Al-Ándalus
La civilización musulmana de Oriente, con el nacimiento del Islam, pronto se desbordó hacia Occidente. Durante el siglo VIII, a través del norte de África, penetraron en la península una serie de grupos y familias nobles árabes venidas del este y grupos bereberes procedentes del Magreb, que paulatinamente se asentaron en tierras de Al-Ándalus. Ello no significó una ruptura total con la cultura entonces imperante, la hispano-goda.
Expansión inicial
La rápida expansión por el Próximo Oriente, el Mediterráneo y el norte de África fue debida a:
- Tolerancia religiosa hacia los pueblos conquistados, similar a la practicada por judíos y cristianos en determinadas épocas.
- Promoción de la yihad, que justificaba una expansión territorial más allá de la península arábiga.
- Aprovechamiento de las luchas entre persas y el Imperio bizantino.
Conquista de la Península Ibérica
A partir del siglo VII la familia omeya asumió el poder político y religioso del Islam, proclamándose califas y situando la capital del imperio en Damasco. Aprovechando las disensiones internas de la monarquía visigoda entre el Conde Don Julián y el rey Don Rodrigo, comenzó la conquista de la península desde Túnez por el wali Musa, contando con la ayuda del gobernador de Ceuta, Don Julián, quien prestó embarcaciones para facilitar el paso de las tropas. Este hecho supuso el enfrentamiento bélico entre Don Julián y Don Rodrigo en la batalla de Guadalete (711 d.C.), en la que fue derrotado el rey Don Rodrigo.
A partir de este momento se inició la expedición de Tariq, que, contando con contingentes bereberes y con élites árabes, llegó rápidamente a Toledo, comenzando el proceso de conquista (711-715).
Por medio de capitulaciones, se alcanzaron acuerdos con la población local, como fue el caso de Tudmir (Murcia), que, mediante el pago de impuestos, mantuvo su autogobierno, la mayoría de sus tierras y su religión. Aquellas ciudades que se resistieron fueron arrasadas y parte de su población pasó a convertirse en esclava.
Avanzando en la conquista, los musulmanes cruzaron los Pirineos para dirigirse a Francia, pero fueron derrotados en la batalla de Poitiers en 732 por Carlos Martel. Tras ello admitieron los Pirineos como frontera natural. Más tarde, en el siglo X, conquistaron las Baleares a los bizantinos.
Etapas políticas
Emirato omeya dependiente de Damasco (711-750)
A partir de 714 d.C., el wali Abd al-Aziz gobernó el territorio conquistado de la península y se llevaron a cabo las siguientes medidas:
- Córdoba como capital del emirato.
- Para la administración del territorio se crearon las coras o provincias.
- Se crearon tres marcas defensivas: Mérida, Toledo y Zaragoza.
- Reparto de tierras entre los guerreros participantes en la conquista.
- Sustitución de los gobernadores hispanovisigodos de las ciudades por árabes.
- Los habitantes sometidos pagarían tributos o parias.
Los musulmanes definieron el término de Al-Ándalus para designar la zona de la península gobernada por ellos, prestando muy poca atención a los pueblos de las montañas del norte y los Pirineos.
El primer enfrentamiento surgido en el emirato de Córdoba fue una guerra civil de corte étnico entre árabes (qaysíes y yemeníes) y bereberes. Todo derivó del reparto de tierras: los árabes ocuparon las mejores zonas (valles de los ríos Ebro, Guadalquivir, Segura, Tajo…), relegando a los bereberes a las tierras más pobres de la Meseta norte y del Sistema Ibérico. Esto provocó en 740 una rebelión bereber, en la que llegaron a vencer al emir cordobés y el califa de Damasco tuvo que enviar tropas sirias. Las luchas continuaron hasta la llegada de Abd al-Rahman I en 756.
Emirato abasí dependiente de Bagdad (750-756)
La rebelión de la familia abasí en el califato supuso el asesinato de la familia omeya y el traslado de la capital hacia Bagdad. Solo sobrevivió un miembro de la dinastía omeya, Abd al-Rahman I (Abderramán I), que desde el norte de África llegó a Al-Ándalus proclamando el Emirato independiente de Córdoba.
Emirato independiente de Córdoba (756-929)
Abd al-Rahman I rompió la unidad política con el califato abasí, aunque reconoció a los califas de Bagdad a nivel espiritual. A pesar de los cambios políticos, pronto tuvo que hacer frente a luchas entre clanes y facciones árabes y bereberes para poder consolidar la unidad en Al-Ándalus.
Se enfrentó en la batalla de Musara a Yusuf I, derrotándolo, y por lo tanto pudo proclamarse emir. Hubo rebeliones bereberes y enfrentamientos con mozárabes y muladíes que deseaban igualdad con los musulmanes.
La revuelta muladí más importante fue la que surgió en el valle del Ebro, protagonizada por la familia Banu Qasi en Zaragoza, donde tuvo que intervenir Carlomagno, creándose la Marca Hispánica.
A partir de 870 hasta 929 se abrió un nuevo período de crisis del poder central: enfrentamientos entre la nobleza árabe, muladíes y mozárabes contra los árabes, levantamientos bereberes; se produjo un período de crisis económica que fue aprovechado por los reinos cristianos del norte para avanzar hasta el Duero; sublevación de las marcas fronterizas de Zaragoza, Toledo y Mérida. De nuevo la sublevación de los Banu Qasi de Zaragoza proclamó a Muza ben Muza como “el tercer rey de España”, independizándose prácticamente de Córdoba hasta que el emir Muhammad I acabó con la rebelión.
La revuelta antiomeya más grave de todas fue la protagonizada en Bobastro (serranía de Ronda) por Omar Ibn Hafsún, poniendo en peligro la propia capital del emirato.
Fue en el siglo X con Abd al-Rahman III cuando comenzó a cambiar el panorama de inestabilidad política de Al-Ándalus, siendo su principal objetivo unificar de nuevo el territorio.
Califato de Córdoba (929-1030)
Ante la situación de inestabilidad que vivía el emirato, Abd al-Rahman III se proclamó califa de Córdoba (912-961), es decir, líder político y religioso del Islam.
En sus años de gobierno, sus cometidos fueron los siguientes:
- Acabar con las revueltas (Banu Qasi de Zaragoza y los seguidores de Omar Ibn Hafsún) y restablecer la unidad del Estado.
- Comenzar la hegemonía política y económica del Califato de Córdoba: desarrollo agrícola, urbano y comercial.
- Combatir a los cristianos del norte que habían avanzado durante épocas de debilidad; aunque las tropas musulmanas sufrieron una derrota en Simancas en 939, los cristianos fueron frenados y sometidos a vasallaje y al pago de tributos en determinados momentos.
- El Califato de Córdoba se convirtió en un foco intelectual y artístico del Islam en Occidente; en tiempos de Abd al-Rahman III y de su hijo Al‑Hakam II, tanto Córdoba como la ciudad-palacio de Medina Azahara se convirtieron en importantes centros culturales, albergando una de las bibliotecas más grandes de la época.
- En política exterior se conquistaron Ceuta, Melilla y Tánger, y se estableció un protectorado con el califato fatimí del norte de África.
Crisis del Califato de Córdoba
En el último tercio del siglo X, aprovechando la minoría de edad del califa Hisham II, accedió al poder Muhammad ibn Abi Amir (conocido como Al‑Mansur o Almanzor). El califato alcanzó su apogeo militar y político. Accedió al cargo de hachib o primer ministro, colocándose inmediatamente después del califa.
Las directrices políticas de Al‑Mansur fueron las siguientes:
- Apartó al califa de las tareas de gobierno.
- Estableció una dictadura militar apoyándose en un ejército compuesto en gran parte por mercenarios bereberes, lo que contribuyó al agotamiento de las arcas califales.
- Realizó aceifas (expediciones de castigo) para obtener botín contra los cristianos del norte; destacan sus expediciones de saqueo a Barcelona, a Santiago de Compostela —en la que solo respetó la tumba del apóstol— y la destrucción del monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja). También aumentó su dominio sobre el norte de África (actual Marruecos).
- Defensor de una tradición religiosa ortodoxa y de mayor rigorismo.
En una de sus aceifas, Al‑Mansur murió en 1002 en Medinaceli al regresar; la batalla de Calatañazor aparece en muchas crónicas como parte de ese periodo de conflictos. Le sucedió su hijo Abd al-Malik, quien continuó la obra de su padre hasta 1008, cuando le sucedió su hermano apodado por los cristianos Sanchuelo. Su efímero gobierno apenas duró unos meses y en 1009 se inició una revolución social en Córdoba que supuso la muerte de la familia amirí, provocando revueltas en las ciudades y provincias y la abdicación del califa Hisham II.
Se abrió la etapa denominada fitna (disgregación), en la que hasta 1030 se sucedieron en Córdoba hasta catorce califas, que culminó en 1031 con la desintegración del Califato de Córdoba y la aparición de los reinos de taifas.
Reinos de Taifas e invasiones bereberes
Primeras taifas (siglo XI): La disolución del califato supuso la aparición de pequeños reinos (24 en principio) que fueron siendo absorbidos por los más poderosos: Mérida, Toledo, Zaragoza (estos tres correspondían con las marcas fronterizas), Sevilla (que anexionó los taifas del sur), Córdoba, Granada, Málaga, Badajoz y Valencia. Esta disgregación facilitó la expansión de los reinos del norte, como por ejemplo la toma de Toledo por Alfonso VI. La debilidad política y militar, además de tener que pagar tributos a los reinos cristianos, favoreció la llegada de los almorávides.
Imperio almorávide (1090-1145)
Este pueblo bereber procedente del norte de África, donde ya habían formado un imperio con capital en Marrakech, llegó a la Península a petición del rey taifa de Sevilla para frenar la expansión cristiana tras la toma de Toledo. Aunque vencieron a los cristianos en la batalla de Sagrajas, no pudieron tomar Toledo. Con los almorávides, de nuevo Al-Ándalus quedó unificada e integrada en este imperio africano. Con el tiempo los almorávides fueron perdiendo poder; tras la pérdida de Zaragoza, el rigorismo religioso y el incremento de impuestos provocaron la decadencia del imperio y la división de Al-Ándalus en nuevos taifas.
Segundos taifas (siglo XII)
Suponen el desmoronamiento del imperio almorávide y el avance cristiano hacia el Mediterráneo con la caída de los taifas del Levante. A todo ello hay que sumar la llegada de un nuevo pueblo del Magreb: los almohades.
Imperio almohade (1147-1212)
Bajo el califato de Abd al-Mu’min unificaron el Magreb y pasaron a la península, donde tomaron Sevilla, convirtiéndola en la capital del imperio, así como Badajoz, Lisboa y Almería. Casi todo el territorio de Al-Ándalus quedó unificado bajo su poder, a excepción del reino taifa de Murcia, gobernado por Ibn Mardanish, que sucumbiría poco después a los almohades. A pesar de éxitos militares contra los cristianos, como en Alarcos, los almohades no pudieron frenar el avance cristiano de forma definitiva. El declive del imperio se produjo a partir de la derrota sufrida en 1212 en la batalla de las Navas de Tolosa frente a la coalición cristiana formada por Castilla, Navarra y Aragón; esta victoria supuso el avance y la conquista del valle del Guadalquivir.
Terceras taifas (siglo XIII)
Tras las derrotas almohades, los reinos de Murcia, Valencia y Niebla (Huelva) quedaron sometidos a Castilla y Aragón. Al-Ándalus se redujo prácticamente al Reino Nazarí de Granada.
Reino Nazarí de Granada (1237-1492)
Fundado por Muhammad I, el Reino Nazarí de Granada ocupaba Granada, Málaga y Almería. Sobrevivió durante más de dos siglos gracias a la diplomacia empleada frente a los reinos de Castilla, Aragón y los benimerines del norte de África. Estos últimos intentaron invadir la península, pero fueron derrotados en 1340 en la batalla del Salado por los cristianos.
Las grandes cantidades de oro procedente de Sudán que llegaban a Granada gracias a su intensa actividad comercial sirvieron para comprar su independencia frente a Castilla. Pero a mediados del siglo XV los flujos de oro dejaron de llegar a Granada, ya que los portugueses abrieron una vía marítima desde Guinea. Por lo tanto, los nazaríes ya no pudieron pagar a Castilla, lo que sirvió de pretexto a los castellanos para atacar Granada a partir de 1482, desarrollándose una guerra que duró diez años.
La estabilidad de Castilla, representada por los Reyes Católicos, contrastaba con la debilidad política del reino de Granada, envuelto en guerras civiles. El rey XIV Boabdil (conocido como Boabdil) entregó las llaves de la ciudad en enero de 1492, tras un pacto con los Reyes Católicos. Granada pasó entonces a depender del Consejo Real de Castilla.
Conclusión
Los casi ocho siglos de dominación musulmana dejaron en la Península un importante legado cultural, científico y artístico: muchas palabras derivan del árabe (por ejemplo aceite, acequia), obras arquitectónicas y urbanísticas como la Mezquita de Córdoba y la Alhambra, aportaciones filosóficas (por ejemplo Averroes), avances en la agricultura (norias, acequias, introducción de nuevos productos como cítricos, frutales y especias) y un notable desarrollo comercial.
