Organización provisional de la sublevación
Los sublevados que llevaron a cabo el golpe de Estado militar tenían como objetivos derrocar al gobierno republicano, reprimir a quienes apoyaban o simpatizaban con la República e instaurar un poder militar que anulara la legislación del Frente Popular.
Para alcanzar estos fines, en los territorios controlados por los militares rebeldes se creó la Junta de Defensa Nacional, localizada en Burgos y presidida por el general Cabanellas, que adoptó una serie de medidas:
- Coordinó las operaciones militares y proclamó el Estado de Guerra.
- Prohibió los partidos políticos republicanos y toda actividad política o sindical.
- Anuló todas las reformas republicanas.
- Restableció la bandera roja y gualda como enseña nacional.
- Practicó una represión brutal, sistemática y selectiva (aproximadamente 100.000 víctimas) con el objetivo de sembrar el terror, eliminar toda resistencia y aniquilar a sus enemigos políticos.
La unificación política
Tras el fallido intento de ocupar Madrid, la guerra civil se prolongó y el líder de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, fue fusilado por los republicanos. Ante esta coyuntura, Franco decidió crear un Estado de corte fascista que unificase a las fuerzas políticas que apoyaron el golpe de Estado. De esta forma, en abril de 1937, unificó a los carlistas y falangistas, naciendo la Falange Española Tradicionalista y de las JONS como partido único del nuevo régimen, el cual adoptó un conjunto de símbolos:
- El saludo fascista y la camisa azul falangista.
- La boina roja de los requetés carlistas.
- El escudo del yugo y las flechas de los Reyes Católicos.
El primer gobierno franquista
En febrero de 1938 se constituyó el primer gobierno franquista, en el que estaban representados los grupos que apoyaron el golpe de Estado (carlistas, falangistas, militares y grupos monárquicos), siendo reconocido por la Alemania nazi, la Italia fascista, Portugal y el Vaticano.
La tarea inicial del gobierno fue derogar toda la obra reformista republicana mediante medidas como:
- La abolición de los estatutos de autonomía y de toda la legislación laica republicana.
- La imposición del castellano como única lengua oficial del Estado.
- El restablecimiento del catolicismo como religión oficial, con la consiguiente recuperación de los bienes y privilegios de la Iglesia católica.
- La legalización de la pena de muerte.
- La supresión de la libertad de asociación, expresión y reunión.
La desintegración del poder republicano: represión y revolución
Fracasado el intento de negociación del gobierno republicano con los rebeldes, Azaña encargó formar gobierno a José Giral quien, al no disponer de ejército para sofocar la sublevación, dio orden de repartir armas a las milicias obreras, que se convirtieron en las defensoras del Gobierno Republicano. Tras esta decisión, el poder del Estado republicano se desplomó, cayendo en manos de las milicias armadas de los partidos y sindicatos obreros, que llevaron a cabo una serie de medidas:
- Iniciaron una durísima represión (50.000 víctimas) sobre personas sospechosas de colaborar con el bando nacionalista (militares sublevados, clero, terratenientes, empresarios, políticos de derechas…), que alcanzó su punto álgido en Madrid (verano de 1936) con el asalto a la cárcel Modelo y los asesinatos de Paracuellos del Jarama.
- Pusieron en marcha una revolución social colectivista, liderada por la UGT y la CNT, que realizaron incautaciones y colectivizaciones de propiedades, tierras e industrias en Andalucía, Aragón y Cataluña, lo que afectó negativamente la imagen de la República, que fue perdiendo autoridad.
La reconstrucción del Estado republicano: el gobierno de Negrín
En mayo de 1937 se creó un gobierno de concentración (formado por socialistas, republicanos y comunistas) presidido por el socialista Juan Negrín, cuyo objetivo esencial era ganar la guerra. Para ello, el gobierno adoptó las siguientes medidas:
- Traslado del gobierno a Barcelona y recuperación del control del Estado.
- Refuerzo del papel del ejército bajo un mando militar único.
- Fin de la etapa revolucionaria, encarcelando a miembros de la CNT y del POUM.
No obstante, ante el rumbo desfavorable de la guerra, estalló la división dentro del gobierno republicano entre los partidarios de negociar la paz con Franco (como Indalecio Prieto y Azaña) y los partidarios de resistir a ultranza (como los comunistas y el propio Negrín), con la esperanza de que estallase la Segunda Guerra Mundial y las potencias democráticas ayudasen a la República frente al franquismo.
