Historia de la Segunda República Española y el Ascenso del Franquismo


Proclamación de la Segunda República

En 1930, tras el abandono del poder por parte de Miguel Primo de Rivera, Alfonso XIII intentó volver a la situación anterior a septiembre de 1923, pero sin éxito, ya que la dictadura había destruido a los dos partidos del turno y había dejado a España sin Constitución. El fin de la dictadura provocó un súbito proceso de politización, con el sentir republicano, anarquista y socialista enfrentado al bloque dominante de la aristocracia, la Iglesia católica, la oligarquía rural y los industriales vascos y catalanes.

Varios sectores republicanos se habían integrado en una Alianza Republicana ya en 1926, orientada por el Partido Radical de Alejandro Lerroux y Acción Republicana, dirigido por Manuel Azaña. La zona más a la izquierda de ese nuevo republicanismo la ocupó el Partido Republicano Radical-Socialista, mientras que la más conservadora fue cubierta por la Derecha Liberal Republicana. También destacaron Estat Català y la Organización Republicana Gallega Autónoma.

En 1930 surgió el comité revolucionario que selló el compromiso de preparar la insurrección contra la monarquía. El PSOE se uniría finalmente a este pacto. Se puso en marcha la vía insurreccional, que era una vez más una insurrección militar, organizada por un comité revolucionario y apoyada en la calle por una huelga general. El plan fracasó en diciembre de 1930: el capitán Fermín Galán no esperó a la fecha fijada por el comité revolucionario. Dos días después, los líderes fueron fusilados.

El almirante Aznar convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931; los republicanos vencieron y el gobierno dimitió la noche del 13. Al día siguiente, Alfonso XIII partió al exilio. La Segunda República española nació en un contexto económico desfavorable tras el hundimiento de la Bolsa de Nueva York en 1929. El aislamiento y carácter cerrado de la economía española propició que la depresión tardase más tiempo en afectar a España y que lo hiciese con una repercusión menor.

Bienio Radical-Cedista y Revolución de 1934

En el contexto de la II República española, las elecciones de noviembre de 1933 dieron la victoria a las candidaturas de la derecha, representadas por la CEDA y el Partido Radical. Alcalá-Zamora, presidente de la República, pidió al radical Alejandro Lerroux que formara un Gobierno republicano.

Comenzó entonces la revisión de la obra del bienio anterior. En política religiosa no se aplicó la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas, por lo que siguieron funcionando las escuelas católicas y el Estado siguió financiando a la Iglesia. En cuanto a la reforma agraria, se devolvieron tierras a la nobleza. Se concedió también la amnistía a los condenados por la “sanjurjada”. Estas decisiones provocaron la escisión de la izquierda.

La CEDA entró en el Gobierno en octubre de 1934 con tres ministros, lo que fue considerado una traición a la República por parte de los sectores de izquierda. El PSOE, que dominado por Largo Caballero desde la UGT se había desplazado hacia posiciones cada vez más revolucionarias, promovió una insurrección justificada con la excusa de que era necesaria para impedir que la CEDA destruyese la República.

Se convocó la huelga general para el 5 de octubre; la ausencia de los anarquistas impidió su éxito, a pesar de que hubo huelgas. El movimiento revolucionario socialista quedó reducido a Asturias, fracasando en el resto del país y sin encontrar apoyo militar. En Asturias, el movimiento fue dirigido por la Alianza Obrera; tras varias huelgas generales ese año, las cuencas mineras se habían armado, lo que permitió el control de varios pueblos y ciudades durante varios días. Para sofocar la rebelión, el Gobierno recurrió a la Legión y a las tropas de Regulares de Marruecos, dirigidas por el general Franco. Ante el avance de las tropas, muchos milicianos comenzaron a replegarse hacia las montañas, aunque grupos de mineros armados se negaron y mantuvieron combates callejeros.

Hubo también ejecuciones sumarias por parte de las fuerzas de seguridad y el ejército bajo la Ley Marcial. En la represión inmediata, cientos de prisioneros fueron sometidos a palizas y torturas.

La insurrección socialista de octubre de 1934 no consiguió expulsar a la CEDA del gobierno. Los ayuntamientos socialistas y republicanos de izquierda (el 20% del total de España) fueron sustituidos por comisiones gestoras, que comenzaron a desmantelar con mayor vigor todas las reformas del bienio anterior. Pero los escándalos de corrupción (como el del estraperlo) que comenzaron a salpicar al Partido Radical y la negativa de Alcalá-Zamora a que la CEDA se hiciera con la presidencia del gobierno llevaron a la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones para febrero de 1936.

Conceptos Clave

  • Clara Campoamor (1888-1972): Licenciada en Derecho, de clara vocación republicana y feminista, luchó contra el código civil y penal que trataba a las mujeres como menores de edad y fue la principal impulsora del sufragio femenino.
  • Sanjurjada: Intento de golpe de Estado encabezado por el general Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, en Sevilla en agosto de 1932 contra el gobierno republicano-socialista.
  • CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas): Partido político fundado en 1933 y liderado por Gil-Robles. Se definía como confesional y derechista, reuniendo a los sectores más conservadores y católicos opuestos a las reformas.
  • José Antonio Primo de Rivera (1903-1936): Primogénito del dictador Miguel Primo de Rivera. En 1933 fundó el partido de la Falange Española, de corte fascista.
  • Frente Popular: Coalición electoral vencedora en las elecciones de 1936 que agrupaba a los partidos republicanos de izquierda y partidos obreros. El pacto se anunció en febrero de ese año.
  • Brigadas Internacionales: Unidades militares integradas por voluntarios extranjeros que, durante la Guerra Civil, lucharon en defensa de la II República.
  • Batalla del Ebro (25 de julio – 16 de noviembre de 1938): La batalla más cruenta de la Guerra Civil por el número de bajas y la dureza de los combates.

El Decreto de Unificación y la Construcción del Estado Franquista

El texto presentado es una fuente primaria, un fragmento elaborado del Decreto de Unificación. Se trata de un texto jurídico cuyo ámbito de aplicación sería la España controlada por los militares sublevados contra la República en julio de 1936.

El destinatario es público: los españoles residentes en la zona sublevada y, especialmente, los partidos políticos que habían apoyado la sublevación. En cuanto a su autoría, el arquitecto fue Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco (siendo este último, el Generalísimo, el firmante del mismo). En lo relativo a su ámbito cronológico, el Decreto, de fecha 19 de abril de 1937, fue publicado el 20 de abril de 1937 en el Boletín Oficial del Estado. Tendría vigencia hasta 1977.

Dicho decreto establecía la fusión, bajo la jefatura suprema de Franco, en una “sola entidad política nacional”, estableciéndose así un partido único. Este fusionaba a Falange Española y de las JONS con la Comunión Tradicionalista (el partido de los carlistas), bajo el nombre de FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista).

Como ideas secundarias, cabe señalar que quedaron extinguidas el resto de organizaciones y partidos políticos que habían apoyado el golpe. Los dirigentes falangistas y carlistas opuestos a la unificación fueron apartados, mientras que los monárquicos de Renovación Española y la CEDA aceptaron la unificación y se disolvieron. Además, para tener cabida en el juego político, era necesario afiliarse a este nuevo partido único. Con ello, Franco asentaba aún más su liderazgo político total en la España rebelde.

La dirección de los sublevados fue conferida ya en julio de 1936 a una Junta de Defensa Nacional establecida en Burgos, integrada únicamente por militares. La Junta declaró el estado de guerra y todo el territorio quedó bajo control militar. Ante la carencia de un proyecto unitario de las fuerzas políticas que apoyaron el alzamiento (Falange, extrema derecha monárquica, carlistas, CEDA), el ejército se convirtió en el pilar básico del nuevo Estado.

El general Mola gobernaba en la práctica el norte, Franco controlaba Marruecos y Canarias, y Queipo de Llano la Andalucía ocupada. Pero en octubre, en Salamanca, Franco ya fue reconocido como “Generalísimo de los Ejércitos” y “Jefe del Gobierno del Estado Español”. El general se vio favorecido por liderar el ejército de África, por haber conseguido la ayuda militar de Hitler y Mussolini para trasladar a estas tropas a la península y por la popularidad que le dio la liberación del Alcázar de Toledo.

La Junta de Defensa fue disuelta y sustituida por una Junta Técnica del Estado como órgano consultivo del Generalísimo, que adoptaría ahora el título de Caudillo. El siguiente paso era la unificación de todas las fuerzas políticas en un partido único, necesario para que Franco pudiese concentrar el poder en su persona. Así, Serrano Suñer diseñó el Decreto de Unificación de abril de 1937.

La jefatura del partido único permitió a Franco crear en enero de 1938 su primer gobierno, en el que distribuyó los ministerios entre militares, monárquicos, falangistas y carlistas. En marzo de 1938 se aprobó el Fuero del Trabajo, una especie de constitución basada en la Carta del Lavoro del fascismo italiano. Este gobierno promulgó además:

  • Una nueva Ley de Administración Central del Estado (que derogaba los estatutos de autonomía).
  • Una Ley de Prensa (que establecía la censura previa).
  • Una Ley de Enseñanza Media (que garantizaba a la Iglesia el control sobre la educación).
  • La Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939.

Se configuraba así un sistema totalitario. Los sublevados contaban con las tropas mejor entrenadas del ejército español, el poder económico, el apoyo de la Iglesia católica y un contexto internacional favorable.

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