Reconquista y consolidación de Castilla: Navas de Tolosa, control del Estrecho y organización política (siglos XIII-XIV)


1. Reconquista castellana

La batalla de Navas de Tolosa (1212) demostró la superioridad militar de los cristianos frente a los musulmanes. Esto quedó confirmado con la conquista de gran parte de Andalucía en el siglo XIII, al tiempo que el imperio almohade se desmoronaba. El rey Fernando III el Santo tomó Córdoba, Jaén y Sevilla. Su hijo, Alfonso X el Sabio, incorporó definitivamente el reino de Murcia.

A mediados del siglo XIII, el único territorio bajo poder musulmán era el reino de Granada. Dos siglos después, el impulso reconquistador se frenó, aunque se ocuparon Tarifa y Algeciras. En la conquista vino la repoblación. El método que siguió en la tercera fase de repoblación fue el repartimiento: el rey repartió las tierras ganadas entre los señores que habían ayudado; se repartieron vastas extensiones de tierra entre la nobleza, las órdenes militares y las instituciones eclesiásticas. Este es el origen de los grandes latifundios de Andalucía y Extremadura.

2. Control del Estrecho

Con la derrota de los almohades y su expulsión de Andalucía parecía que habían acabado las invasiones desde el norte de África. A finales del siglo XIII, otro pueblo bereber, los benimerines, consiguieron someter a los almohades y fundar un nuevo imperio en Marruecos. Desde allí cruzaron el Estrecho y atacaron a los cristianos en la Península.

El ataque ponía en peligro la ruta comercial del Estrecho, que era utilizada por los comerciantes europeos en sus viajes entre el Mediterráneo y el Atlántico. En 1340, Alfonso XI derrotó a los benimerines en la batalla del Salado. Esta victoria permitió recuperar el control del Estrecho e iniciar la expansión hacia el Atlántico. Se gestaron las primeras expediciones a las Islas Canarias, que no se lograron dominar hasta la época de los Reyes Católicos.

1. El gobierno de Castilla

En 1230, Fernando III unió definitivamente los reinos de Castilla y León en una sola corona.

Durante el reinado de este monarca y el de su hijo, Alfonso X, la institución real acrecentó su fuerza y autoridad. Sin embargo, para gobernar este nuevo reino, ambos tuvieron que salvar dos obstáculos:

  • La Corona abarcaba una extensión enorme, sobre todo tras las grandes conquistas del siglo XIII.
  • Además, estaba formada por territorios heterogéneos, cada uno dotado de sus propias leyes y costumbres.

La acción política de los monarcas y de sus consejeros consistió en proporcionar a la Corona unidad, organización e instituciones de gobierno eficaces.

  • A la cabeza de la Corona estaba el rey, que se proclamaba soberano «por la gracia de Dios», lo que significaba que su autoridad no se sometía a ningún otro poder humano.
  • En el monarca residían todos los poderes: el de gobierno, el judicial y el militar. El rey poseía, además, regalías o derechos exclusivos, como la acuñación de moneda o la propiedad de minas y salinas.
  • A fines del siglo XIII quedó consolidada la institución de las Cortes, que eran únicas para toda la Corona. En el siglo siguiente se instituyó el Consejo Real, órgano asesor del rey.
  • El problema de la existencia de leyes de muy variada procedencia, e incluso contradictorias entre sí, se evolucionó en buena medida cuando Alfonso X el Sabio promulgó su obra jurídica fundamental, Las Partidas.

Este código legislativo suponía una profunda reforma basada en los principios del derecho romano, que defendía la primacía de lo público sobre lo privado.

La monarquía castellana era hereditaria. El varón tenía preferencia sobre la mujer, pero no se excluía a ésta; en esta época, la hija del rey tenía incluso precedencia sobre sus tíos paternos.

A pesar de la claridad de las leyes, fue difícil imponerlas, y se repitieron los conflictos sucesorios, que los nobles aprovecharon para ganar influencia.

La disputa más importante fue la que, en el siglo XIV, desembocó en una guerra civil entre Pedro I el Cruel y su hermanastro, Enrique de Trastámara. Venció este último, que subió al trono con el nombre de Enrique II. Con él se inauguró la dinastía de los Trastámara.

2. La economía castellana en la Edad Media

La base económica de la Corona de Castilla era la agricultura y la ganadería. Destacaba el peso de la ganadería lanar y de su comercialización. La calidad de la lana de las ovejas castellanas originaba un activo comercio, tanto interior como exterior.

  • El comercio interior se organizaba en ferias, destacando la de Medina del Campo.
  • El comercio exterior tenía como centro principal a Burgos. Desde allí, la lana se enviaba a los puertos para su embarque. El destino más frecuente era Flandes.

La Mesta, asociación creada por los dueños de los rebaños para defender sus intereses, tenía privilegios que garantizaban el libre acceso por las cañadas o rutas de trashumancia.

Gracias al control del Estrecho, se formaron importantes centros comerciales en Sevilla y Cádiz.

3. La sociedad castellana

En los siglos finales de la Edad Media se mantuvo la estructura de la sociedad estamental; sin embargo, se dieron algunos cambios que anticipaban la futura organización social de la Edad Moderna.

  • En el estamento nobiliario se produjo el enriquecimiento de algunas familias privilegiadas debido a los repartimientos, lo que incrementó la diferencia entre alta y baja nobleza.

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