Teatro español siglo XX (hasta 1936), corrientes literarias y Luis Cernuda — obras y características


El teatro

El teatro español desde comienzos del siglo XX hasta 1936 se desarrolla en un contexto de gran inestabilidad histórica y rápida sucesión de corrientes literarias. El siglo XX se caracteriza por la brevedad e intensidad de sus movimientos culturales, condicionados por crisis y guerras.

En España, además, marcan profundamente la vida cultural la Guerra Civil (1936–1939), la dictadura de Franco (1939–1975) y, posteriormente, la transición democrática.

Desde finales del siglo XIX hasta el inicio de la Guerra Civil se suceden movimientos artístico-literarios que surgen o se oponen al movimiento anterior: Modernismo y Generación del 98; Novecentismo o Generación del 14; Vanguardias; Generación del 27. A esta etapa se la denomina Edad de Plata de la literatura española.

Dos vertientes del teatro español (siglo XX hasta 1936)

El teatro español del siglo XX hasta 1936 presenta una doble vertiente:

  • Por un lado, el teatro que triunfa es tradicional, conservador y comercial, ajeno a las nuevas tendencias dominantes en Europa, y viene a satisfacer el gusto del público burgués, que acudía al teatro principalmente para entretenerse.
  • Por otro lado, existe un teatro innovador que intenta renovar formas y contenidos, pero que no obtiene reconocimiento en su momento.

Diferencias entre teatro comercial y teatro innovador

Esta situación provoca un empobrecimiento del teatro español, debido a que el público burgués acudía a las representaciones con la sola idea de divertirse, rechazando cualquier obra que le provocara o preocupara, lo que lleva a críticos y empresarios a apoyar únicamente aquellas representaciones que aseguren el éxito económico. Por ello, muchos autores terminan adaptándose a esos gustos, convirtiendo el teatro en un acto social.

Teatro comercial

El teatro comercial se caracteriza por buscar el entretenimiento y la satisfacción del público burgués. Su finalidad principal es divertir y agradar, ofreciendo evasión sin cuestionar la realidad. Presenta temas superficiales relacionados con la vida cotidiana, las costumbres y conflictos triviales. Su estilo es tradicional, con estructuras convencionales propias de la comedia y el drama ligero. Los diálogos son elegantes y la forma suele ser predecible. Está dirigido a un público burgués y conservador que busca diversión sin plantearse reflexiones profundas. Los personajes son estereotipados y bien definidos, tipos sociales fáciles de reconocer. Este teatro pretende mantener el statu quo y la estabilidad social sin provocar grandes conflictos. Fue muy popular y reconocido en su tiempo, destacando por su éxito comercial y aceptación pública.

Teatro innovador

Por su parte, el teatro innovador se orienta hacia la reflexión crítica y el rompimiento de convenciones. Busca provocar incomodidad y hacer pensar en profundidad. Trata temas existenciales, políticos, sociales y filosóficos, con un tono crítico hacia la sociedad. Su estilo es experimental y pretende encontrar nuevas formas de expresión. No sigue una estructura estricta, sino que es más libre, creativo y a veces disruptivo. Se dirige principalmente a minorías intelectuales. Los personajes suelen aparecer de forma grotesca o caricaturizada. Este teatro cuestiona el orden establecido. Aunque sus obras fueron a menudo despreciadas por empresarios y por el público en general, con el tiempo han sido revalorizadas.

Teatro comercial: la comedia burguesa

En él se observan cuatro tendencias:

  1. La alta comedia, con Jacinto Benavente, quien, tras el fracaso de El nido ajeno —obra crítica en la que analizaba el oscuro lugar ocupado por la mujer de clase media—, escribió otras obras más en consonancia con el gusto burgués mediante el uso de diálogos elegantes e ingeniosos, escribiendo comedias burguesas: Los intereses creados (1907) y dramas rurales, como La malquerida.
  2. El teatro costumbrista, de tramas poco conflictivas y ambientadas en una Andalucía idealizada y tópica, de los hermanos Álvarez Quintero: El patio (1901), Malvaloca (1912).
  3. El teatro cómico, de tipos populares, situaciones sociales estereotipadas y lenguaje popular y humorístico, de Carlos Arniches: El santo de la Isidra.
  4. El teatro poético en verso, heredero de los dramas románticos, se caracteriza por la influencia del Modernismo y sus temas históricos. Destacan Eduardo Marquina (Las hijas del Cid) y los hermanos Machado, con La Lola se va a los puertos (1929).

Teatro innovador

Este teatro reacciona contra el convencionalismo realista, no triunfando porque los autores, a veces, escribían obras difíciles de representar y por tener un público minoritario; además, los empresarios no se arriesgaban a montar este tipo de obras.

Sus éxitos se encuentran más en lo literario que en lo escénico, destacando Ramón María del Valle-Inclán y Federico García Lorca como máximos representantes, revolucionando el teatro de su época.

Ramón María del Valle-Inclán: el teatro de la Generación del 98

La renovación que el teatro necesitaba la encontró este experimentador infatigable. Sus primeros intentos fueron modernistas, al igual que su prosa. Después continuó el ciclo mítico, con su Galicia natal como escenario y sus personajes rurales en las Comedias bárbaras.

Por último, se adentra en lo que denominó esperpento, siendo la primera obra con estos rasgos Divinas palabras (1920), continuando con Los cuernos de don Friolera, hasta acabar en Luces de Bohemia.

Luces de Bohemia

Esta es la obra maestra del teatro valleinclanesco, basada en la vida del escritor bohemio Alejandro Sawa. Relata la última noche del poeta Max Estrella, quien, acompañado de su lazarillo Don Latino de Hispalis, recorre diversos lugares de un Madrid absurdo, brillante y hambriento (librerías, tabernas, cafés…), encontrando motivos para la desesperanza. Desesperado, Max muere; también se refleja la tragedia que afecta a su mujer y a su hija.

La obra está dividida en quince escenas en las que aparecen personajes que representan grupos sociales diversos, cruzándose en el transcurso de esa noche de los dos protagonistas, mezclándose escenas trágicas con escenas grotescas, cuyo motivo es la desesperación que conduce a la muerte como única salida.

En la escena 12 de Luces de Bohemia se plantea la nueva fórmula teatral: el esperpento, basado en la deformación continua de personajes y valores, planteando un análisis crítico de la sociedad española del momento.

Aparecen multitud de personajes grotescos caminando por un escenario cambiante y múltiple, utilizando una gran variedad de registros lingüísticos que aparecen en sus acotaciones.

El esperpento es una forma de enfrentarse con la realidad degradándola y deformándola. Para conseguir este objetivo, Valle-Inclán utiliza las siguientes TÉCNICAS:

  • Distorsión de la realidad, conseguida por dos procedimientos contrarios: el enaltecimiento, que genera una amarga ironía, o bien la degradación.
  • Humanización de animales, presentados como seres humanos o compartiendo la vida con ellos.
  • Animalización, cosificación o muñequización de los personajes, presentándolos despersonalizados, como títeres o fantoches.
  • Literaturización del texto, con el uso de material procedente de otras obras literarias, propias o ajenas, o bien de personajes extraídos de la literatura.
  • Deformación del lenguaje, usado como mecanismo que identifica y caracteriza personajes, mezclando lo culto y lo popular y utilizando diferentes registros.

A pesar del reconocimiento de su calidad, este teatro tan avanzado, que llegó a conectar con el teatro experimental europeo, no fue representado en su tiempo, sino leído.

El teatro poético: Federico García Lorca

Los autores de la Generación del 27 intentaron crear un nuevo público, distinto del burgués, mediante el acercamiento del teatro al pueblo. Por ello, compañías teatrales como La Barraca de Lorca intentaron, con sus giras, una educación teatral distinta de la existente, teniendo como representantes a autores como Alejandro Casona, Max Aub y Federico García Lorca.

El teatro lorquiano, denominado teatro poético por la raíz poética de la que surgen sus argumentos y su lenguaje, tiene como tema principal el enfrentamiento entre el individuo y la autoridad. Este individuo utiliza como instrumentos el deseo, el amor y la libertad; aunque es derrotado por la autoridad —es decir, por el orden, la subordinación a la tradición y a los ideales sociales y colectivos—.

En sus obras predominan protagonistas femeninas que representan el deseo de libertad en una sociedad patriarcal y machista. Estas protagonistas están marcadas por un destino trágico y por pasiones, viéndose condenadas al olvido o al rechazo; los temas centrales son el amor imposible, el conflicto entre el deseo y la realidad y el enfrentamiento entre libertad y autoridad. En conclusión, el tema de la frustración está presente en el teatro lorquiano.

Clasificación del teatro de Lorca:

  • Las farsas, destacando La zapatera prodigiosa (1929–30).
  • El teatro histórico, con Mariana Pineda (1923), drama lírico en verso que representa la vida de la heroína ajusticiada por bordar una bandera republicana en la época del absolutismo.
  • Obras con rasgos surrealistas, como El público (1923), que reflejan su genialidad creativa, aunque no fue su trabajo más reconocido en su tiempo.
  • Doña Rosita la soltera es el preludio de su trilogía rural: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba (1929 y 1936), que supusieron su éxito como dramaturgo. En ellas aparece el tema de la frustración desde diferentes puntos de vista: Bodas de sangre, el amor frustrado; Yerma, la maternidad frustrada; y La casa de Bernarda Alba, el amor y la libertad frustrados.

La casa de Bernarda Alba es la obra cumbre teatral de Lorca, en la que se dan sus grandes obsesiones y que supone un drama intenso, con un lenguaje de tono poético insuperable.

Bernarda Alba, a la muerte de su segundo marido, impone un luto de ocho años a sus hijas, que prácticamente se ven enterradas en vida. Cuando Pepe el Romano se interesa por Angustias, la hija mayor, se desencadena una lucha de pasiones entre Adela y Martirio que llevará a un trágico final.

El teatro de Federico García Lorca se desarrolla en cuatro etapas principales:

  1. Inicios y piezas menores (1920–1925): Lorca desarrolla un teatro poético con abundante uso del verso, cuyas obras tratan sobre el amor imposible y la frustración, e incluyen influencias del guiñol y del teatro infantil. Destacan: El banquete de la mariposa, Títeres de Cachiporra y Mariana Pineda.
  2. Primer éxito y primeras obras maestras (1925–1928): Lorca combina drama trágico y farsa, mezclando verso y prosa. Destacan: La zapatera prodigiosa, Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín y El retablillo de Don Cristóbal.
  3. Teatro vanguardista (1929–1931): Etapa marcada por su crisis personal y estética tras su viaje a Nueva York; Lorca crea la «comedia imposible» con influencia surrealista y técnica audaz. Destacan: El público y Así que pasen cinco años.
  4. Plenitud o Trilogía Rural (1932–1936): Lorca logra la madurez artística combinando rigor estético y realismo poético. Sus obras se centran en mujeres protagonistas y conflictos sociales y sexuales, ambientadas en el campo andaluz, con finales trágicos y mezcla de verso y prosa. Destacan: Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera, La casa de Bernarda Alba y la Comedia sin título (inacabada).

En todas las etapas, los temas son el deseo imposible, la frustración vital y social, la mujer como protagonista y la unión de poesía y realidad.

Corrientes o tendencias literarias (resumen relacionado)

Novela pro-régimen, caracterizada por la exaltación patriótica, la propaganda ideológica y los temas de España. Destaca Jaime de Andrade con La raza.

Novela en el exilio, centrada en los recuerdos de la Guerra Civil, la nostalgia de España y las críticas a la dictadura y la represión moral y sentimental. Los temas principales son la injusticia social, la violencia y represión, la culpa y la memoria histórica. Destacan:

  • Ramón J. Sender con Requiem por un campesino español.
  • Rosa Chacel con Memoria de Leticia Valle.
  • Francisco Ayala con El fondo del vaso.
  • Max Aub con el ciclo El laberinto mágico.

Novela existencial en los años 40, que refleja el vacío, la soledad y la miseria social. Los personajes aparecen desorientados, inseguros y frustrados, con una visión pesimista de la vida. El estilo es intimista y subjetivo, con uso frecuente de la primera persona. Destaca Nada, de Carmen Laforet.

Dentro de esta etapa aparece también la novela tremendista, que muestra la realidad más dura y violenta, presentando los aspectos más sórdidos de la vida, con personajes violentos, marginales o criminales, estilo directo e impactante y presencia de violencia, muerte y brutalidad. La obra más representativa es La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. Otros autores destacados son Miguel Delibes, con La sombra del ciprés es alargada, y Gonzalo Torrente Ballester, con Los gozos y las sombras.

Novela de los años 50

La novela renace con una generación de jóvenes escritores que desarrolla una narrativa centrada en lo social más que en lo formal. La novela se convierte en instrumento de denuncia y se prioriza lo político sobre lo estético. Entre los autores y obras destacan:

  • Miguel Delibes: El camino; Mi idolatrado hijo Sisí (1953); Diario de un cazador (1955); Las ratas (1962).
  • Gonzalo Torrente Ballester: Los gozos y las sombras (1956) y La saga/fuga de J. B. (1962).
  • Camilo José Cela: La colmena (1951), novela colectiva con múltiples personajes y perspectivas narrativas.
  • Carmen Martín Gaite: Entre visillos (1957) y El cuarto de atrás.
  • Ana María Matute: Los niños tontos (1956), Los Abel (1948) y Pequeño teatro (1954).
  • Rafael Sánchez Ferlosio: El Jarama.

Novela experimental de los años 60

A comienzos de los años 60, diversos factores influyen en este cambio: la evolución del franquismo, el desarrollo económico y el auge de los medios de comunicación. La literatura se vuelve más abierta, con menor compromiso militante y mayor crítica personal. Se incorporan nuevas técnicas narrativas influenciadas por Europa, Norteamérica e Hispanoamérica. Entre las obras destacadas se encuentran:

  • La ciudad y los perros (1963), de Mario Vargas Llosa.
  • Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez.
  • Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín-Santos.

Entre sus características y técnicas narrativas destacan:

  • Punto de vista múltiple: la narración se cuenta a través de varios narradores (ej. La saga/fuga de J. B.).
  • Narración en segunda persona (ej. Cinco horas con Mario).
  • Monólogo interior y flujo de conciencia (ej. Tiempo de silencio; Últimas tardes con Teresa).
  • Desorden cronológico (analepsis y elipsis), montaje cinematográfico, tiempo narrativo reducido o amplio.
  • Fusión de géneros (novela-ensayo, novela humanística, no diferenciación entre prosa y verso).
  • Eliminación de límites entre realidad y ficción, incorporación de géneros marginales como la novela policiaca y la picaresca.
  • Estructura externa con capítulos o secuencias (ej. Tiempo de silencio).
  • Uso de técnicas como contrapunto, renovación estilística, humor, ironía y recursos tipográficos; participación activa del lector.

Novela española de los años 70 (Generación de 1968)

Continúa la influencia extranjera y la búsqueda de nuevas formas narrativas. Tras una primera etapa de experimentación externa y alejamiento del realismo, se produce una moderación y una recuperación de aspectos de la novela tradicional y de géneros marginales como lo fantástico, la ciencia ficción, la novela de aventuras y la novela policíaca. En cuanto a sus temas, domina el desencanto y las preocupaciones existenciales bajo un sentimiento íntimo. La narrativa adopta una perspectiva irónica y lúdica, marcando una separación del compromiso político a favor de lo estético. Entre los autores y obras destacan:

  • Eduardo Mendoza: La verdad sobre el caso Savolta (1975).
  • Luis Goytisolo: Antagonía, que utiliza la metanovela para reflexionar sobre la creación literaria.
  • Manuel Vázquez Montalbán: Los mares del Sur (1979) y La rosa de Alejandría (1984).
  • Francisco Umbral: Mortal y rosa (1975) y su Trilogía de Madrid (1984), autor que mezcla crítica, humor, ironía y ternura.

Luis Cernuda: La realidad y el deseo

1. Contexto y trayectoria vital

Luis Cernuda (1902–1963) representa la voz más europea y rebelde de la Generación del 27. Su obra, agrupada bajo el título La realidad y el deseo, trata sobre un conflicto existencial permanente: la tensión entre la voluntad de plenitud y libertad (el Deseo) y las limitaciones de un mundo hostil y represivo (la Realidad).

Su vida estuvo marcada por un carácter solitario y por su condición homosexual, asumida como una forma de rebeldía frente a la moral burguesa. Tras la Guerra Civil, inició un exilio doloroso que lo llevó por Gran Bretaña y Estados Unidos hasta establecerse finalmente en México, su patria espiritual. Su poesía huye del adorno folclórico para centrarse en la expresión de una ética personal y la búsqueda de la verdad individual.

2. Etapas de su obra

La producción de Cernuda se divide en cinco periodos diferenciados que reflejan su evolución vital y estética:

  1. Etapa de formación (1924–1928): Bajo la influencia de la «poesía pura» de Juan Ramón Jiménez y de maestros como Pedro Salinas y Jorge Guillén, publica Perfil del aire y Égloga, Elegía, Oda, que son poemas de estructura clásica, métrica cuidada y tono melancólico que buscan el despertar del deseo adolescente en espacios cerrados (la habitación, el jardín).
  2. Juventud, rebeldía y surrealismo (1929–1931): Influido por el surrealismo francés y André Gide, rompe con la métrica tradicional en Un río, un amor y Los placeres prohibidos, adoptando el verso libre y la imagen visionaria para reivindicar su identidad sexual y enfrentarse a una realidad represiva. Es la etapa de mayor combatividad y ruptura estética.
  3. El desengaño bécqueriano (1932–1933): En Donde habite el olvido, el autor vuelve a una lírica más íntima tras un fracaso amoroso, retomando el camino de Bécquer para expresar la soledad y el vacío, convirtiendo el olvido en la única salida ante un amor que, al realizarse, sólo genera sufrimiento.
  4. La madurez romántica y el inicio del exilio (1934–1940): En Invocaciones y Las nubes, los poemas se vuelven más extensos y meditativos, apareciendo una reflexión sobre la historia de España y la elegía por los amigos perdidos (como García Lorca), consolidando una «poesía de pensamiento» que va más allá de las emociones.
  5. Etapa de madurez y exilio final (1941–1963): En libros como Como quien espera el alba y Desolación de la quimera, Cernuda alcanza su máxima estética. Bajo la influencia de la lírica inglesa, su estilo se vuelve seco, coloquial y antirretórico. Los temas centrales son la conciencia del paso del tiempo, la vejez y la aceptación de la soledad absoluta del «peregrino».

3. Temas fundamentales

Toda su producción gira en torno a cuatro ejes transversales:

  • Amor: como una fuerza suprema pero efímera que conduce inevitablemente al desengaño.
  • Soledad: el sentimiento de «otredad» o marginación respecto a una sociedad que lo rechaza.
  • Tiempo: entendido como destructor de la juventud, la belleza y el cuerpo.
  • Naturaleza y paraíso: la búsqueda de un Edén perdido, identificado con el mundo clásico o su infancia andaluza.

4. Estilo y técnica

Cernuda huye del sentimentalismo mediante el monólogo dramático, hablándose a sí mismo en segunda persona para mantener la distancia crítica. Su lenguaje tiende hacia una «prosa medida» que busca la naturalidad del habla cotidiana, apoyándose en el encabalgamiento y rechazando la rima, destacando el ritmo de las ideas.

La trayectoria de Cernuda supone un recorrido desde el sueño adolescente hasta la lucidez amarga del exilio, cuyas obras se basan en el rigor formal y la verdad individual, convirtiéndose en un clásico moderno para entender la lírica contemporánea.

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