El Siglo XV constituye en la historia europea, y especialmente en la península ibérica, un período de profunda crisis y transformación. Se trata de una etapa de transición entre la Edad Media y el Renacimiento, marcada por la convivencia de valores tradicionales medievales con nuevas actitudes que comienzan a abrirse paso. Esta convivencia genera tensiones y contradicciones que se muestran tanto en la sociedad como en la literatura del momento.
En este contexto histórico y cultural podemos encontrar a La Celestina, obra de Fernando de Rojas. Esta tragicomedia de 1499 retrata una sociedad que ha perdido sus certezas sin haber alcanzado aún nuevos ideales. Lo revolucionario de la obra es la forma en que desmonta los pilares de la visión medieval (Dios, honor, lealtad y amor cortés) para sustituirlos por un mundo gobernado por el deseo, el interés económico y la destrucción inevitable.
Uno de los rasgos más notables del texto es el uso vaciado del lenguaje religioso. Los personajes se refieren a Dios constantemente, pero sus actos contradicen cualquier espiritualidad auténtica. La religión ha dejado de ser una guía moral, sirve para justificar el engaño, para estilizar un discurso o para decir que el destino es la razón de las consecuencias de acciones egoístas. Celestina finge devoción mientras dirige una red de corrupción; Sempronio la describe con precisión: C1. Pero el ejemplo más claro es Calisto, quien declara sin ironía:C2. Esta sustitución de Dios por la amada no es una ruptura con el teocentrismo medieval. La obra muestra así una sociedad donde lo sagrado está vacío, mientras el contenido real de la acción es el provecho personal.
El análisis de los personajes revela mejor este proceso de desaparición de los valores medievales. Melibea representa el cambio más dramático, empieza como una doncella casta, obediente y compasiva que siente pena, dolor y compasión ante el sufrimiento ajeno, pero la intervención de Celestina despierta en ella una pasión que la convierte en alguien llevada por el deseo. Su evolución terminará por llevarla al suicidio, acto que la moral cristiana condena pero que la obra presenta como consecuencia lógica de un amor absoluto.
El caso de Pármeno es más complejo. Inicialmente era leal y advirtió a su amo sobre La Celestina. Pero Calisto, cegado por la obsesión, ignora sus consejos. La transformación de Pármeno nace de comprobar que la lealtad no le trae recompensas. C3. Su conclusión es C4. La obra sugiere así que la virtud solo sirve cuando tiene recompensa; en un sistema dominado por la codicia y la ceguera del poder, la honradez se vuelve estúpida.
Celestina actúa como catalizadora de esta corrupción generalizada. Su muerte a manos de los criados por negarse a compartir la cadena de oro recalca la tesis central de la obra: en esta nueva sociedad, el vínculo humano más básico desaparece ante el interés material. C5
El cambio más profundo de La Celestina está en la concepción misma del amor. La literatura medieval había canonizado el amor cortés, un sufrimiento que “se goza”, un vasallaje voluntario donde el caballero se ennoblecía al servir a una dama idealizada e inalcanzable. Rojas destruye este modelo por completo. El amor de Calisto no es servidumbre voluntaria, sino posesión desesperada; no es sufrimiento gozoso, sino una necesidad vital que lo sumerge en un C6. El protagonista experimenta el deseo como una herida abierta, una “vida de congojas llena” que lo incapacita para razonar. Como advierte Celestina: C7. Ya no son las normas sociales las que obstaculizan el amor, sino la propia naturaleza obsesiva del sentimiento.
El vínculo entre amor y muerte es la conclusión de las premisas de la obra. En *La Celestina*, la muerte es el absurdo final de una “cadena” de acciones egoístas y del amor apasionado. C8
Celestina es asesinada por codiciosa; Sempronio y Pármeno ejecutados por justicia; Calisto muere al caer de una escalera huyendo de una falsa alarma; Melibea se suicida desde una torre. No hay justicia ni lección moral; es la representación de un mundo donde el deseo sin control, al chocar contra la realidad, produce destrucción.
El suicidio de Melibea resulta especialmente significativo porque rompe con dos reglas a la vez: la cristiana, que lo condena, y la patriarcal, que esperaba de ella obediencia pasiva incluso en el dolor. Su decisión es el acto más libre de la obra, pero esa libertad solo puede ejercerse en la autodestrucción. Antes de lanzarse, dice C9. La frase resume la tragedia de la obra, que el amor ya no consuela ni es ideal, sino una fuerza ciega que destruye a quienes la padecen.
En conclusión, La Celestina refleja perfectamente la crisis de valores del Siglo XV. A lo largo de la obra se mencionan el individualismo, el materialismo, la codicia y una nueva concepción del amor basada en el deseo y la pasión, en contraste con los ideales medievales de honor, lealtad y moral cristiana. La obra anticipa muchos rasgos del Renacimiento, como el interés por el individuo y la exploración de las pasiones humanas, pero mantiene todavía elementos medievales, lo que refuerza su carácter de transición. A través de una visión crítica y pesimista, Fernando de Rojas muestra un mundo desorientado, sin certezas morales ni espirituales. Por todo ello, La Celestina es una obra fundamental de la literatura española y también nos permite comprender las tensiones y contradicciones de una sociedad en proceso de transformación.
