1. La Conspiración Militar y el Inicio del Conflicto
Tras la victoria de las izquierdas en las elecciones de febrero de 1936, aumentó la tensión política y el miedo a una revolución social. La violencia en las calles, con atentados y enfrentamientos entre grupos de derechas y organizaciones obreras, agravó la situación. Sectores conservadores y parte del ejército, organizados en torno a la Unión Militar Española (UME), comenzaron a preparar un golpe de Estado.
El plan, dirigido por Emilio Mola y encabezado por Sanjurjo, pretendía restaurar el orden. El gobierno intentó frenarlo trasladando a militares sospechosos, pero no lo consiguió. En julio de 1936, los asesinatos del teniente José del Castillo y del líder derechista Calvo Sotelo intensificaron el conflicto y actuaron como detonante de la sublevación, ya planificada previamente.
El golpe comenzó el 17 de julio en Melilla y se extendió rápidamente. Franco asumió el mando del ejército de África y se unió a la rebelión. La sublevación triunfó en zonas como Navarra, Sevilla o Galicia, pero fracasó en ciudades clave como Madrid, Barcelona o Valencia. La división del ejército y la indecisión del gobierno impidieron un triunfo rápido de los sublevados, dejando a España dividida en dos bandos y dando inicio a la Guerra Civil.
2. Configuración de los Bandos
Bando Sublevado (Nacionales)
Contó con el apoyo de sectores conservadores y católicos, pequeños y medianos propietarios agrícolas y parte del ejército (especialmente el ejército de África), además de la Guardia Civil, carlistas, monárquicos y falangistas. No tenían un proyecto político común:
- Unos buscaban una dictadura militar.
- Otros, restaurar la monarquía.
- Los falangistas, implantar un régimen fascista.
La Iglesia católica apoyó claramente a los sublevados, llegando a justificar la guerra como una “cruzada”.
Bando Republicano
Mantuvo la fidelidad de gran parte del ejército (aviación, marina y Guardia de Asalto) y contó con el apoyo de obreros, campesinos sin tierras, partidos socialistas, comunistas y anarquistas, así como de clases medias republicanas y numerosos intelectuales y artistas, que defendían la legalidad de la República.
3. Operaciones Militares
El fracaso parcial del golpe de Estado dio lugar a una guerra entre sublevados (nacionales) y defensores de la República. El conflicto se desenvolvió en varias fases:
a. Fase Miliciana o Guerra de Columnas (Julio-Noviembre de 1936)
Las tropas de África, con ayuda alemana e italiana, avanzaron hacia Madrid desde Sevilla. Tras ocupar Badajoz y desviarse a Toledo, la caída de Madrid parecía segura. El gobierno se trasladó a Valencia, pero la resistencia en la capital —con movilización popular, brigadas internacionales y apoyo soviético— consiguió frenar a los sublevados.
b. Batallas al Rededor de Madrid (Diciembre 1936-Marzo 1937)
Los sublevados intentaron aislar Madrid con nuevas ofensivas (Jarama y Guadalajara), pero fracasaron. Destaca la victoria republicana en Guadalajara, uno de sus mayores éxitos.
c. Ocupación del Norte (Abril-Octubre de 1937)
Los sublevados se centraron en el Norte industrial, aislado de la República. La campaña incluyó bombardeos sobre civiles (como Gernika). Caen Bilbao, Santander y Asturias. La República intentó frenar el avance con ofensivas en Brunete y Belchite, sin éxito.
d. Avance hacia el Mediterráneo y Grandes Ofensivas Republicanas (Noviembre 1937-Noviembre 1938)
La República conquistó Teruel brevemente, pero se perdió de nuevo. Los sublevados llegaron al Mediterráneo (Vinaroz) y dividieron el territorio republicano. La República lanzó la Ofensiva del Ebro (1938), la más larga y dura, que acabó en derrota y dejó a la República muy debilitada.
e. El Final de la Guerra (Diciembre 1938-Abril 1939)
Franco ocupó Barcelona (enero 1939) y se produjo un éxodo masivo. Francia y Gran Bretaña reconocieron su régimen. En zona republicana hubo divisiones internas (golpe de Casado) y fracasó la negociación de la paz. Madrid cayó en marzo y el 1 de abril de 1939 Franco declaró el final de la guerra.
4. Internacionalización del Conflicto
Desde el inicio de la guerra, ambos bandos buscaron apoyo exterior. La tensión entre democracias, fascismos y comunismo llevó a la firma del Acuerdo de No Intervención, por el que 27 países se comprometían a no intervenir. En la práctica, fue ineficaz y perjudicó a la República, ya que no impidió las ayudas extranjeras, especialmente de las potencias fascistas.
a) Ayudas al Bando Nacional
Alemania, Italia y Portugal apoyaron de forma constante:
- Alemania envió la Legión Cóndor (aviación y material militar), protagonista de bombardeos como el de Gernika.
- Italia aportó tropas (CTV), armas y aviación.
- Portugal facilitó apoyo logístico y voluntarios.
En 1936, Alemania e Italia reconocieron oficialmente el gobierno de Franco.
b) Ayudas al Bando Republicano
La República contó principalmente con ayuda de la URSS, que envió armas, material y asesores militares, financiados con el oro del Banco de España. Francia y Reino Unido mantuvieron una política de no intervención, limitando el apoyo. México ofreció apoyo simbólico y acogió exiliados. Destacan también las Brigadas Internacionales (unos 50.000 voluntarios extranjeros), que participaron en combates como la defensa de Madrid y se retiraron en 1938 por la presión internacional y el desgaste de la guerra.
5. La España Republicana: Divisiones Internas
En la zona republicana hubo fuertes divisiones entre quienes priorizaban ganar la guerra y quienes defendían hacer la revolución social al mismo tiempo.
a) Divisiones Políticas y Revolución Social
Comunistas y socialistas apostaban por ganar la guerra primero (centralización y control), mientras anarquistas (CNT-FAI) y el POUM defendían la revolución inmediata mediante colectivizaciones. Surgieron comités obreros que controlaban fábricas, tierras y servicios, especialmente en Cataluña, Aragón y Andalucía.
b) Gobierno de Largo Caballero
Intentó reconstruir el Estado con un gobierno de coalición antifascista (republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas). Fue la primera vez que comunistas y anarquistas participaron en un gobierno en Europa occidental. Las tensiones internas culminaron en los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, con enfrentamientos entre comunistas y anarquistas/POUM, que debilitaron el gobierno y provocaron su caída.
c) Gobierno de Juan Negrín
Defendió la política de resistencia (“resistir es vencer”) a la espera de una guerra europea. Propuso una paz negociada (Trece Puntos, 1938), rechazada por Franco. El fracaso de la batalla del Ebro y el contexto internacional (Pacto de Múnich) dejaron a la República sin apoyo.
d) Desintegración Final
Tras la caída de Cataluña y el reconocimiento internacional de Franco, la situación empeoró. En marzo de 1939, el golpe de Casado en Madrid intentó negociar la paz, pero fracasó. Las luchas internas debilitaron definitivamente a la República, que quedó al borde de la derrota final.
6. España Sublevada: Consolidación del Poder
Durante la Guerra Civil, en la zona sublevada se fue configurando progresivamente un régimen dictatorial basado en la concentración del poder político y militar. En un primer momento, el control lo ejerció la Junta de Defensa Nacional, formada por militares, pero una serie de circunstancias favorecieron el ascenso de Franco, quien en octubre de 1936 fue nombrado Jefe del Estado y Generalísimo de los ejércitos. A partir de entonces, Franco acumuló todo el poder y se convirtió en el Caudillo.
Se suprimieron las fuerzas políticas republicanas y, en 1937, se impuso un partido único: Falange Española Tradicionalista y de las JONS, integrando falangistas y carlistas bajo su liderazgo. En 1938 se formó el primer gobierno franquista, con una estructura más organizada y con representación de los distintos grupos que apoyaron la sublevación.
Paralelamente, se llevó a cabo una contrarrevolución que anuló las reformas de la Segunda República:
- Se eliminaron los estatutos de autonomía, el divorcio y el matrimonio civil.
- La Iglesia recuperó un papel central en la educación y la vida social.
- Se aprobó el Fuero del Trabajo, inspirado en el modelo fascista italiano, que prohibía las huelgas y establecía un sindicato único que agrupaba a trabajadores y empresarios.
7. La Represión en Ambos Bandos
La Guerra Civil generó una violencia muy intensa desde el inicio, con la eliminación del adversario como prioridad en ambos bandos mediante sacas, paseos y asesinatos masivos.
Terror en la Zona Sublevada
Falanxistas y requetés participaron en el llamado terror caliente, con ejecuciones en masa y represalias contra militares leales a la República, autoridades, militantes de organizaciones obreras, maestros e intelectuales como Federico García Lorca. También muchas mujeres sufrieron humillaciones y violencia. Destacan episodios como las ejecuciones en Badajoz o “La Desbandá” en Málaga.
Violencia en la Zona Republicana
La desintegración del Estado provocó acciones incontroladas de comités y milicias, con detenciones, cárceles (checas) y ejecuciones. Las primeras víctimas fueron militares, políticos conservadores como José Antonio Primo de Rivera, terratenientes y especialmente el clero. El anticlericalismo violento y hechos como Paracuellos del Jarama afectaron negativamente a la imagen internacional de la República. Para controlar estos excesos se crearon tribunales populares, aunque no se consiguió eliminar totalmente la violencia.
8. Consecuencias Profundas de la Guerra
La guerra dejó profundas consecuencias humanas y sociales:
- Alrededor de 600.000 muertos (incluyendo víctimas de la represión en ambos bandos).
- Unos 500.000 presos en cárceles y campos de concentración.
- España se convirtió en un escenario previo de la Segunda Guerra Mundial, destacando el uso sistemático del bombardeo sobre civiles en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Durango o Gernika.
- A las muertes directas se sumaron las provocadas por el hambre, especialmente en la zona republicana por la pérdida de las áreas agrícolas.
El Exilio
Con el avance franquista, mucha población huyó del país: más de 450.000 personas se exiliaron hacia Francia, la URSS o el norte de África. En Francia fueron internadas en campos improvisados en los Pirineos Orientales. Parte de estos exiliados marcharon después a América (como México), mientras otros acabaron en campos nazis. Entre los dirigentes republicanos que murieron en el exilio destacan José Giral en México, Largo Caballero y Juan Negrín en París.
La guerra dejó una España dividida entre vencedores y vencidos, iniciando en 1939 la dictadura franquista.
