Causas y Cronología de la Guerra de Independencia Española
A partir de 1796 (Tratado de San Ildefonso), España quedó sometida a los intereses franceses, especialmente a partir del acceso al poder de Napoleón. La política expansionista de este y los conflictos internos en la monarquía española son los factores que explican la Guerra de Independencia. Napoleón firmó con España el Tratado de Fontainebleau (1807), que permitía el paso de tropas francesas por el país para invadir Portugal. Napoleón aprovechó la situación para invadir también España, frente a lo cual se produjo el Motín de Aranjuez (marzo de 1808), por el que Fernando VII desplazó a su padre Carlos IV del trono.
Napoleón aprovechó el enfrentamiento para llamar a ambos a Bayona con el fin de mediar en su disputa, aunque su intención real fue obligarlos a abdicar en su favor, cediendo la corona española a su hermano José I Bonaparte. El desplazamiento de la familia real a Bayona y el descontento por la invasión francesa provocaron el inicio de la sublevación popular en Madrid el 2 de mayo de 1808, dando comienzo a la guerra, que terminó con el Tratado de Valençay de 1813.
Razones del apoyo a la monarquía de José I Bonaparte
Fueron sobre todo personas de ideología ilustrada o liberal, conocidos como afrancesados, quienes vieron en la nueva monarquía de José I Bonaparte la posibilidad de poner fin al Antiguo Régimen en el país y establecer un régimen liberal similar al francés, tal y como se había planteado al aprobarse en julio de 1808 el Estatuto de Bayona. Junto a esta razón ideológica, en algunos casos el apoyo a los franceses se debía al interés de aprovechar el cambio de poder para obtener un rendimiento político, económico o social.
La Constitución de 1812: Soberanía Nacional y Características
El concepto de soberanía hace referencia al origen del poder del Estado. En las monarquías absolutas del Antiguo Régimen, la soberanía residía en el Rey por delegación de Dios; es decir, existía una soberanía real de derecho divino. Frente a ello, el Liberalismo defendía el principio de soberanía nacional, que establece que el origen del poder reside en la Nación, entendida como el conjunto de los ciudadanos a los que se les reconocen derechos individuales. Como consecuencia de ello, las instituciones del Estado deben ser elegidas por los ciudadanos mediante elecciones libres.
Características principales de la Constitución de 1812
Aparte del principio de soberanía nacional, otras características de la Constitución de 1812 son:
- El establecimiento de derechos individuales (libertad de expresión, garantías procesales, etc.).
- La división de poderes relativa: el poder ejecutivo reside en el Rey, el legislativo en las Cortes con el Rey, y el judicial en los tribunales de justicia.
- La confesionalidad católica del Estado: la religión católica se considera la oficial y la única que puede practicarse en público.
Contexto de la promulgación de la Constitución en Cádiz
Tras las abdicaciones de Bayona y el estallido de la sublevación popular contra los franceses en mayo de 1808, se formó una Junta Suprema Central que, entre otras decisiones, convocó las Cortes. La invasión progresiva del país hizo que en 1810 la Junta, establecida en Sevilla, se disolviera, cediendo sus poderes a una Regencia que, refugiada en Cádiz (única ciudad importante libre de ocupación francesa), decidió mantener la convocatoria de Cortes. La importancia de la burguesía en esta ciudad, centro del comercio colonial con América, explica que en ellas predominara la ideología liberal y que fuera aprobada la Constitución.
Causas y Consecuencias de la Primera Guerra Carlista
Fernando VII tuvo como descendiente a su hija Isabel, pero su acceso al trono era imposible por la Ley Sálica establecida en 1713. Ante ello, el rey aprobó en 1830 la Pragmática Sanción, que permitió la descendencia femenina. Los sectores absolutistas no aceptaron la nueva ley y apoyaron en la sucesión al hermano del rey, Carlos María Isidro. Al fallecer el rey en 1833, los absolutistas apoyaron a Carlos, mientras que los liberales respaldaron a la nueva reina, Isabel II. La guerra acabó en 1839 con la victoria de Isabel, teniendo como consecuencias el establecimiento de un régimen liberal en España y el aumento de la importancia de los militares en la vida política española contemporánea.
Diferencias entre Moderados y Progresistas en el Reinado de Isabel II
Los Moderados tenían su base social en las llamadas “personas de orden” (alta burguesía, restos de la nobleza, alto clero, jerarquía militar) y defendían una ideología conservadora basada en:
- Defensa del derecho de propiedad y sufragio muy censitario.
- Subordinación de la libertad individual a la autoridad y el orden social (creación de la Guardia Civil).
- Soberanía compartida entre Cortes bicamerales y la Corona, con amplios poderes para el monarca.
- Confesionalidad católica del Estado y política económica proteccionista.
Por otro lado, los Progresistas tenían su base social en las clases medias (pequeña y mediana burguesía, oficialidad militar) y contaron inicialmente con el apoyo de las clases populares urbanas. Su ideología progresista-reformista defendía:
- Sufragio menos censitario y la Milicia Nacional.
- Soberanía nacional y predominio de Cortes unicamerales.
- Limitación del poder de la Corona y amplios derechos individuales.
- Autonomía municipal, limitación de la influencia de la Iglesia y política económica librecambista.
Características de la Constitución de 1845
La Constitución de 1845 fue una reforma de la de 1837 en un sentido exclusivamente moderado. Sus características principales, basadas en la ideología del Partido Moderado, incluyen:
- Soberanía conjunta de la Corona y las Cortes.
- Cortes bicamerales: Congreso de los Diputados (sufragio censitario) y Senado (designación real).
- Amplias prerrogativas de la Corona (nombramiento de ministros, disolución de Cortes y sanción de leyes).
- Derechos individuales limitados por leyes de desarrollo y confesionalidad católica del Estado.
La Década Moderada (1844-1854)
Durante el reinado de Isabel II, el gobierno moderado accedió al poder con el respaldo de la monarquía tras la caída de Espartero, bajo el liderazgo del general Ramón María Narváez. Este gobierno estableció un sistema político oligárquico basado en la Constitución de 1845, con medidas como:
- Soberanía compartida y aumento de prerrogativas reales.
- Cortes compuestas por un Senado vitalicio y un Congreso de sufragio restringido.
- Reorganización territorial con municipios bajo control central y catolicismo oficial.
- Reformas en fiscalidad, educación, justicia y orden público.
A pesar de la estabilidad aparente, enfrentaron desafíos como la Segunda Guerra Carlista (1846-49). La vida política se centraba en las «camarillas» reales. El autoritarismo de Juan Bravo Murillo y sus propuestas de reforma fracasaron, lo que condujo a la revolución de 1854.
El Bienio Progresista (1854-1856)
En 1854, el general O’Donnell se pronunció en Vicálvaro. Junto al general Serrano, lanzó el Manifiesto de Manzanares. Isabel II entregó el poder al general Espartero. Durante este periodo se intentaron restaurar principios progresistas como la Milicia Nacional y se propuso la Constitución de 1856 (non nata), que introducía la libertad de culto. Se impulsó la industrialización con la Desamortización General de 1855 y la Ley General de Ferrocarriles. Sin embargo, la conflictividad social (Huelga General en Cataluña) y las discrepancias entre la Unión Liberal y el Partido Demócrata llevaron a la dimisión de Espartero y al ascenso de O’Donnell.
Unión Liberal y Crisis del Moderantismo (1856-1868)
La última etapa estuvo marcada por la alternancia entre unionistas y moderados. El favoritismo de la Corona hacia los moderados marginó a progresistas y demócratas.
Gobiernos Unionistas (1856-1863)
O’Donnell buscó un equilibrio político y estabilidad económica. Se realizaron expediciones exteriores a Indochina, México y Marruecos. La descomposición interna forzó su dimisión.
Gobiernos Moderados (1863-1868)
Narváez regresó con un gobierno autoritario. Tras la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil (1866) y una grave crisis de subsistencia, se firmó el Pacto de Ostende para derrocar a Isabel II.
Resumen del Reinado de Isabel II
El reinado comenzó con una guerra civil entre liberales y absolutistas. El triunfo liberal permitió consolidar el Estado liberal y el capitalismo. Tras una etapa progresista durante las regencias, la mayoría de edad de Isabel II dio paso al predominio moderado y a un sistema oligárquico. La falta de alternancia política y la exclusión social provocaron la caída de los Borbones y el inicio del Sexenio Revolucionario.
La Década Moderada (1844-1854)
Adentrándonos en el reinado de Isabel, la situación es la de un gobierno moderado que accedió al poder con el respaldo de la monarquía, tras la caída de Espartero, y cuyo líder era el general Ramón María Narváez. Dicho gobierno estableció un sistema político oligárquico basado en la Constitución de 1845, entre cuyas medidas destacan las siguientes:
- La soberanía era compartida entre el rey y las Cortes, lo que conllevaba un aumento de prerrogativas reales.
- Las Cortes se componían de dos cámaras: el Senado (vitalicio, nombrado por el rey) y el Congreso (sufragio censitario restringido).
- La administración territorial se reorganizó, los municipios quedaron bajo control central, se estableció el catolicismo como religión oficial. Además, se llevaron a cabo diversas reformas en fiscalidad, educación, justicia y orden público.
A pesar de la aparente estabilidad, los gobiernos moderados no lograron mantenerse en el poder, pues tuvieron que hacer frente a tensiones políticas y desafíos, como la Segunda Guerra Carlista (1846-49), que a pesar de no alcanzar las dimensiones de la anterior, sí que demostró la debilidad del gobierno del momento. La vida política durante este periodo no se centraba en las Cortes, sino en diversas «camarillas» que buscaban el favor real. El autoritarismo se intensificó con el gobierno de Juan Bravo Murillo, cuyas propuestas fracasaron, conduciendo a la revolución de 1854.
El Bienio Progresista (1854-1856)
En 1854, una facción militar liderada por el general O’Donnell se pronunció en Vicálvaro. En Manzanares se le unió el general Serrano y juntos lanzaron el manifiesto de Manzanares, con promesas progresistas. Ante el apoyo popular, la reina Isabel II entregó el poder al general Espartero. Durante su gobierno, intentó restaurar principios progresistas, como la Milicia Nacional y la elección directa de alcaldes. También se propuso una nueva Constitución en 1856 (non nata) que introducía la libertad de culto. Se llevaron a cabo reformas económicas como la Desamortización General de 1855 y la Ley General de Ferrocarriles. Sin embargo, los conflictos sociales y las discrepancias entre facciones progresistas y radicales agudizaron las tensiones, terminando con la dimisión de Espartero y la represión de O’Donnell.
Unión Liberal y Crisis del Moderantismo (1856-1868)
La última etapa del gobierno de Isabel II estuvo marcada por la alternancia en el poder entre unionistas y moderados. El favoritismo de la Corona hacia los moderados llevó a la descomposición del sistema político isabelino.
Gobiernos Unionistas (1856-1863)
O’Donnell, al frente de la Unión Liberal, buscó un equilibrio político. Se logró estabilidad y prosperidad económica, impulsada por la especulación ferroviaria. La política exterior incluyó campañas en Indochina, México y Marruecos. La descomposición interna llevó a la entrega del poder a los moderados.
Gobiernos Moderados (1863-1868)
El retorno de Narváez significó un gobierno autoritario y represivo. Tras la sublevación de San Gil en 1866 y la crisis de subsistencia, se firmó el Pacto de Ostende, donde progresistas, demócratas y republicanos se comprometieron a derrocar a Isabel II.
