Las regencias (1833-1843): María Cristina y Espartero
La guerra civil se dio simultáneamente durante el reinado de Isabel II, que inicialmente contó con una doble regencia.
Regencia de María Cristina (1833-1840)
La primera regencia fue de María Cristina (1833-1840). Esta regencia recibió apoyo internacional de Gran Bretaña, Francia y Portugal y, en un primer momento, se apoyó en los liberales moderados. El presidente del gobierno fue Cea Bermúdez, y Javier de Burgos, como ministro, dividió España en las actuales provincias.
Más tarde, debido al malestar de los liberales progresistas, Martínez de la Rosa (liberal moderado) redactó un Estatuto Real que, entre otras reformas, establecía que la soberanía residiría en la corona y el poder legislativo se organizaría en dos cámaras:
- Cámara de los Próceres: requisitos de renta (se mencionan 2.000 reales y 60.000 reales).
- Cámara de los Procuradores: requisitos de edad (30 años), renta de 12.000 reales anuales y residencia en la provincia.
En 1835 comienza una revolución: se forman juntas locales y provinciales debido a la guerra carlista y al empeoramiento de las condiciones laborales; por ello se queman conventos y la fábrica de Bonaplata.
La reina recurre entonces a los liberales progresistas y, como presidente del gobierno, llamó a Juan Álvarez Mendizábal, quien dio pie a la Constitución de 1837.
Pronunciamiento de los Sargentos de La Granja (1836) y la Constitución de 1837
En el pronunciamiento de los Sargentos de La Granja (1836) y con la Constitución de 1837 se reconoce la soberanía nacional y se establece el bicameralismo: el Congreso de los Diputados, como órgano de discusión pública, cuyos diputados son inviolables; y el Senado, nombrado por el rey entre una terna. Se regula la libertad de culto limitada, la edad mínima de 40 años para el Senado y otras normas.
Se señalan como características del progresismo tres rasgos principales:
- Alcaldes democráticos (artículo 70) y la base de la ley del ayuntamiento de 1840.
- Milicia nacional.
- Ley de prensa.
Desamortización y medidas religiosas
Se inicia la desamortización eclesiástica (1835-1837), un proceso para vender las tierras de las llamadas «manos muertas», con el objetivo de favorecer la productividad campesina y obtener mayor beneficio económico. Fue Mendizábal quien promovió la desvinculación de estas tierras.
En 1835 se suprime la Compañía de Jesús y se clausuran algunos conventos. Se llegan a suprimir todas las comunidades masculinas, a excepción de los escolapios, los Hermanos de San Juan de Dios y los misioneros de Filipinas.
En 1836 se pusieron en venta las tierras de la desamortización mediante subastas y, en 1837, Calatrava (nuevo presidente del gobierno) suprime el diezmo y declara propiedad de la nación las pertenencias de la Iglesia.
Como consecuencia de estas medidas, aumentó el latifundismo; no se resolvió el déficit en Hacienda y no se hizo una verdadera reforma agraria.
Final de la regencia de María Cristina y comienzo de la regencia de Espartero
La reina quiso revocar la ley de ayuntamientos y buscó apoyo del general Baldomero Espartero (progresista), pero este se negó inicialmente y, finalmente, comenzó su regencia (1840-1843). Espartero amplió y desarrolló la Constitución de 1837 y profundizó la desamortización, aunque esto acabó dividiendo a los progresistas.
Durante esta regencia, O’Donnell fracasó en 1841 en un intento de golpe de Estado para restablecer a María Cristina. En 1842 se produjo una revolución en Cataluña por el tratado de libre cambio con Gran Bretaña; Espartero lo tuvo que reprimir bombardeando Barcelona, lo que supuso el descrédito y el fin de su regencia.
Por último, se produjo el pronunciamiento de Narváez (1843), de ideología moderada, y se convocaron nuevas elecciones en las que se declaró que Isabel II era mayor de edad a los 13 años, por lo que empezó su reinado sin regencia.
Origen de la controversia sucesoria
La crisis sucesoria se debió a la distinta interpretación de la fuente de la legalidad sucesoria frente a la tradición castellana. La Ley de Partidas (recogida por cortes en 1812) permitía a las mujeres reinar. Sin embargo, con los Borbones, la Ley Sálica (según el auto acordado) impedía el acceso de la mujer al trono.
En 1830 Fernando VII, mediante la Pragmática Sanción, anuló la Ley Sálica, y entonces los carlistas apoyaron a su hermano Carlos María Isidro, mientras que los isabelinos apoyaron a María Cristina de Nápoles a favor de su hija Isabel. María Cristina se apoyó en los liberales, que, a su vez, se dividieron en dos partidos:
- Moderados: representaban principalmente a la alta burguesía y defendían un Estado unitario y una administración centralizada.
- Progresistas: representaban a la clase media y defendían mayor liberalización en prensa, elección de ayuntamientos por los vecinos y la milicia nacional.
Ambos defendían una constitución, sufragio censitario y libertades individuales.
El carlismo
El carlismo representó mayoritariamente al campesinado y defendía el absolutismo. Se extendió por el País Vasco, Cataluña, Valencia, Navarra y Aragón y contó con apoyo internacional de Prusia, Austria y Rusia.
Los carlistas se dividieron en:
- Moderados o transaccionistas, liderados por Maroto.
- Apostólicos o intransigentes, liderados por Cabrera.
Primera Guerra Carlista (inicio y desarrollo)
Comienza la Primera Guerra Carlista (se recoge en el texto como 1835-1839) debido a la sucesión dinástica y a la lucha entre el absolutismo (carlistas) y el liberalismo (isabelinos). Como el bando isabelino fue lento, los carlistas tomaron ventaja. El general Zumalacárregui, utilizando una táctica basada en ataques sorpresa, triunfó en el País Vasco y Navarra, organizó tropas y consiguió tomar todo el territorio salvo las capitales. Quiso atacar Madrid, pero obedeció las órdenes de Carlos V y falleció en Bilbao.
Carlos V declaró nulas las medidas de desamortización de Mendizábal. Entre 1835 y 1837 se iniciaron expediciones carlistas dirigidas por nombres como Miguel Gómez, Carlos V, Basilio Antonio García, entre otros.
Los carlistas se dividieron en apostólicos y moderados. Por el Abrazo de Vergara, firmado por Espartero (isabelino) y Maroto (carlista), muchos carlistas aceptaron a Isabel como reina. Isabel se apoyaba en los liberales moderados, quienes permitían los fueros. Aunque con el Abrazo de Vergara la guerra perdió intensidad, no se dio por totalmente concluida hasta que Cabrera huyó a Francia en 1840.
Consecuencias
Como consecuencia de la guerra murieron un gran número de personas y la violencia radicalizó la vida política; aumentó la crueldad y las divisiones sociales y políticas.
Nota: El texto original ha sido corregido en ortografía, gramática y estilo, respetando y conservando todo su contenido y la información presentada.
