Historia de España Contemporánea: Economía, Dictadura y Transición Democrática (1833-1982)


El Contexto Socioeconómico (1833-1868)

El periodo de 1833 a 1868 experimentó un incipiente crecimiento económico e industrial, aunque este fue desigual y limitado en comparación con otras naciones europeas. La desamortización de Mendizábal (1836) y la de Madoz (1855) permitieron la venta de tierras eclesiásticas y comunales, lo que fortaleció a la burguesía agraria y generó recursos para el Estado. Sin embargo, estas medidas no resolvieron los problemas estructurales del campo ni mejoraron significativamente las condiciones de vida de los campesinos.

La industrialización se concentró en regiones específicas, como Cataluña (sector textil) y el País Vasco (metalurgia y minería). El desarrollo del ferrocarril durante la década de 1850 fue un avance importante para la integración de mercados, aunque se realizó con grandes costes para el Estado y limitaciones en su alcance, así como enormes casos de corrupción que dañaron la imagen de España en el extranjero.

A pesar de estos avances, la economía española seguía siendo predominantemente agraria, con una sociedad rural que enfrentaba problemas de pobreza y desigualdad. Además, la dependencia de capital extranjero en proyectos clave, como el ferrocarril, y la falta de un mercado interno fuerte limitaron el impacto de estos desarrollos. Aunque el crecimiento económico benefició a las élites urbanas, las clases populares rurales y urbanas apenas experimentaron mejoras, perpetuando las tensiones sociales y políticas. Estos problemas estructurales afectaron la viabilidad del sistema liberal, siendo causa tanto de la Revolución de 1868 como de los problemas sociales vividos durante la Restauración Borbónica.

El Franquismo (1939-1975)

El Franquismo fue el régimen político instaurado tras la victoria militar del bando sublevado en la Guerra Civil española (1936-1939), bajo la dictadura del general Francisco Franco Bahamonde. El régimen se mantuvo en todo el territorio español durante casi cuatro décadas, desde 1939 hasta la muerte del dictador en 1975.

El régimen puede dividirse en varias etapas, aunque, de forma simplificada, suele reducirse a dos grandes fases:

  1. Una primera caracterizada por el aislamiento internacional, la represión interna y el gobierno personal de Franco.
  2. Una segunda, conocida como tardofranquismo, marcada por el crecimiento económico, leves cambios políticos y una progresiva apertura internacional.

Características Fundamentales del Régimen Franquista

Las principales características del régimen franquista fueron las siguientes:

  1. Autoritarismo: Todo el poder político y administrativo del Estado se concentraba en la figura de Franco. Ostentaba funciones ejecutivas y legislativas, lo que le permitía ejercer un control absoluto sobre la vida política del país.
  2. Anticomunismo: Uno de los objetivos fundamentales del régimen fue impedir la expansión del comunismo en España. Bajo el lema «Centinela de Occidente», el franquismo manifestó un rechazo frontal a las ideologías de izquierda, a las que combatió de forma sistemática.
  3. Unipartidismo: Durante la Guerra Civil se creó el Movimiento Nacional, también conocido como FET de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), que se convirtió en el único partido político legal y permitido durante la dictadura.
  4. Militarismo: El ejército fue uno de los principales pilares del régimen y una de las fuentes esenciales de poder. Muchos de los colaboradores más cercanos a Franco procedían de las Fuerzas Armadas y ocuparon puestos clave en la administración del Estado.
  5. Represión: El régimen persiguió de forma sistemática a quienes habían pertenecido o sido identificados con el bando republicano, lo que provocó el exilio de miles de personas. La represión se dirigió especialmente contra la izquierda política y los nacionalismos catalán y vasco.
  6. Catolicismo: La Iglesia católica desempeñó un papel central en la vida política, social y educativa del país, convirtiéndose en la religión oficial del Estado. Franco se presentaba a sí mismo como un instrumento de Dios destinado a salvar a España.
  7. Nacionalismo: El franquismo promovió una exaltación constante de la patria y de la idea de España, acompañada de una simbología propia del régimen, como el uso de la camisa azul, el uniforme, la boina roja y los himnos oficiales.
  8. Corporativismo: Se fomentó la creación de grandes corporaciones nacionales que agrupaban a los distintos sectores de la producción. Este modelo, heredado del fascismo, se mantuvo como uno de los rasgos ideológicos del régimen.
  9. Censura: La prensa, la radio y la televisión estuvieron sometidas a un estricto control estatal, en muchos casos bajo dirección militar. A través del dominio de los medios de comunicación de masas, el régimen intentó moldear la opinión pública, suprimiendo cualquier crítica o disidencia. Asimismo, se prohibieron los partidos de oposición, los sindicatos independientes y el uso público de lenguas cooficiales como el catalán o el euskera.
  10. Corrupción: Como en otros regímenes dictatoriales, la ausencia de mecanismos de control favoreció la expansión de la corrupción. Franco convirtió en la práctica el patrimonio del Estado en un patrimonio personal y utilizó la corrupción como herramienta para recompensar y asegurar la lealtad política y económica de los apoyos del régimen.

El Primer Franquismo: Aislamiento y Autarquía

El primer Franquismo fue marcadamente represivo. Desde el inicio se aplicó una dura represión contra los vencidos mediante leyes como la de Responsabilidades Políticas, mientras se exaltaba a los vencedores. En los primeros años, el régimen adoptó muchos rasgos del fascismo europeo, impulsados en gran medida por Serrano Suñer, con partido único (FET-JONS), sindicato único y control total de la vida política y social a través del Movimiento Nacional. No existía una constitución democrática, sino un conjunto de Leyes Fundamentales del Reino que organizaban el Estado.

En el plano económico, el primer franquismo estuvo marcado por la autarquía, la intervención estatal y una gestión ineficaz que provocó escasez, mercado negro y un fuerte descenso del nivel de vida. El aislamiento internacional tras la Segunda Guerra Mundial agravó aún más la situación, ya que España quedó marginada por su vinculación con las potencias fascistas.

A partir de finales de los años cuarenta, el régimen intentó suavizar su imagen mediante la llamada democracia orgánica, reforzó el carácter católico del Estado y proclamó a España como un reino sin rey, manteniendo Franco la Jefatura del Estado de forma vitalicia. Con la Guerra Fría, el anticomunismo del régimen facilitó su progresiva aceptación internacional, especialmente por parte de Estados Unidos y el Vaticano.

El Segundo Franquismo: Desarrollo y Crisis Final

El Segundo Franquismo comienza a finales de los años cincuenta y está marcado por el abandono de la autarquía. Ante la grave crisis económica, Franco incorporó a tecnócratas vinculados al Opus Dei, que impulsaron el Plan de Estabilización de 1959. Este plan liberalizó la economía y dio lugar a un fuerte crecimiento, conocido como el “milagro económico español”, que transformó la sociedad:

  • Mejoró el nivel de vida.
  • Se consolidó una clase media.
  • Aumentó el consumo.
  • Se aceleró la urbanización.
  • Se ampliaron la educación y la sanidad públicas.

Sin embargo, esta modernización generó tensiones dentro del régimen entre los sectores inmovilistas y los reformistas. A medida que Franco envejecía, redujo su papel político directo y se intensificó la lucha por la sucesión. En 1969 designó a Juan Carlos de Borbón como sucesor, con la intención de asegurar la continuidad del régimen bajo una monarquía autoritaria.

Paralelamente, la mejora económica y la apertura exterior favorecieron el crecimiento de la oposición social y política, con protestas obreras y estudiantiles y una mayor contestación intelectual. En los últimos años, el debilitamiento físico de Franco, la violencia de ETA y el asesinato de Carrero Blanco evidenciaron la crisis final de un régimen cuya continuidad se volvió insostenible.

La Transición Democrática (1975-1982)

La Transición Democrática comienza tras la muerte de Franco en noviembre de 1975 y supuso el paso de una dictadura a un sistema democrático. El rey Juan Carlos I asumió la Jefatura del Estado y, aunque inicialmente mantuvo a Arias Navarro como presidente, pronto quedó claro que su inmovilismo era incompatible con la democratización. Tras su destitución, el rey nombró a Adolfo Suárez, quien, junto a Torcuato Fernández-Miranda, impulsó decididamente el cambio político.

La democratización respondió tanto a la convicción del monarca como a fuertes presiones internas y externas: la reactivación de la oposición antifranquista, el nuevo contexto europeo y la imposibilidad de mantener una dictadura en la Europa de los años setenta. Aun así, el proceso se enfrentó a importantes resistencias del franquismo y del Ejército, lo que obligó a actuar con prudencia y negociación.

El eje del proceso fue la ruptura pactada, que permitió desmontar legalmente el franquismo desde dentro. Su pieza clave fue la Ley para la Reforma Política (1976), aprobada por las propias Cortes franquistas y ratificada en referéndum. Esta ley abrió el camino a elecciones libres y a la desaparición de las instituciones del régimen anterior, garantizando al mismo tiempo la amnistía y la no persecución de los responsables franquistas.

Tras la legalización de los partidos políticos, incluidas las fuerzas de izquierda, en junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones democráticas desde la Guerra Civil, ganadas por la UCD de Suárez. Las nuevas Cortes elaboraron la Constitución de 1978, fruto del consenso entre todas las fuerzas políticas, que fue aprobada por referéndum y estableció un Estado democrático y de derecho.

Pese a los avances, la Transición se desarrolló en un clima de fuerte tensión, con terrorismo, presiones del franquismo más radical y conflictos territoriales y sociales. En 1981, tras la dimisión de Suárez y el fallido golpe de Estado del 23-F, la democracia se consolidó definitivamente gracias a la intervención del rey. El proceso se considera cerrado con la victoria del PSOE en 1982, que supuso la plena alternancia política y la normalización democrática.

El Proyecto de República Federal (1873-1874)

El concepto de República Federal aparece sobre todo durante la Primera República (1873-1874). Tras la abdicación de Amadeo I, se proclamó la República y una parte importante de los republicanos, los llamados republicanos federales, defendieron que España debía organizarse como una federación de territorios históricos. Su objetivo era respetar la diversidad regional, evitar el centralismo del Estado liberal y dar más poder político a las regiones.

El principal defensor del modelo federal fue Francisco Pi y Margall, presidente de la República durante unos meses. Su proyecto consistía en crear una República Federal desde abajo, en la que las regiones se federaran libremente y después cedieran parte de su soberanía al Estado central. Sin embargo, este planteamiento generó muchos problemas.

Causas del Fracaso de la Primera República Federal

El intento de implantar la República Federal fracasó rápidamente por varias razones:

  1. Existía una gran división política entre los propios republicanos (federales moderados, federales radicales y unitarios).
  2. Estalló el movimiento cantonal, por el cual algunas ciudades y territorios se proclamaron independientes sin esperar a una constitución federal, lo que provocó caos y desorden.
  3. A esto se sumaron la guerra carlista y la guerra de Cuba.
  4. La debilidad del Ejército y la falta de apoyo social al régimen.

Finalmente, la inestabilidad política desembocó en un golpe de Estado en 1874, que puso fin a la Primera República y abrió el camino a la Restauración Borbónica.

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