La Década Ominosa y la Crisis del Absolutismo
1. Desarrollo del Régimen Absolutista y Represión
El retorno al absolutismo se acompañó de una **represión sistemática del liberalismo**. Esta se manifestó a través de:
- La movilización de voluntarios realistas.
- La depuración exhaustiva de la administración y el ejército.
- La creación de comisiones de control político.
Casos emblemáticos como el **ajusticiamiento de Mariana Pineda** y el **fusilamiento de Torrijos (1831)** se convirtieron en símbolos dolorosos de la represión fernandina.
La monarquía se encontraba en una **dicotomía** constante: rechazar cualquier reforma por temor al avance liberal o aceptarlas mínimamente para asegurar el funcionamiento básico del Estado. Se intentaron paliativos como una **amnistía** limitada y una **reforma tímida de Hacienda** enfocada en aumentar los ingresos. El gobierno operaba bajo la presión continua de conspiraciones liberales internas y levantamientos absolutistas externos.
2. Fallo Económico e Intentos de Modernización Moderada
A partir de 1825, ante la grave situación económica —marcada por el déficit crónico, la pérdida de las colonias americanas y la caída del comercio—, el gobierno se vio forzado a abrir líneas de colaboración con la **burguesía moderada**.
El ministro **López Ballesteros** impulsó una serie de reformas significativas:
- Establecimiento de **presupuestos anuales** con doble partida de ingresos y gastos, buscando equilibrar parcialmente el déficit, y negociación de la deuda con Francia y el Reino Unido.
- Creación del **Código de Comercio**, promoción de la **Junta de Fomento de Riqueza Pública** y establecimiento de la **Caja de Amortización de la Deuda**.
- Fundación del **Banco de San Fernando**, que centralizó los ingresos estatales y asumió el monopolio de emisión de moneda.
Estos cambios fueron recibidos con hostilidad por el sector más conservador de la Corte, la nobleza y el clero. En Cataluña, esto cristalizó en alzamientos realistas (los “malcontentos”) en 1827, liderados por **Carlos María Isidro**, hermano del rey y heredero potencial.
3. El Conflicto Dinástico y el Inicio de la Guerra Carlista
El Problema Sucesorio
En 1830 nació **Isabel**, hija del rey. Para asegurar su sucesión, **Fernando VII** derogó la **Ley Sálica** mediante la promulgación de la **Pragmática Sanción**, permitiendo que Isabel accediera al trono. Los partidarios de **Carlos María Isidro (los carlistas)** rechazaron esta decisión y ejercieron fuerte presión sobre el rey, cuya salud era precaria.
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, María Cristina asumió la regencia. Ella formó un gobierno reformista y decretó una **amnistía** para cerca de 10.000 liberales exiliados, preparándose para el inevitable enfrentamiento con los carlistas.
El mismo día del fallecimiento de Fernando VII, **Carlos María Isidro** se proclamó rey, desencadenando un alzamiento absolutista en el norte de España e iniciando formalmente la **Primera Guerra Carlista (1833-1840)**.
La Primera Guerra Carlista (1833-1840): Dos Opciones Enfrentadas
El conflicto reactivó las tensiones ideológicas entre absolutismo y liberalismo. Aunque comenzó como una disputa dinástica por la sucesión, rápidamente se transformó en una guerra civil con profundas raíces sociales e ideológicas.
Posturas Ideológicas
Los Carlistas (Partidarios de Carlos María Isidro) defendían:
- El lema: “Dios, Patria y Rey”.
- La monarquía absoluta y el mantenimiento de los privilegios del clero y la nobleza.
- El sistema tradicional y la defensa del catolicismo y del Antiguo Régimen.
- El rechazo a la centralización política impulsada por los liberales.
Su base social se concentraba en zonas rurales del País Vasco, Navarra, y partes de Cataluña, Aragón y Valencia, apoyados por:
- Clero y campesinado pequeño.
- Gremios y artesanos tradicionales.
- Oficiales reaccionarios del Ejército.
En cambio, los Isabelinos (Liberales) contaron con el apoyo de:
- La alta nobleza reformista.
- Parte significativa del ejército.
- La burguesía y las clases medias urbanas, que buscaban modernizar el país mediante la propiedad privada, la desamortización y las reformas políticas.
Dimensión Internacional
El conflicto se insertó en la división europea entre potencias absolutistas y liberales:
- Apoyo Carlista: Rusia, Prusia, Austria y Nápoles (monarquías conservadoras).
- Apoyo Isabelino: Francia y el Reino Unido, que formalizaron su alianza mediante la Cuádruple Alianza (1834) para proteger los regímenes liberales en España y Portugal.
Desarrollo del Conflicto
Carlos María Isidro, desde el Manifiesto de Abrantes, reclamó sus derechos y organizó partidas armadas en las zonas montañosas del norte y el este.
Etapas Principales de la Guerra
- 1833-1835: Consolidación Carlista.
- Fuerte expansión inicial del carlismo.
- Liderazgo militar de Zumalacárregui, quien fortaleció el ejército carlista hasta su muerte durante el sitio de Bilbao (1835), lo que supuso un golpe duro para el movimiento.
- 1835-1837: Expediciones y Fracaso en el Centro.
- Los carlistas organizaron expediciones para intentar llevar la guerra a Andalucía, Cataluña y Valencia.
- Fracasó el intento de llegar a Madrid (expedición de Carlos de Austria en 1837).
- La reina regente María Cristina buscó estabilizar su base pactando con los liberales.
- 1837-1839: Ofensiva Liberal y el Convenio de Vergara.
- Ofensiva decisiva dirigida por el general Baldomero Espartero, que debilitó progresivamente al carlismo.
- El general carlista Maroto pactó con Espartero el Convenio de Vergara (1839), poniendo fin a la guerra en el norte. Este acuerdo garantizaba la integración de los oficiales carlistas en el ejército isabelino y el mantenimiento de los fueros vasconavarros.
- 1839-1840: Fin del Conflicto.
- Derrota de los últimos focos de resistencia, notablemente los dirigidos por Cabrera en el Maestrazgo (Castellón).
- Carlos María Isidro se exilió en Francia, concluyendo el conflicto.
Consecuencias de la Guerra Carlista
Demográficas
- Estimación de entre 150.000 y 200.000 muertos en una población de 13 millones.
- Numerosos episodios de represalias y venganzas que generaron terror social.
Políticas
- Consolidación de la división interna dentro del bando liberal (moderados vs. progresistas).
- El ejército adquirió un protagonismo político exacerbado, que se manifestaría en futuros pronunciamientos.
- El carlismo no fue erradicado, persistiendo como movimiento ideológico que provocaría futuras guerras civiles.
Económicas
- Aumento significativo del endeudamiento estatal.
- Obstaculización del proceso de desamortización y del desarrollo industrial, especialmente en las regiones más afectadas por la contienda.
