La Restauración Borbónica: Sistema Político, Crisis y el Desastre del 98


Restauración de la monarquía

En diciembre de 1874, el general Martínez Campos realizó un pronunciamiento en Sagunto que puso fin a la Primera República y proclamó rey a Alfonso XII, restaurando la monarquía borbónica seis años después del destronamiento de Isabel II. La Restauración había sido preparada por Cánovas del Castillo, líder del Partido Alfonsino, que defendía una monarquía constitucional inspirada en el sistema británico. Cánovas quería crear un régimen estable basado en el orden, la monarquía y el liberalismo moderado, evitando la continua intervención del ejército en la política. Desde la academia militar de Sandhurst, Alfonso XII publicó un manifiesto redactado por Cánovas en el que presentaba la monarquía como la solución a la crisis política del Sexenio Democrático.

Bases del sistema

Cánovas organizó un sistema político destinado a garantizar la estabilidad y evitar los problemas del reinado de Isabel II. Sus objetivos eran apartar al ejército de la política, pacificar el país e integrar a conservadores y liberales moderados en un mismo régimen político. El sistema se apoyaba en una monarquía parlamentaria y en el turno pacífico entre dos grandes partidos dinásticos, dejando fuera del sistema a republicanos, carlistas y nacionalistas.

Constitución de 1876

La Constitución de 1876 fue la base legal del sistema de la Restauración y estuvo vigente durante gran parte del periodo. Fue redactada por unas Cortes constituyentes dominadas por los conservadores y era una constitución flexible para que tanto conservadores como liberales pudieran gobernar sin necesidad de modificarla constantemente. Establecía la soberanía compartida entre el rey y las Cortes y otorgaba amplios poderes a la Corona, ya que el rey nombraba y destituía gobiernos y tenía derecho de veto. Las Cortes eran bicamerales, formadas por Congreso y Senado. Además, reconocía derechos y libertades, aunque podían limitarse, establecía el catolicismo como religión oficial y mantenía el sufragio censitario hasta 1890, cuando se implantó el sufragio universal masculino.

Bipartidismo y turnismo

El sistema político se basó en dos partidos dinásticos: el Partido Conservador, liderado por Cánovas, y el Partido Liberal, dirigido por Sagasta. Ambos defendían la monarquía y la Constitución, aunque los conservadores eran más autoritarios y los liberales más reformistas. Los dos partidos se alternaban en el poder mediante el llamado turnismo: el rey encargaba formar gobierno al partido que debía gobernar y después se convocaban elecciones.

Sin embargo, las elecciones estaban manipuladas para asegurar el resultado. El fraude electoral se realizaba mediante:

  • El caciquismo: los caciques locales controlaban el voto.
  • El encasillado: consistía en repartir previamente los escaños.
  • El pucherazo: basado en la manipulación directa de votos y resultados electorales.

Por ello, el sistema no era realmente democrático.

Política interior

Durante gran parte del reinado gobernó el Partido Conservador, que aplicó medidas restrictivas como la censura de prensa, la limitación de libertades, el control de la enseñanza y la centralización administrativa del Estado. También se abolieron los fueros vascos tras el final de la tercera guerra carlista y se intentó unificar las leyes en toda España.

Cuando gobernaron los liberales de Sagasta entre 1881 y 1883, se recuperaron algunas libertades, como la libertad de expresión y de cátedra. Además, comenzaron las primeras preocupaciones por la situación de las clases trabajadoras y las cuestiones sociales.

Pacificación militar

Uno de los principales objetivos de la Restauración fue pacificar el país, afectado por guerras e inestabilidad política. Durante el reinado finalizaron la tercera guerra carlista en 1876, con la derrota de Carlos VII, y la guerra de Cuba mediante la Paz de Zanjón en 1878, aunque el conflicto reaparecería años después. La pacificación ayudó a consolidar el nuevo régimen político.

Política exterior y economía

España mantuvo una política exterior prudente para evitar conflictos internacionales importantes. El principal problema fue el conflicto de las Carolinas con Alemania en 1885, que se resolvió pacíficamente gracias a la mediación de la Santa Sede. En economía destacaron los acuerdos comerciales librecambistas con Francia y Reino Unido, impulsados especialmente por los liberales.

Regencia de María Cristina (1885-1902)

Reinado

Tras la muerte de Alfonso XII por tuberculosis en 1885, su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo, asumió la regencia con el apoyo de los partidos dinásticos. Conservadores y liberales firmaron el Pacto de El Pardo, comprometiéndose a mantener la monarquía, respetar el turnismo político y conservar las leyes aprobadas por ambos gobiernos.

Siguiendo el funcionamiento de la Constitución de 1876, María Cristina entregó el poder a los liberales de Sagasta, que gobernaron entre 1885 y 1890 en el llamado Parlamento largo. Durante este periodo se desarrolló el programa reformista más importante de la Restauración y se consolidó el sistema político.

Entre las principales reformas destacaron:

  • Código de Comercio (1885) y Código Civil (1889): adaptaban las leyes al liberalismo económico.
  • Ley de Asociaciones (1887): permitió el desarrollo de sindicatos y partidos opositores.
  • Sufragio universal masculino (1890): aunque en la práctica las elecciones siguieron manipuladas por el caciquismo.

En 1890 regresaron los conservadores al poder, aplicando una política económica proteccionista y aumentando las medidas represivas contra los movimientos obreros. A partir de 1895, la política española estuvo marcada por los conflictos coloniales de Cuba y Filipinas.

La crisis de 1898

Las guerras coloniales

A finales del siglo XIX, España sufrió una profunda crisis provocada por las guerras de independencia colonial en Cuba y Filipinas. La verdadera guerra de independencia comenzó en 1895 bajo el liderazgo de José Martí. Los rebeldes utilizaron tácticas de guerrilla y el ejército español sufrió muchas bajas por enfermedades y el clima.

Ni la política conciliadora de Martínez Campos ni la dura represión de Valeriano Weyler consiguieron acabar con la rebelión. En 1897, Sagasta intentó solucionar el conflicto concediendo autonomía y amnistía política a Cuba, pero Estados Unidos ya había decidido intervenir. En Filipinas, la rebelión fue dirigida por José Rizal y la sociedad secreta Katipunan.

La intervención de Estados Unidos

En 1898, Estados Unidos utilizó como excusa la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana para declarar la guerra a España. La superioridad militar estadounidense provocó dos grandes derrotas españolas:

  • Desastre de Cavite en Filipinas.
  • Desastre de Santiago de Cuba, que destruyó la flota española.

Tras la derrota, España firmó el Tratado de París (1898), perdiendo Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.

Consecuencias del conflicto

La pérdida de las colonias provocó importantes consecuencias económicas y sociales, acelerando la crisis del sistema de la Restauración. Surgió una importante crisis moral e intelectual conocida como regeneracionismo, que cuestionó los fundamentos de la Restauración y la posición de España como potencia internacional.

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