Épica y epopeya romanas: origen, características y autores clásicos


Definición

Épica o epopeya se define como la poesía épica o epopeya aquella que relata las empresas bélicas o las gestas de héroes o personajes míticos.

Origen

La épica fue probablemente uno de los primeros géneros literarios, pues la mayoría de los pueblos cuentan en su tradición con un gran poema épico que narra las aventuras del héroe nacional, quien a menudo constituye un símbolo colectivo. Esa primitiva épica, de carácter oral, no tenía un autor único, sino que era un conglomerado de poemas que los rapsodas cantaban —probablemente con acompañamiento musical y recitándolos como una salmodia— e iban transformando colectivamente.

Sin embargo, llegó un momento en que algunos de esos cantos fueron puestos por escrito por uno o varios autores que les dieron un tono más homogéneo. Ese fue el caso de las dos grandes epopeyas griegas, la Ilíada y la Odisea, atribuidas a Homero. Estas dos obras influyeron decisivamente en la épica romana y, posteriormente, en toda la literatura occidental, y fueron tomadas como modelos por las generaciones posteriores.

A partir de ese momento la épica (llamada épica culta) dejó de ser una poesía colectiva para convertirse en obra de un único autor que seguía sin embargo los antiguos patrones. Se mantuvo el tono grandioso y solemne, y los clichés o frases hechas (por ejemplo, llamar siempre a cada personaje con los mismos epítetos: Aquiles, «el de los pies ligeros», Apolo, «el que hiere de lejos», etc.), que en su origen no eran más que trucos mnemotécnicos de los rapsodas para rellenar una parte del verso cuando les fallaba la memoria, fueron imitados por las nuevas generaciones como característica propia de la épica.

Autores y obras principales

1. Livio Andrónico (284 a.C. – 204 a.C.)

Biografía: Era un griego probablemente oriundo de Tarento (sur de Italia) que fue llevado como prisionero a Roma. Allí se dedicó a la enseñanza y tradujo obras griegas, a veces por encargo y otras como material docente para la escuela que había abierto una vez manumitido.

Obra: Emprendió la difícil tarea de traducir la Odisea al latín. Para ello tuvo que seleccionar las palabras que encajaran en los modelos métricos que utilizaba (el verso saturnio) y preparó así la labor de los autores posteriores, que dispusieron gracias a él de un léxico adecuado a la versificación.

2. Nevio (261 a.C. – 201 a.C.)

Biografía: Fue un autor teatral celebrado en sus tiempos. Era, sin embargo, muy crítico con la nobleza, sobre todo con la familia Metelo. Por ello fue encarcelado en la terrible prisión del Tullianum. Fue liberado gracias a los tribunos de la plebe, pero con su salud ya mermada. Después de ello se fue a vivir a África, a Útica, y allí escribió un poema épico.

Obra:

  • Tragedias
  • Comedias
  • Un poema épico, La Guerra Púnica: cuenta la primera guerra púnica (en la que había participado el propio Nevio).

3. Ennio (239 a.C. – 169 a.C.)

Biografía: Fue también un griego originario de la zona de Tarento. Sirvió en el ejército romano como socius. Obtuvo la ciudadanía romana y un lote de tierra en la colonia de Potentia gracias a su protector, Quinto Fulvio Nobilior. Tuvo amistad con las familias nobles romanas más importantes, entre ellas los Escipiones.

Obra:

  • Tragedias
  • Comedias
  • Un poema épico, Los Anales, que cuenta los orígenes de Roma y la segunda guerra púnica.

4. Virgilio (Publius Vergilius Maro, 70/71 a.C. – 19 a.C.)

Biografía: Publius Vergilius Maro nació el 15 de octubre del 70 a.C. (o del 71) en una aldea cercana a Mantua, en el norte de Italia. Era de origen humilde. Su padre, que era ayudante de un alfarero o un viator (oficial encargado de convocar a los prisioneros ante el magistrado), se casó con la hija de su jefe y consiguió aumentar el patrimonio heredado con la apicultura y el comercio de la madera. Pudo dar así una buena educación a su hijo. Virgilio estudió en Cremona a partir de los 12 años, en Milán a los 16 y completó su formación en Roma, donde estudió retórica con Epidio (el maestro de Octavio Augusto) y filosofía con Sirón el Epicúreo. A pesar de tan excelsa preparación, solo practicó la oratoria una vez, en una causa forense, ya que no tenía facilidad de palabra ni dominio de sí mismo y era muy tímido. No participó tampoco en la guerra civil entre los partidarios de César y Pompeyo, ni en ninguna de las posteriores. Se mantuvo siempre al margen de la política.

Sin embargo, esa guerra civil cambió su vida: cuando los ejércitos de Casio y Bruto (los asesinos de César) fueron aplastados por Octavio Augusto, se hizo una gran confiscación de tierras para repartirlas, como premio, entre los soldados de las legiones victoriosas. El territorio de Cremona, que había tomado partido por los vencidos, fue confiscado y, al resultar insuficiente, se le añadió el de Mantua, en el que estaba situada la finca de Virgilio. Este se desplazó a Roma para solicitar la ayuda de sus amistades y, aunque oficialmente obtuvo la restitución de sus tierras, nunca pudo recuperarlas. Tuvo incluso que huir, con peligro de su vida, atravesando a nado el río, ante las violentas amenazas del soldado que había entrado en posesión de la finca. No obstante, el viaje a Roma le sirvió para darse a conocer a Octavio Augusto y a su hombre de Estado, Cayo Cilnio Mecenas, uno de los más espléndidos protectores de las artes que jamás existieron. Mecenas lo introdujo en su círculo y le regaló una villa en la Campania, adonde se retiró tras una temporada en Roma durante la cual publicó las Églogas, que había empezado a escribir en su distrito natal. Los siete años siguientes los dedicó a la redacción de las Geórgicas, que leyó luego ante Octavio Augusto y Mecenas, y los últimos catorce años de su vida los empleó en la redacción de la Eneida (once años) y su corrección (tres años). En el año 19 a.C. salió con la intención de viajar por Grecia y Asia, pero en Atenas se encontró con Octavio Augusto, que lo convenció para volver con él a Italia. Enfermó en Megara, empeorando durante el camino de regreso. Murió el 21 de septiembre en Bríndisi.

De Virgilio puede decirse que fue un hombre de salud delicada, alto pero torpe y desmañado, de tez oscura, abstemio y muy frugal. Muy tímido, se escondía en la primera casa cuando veía que había sido reconocido en la calle. Su vida fue muy contemplativa; no se le conocen aventuras ni amores (los napolitanos lo llamaban parthenias, la doncella, por su delicadeza y pureza). Quizá todo ello explica por qué sus obras y personajes carecen a menudo de fuerza y vigor. Gozó de gran fama durante su vida y fue luego el poeta pagano más ensalzado por el cristianismo, que se identificaba con su forma de ser y de vivir.

Dio además la casualidad de que Virgilio, en su égloga IV, anunciaba el nacimiento de un niño y una nueva era, y se creyó durante muchos siglos que era una profecía del nacimiento de Cristo. Por eso se practicaban las sortes Vergilianae, que consistían en abrir al azar sus obras para buscar una indicación respecto al futuro. Dante lo tomó como su guía en la Divina Comedia.

Obras

Las «Églogas» o «Bucólicas»: poemas pastoriles inspirados en los Idilios de Teócrito. Sus personajes, de nombres griegos, hablan de sus amores y de sus penas. Son poemas románticos, pero artificiosos e inconsistentes.

Las «Geórgicas»: constituyen una especie de tratado de agricultura en verso. El afán de Octavio Augusto y sus hombres de Estado por reavivar y extender el amor a la tierra, el ideal de una vida sencilla y frugal en el campo, guiada por las prístinas virtudes romanas (gravedad, sencillez, austeridad, honestidad, amor a la naturaleza, etc.) determinó el tema de la obra. Su tema central será, pues, el campesino y sus labores. El talento de Virgilio consigue superar lo poco poético del tema, dando a sus poemas un tono más sobrio y menos artificioso que el de las Églogas.

La «Eneida»: es la gran obra de Virgilio y el poema épico latino por excelencia. Narra las aventuras de Eneas, desde la caída de Troya hasta su posterior asentamiento en Italia y las luchas que lo enfrentaron a los pueblos vecinos que no aceptaban a los troyanos.

Características políticas de la Eneida

  • La Eneida se escribió en la época de Octavio Augusto y coincidió con el gran proyecto de restauración nacional emprendido por éste, por lo que:
  • Glorifica a la familia de los Julios (Julio César era el tío abuelo del emperador Octavio Augusto), entroncándolos con Eneas y, por ende, con Marte y Venus.
  • Es el gran poema nacional romano: Roma necesitaba una obra con la que identificarse y que ensalzara sus orígenes y su glorioso destino.

Características literarias de la Eneida

  • Perfecta adaptación del hexámetro y desarrollo de un léxico apropiado.
  • Imitación de la obra de Homero: la Eneida tiene 12 libros; de ellos, 6 nos recuerdan la Odisea y 6 la Ilíada.
  • Estilo límpido y perfectamente estructurado. Gran dramatismo en los momentos cumbre.

Características religiosas de la Eneida

Eneas es un hombre prisionero de su deber: la fundación de Roma. Roma existirá porque los dioses lo han querido y no dejarán tregua a Eneas hasta hacerlo llegar a Italia. El glorioso destino de Roma también es la voluntad de los dioses (predestinación).

Por otro lado, Virgilio aprovecha el libro sexto de la Eneida, que describe la bajada a los infiernos de Eneas, para exponer sus creencias religiosas, con tendencias estoicas, platónicas y pitagóricas. Se revela así como un autor con intereses religiosos.

  • Este pasaje, traducido por Gregorio Hernández de Velasco (año 1555), narra la muerte de Camila, la valiente doncella guerrera que luchó contra los troyanos:
  • La mísera Camila, ya muriendo, tira del asta con su propia mano; mas el agudo hierro, que había entrado por entre las costillas, en los íntimos huesos estaba fijo, firme y tieso. Cae desmayada ya sin sangre y fría; deja a la muerte los helados ojos; huye el color de rosa de aquel rostro bellísimo y, la muerte ya en la boca, el rostro vuelve a Acca, de sus ninfas la más querida y fiel, a quien solía descubrir sus designios y cuidados, como a su secretaria fiel, y le dice:
  • “Acca, mi amiga; hasta aquí ha llegado mi fuerza; ya la llama me decrece; ya el alma deja el cuerpo desangrado, ya todo en derredor se me oscurece. Ve para Turno a paso apresurado: dile que su Camila ya perece, que suceda en la guerra y, como pueda, defienda la ciudad, y a Dios te queda.” Diciendo esto, de la silla abajo ya se iba mal su grado resbalando y la rienda aflojaba de la mano. Y entonces poco a poco el alma ilustre todo el albergue corpóreo fue dejando;

5. Lucano (M. Anneo Lucano, 39 – 65 p.C.)

Biografía: Marco Anneo Lucano, sobrino de Séneca el filósofo, nació en Córdoba y se educó en Roma, como compañero de estudios de Nerón. Fue un niño prodigio: empezó a componer antes de los 16 años y a los 21 ya era un poeta famoso. Nerón, celoso de su talento, le prohibió dar lecturas públicas y Lucano, por venganza o por idealismo, se sumó a la conjura de Pisón contra el emperador. Descubierto el complot, fue obligado a suicidarse, abriéndose las venas. Tenía 26 años.

Obra: Su obra más importante es la Farsalia, largo poema épico que narra la guerra civil entre César y Pompeyo. Es una obra atípica y que, contrariamente a la Eneida de Virgilio, si bien gozó de gran fama, sobre todo en la Edad Media, no creó escuela. La diferencia entre la Farsalia y las otras epopeyas es que no narra hechos míticos, sino históricos, con personajes reales. Lucano es un historiador preciso y bien documentado que escribe en verso.

El carácter científico de su obra excluye completamente el elemento mágico: en la Farsalia no intervienen los dioses y los protagonistas no son héroes invencibles, sino hombres notables, sí, pero con más defectos que cualidades. Su obra describe con amargura y pesimismo la lucha fratricida entre romanos y la pérdida de la libertad. Lucano traza cuadros de gran realismo. El único personaje que parece gozar de las simpatías del autor es Catón, el acérrimo enemigo de César, símbolo de la lucha por la libertad y de las virtudes estoicas. El autor pone estas palabras en boca de Catón:

  • “Un padre a quien la muerte ha privado de sus hijos lleva el largo cortejo hasta la sepultura; oprimido por el propio dolor, se complace en introducir sus manos en medio de los fuegos sepulcrales y en mantener las teas fúnebres: yo también, Roma, no me separaré de ti hasta que haya conducido tu nombre a la tumba, ¡oh libertad!, y tu sombra vana. Así sea: que los dioses implacables reciban intacto el sacrificio de Roma; no libremos una sola víctima de la guerra.”

Este texto, muy realista, narra las torturas por la sed de los soldados pompeyanos, bloqueados por César en las montañas y privados de agua:

  • “Cuando la tierra más blanda transparenta alguna humedad, aprietan con sus manos, contra sus labios, los terrenos frescos; cuando ven un charco pequeño e infectado, lleno de limo negro, se lanzan a ras de tierra y se disputan ese terrible brebaje, bebiendo para morir de aquello que no habrían querido tomar para seguir viviendo. (…) Una llama roe sus entrañas, su lengua raspa su boca dura y seca; sus venas languidecen; su pulmón, que no riega líquido alguno, se abre menos a las idas y venidas del aire; el aliento brusco y entrecortado roe su gaznate; su boca se abre, sin embargo, para aspirar el fresco de la noche. Esperan ahora esas lluvias que poco ha azotaban y anegaban los campos….”

En este pasaje describe cómo los soldados, espontáneamente, hacen un intento de reconciliación:

  • “Cuando sus miradas recíprocas, sin debilitarse por el alejamiento, pudieron distinguir los rostros y vieron a sus hermanos, a sus hijos, a sus padres, comprendieron lo infame de la guerra civil. Por un momento quedaron mudos de terror y se contentaron con saludar a los suyos con un ligero movimiento de cabezas y hombros. Luego, cuando el cariño inflamado con mayores incentivos rompió las reglas de la disciplina, el soldado se atrevió a saltar la empalizada y a tender sus manos abiertas para el abrazo. Éste pronuncia el nombre de un huésped, aquél el de un pariente, otro trae a la memoria la camaradería de una infancia pasada en estudios comunes, y no había romano que no reconociera a alguno del campo enemigo.”

Intento de reconciliación rápidamente atajado por los discursos de los oficiales…

  • “Jamás nuestra inmunidad será el precio y el rescate de una traición infame; no se hace la guerra civil para que nosotros vivamos. Se nos entrega bajo el pretexto de la paz. Las gentes no extraerían el acero que parece ocultarse en las entrañas de la tierra, las murallas no ceñirían las ciudades, no marcharía a la guerra el indómito caballo ni esparcirían por el mar las flotas sus carenas guarnecidas de torres, si alguna vez pudiera comprarse de una manera honrosa la paz al precio de la libertad….”

Y que termina con un baño de sangre….

  • “Lo mismo que ocurre cuando los animales salvajes, que ya no están acostumbrados a las selvas y, encerrados en un estrecho recinto, se amansaron, perdieron su aspecto feroz y aceptaron obedecer al hombre; si un hilillo de sangre penetra en sus bocas ardientes, recobran su rabia y su fiereza y se dilatan sus fauces por el recuerdo del sabor de la sangre, hierve su furia y apenas respetan al tembloroso domador. Se llega a toda clase de actos impíos, y las monstruosidades que se podrían haber achacado a los dioses si se hubiera combatido en una noche oscura, las hace cometer la lealtad al juramento prestado: entre las mesas y los lechos hieren los pechos que poco ha estrechado entre sus brazos. Y aunque al principio desenvainaron el hierro con un gemido, cuando la espada, enemiga de la justicia, se adhiere a su mano y comienza la lucha, vuelven a odiar a los suyos y reafirman a golpes sus ánimos vacilantes….”

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