¿Existe el conocimiento verdadero? Filosofía del conocimiento desde Aristóteles hasta Kant


¿Existe el conocimiento verdadero? (Disertación)

La primera necesidad que el hombre experimenta ya desde su adolescencia, junto a la de encontrar un sentido a su propia vida (voluntad de placer, de gozar de la vida), es la búsqueda de la verdad. Desde los principios de la filosofía antigua hasta la filosofía moderna, filósofos como Aristóteles, Descartes, Hume o Kant se han dedicado a la búsqueda de respuestas a través del denominado triángulo de oro de la filosofía: el estudio del ser, del hombre y de cómo se produce el conocimiento, y de si éste es verdadero o no.

Filosofía antigua y ontología

Desde la filosofía antigua, partiendo de la ontología (rama de la filosofía que se ocupa del estudio del ser), se afirmaba que una cosa no puede ser ella misma y su contraria al mismo tiempo y bajo las mismas circunstancias: «El ser es; el no ser no es». A partir de esto, Aristóteles desarrolla un planteamiento en el cual afirma que el ser se predica de múltiples formas y que el ser es una sustancia que, aunque posee identidad, se relaciona con su entorno y con lo que puede percibir mediante los sentidos. Es decir, el ser no está aislado de la realidad sensible.

Aristóteles afirmó que «no hay nada en la mente que no haya estado antes en los sentidos». Todo conocimiento nace de la experiencia sensible, la experiencia que obtenemos a través de los sentidos, del contacto con la realidad (empirismo). Respecto a esto último, y en relación con la filosofía moderna, destaca el empirismo de Hume, que sostiene que la única forma de conocimiento fiable es la experiencia, es decir, los sentidos: todo conocimiento tiene que pasar necesariamente por ellos, de modo que el conocimiento proviene de una percepción anterior. No podemos tener conocimiento del mundo si no tenemos contacto directo con él.

Así, Occidente inventó y construyó, por primera vez, disciplinas científicas como la física, la química y la geografía, y articuló también otras áreas de estudio como la ética, la política y el estudio de la sociedad.

Racionalismo: Descartes y la duda

En contra de la postura empirista, desde la epistemología —la rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es el conocimiento— surge el racionalismo de René Descartes, para quien la verdad es la certeza, es decir, la evidencia psicológica de que algo es verdadero. Descartes llegó a dudar de la verosimilitud de los datos que nos proporcionan los sentidos e incluso de que fuéramos capaces de distinguir el estado del sueño de la vigilia.

Kant: ideas centrales

La filosofía de Kant confronta y sintetiza elementos del empirismo y del racionalismo. A continuación se recogen tres conceptos clave del pensamiento kantiano tal como aparecen en el texto original.

5. Mayoría de edad (concepto)

Kant atribuye la causa de la minoría de edad a la «pereza» y la «cobardía» de los individuos. Por un lado, el dogmatismo acrítico resulta cómodo, pues nos permite no cuestionar nada del mundo que nos rodea. Podemos, por ejemplo, vivir eternamente hipnotizados por el televisor. Por otro lado, renunciar a los prejuicios y a las consignas heredadas es una tarea que requiere cierto valor. Es natural que el vacío de la libertad inspire un cierto temor. Por pereza preferimos que un libro piense por nosotros antes que pensar por nosotros mismos.

Esta idea tiene mucha vigencia hoy día, pues vemos cómo la mayoría no es crítica con la información que recibe, ya sea a través de los libros, de la televisión o de Internet. Por cobardía, pagamos al sacerdote para que nos garantice el cielo y así no tener que preocuparnos por la muerte; y pagamos al médico para que nos garantice la salud cuando lo único realmente eficaz es mantenerse moderado en el goce y paciente en la enfermedad.

Esta idea guarda cierto parecido con la opinión que Platón expone en La República, donde afirma que una sociedad en la que abunden médicos y abogados es una sociedad en segura decadencia. Un ejemplo más reciente del estudio de la cobardía del hombre común ante la libertad y el librepensamiento es El miedo a la libertad de Erich Fromm. La mayoría de edad, el ejercicio del librepensamiento, ha de ir acompañada de una constitución republicana donde se respete la libertad de expresión y el ciudadano se convierta en colegislador.

4. Ilusión trascendental (concepto)

Lo primero que hay que saber sobre la tercera y última facultad del conocimiento es que la razón no conoce: piensa. Conocer, según Kant, es lo que hace el entendimiento en los juicios: aplicar a los fenómenos particulares conceptos generales, algunos de ellos a priori (categorías). Hay, por tanto, en el conocimiento dos elementos necesarios: concepto y experiencia (fenómeno). Pensar consiste sólo en organizar los conceptos según sus relaciones lógicas, encajando unos dentro de otros según sean más o menos universales.

El resultado de la actividad de la razón son los conceptos universalísimos que Kant llama Ideas de la razón:

  • Alma: el conjunto de nuestros conocimientos acerca de los fenómenos de la experiencia interna.
  • Mundo: el conjunto de nuestros conocimientos acerca de los fenómenos de la experiencia externa.
  • Dios: la síntesis de ambas.

Ahora bien, aunque mediante las Ideas podemos pensar la totalidad de los fenómenos, ellas mismas no nos dan a conocer nada, pues para ello necesitaríamos tener alguna intuición (experiencia) de las Ideas de la razón, cosa que no es posible. Por lo tanto, la metafísica como ciencia es imposible porque el límite de nuestro conocimiento es la experiencia sensible. Pero se da el hecho —faktum, que es la palabra que usa Kant para enfatizar— de que el hombre es un animal metafísico: el ser humano posee una tendencia natural a preguntarse «¿Quién soy?», «¿Qué sentido tiene el mundo?», «¿Existe Dios?», a pesar de ser consciente de que nunca podrá obtener una respuesta definitiva. A esta tendencia la llamamos ilusión trascendental.

No podemos conocer las Ideas de la razón, pero, dice Kant, podemos atribuirles un uso regulativo en dos sentidos:

  • Negativo: señalan los límites del conocimiento.
  • Positivo: impulsan a organizar cada vez mejor los conceptos del entendimiento.

1. Giro copernicano (concepto)

Kant explica el cambio que supone su filosofía en la concepción del conocimiento mediante una analogía con la revolución copernicana. Con esta explicación podemos entender, en todo caso, el conocimiento empírico, pero no el conocimiento a priori: lo extraordinario de este último es que con él podemos saber algo de las cosas antes de experimentarlas, es decir, antes de que puedan influir en nuestra mente.

Kant propone invertir la relación y aceptar que, en la experiencia cognoscitiva, el sujeto cognoscente es activo: en el acto de conocimiento el sujeto modifica la realidad conocida. Por ejemplo, a priori no podemos saber nunca si la figura que vamos a ver en la pizarra es un triángulo ni sus características contingentes, pero sí podemos saber a priori que, si es un triángulo, ha de poseer todas las propiedades descritas por la geometría, ya que —según Kant— éstas son una consecuencia de la peculiar estructura de nuestra mente, y a ellas se debe someter todo objeto del cual podamos tener experiencia.

En resumen, el giro copernicano indica que sólo podemos comprender el conocimiento a priori si admitimos que sólo conocemos los fenómenos y no las cosas en sí mismas (los noúmenos), es decir, si aceptamos el idealismo trascendental como la filosofía que describe adecuadamente esta condición humana.

Kant — Aristóteles: relaciones

Las diferencias en las que vamos a centrarnos se refieren al ámbito ético y al político.

  • Ética: la ética kantiana es una ética formal, mientras que la ética aristotélica es material. La ética formal kantiana es, en cierto sentido, vacía de contenidos concretos porque no establece un fin último que debamos perseguir: no nos dice explícitamente qué hacer, sino la forma racional, el cómo debemos actuar.
  • Fin último: por tanto, el fin último de la ética kantiana no es la felicidad, como en Aristóteles, sino el deber. La ética de Kant no se interesa por responder a la pregunta «¿cómo hacernos felices?», sino por la pregunta «¿cómo hacernos dignos de la felicidad?».
  • Autonomía vs. heteronomía: la ética aristotélica es, en cierto sentido, heterónoma: no es el individuo el que se da a sí mismo su propia ley, sino que las normas están encaminadas al fin supremo de la felicidad y vienen determinadas por la naturaleza misma del hombre. Frente a esto, la ética kantiana es autónoma: el sujeto de la acción moral decide desde sí mismo y por sí mismo cómo actuar en cada situación concreta.

En cuanto a la teoría política, Aristóteles consideraba que el Estado es anterior al individuo y que el hombre es un ser por naturaleza social que sólo dentro del Estado puede desarrollar su ser. Esta teoría contrasta con las teorías contractualistas de Hobbes, Rousseau o Kant. Kant y Hobbes defienden que el hombre en estado de naturaleza no es necesariamente un ser social sino que vive, en determinados supuestos, en un estado de guerra de todos contra todos. El estado de naturaleza es aquel en el que se encontraba el hombre antes de que existiesen el Estado, el Derecho y la Autoridad.

Kant se plantea cómo éramos y vivíamos en el estado de naturaleza y qué nos llevó a salir de él para formar un Estado civil, que es un Estado regido por un orden jurídico. Trata de responder a la pregunta por el paso del estado de naturaleza al estado civil. Kant se opone en este caso al planteamiento aristotélico y platónico que entendía que la misión del Estado es la formación de la virtud de los individuos. En este punto Kant exhibe un planteamiento liberal, afín a Locke y contrario al «paternalismo» griego del Estado.

Kant — Nietzsche: relaciones

Nietzsche dedica amplias reflexiones a Kant y, en consecuencia, al racionalismo ilustrado. En opinión de Nietzsche, el pensamiento kantiano hipostatizó la razón frente a los sentidos, cuando en realidad la razón puede falsificar las aportaciones de los sentidos. La razón reduce la pluralidad de matices de la realidad, anulando la verdadera esencia de ésta: el devenir, el cambio.

Para Nietzsche la realidad no es unívoca, es decir, no posee un único sentido o significado. La realidad es como la interpretamos y depende, por tanto, de la perspectiva que adoptemos (perspectivismo). La verdad no existe en sentido absoluto; existen verdades que iluminan aspectos distintos de la realidad. «No hay hechos», dirá Nietzsche, «sino interpretaciones». Y las interpretaciones pueden ser positivas o negativas, activas o reactivas, fuertes o débiles.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *