Comentario de Fuentes y Contexto Histórico de la Segunda República Española
I. Identificación y Comentario de la Fuente (Discurso de Juan Negrín)
Se presenta un fragmento de texto que requiere una identificación detallada de sus características y un comentario contextualizado.
Características de la Fuente
- Fuente: Fuente directa, ya que es un discurso pronunciado por un protagonista directo de los hechos históricos que se están desarrollando en ese momento.
- Texto: Texto histórico circunstancial de carácter político, porque es un discurso pronunciado durante la Guerra Civil española y tiene como objetivo denunciar una situación política concreta ante la comunidad internacional.
- Autor: Juan Negrín, presidente del Gobierno de la Segunda República durante la Guerra Civil. Fue una figura clave del bando republicano y defendió la legalidad republicana y la resistencia frente al avance del bando sublevado.
- Destinatario: Es colectivo y público, los miembros de la Sociedad de Naciones, así como la opinión pública internacional.
- Contexto histórico: El texto se sitúa en 1937, en plena Guerra Civil española (1936–1939), cuando la República se encontraba en desventaja por la ayuda que Alemania e Italia prestaban al bando sublevado y por la política de No Intervención seguida por las democracias europeas.
2. Comentario del Discurso de Negrín
Nos encontramos ante un discurso de Juan Negrín, presidente del Gobierno de la Segunda República, dirigido a los representantes de la Sociedad de Naciones y, en general, a los países europeos. El texto fue escrito en 1937, en plena Guerra Civil española, cuando el conflicto ya había adquirido una dimensión internacional debido a la intervención de Alemania e Italia a favor del bando sublevado.
La idea principal del texto es la crítica a la política de No Intervención, que según Negrín perjudica gravemente a la República. El autor denuncia que, mientras las potencias fascistas ayudan militarmente a los rebeldes, el Gobierno legítimo español se encuentra aislado y sin apoyo. Para Negrín, esta situación demuestra que la guerra española ha dejado de ser un problema interno y se ha convertido en un asunto internacional.
Entre las ideas secundarias, destaca:
- La advertencia de que la Guerra Civil española puede considerarse un adelanto de una futura guerra europea.
- La insistencia en que la República no pide privilegios, sino justicia y respeto a la legalidad internacional, ya que se trata de un gobierno elegido democráticamente.
- La crítica a la actitud pasiva de las potencias firmantes del Acuerdo de No Intervención, a las que acusa de permitir esta situación por tolerancia.
El texto refleja claramente la frustración del Gobierno republicano ante el abandono internacional y muestra una de las principales dificultades a las que tuvo que enfrentarse durante la guerra. En conclusión, la intervención extranjera fue clave en el desarrollo de la Guerra Civil Española. La desigualdad de apoyos internacionales y la política de No Intervención condenaron a la República a una derrota prácticamente inevitable. El conflicto español anticipó el enfrentamiento ideológico que estallaría poco después en la Segunda Guerra Mundial.
II. Contexto Histórico de la Segunda República (1931-1936)
La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
A comienzos del siglo XX, España atravesaba una grave crisis política, social y económica. El sistema de la Restauración estaba agotado por el caciquismo, la corrupción y la inestabilidad. El descontento social y el problema de Marruecos favorecieron soluciones autoritarias que rompieron el orden liberal y parlamentario existente en España.
El 13 de septiembre de 1923 se produjo el golpe de Estado de Primo de Rivera, con el apoyo del rey Alfonso XIII. Este golpe se justificó por la situación de crisis del país y por el deseo de restaurar el orden. Uno de los factores más importantes fue el Expediente Picasso de 1923, que investigaba las responsabilidades del desastre de Annual y amenazaba con señalar a altos mandos militares y al propio monarca. Primo de Rivera defendía ideas relacionadas con el regeneracionismo, que pretendía acabar con la corrupción política y el caciquismo. Además, contó con el apoyo del ejército, la Iglesia, la burguesía y amplios sectores conservadores.
La dictadura tuvo dos fases claramente diferenciadas:
- Directorio militar (1923-1925): Se suspendió la Constitución de 1876, se disolvieron las Cortes y se gobernó mediante decretos. El objetivo principal fue restablecer el orden público.
- Directorio civil (1925-1930): Primo de Rivera intentó dar mayor estabilidad al régimen incorporando civiles al gobierno y creando nuevas instituciones.
Durante esta etapa se implantó un Estado corporativo. Se creó la Asamblea Nacional Consultiva, que no tenía poder legislativo real, y se fundó un partido único, la Unión Patriótica, destinado a apoyar al régimen. También se utilizó el Somatén, una milicia armada encargada del mantenimiento del orden.
Uno de los mayores éxitos de la dictadura fue el Desembarco de Alhucemas en 1925, que supuso el fin del conflicto de Marruecos y aumentó temporalmente el prestigio del régimen. Sin embargo, la oposición fue creciendo. Republicanos, socialistas, intelectuales, estudiantes y parte del ejército criticaron el autoritarismo del sistema. La crisis económica de 1929 debilitó aún más la dictadura, lo que llevó a la dimisión de Primo de Rivera en 1930.
Tras su caída comenzó la Dictablanda, con los gobiernos de Berenguer y Aznar, que intentaron volver al sistema constitucional. En 1930 se firmó el Pacto de San Sebastián, donde las fuerzas republicanas acordaron acabar con la monarquía. La Sublevación de Jaca en 1930 fracasó, pero reforzó el movimiento republicano. Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 dieron la victoria a los republicanos en las ciudades y llevaron a la Proclamación de la II República el 14 de abril de 1931.
El Bienio Reformista y la Constitución de 1931
Tras la proclamación de la II República en abril de 1931, España inició una etapa de profundas reformas políticas, sociales y económicas. El llamado Bienio Reformista pretendió modernizar el país y consolidar un sistema democrático. Sin embargo, las reformas generaron una fuerte oposición y un clima de creciente conflictividad social y política.
Tras la proclamación de la II República se formó un Gobierno provisional, surgido del Pacto de San Sebastián de agosto de 1930, en el que participaron republicanos y socialistas. Este gobierno tuvo que afrontar una situación muy tensa, marcada por la quema de conventos entre el 10 y el 13 de mayo de 1931, un episodio de violencia anticlerical que evidenció el conflicto entre la República y la Iglesia.
El 28 de junio de 1931 se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes, en las que triunfó la conjunción republicano-socialista. Estas Cortes elaboraron la Constitución de diciembre de 1931, de carácter democrático, progresista y laicista. La Constitución establecía el sufragio universal femenino, la división de poderes y el reconocimiento de autonomías. Además, proclamaba un Estado laico, lo que supuso la salida de la Iglesia de la educación, la legalización del matrimonio civil y el divorcio, y un claro anticlericalismo republicano.
El periodo reformista estuvo dirigido políticamente por Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, y Manuel Azaña, presidente del Gobierno. El nuevo régimen impulsó importantes reformas:
- Reforma militar: Buscó reducir el exceso de oficiales y limitar la influencia de los africanistas.
- Reforma educativa: Promovió una enseñanza pública, laica y obligatoria.
- Reforma territorial: Impulsó la descentralización y la creación de autonomías.
- Reforma religiosa: Pretendió la secularización de la vida pública.
- Reforma sociolaboral: Mejoró las condiciones de los trabajadores.
- Reforma agraria: Destacó la Ley de Reforma Agraria de septiembre de 1932, destinada a redistribuir tierras.
Estas reformas provocaron una fuerte radicalización social y política. Desde sectores conservadores, la élite financiera y terrateniente se opuso a las expropiaciones y ocupaciones de tierras. La Iglesia rechazó la política laicista y parte del Ejército protagonizó el fracaso del golpe de Sanjurjo en agosto de 1932. Desde la extrema izquierda, el anarquismo de la CNT y la FAI protagonizó conflictos como los sucesos de Casas Viejas en enero de 1933. Además, la crisis económica de 1929 provocó un aumento del paro. Todo ello provocó el desgaste de la coalición gubernamental, que se reflejó en las elecciones generales de noviembre de 1933, con el triunfo de la centro-derecha.
En conclusión, el Bienio Reformista supuso un ambicioso intento de modernización de España mediante profundas reformas democráticas. Sin embargo, la fuerte oposición conservadora y la radicalización social impidieron su consolidación. El desgaste político del gobierno llevó al cambio electoral de 1933 y abrió una nueva etapa en la II República.
III. Evolución Política, Económica y Social de los Bandos durante la Guerra Civil
El golpe de Estado de julio de 1936 fracasó parcialmente y dio inicio a la Guerra Civil Española. Desde el comienzo del conflicto, España quedó dividida en dos bandos enfrentados. Durante la guerra, ambos desarrollaron modelos políticos, económicos y sociales distintos, acompañados de una intensa violencia y represión en las retaguardias. El golpe militar de julio de 1936 tuvo un éxito desigual, lo que provocó la división del territorio español. Cada bando controló zonas con distinto peso geográfico, económico y militar. Ambos recibieron apoyos externos: la República contó principalmente con la ayuda de la URSS y las Brigadas Internacionales, mientras que los sublevados recibieron apoyo de la Alemania nazi y la Italia fascista.
El Bando Republicano
En el bando republicano se produjo un desbordamiento de las instituciones republicanas durante los primeros meses de la guerra. Se inició un proceso revolucionario basado en la colectivización de tierras e industrias, especialmente en Cataluña y Aragón. La autoridad del Estado se dispersó y el poder pasó en muchos casos a manos de comités y milicias armadas. Para frenar esta situación, el gobierno de Largo Caballero, en septiembre de 1936, intentó recuperar la autoridad gubernamental mediante la creación del Ejército Popular.
En mayo de 1937 estallaron conflictos internos en el bando republicano, que enfrentaron a quienes priorizaban la victoria militar frente a quienes defendían la revolución social. Tras estos enfrentamientos, se formó el gobierno de Negrín en mayo de 1937. Este gobierno reforzó la vinculación con la URSS y presentó el programa de los Trece Puntos en abril de 1938, que defendía una política de resistencia y pretendía convencer a las democracias europeas para que abandonaran la política de No Intervención. Sin embargo, el Pacto de Múnich de septiembre de 1938 supuso el fracaso de esta estrategia y significó el principio del fin de la República.
El Bando Sublevado
En el bando sublevado se implantó desde el inicio un estado de guerra, con la militarización del territorio ocupado y la jurisdicción militar. Se creó la Junta de Defensa Nacional el 24 de julio de 1936 y se concentró el poder en manos de Franco, nombrado Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado el 1 de octubre de 1936. La guerra fue presentada como una Cruzada, legitimada por la Carta Pastoral Colectiva de los obispos españoles en julio de 1937. Además, el Decreto de Unificación de abril de 1937 creó un partido único, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
Violencia y Represión
La violencia en las retaguardias fue muy intensa. En el bando republicano fue descontrolada, con episodios de incontroladismo, sacas y quema de iglesias. En el bando sublevado, la represión fue planificada desde el poder militar, con paseos, juicios sumarísimos y campos de concentración.
En conclusión, la Guerra Civil provocó una profunda transformación política y social en ambos bandos. Mientras la República luchó por mantener el Estado y resistir militarmente, los sublevados construyeron un régimen autoritario. La violencia y la represión en las retaguardias marcaron de forma traumática la historia de España durante décadas.
IV. La Intervención Extranjera
La Guerra Civil Española tuvo desde sus inicios una importante dimensión internacional. El conflicto se convirtió en un enfrentamiento ideológico entre democracia y fascismo, con la participación directa e indirecta de varias potencias extranjeras. La intervención exterior fue decisiva y condicionó el desarrollo y el desenlace final de la guerra.
La intervención extranjera en la Guerra Civil fue decisiva, ya que el conflicto español se interpretó como una confrontación ideológica, política y religiosa entre las fuerzas democráticas y de izquierdas, y los regímenes fascistas, especialmente el nazismo alemán y el fascismo italiano. Sin embargo, el apoyo internacional fue claramente desigual.
Desigualdad de Apoyos
- Apoyo a los Sublevados: Las potencias fascistas ofrecieron un apoyo rápido y constante. Alemania proporcionó ayuda militar decisiva, destacando la Legión Cóndor, mientras que Italia colaboró con el Corpo Truppe Volontarie. También recibieron apoyos de Portugal y del Vaticano.
- Apoyo a la República: La República fue abandonada por las democracias occidentales como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, que aplicaron una política de apaciguamiento para evitar un conflicto europeo mayor. A pesar de ello, la República contó con la solidaridad internacional de las Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios de ideología progresista y de izquierdas. Además, el gobierno republicano envió parte de las reservas de oro a Francia y a la URSS para poder financiar la compra de armas.
El Comité de No Intervención
En septiembre de 1936 se creó en Londres el Comité de No Intervención, que impulsó el Acuerdo de No Intervención, cuyo objetivo era evitar cualquier injerencia extranjera en la guerra. Este acuerdo pretendía confinar el conflicto español y evitar un enfrentamiento directo entre Italia y Alemania con las democracias europeas. Sin embargo, el acuerdo fue injusto, ya que colocaba en el mismo plano a un gobierno legalmente constituido y a un grupo de militares rebeldes.
En la práctica, la No Intervención no se respetó. La ayuda a los sublevados fue continua y permanente, mientras que el suministro de armas y municiones a la República fue intermitente, insuficiente y de carácter paliativo. Esta desigualdad debilitó progresivamente la capacidad militar republicana.
Con el gobierno de Negrín, a partir de mayo de 1937, se produjo una mayor vinculación con la URSS. Negrín defendió una política de resistencia y presentó los Trece Puntos en abril de 1938, con el objetivo de convencer a las democracias para que abandonaran la No Intervención. Sin embargo, el Pacto de Múnich de septiembre de 1938 liquidó definitivamente esta estrategia.
V. Conclusiones Finales
Desde febrero se desarrolló una conspiración contra la República. Los asesinatos del teniente Castillo y de Calvo Sotelo actuaron como preludio de la guerra. Finalmente, el golpe de Estado parcialmente fracasado iniciado en Melilla el 17 de julio de 1936 dio paso al conflicto armado. En conclusión, la confrontación política, la radicalización ideológica y la violencia social. La incapacidad de alcanzar consensos y el aumento de las tensiones provocaron el colapso del sistema republicano y el estallido de la Guerra Civil española.
3. Conclusión sobre la Dictadura: En conclusión, la dictadura de Primo de Rivera no logró solucionar los problemas estructurales de España y terminó fracasando. Su caída provocó el desprestigio definitivo de la monarquía. La II República surgió como una alternativa democrática y reformista que despertó grandes expectativas en la sociedad española.
4. Conclusión sobre el Bienio Reformista: En conclusión, el Bienio Reformista supuso un ambicioso intento de modernización de España mediante profundas reformas democráticas. Sin embargo, la fuerte oposición conservadora y la radicalización social impidieron su consolidación. El desgaste político del gobierno llevó al cambio electoral de 1933 y abrió una nueva etapa en la II República.
5. Conclusión sobre la Guerra Civil: En conclusión, la Guerra Civil provocó una profunda transformación política y social en ambos bandos. Mientras la República luchó por mantener el Estado y resistir militarmente, los sublevados construyeron un régimen autoritario. La violencia y la represión en las retaguardias marcaron de forma traumática la historia de España durante décadas.
6. Conclusión sobre la Intervención Extranjera: En conclusión, la intervención extranjera fue clave en el desarrollo de la Guerra Civil Española. La desigualdad de apoyos internacionales y la política de No Intervención condenaron a la República a una derrota prácticamente inevitable. El conflicto español anticipó el enfrentamiento ideológico que estallaría poco después en la Segunda Guerra Mundial.
