Estrategias Nutricionales y Suplementación para Candidiasis, SIBO, EII y Hepatitis


Candidiasis Intestinal: Disbiosis y Hiperpermeabilidad

La candidiasis intestinal es una disbiosis producida por el crecimiento excesivo del hongo Candida, principalmente Candida albicans, en el intestino. En condiciones normales, este microorganismo forma parte de la microbiota intestinal sin causar alteraciones, ya que existe un equilibrio entre bacterias, hongos y el sistema inmunitario. Sin embargo, diversos factores pueden favorecer su proliferación descontrolada:

  • Uso prolongado o repetido de antibióticos.
  • Una alimentación rica en azúcares simples y harinas refinadas.
  • Estrés crónico.
  • Desequilibrios hormonales.
  • Disminución de la función inmunitaria.

Relación con la Hiperpermeabilidad Intestinal

El sobrecrecimiento de Candida se relaciona estrechamente con la hiperpermeabilidad intestinal (o “intestino permeable”). Este hongo puede adherirse a la mucosa intestinal, dañarla y alterar las uniones estrechas entre las células epiteliales. Como consecuencia, se produce un aumento de la permeabilidad de la pared intestinal, permitiendo el paso de toxinas, antígenos y fragmentos microbianos al torrente sanguíneo.

Este fenómeno contribuye a la inflamación sistémica y a una activación constante del sistema inmunitario, lo que puede agravar los síntomas digestivos y favorecer la aparición de manifestaciones extraintestinales como fatiga, dolores de cabeza, problemas cutáneos o alteraciones del estado de ánimo.

Abordaje Nutricional y Terapéutico

El tratamiento desde la nutrición se basa en reducir de forma significativa el consumo de azúcares simples, bebidas azucaradas y productos ultraprocesados, ya que estos favorecen el crecimiento de la Candida. Se recomienda seguir una dieta antiinflamatoria, rica en verduras, proteínas de calidad y grasas saludables, prestando atención a la tolerancia individual y al estado digestivo del paciente.

Suplementación y Fitoterapia Antifúngica

El uso de suplementos es clave para restablecer el equilibrio de la microbiota y reparar la mucosa:

  • Probióticos específicos: Cepas como Lactobacillus y Saccharomyces boulardii ayudan a restablecer el equilibrio de la microbiota intestinal y a competir con el crecimiento fúngico.
  • L-Glutamina: Resulta especialmente útil para favorecer la reparación y regeneración de la mucosa intestinal.
  • Micronutrientes: El zinc y la vitamina A contribuyen al mantenimiento de la integridad de la barrera intestinal y al correcto funcionamiento del sistema inmunitario.
  • Antifúngicos naturales: El ácido caprílico, el ajo, el aceite de orégano, el pau d’arco y el extracto de semilla de pomelo se emplean por su potente acción antifúngica, como apoyo al tratamiento nutricional.

SIBO: Sobrecrecimiento Bacteriano del Intestino Delgado

El SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth) es una alteración caracterizada por el sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado, una zona que en condiciones normales presenta una carga bacteriana reducida. Este desequilibrio interfiere en los procesos normales de digestión y absorción de nutrientes, lo que puede provocar síntomas digestivos persistentes y déficits nutricionales.

Clasificación y Síntomas

El SIBO se clasifica según el gas predominante producido por las bacterias, lo que determina en gran medida la sintomatología:

  • SIBO de hidrógeno: Suele asociarse a diarrea y aumento de la frecuencia intestinal.
  • SIBO de metano: Se relaciona principalmente con estreñimiento y enlentecimiento del tránsito intestinal, ya que el metano reduce la motilidad.
  • SIBO de sulfuro de hidrógeno: Se asocia a gases con olor muy intenso, distensión abdominal y dolor.

SIBO y Síndrome del Intestino Irritable (SII)

Existe una relación muy estrecha entre el SIBO y el síndrome del intestino irritable (SII). Numerosos estudios han demostrado que un elevado porcentaje de pacientes diagnosticados de SII presentan SIBO subyacente. El exceso bacteriano altera la motilidad intestinal, incrementa la producción de gases y genera inflamación, lo que explica síntomas característicos como dolor abdominal, hinchazón, diarrea o estreñimiento. El SIBO puede considerarse una de las causas subyacentes del SII, especialmente cuando los tratamientos convencionales no resultan eficaces.

Abordaje Nutricional y Suplementación

El tratamiento nutricional suele incluir de forma temporal una dieta baja en FODMAPs, con el objetivo de reducir la fermentación bacteriana y mejorar la sintomatología. Posteriormente, la alimentación debe reintroducirse de manera progresiva y adaptarse a la tolerancia individual para evitar restricciones innecesarias. Es fundamental evitar los azúcares simples y el alcohol, y fraccionar las comidas para facilitar la digestión.

Apoyo con Suplementos y Fitoterapia

Para el manejo del SIBO, se utilizan:

  • Enzimas digestivas: Para facilitar la digestión y la absorción de nutrientes, reduciendo la carga fermentativa.
  • L-Glutamina y Zinc Carnosina: Fundamentales para proteger y reparar la mucosa intestinal y contribuir a la regeneración del epitelio.
  • Magnesio: Útil en los casos en los que predomina el estreñimiento (SIBO de metano).
  • Probióticos: Deben utilizarse con precaución y de forma progresiva, generalmente tras reducir el sobrecrecimiento bacteriano.
  • Fitoterapia antimicrobiana: Sustancias como la berberina, el aceite de orégano, el neem y el ajo envejecido (útil en SIBO de metano) se emplean como apoyo en el control del sobrecrecimiento bacteriano.

Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII)

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) engloba un conjunto de patologías inflamatorias crónicas del intestino, entre las que destacan la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Se caracterizan por una inflamación persistente del tracto digestivo, con periodos de brotes activos y fases de remisión, y pueden afectar de forma significativa a la calidad de vida del paciente.

Fisiopatología y Origen

Se trata de enfermedades de origen multifactorial, en las que intervienen factores genéticos, alteraciones del sistema inmunitario, factores ambientales (como la dieta y el estrés) y desequilibrios en la microbiota intestinal. Desde el punto de vista fisiopatológico, en la EII se produce una respuesta inmunitaria exagerada frente a antígenos intestinales, lo que da lugar a inflamación crónica de la mucosa. Esta inflamación mantenida puede provocar lesiones en la pared intestinal, alteraciones en la absorción de nutrientes y la aparición de síntomas como diarrea crónica, dolor abdominal, pérdida de peso y fatiga.

Abordaje Nutricional Individualizado

El abordaje nutricional debe ser siempre individualizado y adaptado a la fase de la enfermedad:

  • Durante los brotes activos: Es fundamental asegurar un adecuado aporte energético y proteico para prevenir la desnutrición y la pérdida de masa muscular. Se aconseja seguir una dieta de fácil digestión y baja en residuos para reducir la irritación intestinal.
  • En fases de remisión: La alimentación debe orientarse a mantener el estado nutricional y reducir la inflamación, priorizando una dieta antiinflamatoria y equilibrada.

Además, es importante adaptar la textura de los alimentos y evitar aquellos que empeoren la sintomatología según la tolerancia del paciente, así como evitar alimentos irritantes y ultraprocesados.

Suplementación para la Remisión y el Soporte Inmunitario

La suplementación nutricional desempeña un papel clave en el manejo de la EII:

  • Ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA): Destacan por su efecto antiinflamatorio y su capacidad para modular la respuesta inmunitaria.
  • Vitamina D: Desempeña un papel clave en la regulación del sistema inmunitario y en el mantenimiento de la mucosa intestinal, siendo frecuente su déficit en pacientes con EII.
  • L-Glutamina: Ayuda a mantener la integridad de la mucosa intestinal y favorece la reparación del epitelio.
  • Corrección de déficits: Es habitual la necesidad de suplementar hierro, vitamina B12 o ácido fólico, especialmente en casos de anemia, sangrado intestinal o afectación del íleon.
  • Probióticos: Pueden ser beneficiosos en fases de remisión, siempre bajo criterio profesional y adaptados al tipo de enfermedad.

Fitoterapia Antiinflamatoria

Desde la fitoterapia, la curcumina (principal compuesto activo de la cúrcuma) ha demostrado efectos antiinflamatorios beneficiosos. La Boswellia serrata resulta útil en procesos inflamatorios crónicos. El aloe vera puede emplearse como complemento en fases controladas, contribuyendo a la protección de la mucosa intestinal, y el regaliz deglicirrizado (DGL) actúa como protector de la mucosa digestiva.

Hepatitis Aguda: Inflamación y Regeneración Hepática

La hepatitis aguda es una inflamación del hígado de aparición reciente que provoca una alteración de sus funciones metabólicas, digestivas y detoxificantes. Puede cursar con síntomas como cansancio intenso, náuseas, vómitos, dolor abdominal, pérdida de apetito o ictericia. En algunos casos puede presentarse de forma leve y autolimitada, mientras que en otros puede evolucionar con mayor gravedad.

Causas y Fisiopatología

Las causas más frecuentes incluyen infecciones víricas (virus de la hepatitis A, B o C), el consumo excesivo de alcohol, la toxicidad por determinados fármacos, la exposición a sustancias tóxicas y la presencia de enfermedades autoinmunes. Desde el punto de vista fisiopatológico, la inflamación hepática altera las funciones metabólicas y de detoxificación del hígado, lo que puede dar lugar a acumulación de sustancias tóxicas y alteraciones en el metabolismo de grasas, hidratos de carbono y proteínas.

Tratamiento Nutricional Hepatoprotector

El tratamiento nutricional tiene como objetivo principal apoyar la función hepática, reducir la inflamación y favorecer la regeneración del tejido hepático. Se recomienda una alimentación equilibrada, fácil de digerir y fraccionada si es necesario, baja en grasas saturadas y rica en alimentos naturales (frutas, verduras y proteínas magras).

Es fundamental asegurar un adecuado aporte de hidratos de carbono y proteínas para evitar el catabolismo muscular y favorecer la recuperación. Asimismo, debe evitarse de forma estricta el consumo de alcohol y otros tóxicos hepáticos.

Suplementación para el Soporte Metabólico y la Detoxificación

La suplementación complementa el tratamiento mediante el uso de:

  • Vitaminas del grupo B: Esenciales para el metabolismo hepático, la producción de energía y los procesos de detoxificación.
  • Antioxidantes: Las vitaminas C y E, junto con el selenio, contribuyen a reducir el estrés oxidativo asociado a la inflamación hepática y protegen a los hepatocitos del daño celular.
  • Colina y Fosfolípidos esenciales: Desempeñan un papel importante en el metabolismo de las grasas y ayudan a prevenir la acumulación de lípidos en el hígado, favoreciendo la regeneración de las membranas celulares.
  • Fitoterapia Hepatoprotectora: Destacan plantas como el cardo mariano, cuyo principio activo, la silimarina, favorece la regeneración de los hepatocitos y protege frente al daño oxidativo. También se utilizan la alcachofa y el diente de león, que apoyan la función hepática y la producción de bilis. El boldo debe utilizarse con precaución.

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