Reflexiones sobre la obra
Considero que es una obra breve de fácil lectura, llena de contenido del que se pueden extraer conclusiones morales sobre la mentalidad de la sociedad de la época. Aunque el asunto central no refleja exactamente la situación de la mujer en España en el presente, nos permite reflexionar sobre temas siempre actuales: la frustración, los amores imposibles y los conflictos familiares.
Podemos trasladar a la actualidad lo que queda reflejado en la obra: lo que significa vivir en una mentira, aparentando lo que no somos, dándole más importancia a la opinión de los demás que a nuestra propia felicidad, o la situación en la que hacemos lo que se espera de nosotros en oposición a lo que siente nuestro corazón. Y, por supuesto, la envidia, que a menudo nos enfrenta.
La figura de Adela y el papel de Pepe el Romano
No tengo una parte concreta que me haya gustado más. Supongo que la mayor parte de los lectores simpatizamos con Adela, una mujer con ideas claras que busca la libertad y la dignidad, algo que defiende hasta la muerte al no conseguirlo en vida.
Me gusta el hecho de que los hombres no aparezcan en la obra; aunque tienen un papel central, no se les ve, creando sin embargo la presión de lo que representan. Toda la trama gira alrededor de la aparición de Pepe el Romano, de quien se habla pero no aparece, y que representa la idea de la libertad, de un amor imposible y de ese empujón que te hace perseguir tus sueños. Por ese sueño, Adela es capaz de morir, y por lo que Martirio, envidiosa, es capaz de matar.
Contexto histórico y el destino de Lorca
Quizás, Pepe el Romano represente también el amor imposible para Lorca, un hombre homosexual escondido. Y puede que esto ayudara a su fusilamiento, que se produjo un mes después de terminar la obra. Aunque el motivo de su asesinato sigue siendo un misterio, la principal hipótesis define que lo fusilaron por socialista, homosexual y masón. Otra teoría sugiere que se produjo por rencillas personales y familiares; entre otros motivos, los instigadores de su fusilamiento se habían visto agraviados con La casa de Bernarda Alba, ya que existen alusiones entre sus enemigos que parecen una venganza literaria. Caprichos del destino: la misma sociedad cerrada y machista que refleja esta obra fue la que terminó con él.
El lenguaje y la estética lorquiana
Lorca fue un excelente dramaturgo, además de poeta. En apariencia, el lenguaje de la obra es una relación directa de la lengua popular andaluza con sus expresiones. Sin embargo, en realidad, el autor ha procedido, de una forma muy original y difícil de conseguir, a una recreación literaria de esa forma de hablar.
- Adecuación social: La utilización del vocabulario popular se realiza de acuerdo con el rango social de cada personaje.
- Diferenciación: Es apreciable la diferencia de lenguaje entre las hijas de Bernarda, doctas y cultas (que emplean referencias a la mitología griega), y el uso de términos vulgares propio de Poncia y la otra criada.
Este lenguaje es medido, rítmico y conciso, cargado de poesía. Es importante reseñar la tensión entre el silencio del monólogo y el diálogo, destacando este último por el empleo de réplicas cortas y rápidas.
Recursos expresivos y simbología
A pesar del tono realista, encontramos ejemplos de lenguaje expresivo:
- Comparaciones: «Tu madre es fuerte como un roble».
- Hipérboles: «En ocho años que dure el luto».
- Metáforas y metonimias: «Andad a vuestras cuevas a criticar».
Otro recurso es la utilización metonímica de los objetos:
- El bastón: Símbolo de mando y autoridad de Bernarda.
- El agua: El agua estancada alude a la frustración y la muerte, mientras que el agua que fluye apunta a la vida.
- Flores y abanicos: En Adela, junto a los anillos y pendientes de María Josefa, expresan libertad y evasión.
Funciones del lenguaje y campos semánticos
En cuanto a las funciones del lenguaje, destacamos:
- Representativa: En intervenciones que dan información objetiva (criada).
- Imperativa: En los diálogos de Bernarda, dando órdenes.
- Expresiva: En tonos exclamativos («¡Bernarda! ¡Déjame salir!») y expresiones valorativas («maldito pueblo»).
Finalmente, la intensidad de la palabra se agrupa en campos semánticos como el de la agresión (rayo, martillo, escopeta) y el sexo (virgen, doncella).
