Estilo de Rubén Darío


Hacia 1885 se da una serie de cambios tanto de valores intelectuales como estéticos. Desde el
punto de vista intelectual, va a reinvindicarse el irracionalismo y el idealismo y, desde el punto de
vista estético, hay dos movimientos, el parnasianismo ( que propugna “el arte por el arte”) y el
simbolismo (busca la sugerencia, da entrada a lo irracional, sirviéndose del símbolo y de la sinestesia)
que inician la modernidad poética y que son los que más han influido en los autores españoles de fin de
siglo.
El Modernismo nace en Hispanoamérica hacia finales del Siglo XIX, gracias a la obra de José Martí
o de Manuel Gutiérrez Nájera, pero llegará a su plenitud con la obra de Rubén Darío.
Supone una actitud
vital y al reinvindicación de una sociedad moderna. Los autores modernistas, descontentos con la
realidad, realizan una profunda renovación literaria tanto temática como formalmente. Los temas se
hallan relacionados con su concepción del mundo: el exotismo como medio de evasión (alusiones a
Oriente y Grecia); el cosmopolitismo ( con París como símbolo de lo exquisito9, la utilización del
símbolo y el mito con el fin de crear sensaciones y evocar lo inefable; lo indígena (destaca el mito
guerrero de Caupolicán); lo oculto y lo religioso; el amor y el erotismo, y la angustia ROMántica,
manisfestada en la soledad y el tono de tristeza de los poemas. Formalmente, se da el cromatismo (de
colores suaves a fuertes), la musicalidad de las palabras ( esdrújulas, aliteraciones, sinestesias) y la
utilización de un vocabulario insólito, acorde con las líneas temáticas. En la métrica, la innovación se
dio en tres direcciones: por una parte, se recuperan formas clásicas y antiguos metros castellanos
y también se utilizan versos de procedencia francesa; por otro lado, se agilizan los metros conocidos
con el uso del encabalgamiento; y también, se crean nuevos esquemas rítmicos con intento de
libertad métrica, lo que más tarde dará el poema en prosa y el verso libre.
El Modernismo en España comenzó a consolidarse hacia finales de siglo y triunfa en 1900 con
Juan Ramón Jiménez. A su difusión contribuyeron revistas como Vida Nueva y Helios. En España, fue una
tendencia más honda y reflexiva que se caracterizó por una menor ornamentación externa y por la
valoración de la tradición y la realidad nacional. Representantes de este movimiento fueron Juan Ramón
Jiménez (La soledad sonora), Antonio Machado (Soledades), Manuel Machado (Alma), Valle-Inclán
(Aromas de Leyenda). Ahora bien, el máximo representante fue el nicaragüense Rubén Darío, cuyos
viajes a París supusieron una notable influencia de la poesía francesa en su obra. Con Azul ( de influencia
francesa) inicia su etapa modernista más brillante y formal ( destacan como símbolos el azul y el cisne) y
en ella mezcla la prosa y el verso e incorpora el tema indigenista, destacando Caupolicán. La obra
Prosas Profanas supone la consolidación del Modernismo.En ella hay alusiones mitológicas, literarias y
artísticas e incorpora nuevos temas como el más allá, la vida, la religión, la creación poética y también
temas españoles.En Cantos de vida y esperanza, obra de mayor sobriedad, incorpora preocupaciones
existenciales y patrióticas, que guardan relación con las inquietudes del grupo del 98. La composición Lo
fatal pone fin a este poemario.
El estilo de Rubén Darío, plenamente modernista, se caracteriza por la riqueza y variedad léxica,
por la intensa adjetivación, por la abundancia de figuras retóricas (símbolo y sinestesia) y, sobre todo,
por la variedad de tonos que va de lo frívoló y sensual a lo meditativo y la exaltación patriótica.
DELMIRA AGUSTINI (Montevideo, 1886-1914) es una de las poetas más representativas de la
poesía hispanoamericana del Siglo XX. Admirada por su talento y por la sensualidad de sus versos. En
1907 publica su primer poemario, El libro blanco(Frágil) que fue muy bien acogido por la crítica. En
1910 publica su segundo libro, Cantos de la mañana. Para entonces su prestigio como poeta es
considerable e incluso llega a ser elogiada por Rubén Darío
En Febrero de 1913 publica su tercer libro de poemas, Los cálices vacíos, poemario más abiertamente
erótico que los anteriores, algo que provoca un escándalo social. En esta obra anuncia, en una nota «Al
lector», que está preparando un nuevo poemario que se titulará Los astros del abismo y el cual considera
será «la cúpula» de su obra. Estos poemas, los más oscuros y barrocos, fueron publicados póstumamente
en la edición de sus Obras completas de 1924 bajo el título general de «El rosario de Eros». Delmira se
apropia de elementos culturales de la época pero para perfilar un nuevo y complejo sujeto femenino, un
sujeto que posee por sí mismo un erotismo personal y diferente a aquel impuesto por la tradición literaria
masculina, es decir, subvierte imágenes y conceptos de la tradición modernista para hablar de sus
experiencias como mujer.

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