampoco los mismos factores concurrentes tienen idéntico valor cuando inciden en distintos sujetos. Resulta difícil poder determinar todos los factores que influyen en el delincuente… por ello, no puede asegurarse de forma categórica que tales o cuales factores han determinado la conducta criminal de una persona.
En una conocida investigación junto a Fernández Dopico, en la que se obtuvieron entrevistas personales con 2.049 sujetos internados en prisiones, fueron capaces de extraer un elevado número de variables que podían considerarse factores concurrentes e incluso factores criminógenos. Aunque los autores establecen distinciones por tipo de delito, grupo de edad y si se trata de factores relacionados con el primer delito, con la reincidencia, etc., en general se incluyen, entre otros, los siguientes:
- Falta de autoridad paterna
- Carácter agresivo
- Precocidad delictiva
- Falta de formación moral
- Falta de formación intelectual
- Falta de medios económicos suficientes
- Inestabilidad laboral
- Refractariedad al trabajo
- Afán de vida fácil
- Afán de notoriedad
- Consumo de drogas
- Juego
- Amistades nocivas y ambientes en que se convive negativo
2.2. El Enfoque de los Factores de Riesgo
Una de las versiones plurifactoriales o concurrentes más modernas, cercana a la anterior, es el llamado enfoque de los factores de riesgo, que propone buscar factores de este tipo que permitan pronosticar la delincuencia futura para intervenir en los mismos y prevenir de este modo el delito. A su tenor, la Criminología debe establecer factores de riesgo clave para delinquir y tomar una orientación abiertamente pragmatista: implementar programas para neutralizar estos factores y prevenir el delito. Aunque la prevención es la clave, el enfoque también se considera válido para el tratamiento de los delincuentes después de que hayan delinquido. Un factor de riesgo es simplemente algo que predice una cierta probabilidad de que se delinca en el futuro.
Vázquez González, hace una sistematización de factores de riesgo:
- Factores individuales, que incluyen los factores biológicos, físicos y psicológicos inhibidores y facilitadores de la competencia social (como insuficiente desarrollo de la estructura cognitiva), locus de control externo, bajo autoconcepto, pensamiento egocéntrico, déficit en el comportamiento afectivo de la empatía, deficiencias en el conflicto familiar, déficit en habilidades sociales, pensamiento concreto, impulsividad, etc.
- Factores familiares: falta de supervisión de los padres, actitudes crueles, pasivas, negligentes y violentas de los padres, disciplina férrea, conflicto familiares, familia numerosa, malos ejemplos de conductas; falta de comunicación entre padres e hijos, carencias afectivas, falta de enseñanza de valores prosociales; y, marginación socioeconómica.
- Factores socioeducativos: fracaso escolar, vandalismo escolar.
- Otros factores: socio-ambientales, el grupo de amigos, el desempleo, los medios de comunicación y las drogas.
Estos enfoques suelen advertir que no solo son relevantes determinados factores de riesgo, sino también, factores protectores de la criminalidad y el delito. Se trata de factores cuya presencia anula o disminuye las posibilidades de cometer un delito. Muchos investigadores consideran que los factores preventivos son simplemente los opuestos a los de riesgo: si una educación errática es un factor de riesgo, una buena educación de los padres es un factor protector, y así con todos los factores de riesgo imaginables.
Gullotta, realiza las siguientes asunciones (de exaltar) sobre este enfoque:
- Un único factor de riesgo o protector puede tener varias consecuencias.
- El consumo de droga (o cualquier otro comportamiento desviado) puede alterar los factores de riesgo o protectores.
2.3. Valoración: La Necesidad de la Teoría
Desde el punto de vista de esta introducción no pueden compartirse los enfoques plurifactoriales, de los factores de riesgo, etc. de cada explicación etiológica del delito. Como vimos, el propio nacimiento de las primeras teorías importantes en criminología se ubica en la superación de enfoques de este tipo. Eso no quiere decir que no sean legítimos. En efecto, estos enfoques mantienen su legitimidad y pueden resultar complementarios de las teorías criminológicas. No solo porque contribuyen a establecer hechos sobre el delito e incluso a testar hipótesis científicas; sino porque en su propio ámbito puede ser efectivamente capaces de predecir la delincuencia o, mediante la intervención en tales factores, de prevenirla o controlarla.
A las consideraciones generales realizadas más arriba sobre la necesidad de una teoría en sentido estricto, cabe añadir:
- Estos enfoques difícilmente pueden sustituir a la teoría si no ofrecen ninguna explicación plausible del fenómeno delictivo. En efecto, señalar qué factores pueden representar un riesgo para que un joven delinca no responde por qué delinquen.
- Serrano y Fernández, en línea con el testimonio de Sutherland, estableció empíricamente un hecho tan importante como el delito se relaciona con muchos y diversos factores concurrentes y que estos factores no siempre significan que se delinca: hay factores que, aun concurriendo en diversos sujetos, en unos influyen y en otros no. Parece difícil que se pueda aclarar el delito con el mero recurso a factores de riesgo y no mediante abstracciones que constituyan teorías.
- La crítica más conocida a estos enfoques, es la llamada falacia de que el mal causa mal.
3. Teorías Unitarias e Integradas
La criminología ha construido tradicionalmente teorías unitarias, con hipótesis y variables perfectamente coherentes entre sí, una concepción del delito única, asunciones sobre la naturaleza humana, el orden social…, etc. Teorías como las de la asociación diferencial, la tensión o el control responden a esta naturaleza.
Pero en criminología también existen teorías y enfoques integrados.
Pueden integrarse teorías criminológicas: tomar distintas teorías preexistentes que tienen elementos propios, extraer de las mismas las partes más convincentes y tratar de construir una nueva teoría, resultado de la combinación de partes de otras teorías y superior a estas.
La propuesta de teorías criminológicas integradas parte de que las teorías unitarias tradicionales han fracasado a la hora de explicar el delito (así como proponer políticas criminales eficaces). No es fácil que una teoría llegue a refutarse y abandonarse, de modo que cada vez simplemente tenemos más y más teorías con una capacidad de explicación del delito que, en términos cuantitativos, puede considerarse pobre. La propuesta es tomar distintas teorías criminológicas y tratar de integrarlas en nuevas teorías más prometedoras. Estos modelos suelen compartir la idea de que el delito se encuentra causado por distintas variables, pero rechazan los enfoques plurifactoriales.
Sobre el debate cabe hacerse las siguientes consideraciones:
- La construcción de la teoría integrada es muy difícil. En efecto, solo es posible integrar teorías o partes de teorías que sean reconocibles entre sí, o bien que se construyan de manera que esto sea posible. Sus proponentes afirman que ello es posible.
- Para otros autores, la ventaja de la integración es que representa una buena manera de que vaya disminuyendo el número de teorías criminológicas relevantes.
- La metodología de la integración de teorías se ha contrapuesto en el debate al criterio de la competición de teorías. Si esta última estrategia permite evaluar teorías de acuerdo con una serie de criterios de cientificidad, y de este modo también permite comparar teorías entre sí y decidir cuál es superior; la integración propone aunar los esfuerzos teóricos más que desechar las teorías que salgan mal paradas de la competición. Aunque muy próximos, la competición de teorías se confunde con el principio de refutación, que es nuestro principio básico de cientificidad.
Si las teorías no reflejan fielmente la naturaleza y no pueden verificarse nunca, entonces es perfectamente posible que dos o más teorías con un alto grado de verosimilitud coexistan a la vez, sin que sea imprescindible desechar una de ellas. Una teoría solo puede desecharse cuando ha sido refutada. Ante dos teorías que, en igualdad de condiciones, una se refiera a todos los delitos contra las personas y otra solo al homicidio, no tiene por qué desecharse la del homicidio solo porque su ámbito sea menor.
Desde este punto de vista del principio de refutación no parece haber problemas en aceptar la metodología de la integración para formular teorías científicas. Para esta postura, es irrelevante cómo surja una teoría: puede ser inventada o puede resultar de la integración de otras previas. Siendo así, una teoría integrada habrá de juzgarse por sus propios méritos; el primero de los cuales es que debe resultar lógicamente consistente, ya que de otro modo simplemente no sería refutable.
En general, las teorías integradas tenderán a ser más complejas que las unitarias y, por lo tanto, más difíciles de refutar. En este sentido, esta metodología se encuentra en desventaja frente a las teorías unitarias tradicionales.
4. Criterios de Evaluación de Teorías
Siguiendo a Popper, un sistema científico se caracteriza por que hipótesis derivadas del mismo pueden someterse a examen mediante la observación de hechos empíricos y, por lo tanto, pueden refutarse.
Así pues, para que una teoría o hipótesis sea científica ha de ser refutable. Pero la refutabilidad es un concepto graduable. Cuanto más refutable sea, esto es, cuanto más fácil de refutar sea una teoría o hipótesis, mayor contenido empírico tendrá y en principio será científicamente superior. Ahora bien, el principio de refutación exige que las hipótesis se sometan a contrastación mediante investigaciones empíricas; de este modo, cuanto mayor apoyo empírico tenga una teoría, más verosímil será —aunque nunca podrá verificarse—.
Una vez que asumimos que las teorías han de ser refutables para ser científicas, ¿cuáles son, dentro de este marco, los principales criterios de evaluación de teorías?
- La coherencia interna. Una teoría está conformada por un conjunto de hipótesis o afirmaciones y, que estas deben ser coherentes entre sí o, al menos, no contradecirse, es decir, estructurarse de la manera más lógica posible.
- Ámbito. Cuanto más amplio sea el ámbito de aplicación de una teoría (explicar todas las formas delictivas), tanto más preferible será esta.
- Simplicidad. Cuanto más sencilla sea una teoría, más fácil de refutar será y tanto más preferible. Una teoría será tanto más simple o sencilla según recurra al menor número posible de afirmaciones de excepciones y de distinciones.
- Precisión. Las teorías científicas deben definir sus conceptos y variables, sus procesos causales y sus predicciones de la manera más precisa posible.
- Apoyo empírico. El principio de refutación exige no solo que las hipótesis sean refutables —y cuanto más refutables mejor— sino asimismo que se sometan efectivamente a intentos lo más serios posibles de contrastación mediante investigaciones empíricas. Este tiene que ser el criterio más importante de evaluación de teorías. Cuanto mayor apoyo empírico tenga una teoría, más verosímil será.
Una teoría debe ser coherente con los hechos empíricos conocidos sobre el delito. Una teoría nacerá con un serio hándicap si no es coherente o no es capaz de explicar estos hechos bien conocidos. Si los teóricos sociológicos del delito y la delincuencia utilizan las pistas que proporcionan los correlatos conocidos del comportamiento criminal —en este caso, género, raza y edad del grupo— como una base para generar y modificar la teoría, tanto la teoría como la investigación podrían ser capaces de avanzar más deprisa.
En efecto, una teoría debería ser consciente con que el delito se concentra mayoritariamente en los siguientes grupos o unidades y tienen las siguientes características:
- Los hombres cometen más delitos que las mujeres.
- Los jóvenes cometen un número desproporcionado de delitos.
- Los solteros delinquen más que los casados.
- El delito tiende a correlacionar con un estatus socioeconómico desfavorecido.
- El delito es un fenómeno fundamentalmente urbano.
- Los delincuentes tienden a ser versátiles.
- Los delitos requieren un mínimo esfuerzo…
- Aplicaciones prácticas. De las teorías científicas suele ser posible deducir medidas prácticas. A la vez, muchos programas se derivan de alguna o algunas teorías. Lo ideal es que una teoría criminológica sea útil para la prevención y control del delito. Por ejemplo, la teoría de las actividades rutinarias propone como política criminal la reducción de oportunidades para delinquir; la teoría del autocontrol sugiere que el tratamiento penitenciario no será muy prometedor para rebajar la reincidencia.
En general, será difícil que entre teorías serias y bien elaboradas que una de ellas sea superior a otra en todos los criterios de evaluación, lo cual introduce un cierto factor de interpretación subjetiva. No puede existir una teoría ideal, sino que, coherentemente con el principio de refutación, la construcción de teorías debe verse más como un proceso que como algo terminado y completo.
En los últimos años, la teoría criminológica ha alcanzado un alto grado de sofisticación. Ello ha sido producto, en buena medida, de una toma en serio de los requisitos que una buena teoría debería cumplir, de la satisfacción de la exigencia de que cada teoría sea capaz no solo de ofrecer explicaciones plausibles sobre el delito, sino también de aclarar los correlatos y hechos bien conocidos del delito, etc.; o sea, que este avance ha sido debido, sobre todo, a un reconocimiento de la importancia que estos criterios de evaluación de teorías tienen para el desarrollo de estas últimas. Un buen ejemplo de este alto grado de elaboración es el trabajo de Wikström. Este autor mantiene en primer lugar que una teoría criminológica debería ser capaz de conectar los niveles micro y macro de delito, algo que hasta ahora no se ha logrado de manera convincente; que una teoría debería estudiar de modo especial los procesos de toma de decisión de los individuos, y no solo las variables que influyen en su comportamiento; tomar en cuenta la importancia de la moral en los individuos; así como que, entre otras consideraciones, y esto es quizá lo más decisivo, que tanto la investigación como la prevención y control del delito estén basados en teorías. Además, como ha quedado dicho, este autor propone una brillante teoría que trata de responder de manera satisfactoria a todos estos retos, la teoría de la acción situacional.
Variables Biológicas y Enfoques Psicológicos en la Criminología Contemporánea
I. Variables y Orientaciones Biológicas: El Renacimiento de las Variables Biológicas en la Criminología Contemporánea
Concepto amplio de lo que se entiende por biológico; Vold lo explica: algunas de estas características biológicas son genéricas y heredadas (…) Otras resultan de mutaciones genéticas que tienen lugar en el momento de la concepción o se desarrollan mientras el feto está en el útero. Estas características biológicas son genéticas pero no heredadas. Finalmente, otras pueden desarrollarse como resultado del ambiente de las personas, que van desde lesiones a una dieta inadecuada. Estas características biológicas no son ni genéricas ni heredadas.
Lamentablemente, las variables y explicaciones biológicas, así como cierto correlato de la criminalidad, han topado en Criminología para su aceptación con ciertos reparos de naturaleza supuestamente ética. Los enfoques que otorgaban un papel relevante a elementos de naturaleza biológica, entraron en crisis.
Desde hace 10 o 15 años aproximadamente se viene produciendo una vuelta a la toma en serio de variables de carácter biológico en criminología. Akers, por ejemplo, afirma que las explicaciones biológicas del delito han llegado a ocupar un nuevo lugar de respeto en criminología y que se toman más en serio hoy que en cualquier otro momento desde la primera parte del siglo veinte. En efecto, se han llevado a cabo en los últimos años un importante número de investigaciones sobre la presencia de elementos biológicos en la conducta delictiva; se han desarrollado algunas teorías en las que los elementos de naturaleza biológica desempeñan un papel importante.
Pueden quizá apuntarse una serie de razones que podrían ayudarnos a entender este fenómeno:
- Las teorías de orientación sociológicas no han sido capaces de explicar satisfactoriamente importantes diferencias individuales en el ámbito de la criminalidad. De hecho, las variables quizá más sólidamente relacionadas con el delito, como son la edad y el género, tienen un carácter al menos en parte biológico, y a menudo estos correlatos no tienen fácil explicación desde los enfoques sociológicos tradicionales.
- El siglo veinte, y especialmente sus últimas décadas, han sido testigos de decisivos avances tanto en el conocimiento biológico de los seres vivos y del ser humano.
- En ocasiones se recurre al auge de la derecha y de los gobiernos conservadores que en los años ochenta experimentaron algunos de los países con mayor tradición criminológica, como EE. UU. o Gran Bretaña, para explicar al menos en parte, este renacimiento de los enfoques biológicos.
- En el terreno de la investigación criminológica, algunos decisivos hallazgos y desarrollos pueden apuntar diferencias de carácter biológico en la criminalidad; este es el caso de investigaciones clásicas y bien conocidas como la de Robins entre otros. El estudio se centró en la llamada personalidad psicopática, de la que el comportamiento antisocial forma parte y encontró que quienes habían sufrido problemas clínicos en su infancia presentaban muchos más problemas de ajuste que los pertenecientes al grupo de control. El hallazgo fundamental de este trabajo, es la existencia de una cierta continuidad en el comportamiento antisocial desde la infancia hasta la edad adulta. Es decir, casi todos los que tienen problemas de comportamiento antisocial de adultos también lo tuvieron en su infancia.
Nuevas investigaciones han venido a replicar y extender este hallazgo y a incorporarlo a modelos teóricos, como puede ser el caso, bien conocido, de los criminales persistentes de Moffitt. Esta autora sugiere expresamente que el síndrome del comportamiento antisocial persistente a lo largo de la vida (…) tiene una base biológica en sutiles disfunciones del sistema nervioso. Esta idea de una continuidad tan fuerte entre la edad infantil y la adulta sugiere la posibilidad de que factores de naturaleza biológica, hereditaria, desempeñen algún papel en la etiología de la criminalidad, a la vez que siembra ciertas dudas sobre otros factores y teorías tradicionales del paradigma sociológico. Las explicaciones biológicas de la criminalidad, pues, son muy prometedoras para dar razón de esta idea de continuidad. Estos hallazgos han sido replicados en diversas ocasiones.
- Otro hecho que se ha logrado establecer sobre el delito es que las tendencias delictivas parecen quedar fijadas muy pronto en la vida de las personas. Tal y como indica la propia idea de continuidad, es difícil encontrar sujetos que, de repente, comienzan a delinquir a edades elevadas cuando no han mostrado problemas de este tipo en su infancia. Esto sugiere que las estables diferencias individuales, a disposiciones heredadas, o a alguna combinación de educación y predisposición.
- La construcción de teorías integradas que serían capaces de incluir variables de diversas disciplinas, entre ellas la biología. Otros enfoques, como el de los factores de riesgo o el de los factores recurrentes suelen reconocer abiertamente elementos biológicos en sus esquemas. Por último, una corriente muy actual como es la llamada criminología del desarrollo e incluso la criminología del curso de la vida, también han tendido a reconocer la presencia de variables biológicas.
Actuales tendencias han abierto nuevas posibilidades para las variables biológicas y genéticas en el terreno de la teoría criminológica. Ello es especialmente importante debido a que, salvo excepciones, las investigaciones de la criminología biológica se han centrado mucho más en describir variables relacionadas con la criminalidad que en construir teorías propiamente dichas.
2. Evidencia Empírica sobre las Variables Biológicas
Existe, en efecto, un importante cuerpo de evidencias empíricas que sugiere que factores genéticos y biológicos intervienen en la criminalidad y el delito; esta evidencia es sólida y consciente, sobre todo porque proviene de metodologías diversas, que cada una con sus propios puntos fuertes y débiles.
Estudios empíricos rigurosos sobre la igualdad de los gemelos; sobre gemelos separados, sobre niños adoptados, sobre niveles de serotonina y otros neurotransmisores o bien enzimas que afectan a dichos niveles; sobre ritmo cardiaco, niveles bajos en la actividad fisiológica del sistema nervioso…, sugieren que factores biológicos y genéticos correlacionan con una serie de comportamientos agresivos, delictivos y antisociales y podrían tener una cierta importancia para explicarlos, de modo que merece la pena tenerlos en cuenta por parte de las diversas teorías y llevar a cabo investigaciones empíricas en esta línea.
La investigación biológica en el terreno de la criminología ha tenido a su disposición ciertos enfoques metodológicos que pueden considerarse relativamente sólidos en cuanto que se aproximan a los experimentos verdaderos. Nos referimos a los diversos estudios sobre gemelos y sobre adoptados. Como decimos, la ventaja metodológica es que en estos casos se pueden separar hasta cierto punto el efecto de las variables biológicas y de las ambientales.
Esta investigación debe ser recibida con muchas cautelas, como reconocen los autores mismos. Es muy importante advertir que estos hallazgos sugieren la presencia de factores biológicos en la conducta delictiva, pero no pueden interpretarse ni como evidencia de que esta influencia sea directa ni como evidencia de que las variables biológicas tengan un peso mayor que las ambientales. Ello es debido a una sutil cuestión: puesto que las variables ambientales son muy semejantes en todos los adoptados —debido en primer lugar a que los padres adoptivos tienden a parecerse entre ellos más que la media de la nación (ejemplo, tenderán a tener un estatus socioeconómico más elevado, a tener mayor ilusión por tener hijos, etc.) y en segundo lugar a que Dinamarca (donde se realizó el estudio) es un país en que las diferencias sociales entre familia es mucho menor que en casi cualquier parte del mundo—; entonces el ambiente a que han sido expuestos los niños dados en adopción es relativamente parecido, mucho más parecido que las enormes diferencias familiares que se dan de media entre los niños de un país. Al ser las diferencias ambientales pequeñas entonces las diferencias biológicas tienden a destacarse enormemente. De ahí se infiere que este estudio es bueno para ver si pueden existir influencias biológicas, pero las exagera desde el punto de vista cuantitativo. En circunstancias ambientales que son muy diferentes entre sí las variables biológicas de la población tenderán a influir solo indirectamente, interaccionando con las primeras de modo que su efecto se verá muy desdibujado.
Por lo que se refiere a nuestro país, es inevitable que sean muy pocas las investigaciones criminológicas de este tipo. La inteligencia es una característica de los individuos que tienen un importante componente biológico. También se discute qué sea la inteligencia, de modo que aquí, la consideraremos como aquello que miden los tests de inteligencia, o sea que seguiremos un punto de vista mínimo. Diversas investigaciones apuntan una diferencia en el nivel de inteligencia de los delincuentes en comparación con los no delincuentes, lo cual es aceptado por diversos criminólogos españoles. En concreto, lo que se ha encontrado parece apuntar a un déficit en el nivel de inteligencia verbal de los delincuentes frente a los no delincuentes y un desequilibrio entre los niveles de inteligencia verbal y práctica.
Bravo y Purón realizaron un riguroso estudio sobre la inteligencia de los delincuentes sobre una muestra de 350 internos, comparándolos con un grupo de control, y concluyeron que el estudio encontró que estas conclusiones son válidas en el caso de los delincuentes primarios y multirreincidentes, pero no en el de los reincidentes, en los cuales en teoría el déficit de inteligencia debería ser mayor que en los primeros. Los autores sugieren que la razón se encuentra en que los reincidentes han sido escolarizados y ello impulsa y va poniendo en forma los procesos mentales de abstracción y lógicos.
La criminología no sugiere un efecto directo del factor inteligencia en la probabilidad de comportamiento delictivo, los efectos serán indirectos.
3. Características de los Enfoques Biológicos Contemporáneos
3.1. Principales Características
Los enfoques contemporáneos que reconocen un peso específico a factores biológicos en su seno pueden caracterizarse:
- Las nuevas orientaciones muestran un alto nivel de sofisticación teórica, técnica y metodológica. Ello es reflejo al menos en parte de la propia evolución de la ciencia, que cada vez tiende a ser más compleja. Las teorías actuales reflejan perfectamente la profunda complejidad del fenómeno delictivo y tienen un carácter muy matizado.
- Reclaman la interdisciplinariedad y la interacción de variables de naturaleza heterogénea. Las nuevas corrientes biológicas reconocen en general que el comportamiento delictivo o desviado es consecuencia de la interacción de factores de naturaleza biológica con otros de carácter ambiental. En la criminalidad intervendrían, entonces, variables biológicas, sociológicas, etc. Los efectos de estas variables no se manifiestan con una mera suma, sino que existiría una interacción de unas variables con otras. Esto quiere decir que los efectos de una de ellas pueden depender de otra, o bien que solo desplegará sus efectos cuando una tercera esté presente o no.
Las nuevas doctrinas consideran que los efectos de los factores biológicos son más bien indirectos. Ello es debido no solo a que dependen en general de la presencia o ausencia de otras variables, sino que también operan a través de ellas.
También por ello los enfoques biológicos a menudo se centran mucho más en la búsqueda de factores concurrentes de la criminalidad que en la construcción de teorías criminológicas.
- Por lo que se refiere a la Política criminal. Estas posiciones denuncian constantemente el malentendido de considerar que si la criminalidad tuviera un origen al menos en parte genético no podría prevenirse o tratarse y obligaría a caer en el pesimismo.
Las nuevas posturas sugieren que el delito es producto de la interacción de variables biológicas y otras ambientales, y que se lleven a cabo programas de Política social para que, mejorando las condiciones ambientales, se favorezcan interacciones que no desemboquen en actos antijurídicos o antisociales.
3.2. La Relación entre Variables Biológicas y Teoría Criminológica Contemporánea
¿Por qué delinquen? o bien ¿por qué unos delinquen más que otros? Las diversas posturas contemporáneas sobre la relación entre variables biológicas y teorías criminológicas.
- Una parte de los estudios biológicos y genéticos sobre el delito prefieren encuadrarse en el establecimiento de factores de riesgo y concurrentes. De acuerdo con esta postura, no se trata de construir teorías abstractas y sistemáticas que expliquen la criminalidad, sino de descubrir diversos factores que se encuentren relacionados con la misma. Otras posturas prefieren las teorías integradoras de disciplinas, que reconocen por lo general variables biológicas.
- Las teorías generales unitarias consideran que factores de naturaleza biológica o genética tienen una influencia mediada por variables de otra naturaleza, sobre todo sociológica, o bien que no hay una aportación decisiva para un adecuado y correcto entendimiento de las causas del delito. Esto es metodológicamente importante: todas las teorías se ven en la necesidad de seleccionar una serie de variables que son las que consideran críticas para explicar el fenómeno delictivo. Ello no quiere decir en absoluto que otras diferentes no desempeñen ningún papel, sino solamente que su toma en consideración no ayuda a explicar la criminalidad o el delito de manera sensiblemente mejor.
- También existen en la actualidad una serie de explicaciones que sitúan a las variables de naturaleza biológica en el centro de sus desarrollos y que, por tanto, pueden clasificarse bajo esta denominación.
- Por último, existe una importante corriente entre las orientaciones biológicas que aspira a explicar el delito o algunas de sus formas desde el punto de vista de la teoría de la evolución.
4. Evaluación
Críticas:
- A menudo proponen objetos de estudio distintos del delito, como es el caso de la agresión.
- Algunas propuestas son excesivamente complejas, y a menudo tampoco explican cómo se producen las interacciones que proponen.
- En ocasiones son excesivamente ateóricas.
Conclusión: la influencia en el comportamiento delictivo parece ser modesta o mínima, aunque la evidencia que destaca una cierta influencia es relativamente sólida.
II. Enfoques Psicológicos en la Criminología Contemporánea
Las teorías psicológicas han venido teniendo asimismo una cierta tradición en criminología. De acuerdo con Freud, la vida psíquica se encuentra compuesta por tres niveles: el ello, el que se encuentra en lugar de los instintos más primarios, cuya tendencia predominante es la supervivencia; ello representa la identidad del sujeto en cuanto a tal; y finalmente, el superyó se instaura los controles de naturaleza cultural y social, así como el desarrollo de la vida psíquica consciente del individuo. Estos tres niveles se ilustran por parte de esta teoría a través del ejemplo del caballo montado por un jinete que le trata de controlar por medio de las riendas. De este esquema se han derivado algunas explicaciones etiológicas del delito: el delincuente se aproxima al enfermo, al neurótico; la delincuencia sería resultado de un complejo de culpabilidad que conduciría al delito como búsqueda de castigo; de dificultades por falta de fortaleza del superyó, para evitar que el yo sea incapaz de superar las presiones del ello, y, finalmente, por la insaciable necesidad de satisfacer deseos inmediatos. De acuerdo con la llamada teoría del superyó regresivo habría, en ciertos criminales, un superyó demasiado severo aunque, paradójicamente, demasiado complaciente, al menos para dejar que el sujeto cometiese el crimen y anular todo remordimiento. Las tesis psicoanalíticas también han destacado la importancia del tratamiento. Para bien o para mal enfoques como estos han dejado desde hace tiempo de ocupar un lugar central en la criminología y en las ciencias humanas.
La criminología ha sido tradicionalmente reacia a aceptar ideas y planteamientos procedentes de la psicología. Ello ha sido debido en primer lugar al triunfo del paradigma sociológico en criminología, y hoy a la lucha por la autonomía e independencia científica de la criminología.
Desde hace unos años, la psicología ha vuelto a tener una cierta influencia en el estudio del delito. Las principales aportaciones de la psicología a la criminología entre las que merece la pena destacar los siguientes:
- Aunque existen importantes psicólogos que no se muestran muy favorables a la integración, sobre todo, al enfoque de los factores de riesgo. Algunas variables tradicionales de la psicología que podrían correlacionar con la criminalidad y el delito es la inteligencia la que merece haber obtenido un apoyo empírico robusto respecto a su relevancia criminológica.
- Un reciente estudio empírico llevado a cabo en Estocolmo encontró que quienes habían desarrollado un desorden mental serio tendían a delinquir más que la media.
- La psicología ha otorgado también una gran atención a la prevención y tratamiento de la delincuencia.
- La influencia de la psicología se ha visto en muchos otros ámbitos de la criminología y del sistema de administración de justicia; así cabe destacar el peritaje o la atención a las víctimas.
Criminología Neoclásica: La Eficacia Preventiva de las Penas
1. ¿Tienen las Penas Efectos Preventivos?: Penas y Control Social Informal
De acuerdo con la concepción de la escuela clásica, las leyes penales, si son racionales, tienen en general efectos preventivos. Sobre esta idea se construye el derecho penal y la administración de justicia occidentales contemporáneos. Desde luego, España y Latinoamérica son claros ejemplos de esta forma de comprender el delito y de luchar contra el mismo. La propuesta de sanciones penales para conductas que aún no se encuentran tipificadas o bien de penas más graves para las que ya lo están, suele ser un argumento y, aunque poco imaginativo, como declara con acierto Kury, aparece a menudo en la opinión pública, en los medios de comunicación y de los responsables políticos de nuestros países. Así, la sociedad y también los profesionales del derecho y la administración de justicia parecen aceptar que las penas tienen efectos preventivos. La criminología clásica y neoclásica favorece la investigación sobre el efecto preventivo de las penas.
Las teorías clásicas, que parten de una concepción racional del delincuente, predicen que las penas tendrán efectos preventivos sobre la delincuencia.
Es menester hacer un par de aclaraciones sobre la eficacia preventiva de las penas. La mayoría de las personas no delinque por temor a las posibles sanciones penales que recibiría en caso de ser descubierto, sino porque su sistema de valores les impide hacerlo: se trata, de acuerdo con la clasificación de Serrano Gómez, de individuos para los que no sería necesaria ninguna amenaza, pues su moral choca con toda posibilidad de poder violar la norma. La mayoría de las personas no delinque tampoco porque, de ser descubierto, tendría que afrontar la desaprobación de su familia y sus amigos e incluso podría poner en peligro su puesto de trabajo y muchas otras cosas, sanciones que supondrían un coste elevadísimo para el sujeto. Estas sanciones no son formales ya que no encuentran su origen en una disposición legal. Se habla en estos casos de sanciones informales o bien de control social informal.
El efecto de estos factores morales e informales puede ser más poderoso que el de las sanciones jurídico-penales, es decir, que previenen de delitos más eficazmente que el derecho penal. De aquí se derivan tres conclusiones:
- Se asume que el efecto de las sanciones penales tenderá a ser más bien moderado o pequeño. La sanción informal y los valores pueden tener un efecto preventivo mayor.
- El efecto preventivo informal de las normas será un argumento a favor del efecto preventivo de las penas.
- Es posible que las penas tengan efecto preventivo general y especial por sí mismas, es decir, independientemente de estos controles informales.
2. Investigaciones sobre los Efectos Preventivos de la Pena de Muerte
Parte de la discusión se ha centrado, desde hace tiempo, en los eventuales efectos preventivos generales de la pena de muerte. La explicación es sencilla: puesto que la pena de muerte priva a una persona de su bien más preciado, como es la vida, y por eso es una sanción de enorme severidad, debería ser especialmente apta para prevenir el delito.
En España ha existido la pena de muerte hasta su derogación con la promulgación de la CE. Serrano Gómez estudió la evolución de la delincuencia antes y después de esa derogación, encontrando que los delitos que anteriormente habían estado castigados con la pena capital habían aumentado, pero que este incremento era relativamente muy pequeño comparado con el enorme aumento de la delincuencia en España desde la misma fecha. Esta investigación, pues, sugiere que la pena de muerte carece de efectos preventivos generales: su abolición no ha provocado un incremento justificable de homicidios o de homicidios graves; el ligero aumento que se da en algunos casos, y que es muy inferior a lo que debió de ocurrir, en razón al aumento de la delincuencia contra las personas, obedece a motivos totalmente ajenos a esta abolición.
Otros autores: la pena de muerte no tiene efectos preventivos generales, sino que incluso hace que los delitos graves, como los asesinatos, aumenten (o efecto de brutalización o de agravación). Esto se explicaría porque las ejecuciones relativizan el valor absoluto que tiene la vida humana y puede interpretarse por ciertos individuos como que matar a quien nos ha ofendido gravemente es correcto, que se legitima matar por venganza.
En la investigación llevada a cabo por Serrano Gómez, sin embargo, no se encontró que la pena de muerte tuviera efectos criminógenos, ni este efecto de brutalización. Chamlin estudió qué efectos había tenido una ejecución realizada en California en 1992, y encontraron que esta ejecución había tenido efectos criminógenos, pero solo en ciertos tipos de asesinatos (los cometidos contra desconocidos a raíz de una discusión); en otros tipos sí que parecía haber un efecto preventivo general (en los asesinatos de personas conocidas). Uno y otro efecto, preventivo y criminógeno, dependían de la relación entre autor y víctima; y parecían contrarrestarse, de modo que es normal que las investigaciones tendieran a no encontrar efectos en ningún tipo.
Quizá la conclusión más prudente de los estudios sobre los efectos preventivos sea que no parecen existir evidencias de que la pena de muerte tenga efectos preventivos generales sobre el delito. No importa insistir en que este no es ni el único ni el más importante argumento en su contra. Aunque algunas investigaciones apuntan a un efecto de brutalización de la pena de muerte, las pruebas no parecen claras; aun en el supuesto probable de que sí se produjese en algunos subtipos delictivos, el balance global no parece apoyar tampoco este efecto.
3. Investigaciones sobre la Prevención General de las Penas
Naturalmente, sin embargo, el grueso de la investigación, y también la más relevante es la que se ha centrado en los potenciales efectos preventivos de las penas en general.
Que la pena de muerte carezca de efectos preventivos, como parece ser el caso, no nos dice nada sobre la posible eficacia de otras sanciones, sobre todo las privativas de libertad.
Paternóster coincidía en que la metodología correcta para medir el efecto preventivo general de las penas debe basarse en la percepción personal del riesgo de sufrir una sanción medida con datos individuales. Sin embargo, advirtieron sobre la existencia de lo que dieron en llamar el efecto de la experiencia, que ponía en duda los hallazgos de los estudios previos sobre percepciones personales. La crítica es que estos estudios previos son transversales (se basan en una sola medición por persona), de modo que miden a la vez la percepción del temor a la pena de un individuo y los delitos que ha cometido el mismo. Pero los sujetos que han realizado delitos y no han sido detectados ni detenidos es lógico que ahora, como consecuencia de dicha experiencia, tengan menos miedo a sufrir una pena. En efecto, si alguien comete un delito —o varios— y no es detenido, es lógico que su percepción de las probabilidades de que ellos o alguien delinca y sea detectado descienda.
Por este motivo Paternóster y otros autores propusieron el recurso a diseños longitudinales que realizan más de una medición a lo largo del tiempo en los sujetos. Los autores fueron capaces de establecer que, en efecto, existe un fuerte efecto de la experiencia, tal y como ellos mismos habían pronosticado y que este efecto tendía a exagerar los hallazgos de los estudios previos, que eran favorables a la teoría de la disuasión (general). Ahora bien, también encontraron que las penas, sí tenían un cierto efecto preventivo general sobre la delincuencia, si bien modesto y, en cualquier caso, mucho menor de lo que se había creído hasta entonces.
Otros estudios longitudinales hallaron asimismo que los efectos preventivos generales de las penas eran más bien modestos o incluso nulos.
Diversos autores recurrieron a continuación a una nueva metodología: la descripción de escenarios. Nagin, por ejemplo, propuso a una muestra de sujetos situaciones en las que un fontanero hacía ciertos trabajos extra con los cuales defraudaba a Hacienda; cada una de estas situaciones es un escenario y habían sido expuestas por escrito. Había en realidad varios modelos de esta situación básica según se variaban ciertos detalles como la cantidad de los ingresos extra y lo que defraudaba. A continuación, los encuestados trataban de estimar ciertas cuestiones, entre ellas las posibilidades de que el fontanero fuera perseguido penalmente según los escenarios que les hubiera correspondido. La ventaja de estudios de este tipo es que ponen al encuestado en situación, y por eso puede imaginarse con mucha precisión los hechos y hacer estimaciones que pueden aproximarse algo más a la realidad. Los hallazgos de este estudio fueron favorables a la teoría de la disuasión: el miedo a la detención y al procesamiento criminal tenían, ambos, un fuerte efecto preventivo en los sujetos; y tanto la certeza como la severidad eran importantes al respecto.
Como conclusión, pues, parece que estudios llevados a cabo por autores muy diferentes e independientes entre sí, autores que han recurrido a un amplio abanico de metodología y fuentes de información empírica distintas sugieren que las penas son efectivas en la prevención general del delito. El efecto parece sin embargo ser moderado y, sobre todo, difícil de deslindar con nitidez de otras funciones preventivas (como prevención que ejerce la policía, el riesgo de detención, el riesgo de condena…) De este modo es más prudente afirmar que la labor preventiva conjunta de las penas y la Administración de Justicia parecen ser efectivas en la prevención del delito.
4. Investigaciones sobre la Prevención Especial de las Penas
4.1. La Investigación de Redondo, Funes y Luque
Tres criminólogos españoles, Redondo, Funes y Luque utilizaron una muestra de 485 sujetos que habían cumplido penas privativas de libertad y estudiaron si existía relación entre el tiempo y condiciones de cumplimiento de las mismas por un lado y reincidencia por otro.
- Cuanto más jóvenes entraban en prisión, más se alargaba su carrera delictiva.
- Los sujetos que habían ingresado previamente más veces en prisión reincidían más y antes que quienes habían ingresado en menos ocasiones.
- Quienes habían pasado más tiempo efectivo privado de libertad reincidían más.
- Quienes habían cumplido las penas en condiciones más duras también reincidían más.
- Quienes salieron gracias a la concesión de la libertad condicional reincidían menos que quienes tuvieron que cumplir la pena.
Los investigadores interpretan que la pena privativa de libertad tiene efectos criminógenos (favorece la reincidencia más que la rehabilitación) y que debe abrirse la puerta a formas de cumplimiento más suaves como una ampliación de los permisos de salida, del régimen abierto y de la libertad condicional. Por lo que a nosotros respecta, el trabajo sugiere, según sus autores, que la pena privativa de libertad no tiene efectos preventivos especiales, sino que resulta contraproducente. En este sentido, Redondo y sus colegas concluyen que uno de nuestros hallazgos más claros es que el suavizamiento de la cárcel se relaciona con una menor reincidencia futura de los sujetos, y, por el contrario, el endurecimiento de la misma propiciaría niveles muy elevados de futuros delitos.
Aunque se han hecho algunas consideraciones metodológicas sobre esta importante investigación y sus conclusiones quizá sean algo exageradas en lo referente a sus efectos criminógenos, el estudio parece poner en duda de manera convincente que la pena privativa de libertad de cumplimiento estricto tenga efectos preventivos especiales (positivos). El estudio, eso sí, sugiere también que regímenes penitenciarios más suaves sí podrían tener efectos de esta naturaleza.
4.2. El Impacto de las Sanciones sobre las Percepciones de Riesgo
Bishop y Thomas testaron la hipótesis de que las sanciones que alguien sufre elevan sus percepciones de riesgo; en otras palabras, aquellos que sufren algún tipo de sanción pasan a considerar que el riesgo de detección por la comisión de un delito es más alta de lo que creían antes. Para el test recurrieron a un cuestionario que rellenaron un conjunto de jóvenes en dos momentos temporales distintos; mediante este cuestionario se intentó estimar, básicamente la percepción del riesgo, la comisión de delitos y las sanciones formales e informales. Los autores no lograron confirmar la hipótesis principal; aunque sí encontraron que la percepción de riesgo se rebajaba con la comisión de hechos delictivos: los jóvenes que delinquían tendían a darse cuenta de que las posibilidades de detección eran muy bajas, desde luego menores que las que creían antes de delinquir. Los resultados no fueron muy halagüeños para la tesis principal de la prevención: las sanciones formales no parecían elevar las percepciones de riesgo. Más curioso incluso fue el hallazgo de que tampoco las sanciones informales lograban hacerlo. Eso sí, el efecto de las sanciones parecía ser más bien nulo, de modo que tampoco tenían efectos criminógenos.
4.3. El Arresto en los Delitos de Violencia Doméstica
Especialmente influyentes han sido los estudios sobre la eficacia del arresto en la prevención de un delito que tanto preocupa en España como la violencia doméstica. Sherman y otros investigadores diseñaron un experimento que se llevó a cabo en una ciudad de EE. UU., durante 18 meses en 1981, un experimento que fuera capaz de establecer si el recurso al arresto era efectivo para reducir futuros actos de violencia doméstica. Los estudios sobre factores que influyen en el arresto habían venido destacando que, la policía tiende a llevar a cabo un arresto solo cuando la víctima así lo demanda o cuando existe un comportamiento irrespetuoso o violento del agresor; pero en otro caso no. El experimento intentó que la policía llevara a cabo arrestos de manera aleatoria cuando se enfrentaba a un caso de violencia doméstica. Los resultados del experimento fueron muy claros: el arresto reducía los delitos futuros de violencia doméstica. Y apoyaban a las claras la teoría de la disuasión y favorecían el recurso al arresto en los casos de violencia doméstica frente a actuaciones policiales más suaves que parecían insuficientes.
4.4. La Justicia Procedimental
Algunos autores han analizado si el trato que recibe un delincuente por el sistema de Administración de Justicia puede influir en su comportamiento delictivo futuro. De acuerdo con algunos teóricos, que alguien sea tratado correctamente al ser arrestado y durante el proceso y se le imponga una sanción que considere justa puede tener unos efectos determinantes para que su delincuencia futura se vea reducida; este efecto puede incluso ser más importante que el de las penas mismas.
Esto sugiere que una aplicación incorrecta, injusta o desproporcionada de las sanciones puede tener efectos criminógenos, incluso aunque el sujeto sea culpable. Esto es coherente con la tradición clásica y neoclásica.
En conclusión, pues, los eventuales efectos preventivos especiales de las sanciones no están muy claros. En el caso de las penas privativas de libertad, la evidencia sugiere que estas carecen de efectos preventivos especiales significativos, aunque tampoco parece que tengan efectos criminógenos directos.
Racionalidad, Oportunidad y Prevención Situacional del Delito
1. El Delincuente Racional: El Delincuente como Sujeto Racional
Tanto la criminología clásica como la neoclásica ven en el delincuente a un ser racional, un ser libre para tomar decisiones sobre la base de los costes y beneficios que una conducta va presumiblemente a proporcionarle. Un individuo tenderá a tomar la decisión de infringir la ley cuando el balance decida los beneficios que espera recibir de su acción frente a los costes, todo ello según perciba subjetivamente dichos beneficios y costes. Entre los costes se incluyen, por supuesto, las posibles sanciones formales, pero no solo; por este motivo y como señala Akers, las teorías de la elección racional representan una ampliación del enfoque de la prevención de las penas. De este modo, también se incluyen otros potenciales costes, así como la utilidad que podría extraer dedicando su esfuerzo a actividades ilícitas.
A menudo, la idea de delincuente racional no ha sido bien entendida y se ha exagerado su alcance. Los delincuentes toman decisiones que son racionales pero lo hacen no en un marco ideal, sino dentro de numerosas limitaciones: tienen que decidir en un espacio de tiempo generalmente corto, con una información relevante estrecha, con sus propias habilidades cognitivas que pueden ser limitadas… Por este motivo se propone una racionalidad limitada y no perfecta. Las decisiones no se toman de una vez por todas e instantáneamente, sino en un proceso de decisión que comprende distintos pasos o estadios. El concepto de racionalidad que se maneja es limitado. Para esta doctrina, las teorías criminológicas tradicionales no han sabido tratar a los delincuentes como individuos normales e irracionales.
La idea de la elección racional del delincuente no constituye tanto una teoría homogénea como una perspectiva o punto de vista en el que caben diversas orientaciones.
2. El Enfoque Económico
La concepción de que el delincuente es un sujeto racional, y como ya sabemos es bien familiar para las ciencias sociales y humanas, es especialmente predominante en las ciencias económicas. En nuestro terreno, en efecto, esta influencia se ha plasmado tanto en la metodología con la adopción de sofisticados diseños procedentes sobre todo de la econometría; como en la teoría, con este renacimiento del modelo racional.
Para esta corriente, en sus versiones más ortodoxas, la decisión de cometer un hecho delictivo depende de que los beneficios que se esperan obtener superen a los potenciales costes; o al menos considera que la decisión se encuentra afectada por incentivos. Es decir, que la comisión de un delito es una función de la utilidad que se espera sacar del mismo por un lado; y aspectos tales como la probabilidad de ser condenado, el castigo que posiblemente se sufriría y los beneficios que se obtendrían si se utilizase ese tiempo para otras actividades lícitas o ilícitas por otro. Este esquema es en realidad aplicable a cualquier decisión humana, como elegir un puesto de trabajo, realizar un negocio o invertir dinero. Naturalmente, las oportunidades que se presentan para cometer un hecho delictivo desempeñan también aquí un papel importante en la producción del delito.
De acuerdo con Becker, la criminología no necesita entonces de las teorías tradicionales del delito tales como la de la anomia, las deficiencias psicológicas o la herencia de especiales rasgos, sino que basta con simplemente extender el análisis habitual de la elección propio de los economistas. Bastaría con este esquema basado en la elección racional.
El proceso de análisis de los costes y beneficios que hacen los individuos y los delincuentes en concreto es muy semejante para todas las personas, pero no igual. Así, por ejemplo, los delincuentes han sido calificados como personas a las que les gusta asumir riesgos, o sea que son algo menos conservadores a la hora de tomar decisiones que la media de los individuos. En todo caso, lo importante es que la diferencia fundamental entre quien comete un delito y quien no lo hace no se encuentra en que su motivación sea distinta, sino en que los costes y beneficios sí son distintos para él.
3. Oportunidad y Delito: El Enfoque de las Actividades Rutinarias
Las tasas de delincuencia han venido experimentando un aumento desde la Segunda Guerra Mundial en la mayoría de los países de nuestro entorno sociocultural. Para que pueda cometerse un delito es imprescindible que concurran a la vez tres circunstancias:
- La presencia de un ofensor tanto con inclinaciones criminales como con la habilidad para poner en práctica tales inclinaciones.
- La de una persona u objeto que represente un objetivo apropiado, o sea una posible víctima o una cosa o bien propicio; por ejemplo; y, por último.
- La ausencia de guardianes capaces de prevenir las infracciones, como es el caso de la policía, ciudadanos e incluso otros medios.
Los tres elementos son necesarios, pues, para que un delito pueda producirse; con que falte uno cualquiera de ellos, el delito ya no tendrá lugar. El desarrollo de la vida moderna ha afectado a lo que las personas hacen en su vida cotidiana, a sus actividades rutinarias; lo cual, al encontrarse íntimamente relacionado con la presencia de elementos que acabamos de señalar, ha determinado el aumento de la delincuencia. La vida moderna ha provocado que ahora estos tres elementos tienden a coincidir con más frecuencia.
Los cambios en las actividades rutinarias de las personas han repercutido asimismo en una reducción de los controles informales de una comunidad. Debido a las actividades recién descritas, los sujetos pasan menos tiempo en su comunidad, se conocen menos entre ellos, etc. De manera que el control social informal, que desempeña un papel decisivo en la prevención del delito se reduce y, consiguientemente, se favorece el aumento de la delincuencia.
Este enfoque ofrece, en primer lugar, una explicación plausible del aumento de los índices de criminalidad en todo el mundo desde hace décadas. En efecto, estos investigadores subrayan la paradoja que supone que los mismos factores que contribuyen a que se pueda disfrutar de ventajas que ofrece la vida moderna también favorecen la comisión de delitos. El automóvil, por ejemplo, proporciona libertad de movimientos; pero también los delincuentes pueden favorecerse de esta libertad de movimientos.
A la vez, la importancia que el factor oportunidad tiene para el delito. La criminología tradicional ha obviado este importante componente del delito, como si las oportunidades para delinquir fuesen ilimitadas y distribuidas por doquier; a la vez que se olvida que todo el mundo puede delinquir. En efecto, el delincuente es un ser racional que decide racionalmente si y cómo cometer el delito, pero esta decisión es concreta y depende de escenarios, delitos e incluso tipo de delincuente específicos, así que los delincuentes son tentados y controlados por factores tangibles en marcos inmediatos.
Paralelamente, factores de oportunidad pueden contribuir a explicar no solo por qué se cometen delitos, sino también por qué se es víctima de un delito. La Victimología ha encontrado que las posibilidades de ser víctima de un delito no se distribuyen aleatoriamente en una población, sino que se encuentran en determinados grupos, sobre todo varones jóvenes solteros. Las razones parecen ser, simplemente, que ofrecen mayores oportunidades para ser objetivo de un delito. Más concretamente, se trata de personas cuyas actividades rutinarias, su trabajo, su ocio… Les alejan de sus viviendas y les obligan a pasar mucho tiempo fuera de las mismas; y por eso pueden más fácilmente sufrir delitos contra ellos mismos o bien robos en sus viviendas o de sus vehículos.
Por último, las teorías de la oportunidad y la de las actividades rutinarias en concreto se caracterizan por su fuerte vocación pragmática: cómo prevenir el delito reduciendo las oportunidades. De estas teorías se derivan importantes modelos de prevención situacional que van precisamente en esta línea.
4. Medio y Delito. La Criminología del Entorno Físico
Algunos criminólogos han destacado que el delito es un fenómeno muy complejo en cuya explicación no solo hay que tener en cuenta aspectos relativos al autor; al objetivo, etcétera, sino también el lugar físico en que ocurre el delito puede ser importante.
La tradición de la Criminología ecológica y la Escuela de Chicago son consistentes con esta idea, ahora interesan lugares mucho más concretos. Características del entorno físico pueden asociarse con buenos lugares para cometer un delito, con objetivos o víctimas apropiadas; esto es que se da una interacción entre oportunidad y motivación. La criminología del entorno físico, entonces, se encuentra preocupada con el estudio de los lugares en que tienen lugar los delitos, las características de estos lugares, los movimientos de personas que hacen coincidir en los mismos a ofensores y víctimas y las percepciones que las personas tienen de estos sitios.
Como los teóricos de la oportunidad, esta tesis parte de la exigencia de individuos motivados para cometer hechos delictivos. El entorno físico emite una serie de signos o pistas que el individuo puede asociar con buenos lugares para cometer un delito, o también con objetivos o víctimas apropiadas. Los delincuentes experimentados van desarrollando este sentido sobre qué lugares y víctimas son buenas, dependiendo de las señales que le transmitan. Esto desempeña un papel importante en el proceso de decisión que es racional pero también muy complejo e incluye varios pasos, es decir que no se toman de una vez. Se produce pues una interacción entre la oportunidad y la motivación; y, de este modo, que el delito ocurra no es el resultado directo, inmediato de la motivación.
Muy relacionadas con lo anterior, también resaltan el factor oportunidad ciertas investigaciones que han encontrado una conexión entre diseño del medio y delito. De acuerdo con estas teorías, ciertas características sobre todo urbanísticas o arquitectónicas del medio en que se produce el delito son decisivas en su etiología. Por ejemplo, lugares de paso solitarios, con escasa visibilidad o con esquinas, pueden favorecer delitos de robo contra personas.
5. El Enfoque Situacional
Como hemos dicho, las teorías de la elección racional consideran que el delito tenderá a producirse cuando los costes sean inferiores a los beneficios y las de oportunidad toman como aproblemática la presencia de un delincuente motivado. Ello se puede interpretar como que no se requieren fuerzas especiales que empujen al delincuente al acto criminal. Sin embargo, la situación concreta en la que alguien se encuentra le motiva a delinquir: por ejemplo, ciertos beneficios, particularidades del lugar, el momento o la víctima, etc. Con ello, pues, se reconocen elementos de motivación de las situaciones; y, más allá, se afirma que una oportunidad por sí misma, sin relación con las percepciones y motivaciones del potencial ofensor, es poco relevante.
El campo perceptivo del individuo en un momento temporal dado, no determina el delito, sino que se produce una interacción entre situación y sujeto, si bien la posibilidad de elección se mantiene. La oportunidad, pues, no solo interacciona con el sujeto, sino que deja de tener un papel pasivo para tomar uno activo, a modo de fuerza que puede convertir al potencial ofensor en un ofensor real y desata la comisión de un delito.
El trabajo de Cerezo Domínguez sobre homicidios refuerza este conjunto de ideas:
- Los delitos coercitivos que buscaban un beneficio material se agrupaban más que cuando se buscaba un reconocimiento social. El agresor busca respectivamente anonimato y reconocimiento, y según las situaciones percibe que puede lograr su objetivo o no.
Un elemento fundamental para que un suceso desemboque en un homicidio es que el hecho se desarrolle en una determinada situación o escenario; de modo que la eventual predicción de los casos de homicidio dependerá de ciertos factores situacionales impredecibles.
- En otro caso, se encontró que muchos homicidios suelen ser respuesta a una situación de gran tensión: una provocación inmediatamente previa, incluyendo insultos, etc., en la que se crea tal clima de tensión entre las partes, que se enzarzan en una contienda en la que una de estas atenta contra la vida del otro, y con su actitud, la víctima puede provocar o acelerar su propia muerte; o episodios concretos de celos más o menos influenciados.
6. La Prevención Situacional del Delito
Algunas teorías neoclásicas han centrado sus esfuerzos teóricos e investigadores en la prevención del delito precisamente reduciendo las oportunidades para la comisión de delitos. Se trata de medidas en general sencillas, muchas de las cuales suelen encuadrarse en la llamada prevención situacional. Las mismas se centran en el delito y no en el delincuente, añadiendo que, naturalmente, no se pueden esperar milagros de la policía y demás instituciones con los escasos medios a su disposición. Las medidas se fijan igualmente en las potenciales víctimas. También suelen destacar la importancia de la comunidad, y de los ciudadanos en concreto mediante el control social informal para la prevención del delito.
También son destacables las medidas de prevención a través del diseño del medio. Esta propuesta de prevención del delito se refiere a la introducción de mejoras en el diseño del medio, como puede ser por ejemplo el diseño arquitectónico de ciudades o edificios. Jeffery fue de los primeros en defender este punto de vista, aduciendo que la lucha contra el delito, tal y como se había enfocado tradicionalmente, había resultado un fracaso: ni la prisión, ni la prevención mediante sanciones, ni la rehabilitación de delincuentes habían logrado sus objetivos. Así, el control no se lograría con medidas centradas en el delincuente individual, sino mediante la manipulación del medio en el que el delito tiene lugar, o sea actuando antes de que acontezca.
Estas medidas, sin embargo, pueden en algunos casos ser limitadas. El diseño puede ser insuficiente en el caso de ciertos delitos graves como la violencia doméstica. La estrategia difícilmente puede aplicarse a los pocos lugares concretos en que se encuentra el delito desproporcionadamente como son los puntos calientes: simplemente no se pueden evitar las interacciones de las calles en las ciudades, etc. Aquí lo que se ha propuesto, aunque a veces con ciertos matices, es el recurso a las patrullas de policía. Aunque esta y otras medidas pueden ser eficaces, la solución no es sencilla ya que hay demasiados puntos calientes como para prevenir el delito en todos ellos.
Uno de los potenciales problemas que ha de afrontar la resolución de las oportunidades es un eventual desplazamiento del delito. En efecto, los propios teóricos de este enfoque preventivo han advertido que puede darse el caso de que, cuando se reducen las oportunidades en una zona o en un tipo de delitos, también se desvíe la atención de los delincuentes hacia otros lugares o tipos de delitos. Los defensores de esta estrategia de prevención afirman por su parte que no es cierto que el desplazamiento se dé siempre necesariamente y que tenga que ser completo, sino que se ha podido exagerar este problema. Finalmente, estos teóricos han respondido que en algunas situaciones, no solo se produce el mencionado efecto desplazamiento, sino uno de difusión de los beneficios. Así, Clarke y otros señalan que cuando se implanta un programa de prevención situacional que funciona, puede ser que los efectos positivos se mantengan incluso después de que el programa deje de aplicarse porque los potenciales delincuentes creían que sigue en uso; o también que programas que se implantan en una zona concreta tengan efectos positivos en otras adyacentes.
7. Evaluación
- El modelo de la prevención no explica el delito; mientras otros niegan que se trate de una teoría; o que no puede refutarse.
- Se ha sugerido que se incluyan los controles informales. Así podrían rebasarse los estrictos límites de la teoría clásica.
- A veces se llevan a cabo actos delictivos abiertamente irracionales. A veces merece la pena delinquir y no se hace. Existen casos de comportamiento acrático. Ejemplo: Tomarse una copa pese a que se juzga que sería preferible no hacerlo.
- La decisión no se toma en condiciones tales como para estimar costes y beneficios de modo no arbitrario.
- Es difícil descartar las diferencias individuales.
- La gran mayoría de las teorías criminológicas tradicionales son coherentes con la idea de racionalidad limitada.
- No está claro que el delito merezca la pena.
- Los gastos no son racionales. Los delincuentes a menudo siguen una especie de vida como fiesta.
- Pueden ser irrefutables.
- Podrían tener un ámbito limitado, aplicables a delitos leves.
Como contribución muy importante, los enfoques racionales han contribuido a presentar al delincuente como un individuo normal.
Las Teorías del Aprendizaje Social y la Asociación Diferencial
1. Las Teorías del Aprendizaje Social: Origen de las Teorías Contemporáneas del Aprendizaje Social
Sutherland propuso una de las teorías criminológicas más conocidas, la teoría de la asociación diferencial —la cual, en el fondo, desarrolla una idea muy popular, el efecto criminógeno de las malas compañías—. Esta explicación del delito ha mantenido una gran influencia en Criminología y de hecho ha sido objeto de innumerables análisis empíricos, muchos de los cuales han encontrado apoyo para la misma; extensiones; y varias propuestas de teorías integradas han recurrido a la misma.
La teoría de la asociación diferencial, en su formulación originaria, tenía dos dificultades básicas:
- Era demasiado imprecisa y no era fácil testar empíricamente: así, ¿qué son y cómo se pueden medir las definiciones favorables a la infracción de la ley?
- Para Sutherland el delito es un tipo de conducta que, como cualquier otra, se aprende. Sin embargo, el autor no explicaba cómo operaba el aprendizaje, cómo se aprendía la conducta.
La moderna teoría del aprendizaje social propuesta por Akers parte de la Sutherland y trata de complementarla y mejorarla en estos dos y otros aspectos. Para ello, ha recurrido a los más recientes avances en la materia de aprendizaje.
La fuente principal a que recurre la renovación de la teoría del aprendizaje es el conductismo, o la versión que Akers prefiere denominar conductismo débil. El conductismo es una corriente de gran influencia en psicología y otras ciencias humanas y sociales a partir de Watson. El conductismo pone un especial énfasis en que el comportamiento es una respuesta de estímulos, estímulos que pueden proceder del propio individuo o de su entorno. A la vez, se mantiene que en el aprendizaje desempeñan un papel decisivo el sistema de ensayo-error y la imitación. Por ejemplo, los sujetos tenderán a repetir las conductas que han producido resultados beneficiosos para ellos —el niño que estudia y recibe un premio tenderá a seguir estudiando si nada cambia— y omitir las que han resultado contraproducentes —el niño se porta mal y es castigado tenderá en general a portarse mejor—. Igual de importante es la insistencia del conductismo desde sus primeras formulaciones a principios del s. XX, en que la psicología y las ciencias humanas en general deben recurrir decididamente al método científico propio de las ciencias sociales, y alejarse de metodologías subjetivas, etc.
2. La Asociación con Pares Delincuentes
Uno de los correlatos más importantes del delito es la asociación con iguales delincuentes. La investigación criminológica ha detectado que los jóvenes delincuentes suelen tener amigos o iguales que son ellos mismos delincuentes y pasar mucho tiempo con ellos y que suelen delinquir en su compañía. Esta tendencia se encuentra mucho más acusada que en los adultos, lo cual es también lógico si consideramos que los jóvenes suelen pasar más tiempo en compañía de sus iguales y también hacer casi todas las cosas juntos. Aunque no exclusivamente, las llamadas bandas suelen estar formadas principalmente por jóvenes.
Con el paso del tiempo se iban dando cuenta de que compartir el hecho criminal con otros conlleva desventajas, por ejemplo, que el compañero sea detenido y le delate. Este último razonamiento es especialmente coherente con la teoría del aprendizaje social.
La coparticipación delictiva se refiere precisamente al hecho de delinquir en compañía de otros individuos.
Algunas de las teorías que más relevancia han otorgado a la influencia causal de los pares han sido la de la asociación diferencial y las de aprendizaje social. Estas teorías hacen hincapié, entonces, en el papel que los grupos de iguales desempeñan en la infracción de las normas. Sin embargo, el hecho de que jóvenes delincuentes tiendan a relacionarse con otros jóvenes que también son delincuentes, puede recibir diversas explicaciones, no todas ellas consistentes con la hipótesis de esta teoría. Como acontece a menudo en criminología, la disputa no se centra tanto en los hechos, que son aceptados mayoritariamente, sino en su interpretación. Así existen distintas formas en que esta correlación puede explicarse:
- Que responda a una misma causa tanto para la asociación con delincuentes como para la comisión de hechos delictivos.
- Que la asociación con iguales delincuentes influya en que uno tienda a delinquir.
- Que quienes delinquen tiendan a relacionarse entre ellos.
- Podría haber una interacción recíproca: tener amigos delincuentes empuja al delito y delinquir acerca a otros sujetos que también lo hacen.
- Podría haber tipos distintos de delincuentes, siendo para cada uno de ellos válida una de las hipótesis anteriores.
3. La Teoría del Aprendizaje Social
3.1. La Propuesta de Akers a Nivel Micro o Individual
La de Akers es la teoría de aprendizaje más conocida en criminología. A su tenor, en la delincuencia intervienen variables que motivan (que incitan al delito) y variables que controlan (que previenen el mismo): la probabilidad de que el comportamiento sea criminal o respetuoso de las normas es una función del equilibrio de estas influencias sobre el comportamiento. Este planteamiento explica que esta teoría aspire a incluir variables procedentes de otras orientaciones teóricas y sean más bien amplias. Así, aunque la teoría recurre a procesos y variables sociales, como es el caso sobresaliente de la familia y los grupos de iguales, también reconoce que es posible que existan diferencias individuales que influyan en el comportamiento: puede existir una base fisiológica para la tendencia de algunos individuos (tales como los que son proclives a la búsqueda de sensaciones), más que otros, a considerar que ciertas formas de comportamiento son más atractivas.
El propio Akers afirma que su teoría descansa básicamente sobre cuatro conceptos fundamentales: la asociación diferencial, las definiciones, el refuerzo diferencial y la imitación (conceptos en los que ya se deja sentir la influencia del conductismo).
- La asociación diferencial influye en la criminalidad de los sujetos; por ejemplo, si un joven se ve principalmente expuesto a definiciones favorables a la infracción de la ley, entonces habrá una cierta tendencia hacia el delito. La exposición a estas definiciones tiene lugar principalmente en los grupos más próximos al sujeto (los grupos primarios), como es el caso de la familia o los amigos o pares. Akers hace hincapié en estos grupos no solo porque exponen al individuo a las definiciones de referencia, sino porque también le proponen modelos que imitar y le someten a un proceso de reforzamiento diferencial.
Las asociaciones tenderán a ser más influyentes en los siguientes casos:
- Cuanto más temprano aparezcan en la vida de las personas (prioridad).
- Cuanto más duren en el tiempo (duración).
- Cuanto más a menudo tenga lugar (frecuencia).
- Cuanto más próximas o importantes sean para el individuo las personas envueltas en la comunicación de las definiciones (intensidad).
- Las definiciones son las actitudes o significados propios que uno asocia a un comportamiento determinado. Esto hace referencia a cómo uno define un determinado comportamiento (por ejemplo, un joven que se encuentra con su grupo de amigos y se plantea apedrear una casa en obras puede considerarlo como un delito o simplemente como una travesura), cómo lo justifica (por ejemplo, pensando en el fondo que no se hace daño a nadie porque la casa todavía no está terminada) o cómo evalúa moralmente el hecho. Cuanto más desapruebe las definiciones de un determinado acto, más difícil será que incurra en él; y, al revés, cuanto más lo aprueben más probable será que lo cometa.
- Pero las tendencias no quedan fijadas mediante la asociación diferencial con grupos primarios y otros más lejanos. En el comportamiento también influyen las ventajas e inconvenientes que se piensa tendrá como consecuencia el hecho y los que de hecho tiene una vez que se ha cometido. Akers denomina a este proceso reforzamiento diferencial. Su influencia se refleja en la probabilidad de que alguien lleve a cabo un determinado hecho por primera vez, pero sobre todo es decisivo en la probabilidad de que alguien lo repita según el resultado de la primera experiencia: un comportamiento que haya sido exitoso tenderá a repetirse; otro que no lo sea, por ejemplo porque ha sido castigado, no. En dicho éxito desempeña un papel importante en la respuesta que se obtenga del grupo de iguales. El autor se refiere ahora a cuatro casos distintos: 1. Reforzamiento positivo. 2. Reforzamiento negativo. 3. Castigo directo. 4. Castigo indirecto.
Por supuesto, cuanto mayor sea el refuerzo de un comportamiento y cuanto más frecuentemente se refuerce, más probable será que se cometa y sobre todo que se repita.
- También es posible, por último, la imitación de comportamientos semejantes o iguales a los que se han observado en otras personas o a través de los medios de comunicación o el cine.
Akers elabora su teoría a partir de estos elementos. Para la teoría, el comportamiento delictivo se aprende, igual que cualesquiera otros comportamientos. La concepción del aprendizaje que se sigue es que este es un proceso, y un proceso complejo. El primer hecho delictivo, como hemos visto, tenderá a llevarse a cabo cuando prevalezcan las definiciones favorables a la infracción de la ley, se quieren imitar comportamientos delictivos y los beneficios reales o esperados superen a las desventajas. Después de este inicio, las consecuencias del comportamiento en forma de beneficios o de castigos y perjuicios determinarán que el comportamiento en cuestión se repita o no y con qué frecuencia.
3.2. El Modelo de la Estructura Social y el Aprendizaje Social
Como fácilmente puede comprobarse, la teoría que hemos descrito hasta ahora está construida a nivel micro o individual: utiliza variables referidas a sujetos y explican el comportamiento individual de personas concretas. Pero Akers también ha tratado de incorporar a su teoría variables de nivel macro. Esta extensión se refiere a variables estructurales que tienen un efecto indirecto en el comportamiento de los individuos concretos, es decir, que afectan a las variables de la asociación diferencial, a las definiciones, al reforzamiento diferencial y a la imitación. Akers habla del modelo de la estructura social y el aprendizaje social.
Akers ha incorporado a su teoría variables de nivel macro en el modelo de la estructura social y el aprendizaje social.
4. Evaluación
- Gran apoyo empírico.
Ejemplo: Se ha encontrado que tener amigos delincuentes favorece el delito.
Ejemplo: Un estudio sobre autoinformes que comparó varias teorías arrojó apoyo para la del aprendizaje social.
Esta evidencia se basa en delitos leves.
- Programas exitosos de rehabilitación de delincuentes exitosos se basan en esta teoría.
- La transmisión intergeneracional de la violencia puede favorecer esta teoría.
- Los críticos mantienen que los comportamientos antisociales comienzan a edades muy tempranas, antes de que al niño le dé tiempo a aprender.
Teorías de la Anomia y la Frustración: Explicaciones Socioculturales del Delito
1. La Teoría de la Anomia: La Anomia de Durkheim
La primera formulación de la teoría de la anomia aparece en El suicidio de Durkheim, una obra publicada a finales del siglo XIX. Esta es una de las obras fundamentales de las ciencias humanas y sociales tanto teórica como metodológicamente, y de hecho se la considera uno de los pilares sobre los que se erigieron nuestras disciplinas. En especial, Durkheim, deseaba explicar que el comportamiento humano no solo depende del libre albedrío, sino que se encuentra al menos en parte determinado por fuerzas que se encuentran fuera de su control y que incluso tienen una naturaleza social, o sea, independientemente de su persona. La tesis es que existen fuerzas sociales que influyen en el comportamiento humano. El autor eligió el suicidio ya que este comportamiento tan radical parece intuitivamente que tiene que depender única y exclusivamente de una decisión personal.
En efecto, este autor encontró que ciertos factores sociales tienen una influencia agravante sobre las tasas de suicidios, como las crisis económicas, pero que también las épocas de aumento inesperado de bienestar elevan tal cifra. Por este motivo, razona el autor, no puede ser la penuria lo que explique el aumento de los suicidios ya que si las muertes voluntarias aumentasen cuando la vida se hace más ruda, deberían disminuir sensiblemente cuando el bienestar aumenta. Durkheim sugirió que lo que verdaderamente afecta al suicidio es una situación que denominó anomia, que quiere decir ausencia de normas y que es resultante de tales coyunturas: solamente cuando la sociedad está perturbada, ya sea por crisis dolorosas o felices, por transformación demasiado súbitas, es transitoriamente incapaz de ejercer esta acción (de límite social a las aspiraciones humanas); y he aquí de dónde vienen estas bruscas ascensiones de la curva de los suicidios. Frente a sociedades básicamente agrícolas europeas anteriores al siglo XIX, en el mundo moderno se producen cambios muy rápidos y radicales que hacen que la gente ya no pueda confiar en las normas por las que han regido su conducta a lo largo de su vida, ni tampoco mantener sus expectativas, su visión del mundo, etc. Se produce una especie de sentimiento de provisionalidad en el que ya no está claro el sentido de la vida ni cómo conducirse por la misma. El debilitamiento de todo un sistema de valores morales (en especial la religión) también desempeña un papel en este escenario, puesto que ahora ya no puede moderar y controlar tales disfunciones: el malestar que sufrimos… angustia, no solo una miseria económica crecida sino una alarmante miseria moral. Ante este panorama ocasionado por fuerzas a nivel social, el individuo se plantea si su vida tiene sentido y puede tomar la decisión de suicidarse.
2. La Teoría de la Anomia Institucional
Algunos autores se han planteado las razones por las cuales los Estados Unidos de América sufren unas tasas de delito tan altas. Se trata, pues, de enfoques macro que recurren a variables de esta naturaleza para explicar niveles de delincuencia y sus tendencias a lo largo del tiempo. A tal fin recurre también ahora a la rica tradición de la teoría de la anomia. La idea de que la cultura norteamericana favorece el delito se remonta en criminología al menos a Merton y goza hoy en día de un gran predicamento. Messner y Rosenfeld, explican que las tasas de delito de los Estados Unidos son desde la II Guerra Mundial mucho más elevadas que las demás naciones occidentales.
Para estos autores, las mismas virtudes que son veneradas por la sociedad norteamericana son las mismas fuentes de los altos índices de delincuencia, llegando a afirmar que los Estados Unidos están organizados para el delito. Más concretamente recurren a la idea del sueño americano, esa concepción cultural que propone como meta el éxito material y que este puede ser alcanzado por cualquiera. Lo más característico de los Estados Unidos de Norteamérica, eso sí, es la exagerada importancia que se pone en el éxito monetario y en el mucho menor énfasis que se coloca en la licitud de los medios. Por lo tanto, el elevado nivel de delitos no es causado por que algo vaya mal, por la maldad de sus ciudadanos o por otros motivos excepcionales, sino porque la cultura norteamericana pone un énfasis exagerado en el éxito monetario y económico y en que todo el mundo puede y debe aspirar al mismo; pero, a la vez, la realidad social incluye diferencias estructurales que bloquean las oportunidades lícitas de muchos individuos. De este modo muchos recurren a medios ilegales para lograr un objetivo que se les presenta como necesario del modo que sea.
Las instituciones desempeñan para Messner y Rosenfeld un papel decisivo en todo este entramado recién descrito, así como, más en general, en la organización de la sociedad y en la prevención y control del delito. El problema, el cual repercute favoreciendo el delito, es que en las sociedades contemporáneas y en la norteamericana en concreto las instituciones económicas se han impuesto a las demás, y predominan sin contestación. La dominación de las instituciones económicas se manifiesta principalmente mediante tres fenómenos: la devaluación de las instituciones no económicas, su acomodo a las exigencias económicas y la penetración de las normas económicas.
Esta dominación de las instituciones económicas contribuye, entonces, al delito mediante dos procesos interrelacionados entre sí:
- La dominación económica estimula la anomia a nivel cultural.
- La dominación de las instituciones económicas erosiona los controles estructurales del delito porque dificulta que las demás instituciones funcionen de manera satisfactoria.
3. La Teoría de la Legitimidad de las Instituciones
El cuidadoso y matizado estudio que lleva a cabo le permite concluir que los índices de la delincuencia aumentaron en los Estados Unidos de Norteamérica ocho veces entre 1945 y el principio de la década de los noventa.
LaFree recurre a todos los medios de medición del delito de que dispone la criminología contemporánea (datos oficiales, estudios de victimización y estudios de autoinforme sobre todo) y los compara entre ellos: procede a desagregar las cifras según distintos tipos de delitos; o se preocupa por utilizar datos de agencias independientes, como el significativo caso de la organización mundial de la salud, que informa sobre homicidios. De este modo se puede tener confianza en los puntos de partida empíricos de su trabajo.
Más concretamente, de su análisis se derivan algunas importantes conclusiones:
- El aumento de los índices de la delincuencia no siguió un ritmo regular; sino que a lo largo del tiempo pueden encontrarse tanto periodos de rápidos aumentos como otros de estabilidad. Especialmente importante es el hallazgo de que las tasas del delito en ocasiones varían de una manera extremadamente rápida.
LaFree afirma que las instituciones tienen una importancia básica para la orientación y control de las acciones humanas, y, por lo tanto, también para el control del delito. Las instituciones controlan el delito, a su juicio, a través de tres medios interrelacionados:
- En primer lugar porque reducen la motivación de los individuos para la comisión de hechos delictivos. Ello es debido a que las instituciones son de entrada responsables de enseñar a los niños lo que es correcto y lo que está mal… tienen un enlace directo con nuestra motivación para delinquir.
- Las instituciones pueden servir de control social, tanto formal como informal. Esto tiene lugar principalmente porque los individuos se encuentran inmersos en redes sociales que tienden a alejarse del delito. Instituciones como la familia o el trabajo a menudo funcionan como medios de control social informal del delito en este sentido.
- Finalmente, las instituciones sociales pueden proteger a los individuos de sufrir victimizaciones por delitos, o bien atenderlos cuando les pasa algún mal.
Ahora bien, en general, las instituciones son más eficaces para la regulación de la conducta humana cuando los participantes perciben o asumen que son legítimas. Ello es debido a que según LaFree, las personas que creen más firmemente en la legitimidad básica o en la equidad de las leyes es mucho menos probable que las infrinjan; a que en sociedades en las que las instituciones no se ven como legítimas es más difícil que los potenciales infractores interaccionen con sujetos empeñados en que las normas se respeten; a que el declive en las instituciones puede incrementar la motivación de los individuos por delinquir y reducir la eficacia de los controles sociales; mientras que si las familias no funcionan adecuadamente pueden, no solo socializar de manera poco adecuada a los niños y fracasar a la hora de controlarlos, sino que también serán menos efectivas a la hora de protegerles de la victimización.
La teoría de legitimidad de las instituciones mantiene que los índices de la delincuencia de EE. UU. después de la II Guerra Mundial han estado determinados por el declive de la legitimidad de las principales instituciones de la sociedad americana han experimentado un marcado declive sobre todo desde la II Guerra Mundial y han visto que los niveles de confianza y legitimidad que despertaban han tendido a ser bajos. Esta falta de legitimidad ha determinado el aumento de la delincuencia y ha marcado los índices de la misma en los tres períodos antes reseñados.
- La política ha generado en aquel país una gran desconfianza debido, entre otras cosas, a movimientos sociales y de protesta que comenzaron en los años sesenta.
- Las desigualdades económicas han aumentado casi dramáticamente.
- La familia tradicional ha visto cómo se disparaban las familias uniparentales y los índices de separaciones y divorcios.
4. Las Teorías Contemporáneas de la Frustración: Recientes Desarrollos de las Teorías de la Frustración
Las teorías de la frustración han experimentado un resurgimiento, con ciertas innovaciones. Agnew afirma que estas teorías, así como los test de las mismas, se han centrado tradicionalmente en la frustración derivada del bloqueo de oportunidades, pero que en realidad existen otras fuentes relevantes de frustración, como es el caso del bloqueo del comportamiento dirigido a la evitación de situaciones dolorosas. Por ejemplo, algunas y algunos adolescentes pueden verse obligados a permanecer en ambientes, como la escuela, que les disgustan, pero a la vez no pueden desplegar acciones destinadas a evitar dichas situaciones, lo cual tenderá a producirles frustración, y ello puede conducirles al delito. El bloqueo del comportamiento dirigido a la evitación de un dolor o situación no deseada puede conducir al delito de diversas maneras según Agnew:
- Como medio de evitar el ambiente no deseado en que uno está, por ejemplo huyendo de casa o haciendo novillos.
- Cuando uno no puede escapar de dicho ambiente o eliminar la fuente de la incomodidad, puede responder con el delito en respuesta a una situación de ira o rabia.
- Se puede reducir el nivel de control social informal al que está expuesto el chico o la chica, por ejemplo porque a causa de la frustración disminuye el grado de apego a los padres o a la escuela.
Esta misma línea teórica insiste en que las teorías clásicas de la frustración se habían centrado en las aspiraciones en términos monetarios y de estatus de clase media y el bloqueo de las oportunidades para alcanzarlas, pero que los individuos aspiran también a alcanzar otras metas valoradas positivamente distintas de las anteriores, entre las que Agnew menciona buenas notas, popularidad entre el sexo opuesto, y ser bueno en el deporte. Este autor denomina a este modelo teoría revisada de la frustración.
Lo importante de este planteamiento es que ofrece un punto de partida para la ampliación y renovación de las teorías clásicas de la frustración: el reconocimiento de nuevas fuentes de frustración así como una concepción más amplia de las aspiraciones de los jóvenes sobre todo. Para Agnew no cabe duda de que las teorías de la frustración deben ocupar un lugar importante en la teoría de la criminología contemporánea, pero que a la vez no es menos cierto que las mismas deben ser sometidas a una revisión sustancial si es que quieren ser tomadas en consideración.
5. La Teoría General de la Frustración
5.1. La Teoría General de la Frustración a Nivel Micro
La teoría general de la frustración ha sido propuesta sobre todo por el propio Agnew. Se trata de una teoría elaborada a nivel micro que recurre a variables referidas a los individuos para explicar el comportamiento delictivo de los mismos. La clave de la teoría general de la frustración es que esta se centra en relaciones negativas con otros: relaciones en las que el individuo no es tratado como él o ella quieren ser tratados y que el delito se explica por la presión que ejercen estados afectivos negativos tales como la ira y otros semejantes que a menudo resultan de relaciones negativas.
La teoría general de la frustración reconoce tres fuentes principales de frustración que encuentran su origen siempre en relaciones negativas con otros:
- La frustración puede aparecer en primer lugar cuando no se logran metas valoradas positivamente que uno se ha propuesto. Esto puede acontecer cuando existe una diferencia entre las aspiraciones y las expectativas de uno, esto es cuando lo que se espera conseguir no se aproxima a lo que uno quiere; también puede aparecer cuando se produce un desgaste entre las aspiraciones o expectativas de alguien y lo que realmente consigue o sus logros; por último, este tipo de frustración se puede dar cuando lo que uno considera un resultado justo o equitativo no coincide con lo que realmente logra.
- La frustración puede producirse cuando a uno le quitan o amenazan con quitarle estímulos valorados positivamente. Ejemplos incluirían la expulsión del colegio, el divorcio o separación de los padres o la introducción de condiciones negativas o adversas en el trabajo.
- Una fuente de frustración más es la exposición o amenaza de exposición a estímulos valorados negativamente. Esto puede tener lugar, verbigracia, cuando se sufren abusos en la infancia sobre todo, cuando se es víctima de un delito, cuando se tienen relaciones negativas con iguales u otras personas cercanas o malas experiencias en la escuela.
Los teóricos de la frustración ofrecen varias posibilidades para aclarar el proceso causal que une frustración e ira y sensaciones semejantes y delito, o sea por qué quien se encuentra en una situación tal puede recurrir al delito; posiblemente entre las que se incluyen las siguientes:
- Cuando no se logra lo que se desea o lo que se logra no se juzga justo o equitativo, el delito puede favorecer las metas ansiadas. Verbigracia, uno puede recurrir al tráfico de drogas para conseguir dinero o cualquier otro bien material, o incluso estatus.
- Cuando un individuo pierde o puede perder un estímulo valorado positivamente que ya tenía, puede recurrir al delito para evitar dicha pérdida, para recuperarlo o sustituirlo por otro o bien para vengarse; también puede caer en el consumo de drogas porque no encuentra otra vía de afrontar la situación negativa en que se halla.
- Ante la presentación de un estímulo negativo, se puede delinquir para escapar del mismo, eliminarlo o aminorar sus efectos; buscar venganza; o, de nuevo, refugiarse en las drogas.
Todas estas serían formas en las que una fuente concreta de frustración puede conducir al delito.
Como hemos visto, pues, y siempre según la teoría general de la frustración, existen una serie de fuentes de frustración que producen en el sujeto sentimientos negativos, como la ira o la culpabilización de otros sobre todo. Ante una situación de ira el sujeto tiende a tomar alguna medida, la cual tiene naturaleza precisamente de ser una adaptación o una estrategia para afrontar la frustración.
Un punto crítico de la teoría general de la frustración es la de aclarar cuándo un sujeto tenderá a recurrir al delito ante una situación negativa, ya que tiene otras alternativas. La decisión de delinquir como estrategia de afrontar una situación adversa se encuentra determinada, según la teoría, por una serie de limitaciones y disposiciones al delito y al comportamiento lícito.
- Agnew aclara que, aunque existen distintas estrategias que potencialmente uno puede seguir; tanto lícitas como ilegales, no todo el mundo tiene a su disposición el mismo número de ellas. Existen ya de entrada, pues, una serie de limitaciones en las estrategias a que cada uno puede recurrir. Así, el individuo carece de metas, valores o identidades alternativos, en los que refugiarse cuando por ejemplo no puede conseguir algo, verá limitadas sus posibilidades de enfrentarse a su situación mediante estrategias lícitas; unas características personales pobres también pueden limitar las respuestas potenciales, por ejemplo si tiene que buscarse un nuevo trabajo. Otras limitaciones tienen que ver con las posibilidades de delinquir, las cuales tenderán a ser bajas cuando los potenciales costes superen los beneficios, o cuando el nivel de control social del individuo sea elevado, entre otros supuestos.
- El recurso al delito puede verse asimismo favorecido por que el individuo tenga una especial disposición hacia el mismo. Agnew afirma expresamente que esta disposición es una función de ciertas variables del temperamento, del aprendizaje previo, de las creencias y de a qué achaque las causas de su adversidad; rematando con que una variable básica que afecta a varios de los factores anteriores es la asociación con pares delincuentes.
6. Evaluación
- Algunos estudios han testado teorías clásicas de la frustración.
Agnew y otros encontraron que:
- Los más insatisfechos son los que quieren ganar mucho pero tienen escasas expectativas.
- La falta de satisfacción se relacionaba con los delitos.
- Otros investigadores encontraron que el delito puede servir para aliviar una situación de frustración.
- Agnew y otros autores han llevado a cabo tests para evaluar la teoría general de la frustración, encontrando en general hallazgos favorables a la misma.
Algunos otros estudios han encontrado evidencia contraria.
Ejemplo: Se ha encontrado que el efecto de la frustración no parece aumentar si se experimentaba durante mucho tiempo.
- Es excesivamente imprecisa.
Teorías del Control Social y la Desorganización Ecológica
I. Teorías del Control Social: ¿Por Qué No Delinquimos?
Las teorías de control social tienen en realidad una rancia tradición que se suele remontar hasta Durkheim. Estas teorías consideran que las personas tienen una tendencia a delinquir, que se consumará salvo que existan algún motivo que se lo impida, motivos que tienen la naturaleza de controles sociales informales. Dado que la tendencia a la desviación y al delito es aproblemática, la pregunta, pues, no es por qué delinquen, sino por qué no delinquimos.
La teoría criminológica de los años cincuenta se encontraba dominada por el hallazgo de que la delincuencia se concentraba en determinadas áreas de la ciudad. Esta es una idea coherente con la teoría de la desorganización social, pero también con las llamadas teorías culturales y subculturales y con las de la frustración. Reckless y sus asociados se preguntan entonces por qué hay determinados chicos que, viviendo en tales zonas que parecen ser criminógenas, no delinquen: es el caso del «buen chico en un área de alta delincuencia». Su respuesta, así como el propio planteamiento ¿por qué no delinque?, sí es una teoría de control social. Los autores se preguntan lo que sigue: ¿hasta qué punto es esta patente protección de compañías y normas desviadas una función de algo que se encuentra en el chico y hasta qué punto es algo en buena medida externo a él? Es decir, que para las teorías del control social, los controles que impiden que el chico caiga en el delito pueden ser internos o externos. Así, por ejemplo, los primeros pueden incluir un buen autoconcepto, la creencia en las normas o un autocontrol alto; los segundos, la vigilancia en la familia, la escuela o el grupo primario.
Puesto que en el surgimiento y efectividad de estos controles desempeña un papel decisivo la familia tanto por la socialización que ofrece a los hijos como por la propia vigilancia a que les somete, las teorías del control conceden un lugar determinante en su esquema a esta institución, contrastando con otros enfoques de la época. Hirschi resume los mecanismos de prevención de la familia:
- Mediante una correcta educación, la familia puede enseñar autocontrol a los hijos.
- Mediante la restricción de las actividades de los hijos, vigilándolos físicamente o preocupándose dónde están cuando no están con ellos.
- Mediante el fomento del cariño, el respeto o la dependencia entre sí de los miembros de la familia.
- Vigilando la casa frente a potenciales asaltadores y protegiendo a los miembros de la familia de potenciales agresores; o, por último,
- Cuidando y preocupándose de los miembros de la familia y garantizando su buen comportamiento.
La teoría clásica de control más conocida es la que Hirschi presentó en 1969.
- Algunos autores han sugerido que los hallazgos favorables a esta teoría han sido exagerados por problemas metodológicos de los estudios. Concretamente se afirma que la teoría debería testarse con diseños longitudinales (en vez de los habituales transversales) porque la delincuencia puede debilitar los vínculos sociales: un joven que delinque tenderá a alejarse de sus padres, a poner menos interés en el colegio, etcétera.
- Un elevado número de investigaciones, además, solo han encontrado respaldo empírico para ciertos elementos y partes de la teoría. Elliot y sus colegas, si bien encontraron datos coherentes con la misma, rechazaron empíricamente la hipótesis de que una vinculación sólida a delincuentes previniese la delincuencia. Otros autores establecieron que la teoría no encontraba apoyo empírico tan sólido cuando se aplicaba a adultos y a delitos graves (la teoría de Hirschi se refería originalmente a chicos y fue testada por el mismo), con datos oficiales y autoinformes de estudiantes adolescentes.
- En una fundamentada investigación, Drennon-Gala encontró apoyo para algunos de los elementos del vínculo, pero no para todos. Este descubrimiento es uno de los que más a menudo aparece en las investigaciones: una evidencia limitadamente favorable para la teoría, se encuentra evidencia favorable para la teoría en algunos elementos del vínculo, pero no para otros. Hallazgos de este tipo han conducido a la sugerencia de que la teoría original de Hirschi debía modificarse en alguna medida; y, de hecho, a un buen número de revisiones y extensiones, las cuales en general no han logrado sin embargo superar el prestigio e influencia de aquella.
2. La Teoría del Autocontrol
2.1. La Naturaleza del Delito
Una teoría que ha causado una sensación extraordinaria es la que propone que la criminalidad es consecuencia de un autocontrol bajo y de la oportunidad. Esta tesis ha influido en la discusión teórica de los últimos quince años y ha recibido una atención tanto doctrinal como empírica impresionante. La teoría ha sido desarrollada por M. Gottfredson y Hirschi. Los autores comienzan haciendo hincapié: que una buena teoría debe ser coherente con los hechos bien conocidos sobre el delito. A partir de este planteamiento se preguntan cuáles son precisamente las características del delito y de los delincuentes. Algunas de las características más relevantes que encuentran tras revisar la literatura son las siguientes:
- Los delitos son actos que requieren muy poco esfuerzo. La inmensa mayoría de los delitos pueden ser cometidos por cualquiera, no existe ningún tipo de talento o habilidad. Los delitos, por lo tanto, tenderán a ser muy poco sofisticados.
- Los delitos resultan mucho más del mero aprovechamiento de una oportunidad cotidiana que de cualquier tipo de planificación. En efecto, son raros los delitos que se planifican: es la oportunidad lo que desempeña un papel determinante.
- Los delitos normalmente no producen los resultados buscados por el criminal, y se traduce tanto en mínimas ganancias como en mínimos daños físicos, económicos y morales para las víctimas.
- Los criminales tenderán a ser sujetos orientados a gratificaciones inmediatas y difícilmente capaces de sacrificar ventajas inmediatas en favor de beneficios a largo plazo; con una mínima formación; impulsivos, amantes del riesgo y de la búsqueda de emociones.
- Los criminales son versátiles, en el sentido de que tienden a cometer una amplia gama de hechos delictivos, y muy rara vez a especializarse en un concreto tipo de delito.
- Más allá, los delincuentes no solo incurren en hechos delictivos, sino también en muchos otros comportamientos desviados, como es el caso del consumo de alcohol y drogas; incluso tienen una probabilidad mayor de sufrir accidentes.
2.2. El Autocontrol Bajo
Los delincuentes tienen un autocontrol bajo. El autocontrol surge ante la ausencia de disciplina y educación en la familia. De acuerdo con Gottfredson y Hirschi, las personas que más probablemente delinquirán serán las personas con un autocontrol bajo. Puesto que, nos encontramos ante una teoría del control social, el autocontrol bajo no es algo que se cree, sino que más bien es el resultado de que no se pongan los medios para desarrollar un autocontrol en los sujetos. No hay propiamente hablando causas positivas del autocontrol bajo, sino que este será ante la ausencia de disciplina, educación, etc. El autocontrol es una variable continua que va desde niveles muy bajos a niveles muy altos. La idea de autocontrol bajo no tiene nada que ver con el concepto psicológico de la personalidad antisocial o criminal.
Una educación inefectiva del niño en la familia es origen principal de un autocontrol bajo. Una educación correcta del niño o la niña se caracteriza, desde un punto de vista mínimo, por una serie de elementos:
- Un seguimiento de su comportamiento.
- El reconocimiento del comportamiento desviado cuando este se produce.
- El castigo de tal comportamiento.
Una variable que parece estar muy relacionada con el delito es la educación errática. Se trata de supuestos en que los padres castigan con dureza comportamientos leves y dejan sin castigo conductas graves.
Cuando la socialización en la familia ha sido insuficiente, es posible todavía que el niño aprenda el autocontrol mediante otras instituciones, como es el caso sobresaliente de la escuela. En teoría, el papel de la escuela puede ser muy importante ya que los profesores tienen una gran capacidad para observar el comportamiento desviado de sus alumnos; el profesor y la propia escuela tienen un interés enorme en mantener la disciplina; y a menudo cuentan con los medios necesarios para conseguirlo. Para Gottfredson y Hirschi, la escuela tiene en la práctica un efecto mucho más limitado por el hecho de que los padres de chicos problemáticos a veces no se muestran muy cooperativos con los profesores.
El autocontrol es una característica que se fija a una edad muy temprana en la vida de las personas y que se mantiene relativamente constante a partir de ese momento: hacia la edad de 8 o 10 años la mayoría de nosotros aprende a controlar tales tendencias hacia la desviación.
2.3. La Oportunidad
La teoría de Gottfredson y Hirschi incluye un segundo elemento: la oportunidad para delinquir. La oportunidad y las actividades rutinarias, insistiendo en que son posturas teóricas perfectamente compatibles. Se trata, pues, de una teoría general y unitaria. De esta manera, la clave para que un delito tenga lugar se encuentra en la concurrencia de estos dos elementos: un sujeto con un autocontrol bajo que se encuentra con una oportunidad para delinquir.
El factor oportunidad, desde luego, parece ocupar un lugar secundario en la teoría, en la que lo esencial parece ser el autocontrol bajo. Grasmick afirma que una oportunidad delictiva tiene escasa relación con el comportamiento delictivo mientras el sujeto no tenga un autocontrol bajo. Las personas con un autocontrol alto resistirán las tentaciones de las oportunidades para delinquir.
3. La Teoría del Control Social Informal Dependiente de la Edad
3.1. Una Teoría del Control Social en el Marco de la Criminología del Curso de la Vida
Prácticamente todas las teorías criminológicas tradicionales son estáticas por naturaleza y no toman en cuenta el factor tiempo. Un ejemplo claro es la teoría del autocontrol que acabamos de describir: un factor latente llamado autocontrol bajo queda fijado a una edad temprana y marca la tendencia de una persona durante el resto de su vida, independientemente de su edad o de eventuales cambios que puedan experimentar a lo largo de su vida. El paso del tiempo o la edad de las personas desempeñan un papel modesto. El enfoque del curso de la vida en las ciencias humanas sostiene que es un grave error ignorar los efectos del paso del tiempo, tanto por los cambios que el aumento de la edad mismo ocasiona en las propias personas como por los cambios estructurales que se pueden producir durante la vida de las mismas. La perspectiva del curso de la vida propone que no es suficiente con estudiar los factores que aparecen muy pronto en la vida de las personas y que influyen en el comportamiento humano, sino que es también menester seguir a las personas a lo largo de sus vidas estudiando cómo diversos acontecimientos pueden provocar cambios en su estilo de comportamiento. Se trata, entonces, de un planteamiento dinámico.
En tiempos recientes esta perspectiva del curso de la vida ha tratado de integrarse con variables biológicas y psicológicas o con teorías criminológicas tradicionales como la del aprendizaje, la frustración o, sobre todo, el control social. De todos estos intentos, el más conocido y prestigioso ha sido el representado por la teoría del control social informal dependiente de la edad de Laub y Sampson, trabajo que ha tenido una influencia abrumadora.
3.2. Elementos Básicos de la Teoría
Para Laub y Sampson, las personas se abstendrán de delinquir sobre todo si se encuentran vinculadas a instituciones sociales. Esta vinculación hace que se ejerza un control social informal sobre los sujetos: cuanto más débiles sean los vínculos de un individuo con otros individuos y con instituciones sociales, más probable será que delinca. Naturalmente, no solo el informal sino que también el control social formal es relevante. Ahora bien, este control social depende de la edad de las personas.
- Durante la infancia y la adolescencia, las instituciones determinantes para el control social de los individuos son la familia, la escuela, el grupo de pares y el sistema de administración de justicia juvenil.
- En el caso de los jóvenes adultos, nos encontramos con otras instituciones de enseñanza superior o profesional, el trabajo y el matrimonio, siempre según Laub y Sampson.
- Por último, en la edad adulta, las instituciones de control críticas son el trabajo, el matrimonio, la paternidad o maternidad, la inversión en la comunidad y el sistema de administración de justicia.
Los autores incorporan asimismo el concepto de capital social que ejerce junto a los controles sociales propiamente dichos, una función de control de la delincuencia. A lo largo de la vida de las personas, estas llevan a cabo una serie de inversiones de naturaleza social: unas amistades, un buen trabajo, etc. El delito podría poner en peligro este capital social, motivo por el cual un capital social sólido tenderá a prevenir la delincuencia a nivel individual.
Laub y Sampson insisten en otorgar a la familia y la socialización que tiene lugar en su seno un papel preponderante en el nacimiento y consolidación de los vínculos sociales que previenen la delincuencia. También mantienen que la escuela es importante.
A la vez, los autores incorporan a su teoría variables de naturaleza estructural, las cuales ejercen una influencia indirecta en los sujetos, sobre todo a través de la educación en la familia y la escuela. Por ejemplo, la pobreza y la desventaja socioeconómica tienen el efecto de que la educación que tiene lugar en la familia y en la escuela se vea perjudicada, lo cual a su vez favorece indirectamente la aparición de comportamientos desviados y delictivos.
3.3. Continuidad y Cambio
En consonancia con la perspectiva del curso de la vida, Laub y Sampson hacen especial hincapié en la necesidad de estudiar a la vez los patrones de continuidad y de cambio en las carreras delictivas de los criminales.
Para Gottfredson y Hirschi y otros muchos autores, la continuidad de los criminales es prácticamente irremediable. No importa repetir que esta continuidad se entiende desde un punto de vista relativo: lo que se mantienen son las diferencias entre individuos en la tendencia a delinquir, pero no siempre se sigue delinquiendo al mismo ritmo. La teoría del control social informal dependiente de la edad pone un especial énfasis en que existen posibilidades reales de cambio en los criminales: es posible que estos encuentren en su trayectoria delictiva un momento decisivo que les aparte del delito. Coherentemente con una teoría del control social, esto tendrá lugar cuando el delincuente entre en contacto con instituciones sociales que le vinculen sólidamente y le alejen del delito. Por este motivo se insiste tanto en la necesidad, algo paradójica si se quiere, de estudiar a la vez continuidad y cambio: existe una tendencia a la continuidad en el ámbito de la criminalidad, pero también existen posibilidades claras de cambio.
Los defensores de esta teoría señalan tres instituciones sociales fundamentales que pueden favorecer este cambio crítico: el trabajo, el matrimonio y la entrada en el ejército.
4. La Teoría Ecológica Contemporánea
En los últimos años, la teoría ecológica o teoría de la desorganización social ha visto cómo volvía a recibir un importante impulso por parte de la criminología mayoritaria, pudiendo hablarse de un verdadero renacimiento. A nuestro juicio, además de esta revitalización de la tradición ecológica, las nuevas investigaciones tienen como principal mérito el haber destacado la importancia que el medio físico, el barrio sobre todo, tiene para la comprensión del fenómeno delictivo, pero también su enorme complejidad.
Uno de los hallazgos de Shaw y Mackay fue que aquellas áreas en las que se encontraba el delito continuaban siendo las más peligrosas incluso cuando los respectivos grupos nacionales que habían emigrado a Estados Unidos mejoraban su situación y salían de esas zonas. O sea, que los mismos barrios mantenían sus altos niveles de delito aunque sus pobladores eran distintos. Bursik y Webb volvieron a estudiar este hecho y encontraron que el mismo solo podía explicarse siguiendo la argumentación teórica de los primeros hasta 1950; a partir de esta fecha los barrios en que se producen cambios también ven afectados sus índices de delincuencia. El trabajo no concluye que debe abandonarse el modelo, sino que en dichos procesos de transmisión de la delincuencia entran en juego más factores y son más complejos de los que Shaw y Mackay pudieron imaginar en su tiempo y que se trataba de un proceso marcadamente dinámico. Bursik y Webb destacan que el papel decisivo en los índices de delincuencia es desempeñado por los cambios que se producen en los barrios, así como por la naturaleza de los cambios, pero no por los grupos de personas que habitan los mismos. De este modo se destaca la importancia de la tradición ecológica en criminología.
Si se recuerda, otra de las críticas que recibió el trabajo de Shaw y Mackay es que se basaba en datos oficiales sobre arrestos. Era posible que estos datos exageraran el volumen de delito de las zonas más peligrosas porque la policía tendiese a patrullar más por ella y tendiese a llevar a cabo más arrestos en las mismas. Se trataba de una fuerte crítica metodológica. Sampson investigó esta hipótesis (la hipótesis de la contaminación ecológica) y encontró que era bastante verosímil.
El modo decisivo para comprobar la verosimilitud o falsedad de una teoría es someter la misma a análisis empíricos. Pese a la enorme influencia del trabajo de Shaw y Mackay, Groves y Sampson llamaron la atención sobre el hecho de que la teoría de la desorganización social no había sido nunca testada directamente. Si la misma llegó a perder su lugar de privilegio en la criminología contemporánea, pues, también había sido por razones distintas de las estrictamente empíricas. Los autores se propusieron de este modo llevar a cabo una investigación orientada precisamente a dicho fin. De la teoría de la desorganización social puede derivarse la hipótesis fundamental cuando en una comunidad se dan:
- Un estatus socioeconómico bajo.
- Una alta movilidad de la población.
- Una heterogeneidad étnica o nacional.
- Deterioro familiar.
En esta situación, Sampson y otros autores han señalado que a menudo la idea de desorganización social, no ha sido siempre bien entendida. La idea no implica que una comunidad o en un barrio exista el caos, sino que al contrario puede encontrarse perfectamente organizado. Lo que ocurre es que la comunidad puede estar organizada para ciertas cosas, pero no para protegerse del delito y otros comportamientos desviados. Esta es la idea de desorganización social o de falta de eficacia colectiva: la comunidad no está organizada para protegerse del delito.
Enfoques Integrados en la Teoría Criminológica
Teorías Integradas y Unitarias
La criminología contemporánea ha propuesto teorías y enfoques integrados frente a los más tradicionales de carácter unitario tales como las teorías de la asociación diferencial, la tensión o el control. También se recordará que la integración puede referirse a enfoques disciplinares, variables y teorías criminológicas propiamente dichas. Es en esta última posibilidad en la que vamos a centrarnos ahora. Los proponentes del enfoque integrado son perfectamente conscientes de las serias dificultades lógicas de los mismos y del aumento de la complejidad que a menudo significan, pero consideran que las teorías unitarias tradicionales han fracasado a la hora de explicar el delito y que estos nuevos enfoques son superiores empíricamente. Lo que se plantea es básicamente tomar de cada teoría aquellas partes que resulten más prometedoras y tratar de formar una nueva teoría con todas ellas.
1. El Modelo Modificado del Control Social-Desorganización Social
El modelo propuesto por Elliott y sus asociados continúa siendo hoy en día uno de los más sólidamente construidos y conocidos. Los autores recurren a la combinación de tres de las teorías tradicionalmente más importantes: las de control social, la frustración y la asociación diferencial/aprendizaje. La integración que proponen es a nivel individual (micro).
El modelo que proponen tiene en buena medida una naturaleza secuencial, en el sentido de que los elementos de cada teoría entran en juego uno a continuación de otro, en un encadenamiento, en una secuencia.
- La teoría integrada viene conformada por que una inadecuada socialización, así como la frustración determinan que en un individuo existan unos controles sociales débiles. La aportación del modelo de Elliott y sus asociados es el reconocimiento de que no todo el efecto de la frustración es mediado por unos vínculos débiles, sino que, en alguna medida, también influye directamente en la delincuencia. De esta manera, la frustración favorece la delincuencia tanto a través del debilitamiento de los vínculos como directamente. Así, el modelo integra la teoría del control social y de la frustración.
- Una vez que los vínculos (la familia y la escuela) son débiles, el individuo tiende a frecuentar grupos de iguales que favorecen la comisión de hechos delictivos y también desviados como es el consumo de drogas y a vincularse a ellos. Así, la vinculación a pares delincuentes o convencionales se encuentra influida por los vínculos sociales previos.
- De acuerdo con el modelo integrado, la delincuencia es el resultado conjunto de vínculos débiles y normas convencionales y de vínculos sólidos a personas y grupos desviados. Asimismo es posible una influencia directa en la frustración y/o de controles débiles en la delincuencia, o sea, una influencia no mediada por el núcleo básico de la teoría integrada, aunque esta influencia tenderá a ser débil.
Esta parte de la teoría es básica. De la propia investigación empírica llevada a cabo por Elliott y sus colegas se dedujo lo siguiente:
- Que quienes tenían vínculos convencionales débiles y vínculos sólidos a pares delincuentes eran quienes más tendían a delinquir.
- Que la relación entre ambas variables es en realidad una relación condicional.
Los mismos autores llevaron a cabo una profunda revisión de investigaciones empíricas que en general proporcionaba apoyo empírico para su modelo. En efecto, los autores consideran que el apoyo empírico de su modelo es superior al de las teorías unitarias en general y, en concreto, la de control social, la frustración y la de aprendizaje a las que ellos recurren. Elliott y sus colegas consideran que este es su mejor argumento: el poder explicativo del modelo integrado es bastante bueno, dado el nivel de predicción del que habitualmente informa la literatura sobre delincuencia y consumo de drogas.
2. La Teoría General Integrada
De acuerdo con la teoría general integrada, el delito tenderá a aparecer cuando los impedimentos para delinquir sean bajos y las motivaciones altas. Con ello, Agnew quiere decir que es necesario atender a variables que afectan a ambas constelaciones de impedimentos y motivaciones. La mayor parte de las teorías, aunque puedan compartir esta visión amplia, tienden a concentrarse en uno u otro lado de la ecuación. Otras tradiciones en criminología se limitan de manera expresa a una de las constelaciones, como es el ejemplo claro de las teorías de control social. El propio autor propone y desarrolla una tipología de impedimentos y motivaciones:
- Agnew: las limitaciones (o impedimentos) contra el delito pueden ser vistas como un muro ubicado entre el individuo y el delito. Se trata en primer lugar del control externo, como el que ejercen otros, sobre todo personas íntimas como la familia o los amigos, para detectar y sancionar el comportamiento criminal. Otros individuos, en segundo lugar, gozan de objetos, situaciones, expectativas, etcétera que desean conservar y que podrían perder en caso de incurrir en el delito. Estas personas tienen un elevado interés en la conformidad, que actúa como limitación al delito. Por último, para ciertos sujetos, el delito es tan inmoral, que ni siquiera consideran la posibilidad de incurrir en él. Esta limitación es denominada control interno en la terminología de la teoría general integrada.
- Agnew: Las motivaciones para el delito se derivan de variables que o bien arrastran o bien empujan al delito. En el primer caso (arrastran) se trata del aprendizaje del delito en el sentido de las teorías clásicas del aprendizaje y la asociación diferencial. Los individuos pueden verse expuestos a creencias favorables al delito, esto es que se les puede enseñar que el delito es bueno o al menos justificable bajo ciertas condiciones; a reforzamiento del delito, como cuando de su comisión se logra algo valorado positivamente o bien se logra evitar algo negativo; y a modelos criminales exitosos que pueden tender a imitarse. En segundo lugar, existen variables que empujan hacia el delito. Esto tiene lugar cuando los individuos se encuentran en una situación de frustración porque se les ha impedido alcanzar metas deseadas; se les ha quitado o amenazado con quitarles cosas valiosas que poseen; o bien cuando se les presenta o amenaza con presentar estímulos negativos.
En el núcleo fundamental de la teoría general integrada se encuentra constituido por qué variables individuales y sociales influyen en las limitaciones y motivaciones del delito; también puede incidir indirectamente en el delito. Agnew las clasifica en cinco grupos de variables (relacionados con esferas de la vida de las personas):
- Bajo autocontrol e irritabilidad.
- Variables familiares.
- Variables escolares.
- Variables relativas a los pares.
- Variables relativas al trabajo.
Como ya sabemos, estas variables influyen en el delito porque afectan a sus limitaciones o motivaciones. Cada una de estas variables puede incidir en más de una limitación o motivación para el delito; por ejemplo, tener amigos delincuentes no solo motiva para delinquir, sino que además dificulta la creación de controles o limitaciones eficaces. La influencia de variables limitaciones o motivaciones sobre el delito puede ser directa y/o indirecta (este sería el caso de un bajo autocontrol). Cualquiera de las variables puede tener efectos relativamente modestos, moderados y grandes directos sobre el delito, de modo que no todas tienen la misma influencia; por ejemplo, un bajo autocontrol es una influencia grande para delinquir, mientras que el efecto de las experiencias negativas en el colegio sería moderado para la teoría general integrada.
Las cinco áreas vitales para la teoría general integrada se encuentran interrelacionadas entre sí. Puesto que, en efecto, cada una de las esferas se relaciona con todas las demás y además retroalimentan sus efectos recíprocamente, formando un complejo entramado, Agnew habla de la tela de araña del delito. El problema de muchos delincuentes es que tienden a coincidir la mayoría de las variables relacionadas etiológicamente con el delito, encuentran problemas en todas y cada una de las esferas vitales y de este modo se ven atrapados en la tela de araña y les es muy difícil salir de ella y terminar o desistir de sus carreras delictivas. Ello explicaría la existencia de delincuentes crónicos: sujetos en los que coinciden innumerables causas del delito y con graves dificultades en distintos ámbitos, dificultades que se refuerzan mutuamente haciendo cada vez más complicado abandonar el delito.
La teoría general integrada añade que la esfera de la vida que desempeña un papel en la causación del delito se ve afectada a su vez por factores externos de naturaleza ambiental.
Criminología del Desarrollo y Carreras Criminales
1. El Paradigma de las Carreras Criminales: La Importancia del Factor Edad
Tras el sexo, la edad es el correlato más sólido de la comisión de hechos delictivos. Se sabe desde los inicios de lo que hoy consideramos criminología científica que los jóvenes son responsables de un número desproporcionado de delitos. Esta correlación se plasma en la curva de la edad (una curva con forma de punta de flecha o de tipi): comienzan a ascender vertiginosamente desde edades tempranas y hasta una edad que ronda los veinte años o poco más en el caso de España. A partir de ese momento, comienza a descender también muy deprisa.
Existe una importante polémica sobre su interpretación:
- Puede no coincidir con la tendencia de los individuos.
- Ninguna teoría tradicional es coherente con la misma.
El enfoque de las carreras criminales tiene un carácter marcadamente empírico y es por lo tanto compatible con distintas perspectivas teóricas. Al igual que una persona sigue una trayectoria a lo largo de su vida y en determinados ámbitos de la misma, y a eso se le denomina una carrera, por ejemplo profesional; también un delincuente puede seguir unas pautas y eso puede considerarse, metafóricamente hablando, una carrera criminal.
Este enfoque proporciona el recurso a estudios longitudinales, frente a los transversales (de medición única), es decir, se toman muestras en distintos momentos temporales; verbigracia, se toma una muestra de jóvenes y se les entrevista cada pocos años.
Este enfoque ha inspirado numerosos estudios que han arrojado importantes hallazgos empíricos sobre la evolución que tiende a seguir el delincuente en su carrera criminal (No debe confundirse, el concepto de carrera criminal con el de delincuente de carrera, que se refiere a delincuentes especialmente activos).
- La primera cuestión de interés para los proponentes del enfoque de las carreras criminales es el estudio del número de personas que cometen delitos en un momento concreto. Esto es, qué porcentaje de la población delinque en un determinado periodo de tiempo, por ejemplo un año. Esto se conoce como prevalencia o participación. La prevalencia es mayor entre jóvenes, menor que a edades adultas y prácticamente nula entre la tercera edad.
- El número de delitos que comete un delincuente activo en un periodo concreto de tiempo, por ejemplo también un año; se llama incidencia o frecuencia individual. Los estudios han coincidido de manera abrumadora: existen grandes diferencias en materia de incidencia entre los criminales: algunos cometen muchos delitos, mientras que la mayoría solo lo hace una vez en el mismo periodo de tiempo.
- Una carrera criminal (que puede consistir en un único delito) debe tener un inicio o activación. El inicio de las carreras criminales suele producirse pronto en la vida de los delincuentes, siendo raro el inicio a edades superiores a los 30 años. Quienes comienzan su carrera criminal a una edad especialmente temprana suelen persistir más en el tiempo, y quizá también ser más activos y cometer delitos más graves.
- Las carreras criminales pueden caracterizarse por la comisión de hechos delictivos de distinta naturaleza (o versatilidad) o bien por la concentración en delitos semejantes (o especialización).
- Con el desarrollo de las carreras criminales, puede existir una tendencia a cometer delitos cada vez más graves, con lo que se hablaría de una agravación de la carrera criminal.
- Las carreras criminales terminan con el paso del tiempo. Cuando se ha cometido el último delito se habla de la finalización de la carrera criminal. Como idealmente habría que esperar a que el individuo falleciera para poder estar seguro de que su carrera criminal ha finalizado efectivamente, y como a menudo un delincuente puede acabar cometiendo solamente delitos muy leves y de manera muy esporádica, se suele preferir el término de decaída, que hace referencia a que durante un cierto periodo de tiempo, como puede ser uno o más años, no se han cometido delitos de gravedad.
- La duración de la carrera criminal se refiere al tiempo que va desde la comisión del primer delito, o inicio, y la comisión del último o finalización.
El enfoque de las carreras criminales encuentra su origen en la idea de que un pequeño grupo de delincuentes es responsable de un porcentaje desproporcionado de los delitos que se cometen en una comunidad. Este planteamiento puede ser coherente con la siguiente propuesta de política criminal: ¿si fuera posible identificar a dichos individuos a una edad temprana e impedir que delinquieran? entonces el delito de una comunidad cualquiera disminuiría en una medida importante. Esta política criminal se conoce como incapacitación o inocuización selectiva. Hasta ahora, sin embargo, la misma no ha dado señales de éxito por la dificultad que conlleva identificar a dichos delincuentes.
2. La Criminología del Desarrollo: El Planteamiento de la Criminología del Desarrollo
La criminología del desarrollo considera que los factores relevantes para la criminalidad pueden ser distintos según la edad de las personas, y así pueden constituirse tipos siguiendo criterios como la fase de la vida en que alguien se encuentra, la edad a la que se comenzó a delinquir, patrones de agravación, especialización, desistencia, etcétera, que pueden tener causas diferentes. Se trata de un enfoque teórico complejo.
La criminología del desarrollo parte de la base de que las teorías criminológicas tradicionales son estáticas. Mientras que la criminología del desarrollo contemporánea es dinámica, las personas experimentan a lo largo de su vida nuevas experiencias, así como procesos puramente biológicos debidos al paso del tiempo. Esto quiere decir que tendencias que estaban más o menos fijadas en un determinado momento de la vida de las personas pueden verse alteradas dramáticamente en momentos posteriores; a la vez, factores causales que eran irrelevantes en cierto momento, pueden pasar a ser influyentes más adelante.
Frente a la comparación de grupos de delincuentes con grupos de no delincuentes, este nuevo enfoque sugiere que también deben estudiarse las trayectorias y los cambios que tienen lugar en los individuos concretos con el paso del tiempo. Loeber y Le Blanc utilizaron el término criminología del desarrollo en este sentido: cambios intraindividuales temporales en los delitos que cometen. La criminología del desarrollo reconoce diferencias notables entre los distintos individuos; y asume que ello puede responder a causas al menos en parte biológicas o genéticas.
Loeber y Le Blanc mantienen que la criminología debe de recurrir a conceptos dinámicos que sean capaces de aprehender el desarrollo de las actividades delictivas. Así, proponen el análisis independiente de tres etapas:
- La activación se refiere al proceso que siguen las actividades criminales de un sujeto cuando estas han comenzado ya. En las mismas pueden producirse, o no, fenómenos como los siguientes: acelerarse, en el sentido de que aumente la frecuencia de los delitos; estabilizarse, que la continuidad a lo largo del tiempo sea mayor; o diversificarse, que se tiendan a cometer distintas actividades delictivas.
- La agravación apunta a que con el paso del tiempo se puede producir una escalada en los delitos que se cometen, o sea que cada vez sean más graves.
- La desistencia hace referencia a un descenso en la frecuencia de los delitos o deceleración.
Las causas que influyen en cada uno de estos procesos pueden ser diferentes.
Lo importante es que las carreras criminales de los individuos pueden seguir diversas trayectorias que pueden ser estudiadas y quizá pronosticadas. Estas trayectorias no quedan fijadas y determinadas desde el principio, sino que pueden sufrir verdaderos cambios por el paso del tiempo o por determinadas experiencias de los individuos concretos, es decir, múltiples trayectorias de naturaleza dinámica.
Desde el punto de vista metodológico la criminología del desarrollo reclama como imprescindibles estudios longitudinales, los que se llevan a cabo varias mediciones con individuos en distintos momentos de sus vidas.
Puesto que la criminología del desarrollo favorece la idea de proceso, entonces considera que el cambio es una figura que merece una atención destacada. Esta línea de investigación llama la atención sobre el hecho de que la mayor parte de quienes cometen hechos delictivos abandonan su carrera cuando termina su adolescencia o poco después, (teorías tradicionales, la delincuencia es un fenómeno que tiende a amplificarse hacia más delitos y más serios, y no a reducirse).
La criminología del desarrollo también ha mostrado una gran sensibilidad por la prevención y tratamiento de la criminalidad. La prevención es la política criminal preferida por este enfoque y su propuesta es que los esfuerzos preventivos comiencen cuanto antes en la vida de las personas y se centren en el mayor número de factores de riesgo y de comportamientos antisociales.
3. La Propuesta del Desarrollo de Comportamientos Antisociales Limitados a la Adolescencia y Persistentes a lo Largo del Curso de la Vida
La teoría de Moffitt es una de las más conocidas dentro de la criminología del desarrollo de comportamientos antisociales limitados a la adolescencia y persistentes a lo largo del curso de la vida. La autora toma como punto de partida de su trabajo la sólida correlación que existe entre edad y delito y las dificultades que existen para explicar de manera satisfactoria la curva de la edad. A continuación propone distinguir:
- Delincuentes cuya actividad delictiva se limita a su adolescencia.
- Delincuentes persistentes, que delinquen a lo largo de su vida.
Esta autora insiste en que se trata de una clasificación de dos tipos cualitativamente diferentes de personas cuyos actos delictivos responden a explicaciones distintas. Las de los que dejan de delinquir al final de su adolescencia tenderán a ser próximas y específicas de este periodo, mientras que las del otro grupo se ubican en sus infancias; en este último el cambio es difícil.
La propuesta de esta autora se inscribe de lleno en la criminología del desarrollo en el sentido de que reconoce que las tendencias delictivas no quedan fijadas de forma más o menos determinista, sino que acontecimientos de la vida de las personas (y, más en concreto, de la vida cotidiana) son decisivos para las carreras delictivas. Aunque para esta autora las posibilidades de cambio no son tan abiertas.
La criminalidad responde a un proceso y tiene causas distintas en cada uno de los dos tipos que describe Moffitt. El origen de la criminalidad de los delincuentes persistentes tiene una naturaleza neuropsicológica. La evidencia empírica apunta en la dirección de que mínimas anomalías biológicas que se han encontrado pueden ser reflejo de problemas neuronales ocultos, o sea que todavía no han sido observados. El desarrollo neuronal durante el embarazo puede verse alterado por muy diversas razones entre las que se incluyen el uso de drogas por la madre, una mala alimentación del feto o la exposición a agentes tóxicos antes o después del nacimiento. A mayor abundamiento, continúa la autora, algunas diferencias neuropsicológicas entre individuos pueden ser heredadas. Por neuropsicológico la autora entiende estructuras anatómicas y procesos fisiológicos en el sistema nervioso que pueden influir en características psicológicas como el temperamento, el desarrollo del comportamiento, las habilidades cognitivas o las tres a la vez.
En determinados ambientes estas tendencias e interacciones pueden empeorar todavía más: este sería el caso de hogares, escuelas o barrios desfavorecidos en los que las respuestas al comportamiento de los niños sean contraproducentes (por el contrario, en ambientes favorables las tendencias pueden suavizarse). Como se puede observar, la clave entonces del comportamiento desviado y delictivo de estos chicos y chicas no se encuentra tanto en las disfunciones neuropsicológicas que aparecían en primer lugar, como en las consecuencias acumulativas de tipo negativo que se van experimentando: a lo largo del tiempo, las consecuencias de los problemas de personalidad y de los problemas académicos del joven que se van acumulando van reduciendo las opciones para el cambio. Esta teoría destaca el constante proceso de recíproca interacción entre rasgos personales y reacciones ambientales a los mismos. De este modo, estos individuos tienden a comenzar a delinquir antes en el tiempo y también a mantener una continuidad en su comportamiento antisocial.
La gran mayoría de quienes delinquen en su adolescencia dejan de hacerlo como ya sabemos. Estos sujetos, en la terminología de Moffitt, limitan su criminalidad a su adolescencia, y este es el patrón más común de los jóvenes que delinquen. La causa del comportamiento desviado y delictivo de estos jóvenes no tiene nada que ver con disfunciones neuropsicológicas, sino que responde a un proceso de mimetismo. El mimetismo consiste en copiar, imitar un comportamiento que proporciona recursos valiosos; estos jóvenes, entonces, imitan el comportamiento delictivo que ven en otros porque ello les proporciona algo valioso para ellos como es el estatus adulto, con su consiguiente poder y privilegio. Aquí la autora recurre al conocido argumento de que, con la modernización, los jóvenes han visto cómo su paso al estatus adulto o maduro de la sociedad se ha ido retrasando más y más, y algunos de ellos encuentran en la delincuencia un proceso más rápido para algunos de sus beneficios. Naturalmente, procesos de reforzamiento de la delincuencia también pueden desempeñar ahora algún papel: cada acto desviado o delictivo significa una reafirmación de la independencia personal del joven, y por lo tanto tiende a reforzar el comportamiento.
Con el paso del tiempo y en el momento de alcanzar la madurez en la sociedad, la tendencia es abandonar los comportamientos desviados y delictivos. Ello es una consecuencia lógica de que ya no precisan de los mismos para alcanzar lo que desean; más aún, lo que antes se veía como ventajoso ahora pasa a verse como perjudicial en cuanto que puede poner en peligro aspectos relacionados con su estatus. Puesto que no han acumulado la pesada carga de desventajas de los delincuentes permanentes, no tienen mayores dificultades para abandonar el delito e incorporarse a la vida adulta.
4. Evaluación
- Son modelos muy recientes y no suficientemente testados.
- Son muy complejos.
Moffitt ha incluido hipótesis refutables en su teoría.
