Literatura del Renacimiento: poesía, novela picaresca y teatro del siglo XVI


LA LITERATURA DEL RENACIMIENTO

Esta es una época en la cual la literatura resulta interesante en todos los géneros literarios: lírica, narrativa y teatro, y, además, comienza a apuntar la figura probablemente más fascinante de toda la historia literaria contemporánea: Miguel de Cervantes Saavedra. Empecemos por la lírica.

Formas y temas de la lírica renacentista

A la lírica la define la irrupción del petrarquismo, un nuevo modelo por lo que a la lírica se refiere y que se hace evidente en todos los poetas de los siglos XVI y XVII y llega hasta la época actual. El influjo de Petrarca supone una renovación, no solo de temas y formas, sino de la sensibilidad estética, y se debe, sobre todo, a su intimismo.

La poesía italianizante que posee como modelo a Petrarca es la más representativa del Renacimiento y tiene los siguientes temas y formas:

Formas

  • El endecasílabo sustituye al octosílabo y se cultivan estrofas como el soneto, los tercetos encadenados y aquellas en las que se combinan versos de 11 y de 7 sílabas, como la silva y la lira.

Temas

  • En cuanto a los temas, destacan el amor, la naturaleza y la mitología.

– El amor. Como un sentimiento platónico que ennoblece al enamorado porque, a través de la amada, se acerca a la perfección. A menudo produce melancolía y va desde la exaltación a la tristeza.

– La naturaleza. Simboliza la vida sencilla y perfecta. Se presenta idealizada (locus amoenus), como escenario amable o como el reflejo de los estados de ánimo del poeta; el bucolismo.

– La mitología. Estos temas dan un tono pagano a la literatura y reflejan la admiración por la cultura grecolatina. Las personas cultas de la época conocían las historias mitológicas y sus personajes.

La figura más representativa en la lírica renacentista es Garcilaso de la Vega. Introductor del petrarquismo, por su vida y su poesía encarna el modelo de hombre renacentista. Su obra inicia una nueva sensibilidad intimista. Entre sus obras destacan los sonetos y las églogas (recuerda en los apuntes de los subgéneros de la lírica en qué consisten).

Escribió tres églogas, de las cuales la más valorada es la primera. En ella los pastores Salicio y Nemoroso expresan sus quejas en una naturaleza dulce y bucólica. Mientras Salicio se lamenta de los desdenes de su amada Galatea, Nemoroso llora la muerte de Elisa. En realidad, ambos pastores representan al poeta que canta a su amada en vida y tras su muerte. La composición refleja el tono emotivo renacentista, contenido y melancólico. Garcilaso inaugura con el tema amoroso una poesía intimista que le convierte en el maestro de otros poetas posteriores (Bécquer o Pedro Salinas). Sus poemas suponen la creación de un lenguaje poético renacentista. La renovación del estilo se basa en el léxico refinado pero sencillo, en los abundantes epítetos y en el uso del endecasílabo. A partir de Garcilaso, el soneto se convierte en la estrofa básica de la poesía culta castellana.

En la segunda mitad del siglo XVI la lírica incorpora temas religiosos y morales, pero también continúa con la tradición de poesía amorosa iniciada por Garcilaso. Se habla en este periodo de dos escuelas o tendencias poéticas:

  • La escuela salmantina, representada por Fray Luis de León y por San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, que tiende hacia una lírica elegante y natural en el lenguaje, y de temas morales y filosóficos.

La poesía de Fray Luis de León sintetiza la cultura renacentista y el pensamiento cristiano. Plantea temas morales influido por los filósofos griegos, de donde procede su estoicismo, el deseo de lograr la virtud, la paz espiritual o la alabanza de la vida sencilla. La mayor parte de sus obras son liras (siguiendo el modelo garcilasista), cantos de alabanza a la vida retirada, al campo o a sus amigos (Oda a la vida retirada), que recrea el tópico del beatus ille. Otro poeta religioso importante en la época es San Juan de la Cruz, con el cual se inicia la poesía mística, la que expresa la vivencia excepcional de la unión del alma con la divinidad. Esa experiencia religiosa/amorosa se expresa a través de símbolos y paradojas difíciles de comprender.

  • La escuela sevillana, representada por Fernando de Herrera, más cultista, que busca la belleza formal, brillante y sonora, y que trata de temas profanos.

La narrativa del siglo XVI

Conviven en este siglo dos tendencias narrativas, la idealista y la realista. Entre las primeras destacan la novela de caballerías (herencia medieval; el caballero es el protagonista idealizado que lo vence todo), la novela pastoril (narra historias amorosas entre pastores), la novela bizantina (novela de aventuras protagonizada por parejas de noble linaje) y la novela morisca (acciones en un mundo musulmán idealizado). La segunda tendencia es la novela picaresca inaugurada por el Lazarillo de Tormes. La narrativa del siglo XVI alcanza su plenitud con la obra de Cervantes, que reúne todos los géneros de la época y que culmina en los primeros años del siglo XVII.

Lazarillo de Tormes

Con esta novela se introduce un nuevo tipo de relato, la novela picaresca, que representa la corriente realista y crítica del siglo XVI. La obra cuenta las peripecias de Lázaro de Tormes, un criado de muchos amos. Está narrada en forma de epístola autobiográfica, pues es una extensa carta del protagonista en la que cuenta toda su vida. En ella, Lázaro va comentando y recordando sus experiencias desde que era un niño, retrata a sus diferentes amos y explica las ingeniosas tretas que ideaba para sobrevivir.

Es anónima y la edición más antigua que se conserva (La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades) es de 1554. En el nacimiento de la novela picaresca pudieron influir razones literarias y sociales. La literatura renacentista omitía la realidad vulgar y por ello la picaresca contrapone a los héroes idealizados de los relatos de la época un nuevo protagonista antiheroico y real, que se mueve en unos ambientes vulgares, conocidos y pobres. La picaresca renueva el personaje y el espacio, pero también la técnica narrativa.

En cuanto a su estructura, está escrita en forma de carta dirigida a “Vuestra Merced”, se supone que para justificar y desmentir los rumores que giran en torno a la relación entre su esposa y su protector, el arcipreste de San Salvador. El hecho de contar su vida desde el principio da verosimilitud a su historia. Consta de un prólogo (en el que se justifica el propósito de la obra) y siete tratados (en los que se narran las aventuras del protagonista). Cuando Lázaro decide escribir su vida ya es un hombre casado con la criada del arcipreste de San Salvador, su benefactor, y trabaja de pregonero en Toledo.

El protagonista. Su aparición supone el nacimiento de la novela moderna. Es un antihéroe por su origen social y por el mundo en que se mueve. Además, evoluciona a lo largo de la obra en respuesta al medio en que está inmerso. Sin embargo, su proceso educativo se presenta en un sentido irónico, ya que el Lázaro que escribe es el hombre amoral y materialista que acepta su degradación. Su proceso de aprendizaje es, pues, paralelo a su proceso de corrupción. En los tres primeros tratados Lázaro es capaz de aprender para sobrevivir, pero siente compasión y distingue el bien del mal. El Lázaro de los últimos tramos de la novela se ha vuelto un cínico corrupto que se aprovecha de lo que le ha brindado la vida: una esposa amante del arcipreste que le protege socialmente por consentir esa relación y desmentirla.

Tema e intención del Lazarillo. Encontramos burla y humorismo, pero también una importante crítica social y religiosa que entronca la obra con el erasmismo (Erasmo de Rotterdam, uno de los que, frente a la anticuada manera de vivir la religión católica, propone una vivencia más intimista y espiritual; los erasmistas fueron perseguidos por el tribunal de la Inquisición) y con la visión desencantada de algún escritor converso (judíos y moriscos convertidos recientemente al catolicismo, también perseguidos por la Iglesia). La estructura de la novela permite una visión amplia de la sociedad de la época: las penurias de los pobres, la dureza de la justicia para con ellos, las miserias morales de los eclesiásticos y la falsedad en la apariencia del personaje del escudero. A pesar de todo y a diferencia de las novelas picarescas posteriores, el tono resulta suavemente irónico y de comicidad. Un tema importante que se plantea es el del valor de la virtud personal por encima de los orígenes (como defendían los erasmistas): todos pueden mejorar como personas y mejorar su estatus social. Pero las conclusiones sobre ello son ambiguas, pues Lázaro mejora su estatus pero no su ética personal.

En cuanto a su estilo, el lenguaje resulta bastante natural y lleno de coloquialismos, lo cual aporta verosimilitud, puesto que los personajes de la época debían hablar como el propio Lázaro. En algunos momentos se burla del estilo de la prosa idealista, pero usa giros y refranes populares que responden a los modelos más modernos de la época.

El teatro en el siglo XVI

En la primera mitad del siglo destacan tres autores que contribuirán al desarrollo de este género en épocas posteriores: Juan del Encina, Bartolomé Torres Naharro y Gil Vicente. Sin embargo, la aportación más importante es de la segunda mitad de siglo con los pasos de Lope de Rueda.

A mediados del siglo XVI se instalaron en patios interiores de algunas casas teatros donde actuaban compañías profesionales, los corrales de comedias, que serán fundamentales en el teatro del Siglo de Oro.

Lope de Rueda, actor y autor teatral, puede considerarse el creador de la comedia renacentista y del teatro popular con sus pasos. Se encargará de transformar la comedia italiana, eliminando las partes más cultas e intensificando las escenas cómicas. La comicidad de sus piezas se basa en el lenguaje realista, lleno de incorrecciones y vulgarismos, y en la creación de tipos populares graciosos: personajes esquemáticos que se repiten en diferentes obras, como el bobo, el morisco, el soldado fanfarrón, etc. Se inspira en cuentos populares conocidos; Las aceitunas es la más conocida.

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