Géneros artísticos y funciones del arte: mimesis, tragedia, música y crítica social


Los géneros artísticos

Artes plásticas

Aristóteles define el arte como mimesis (imitación). En la Grecia clásica, esta noción se interpretaba de dos maneras diferentes:

  • El arte reproduce la realidad. Esta interpretación fue la predominante hasta el siglo IV a. C. y consideraba que el pintor y el escultor debían limitarse a reproducir la realidad. Esta concepción supuso el desprecio de la labor artística. Según esta interpretación, el ideal de estas obras es la fidelidad respecto del original y consiste en que el espectador llegue a confundir la realidad y la ficción, hasta el punto de creer que lo representado es real.
  • El arte mejora la realidad. Esta concepción supuso una revalorización de las prácticas artísticas y afirmaba que el artista corrige los defectos de la naturaleza; no copia la realidad, sino que la mejora. Para explicar de qué manera el artista tenía la capacidad de crear obras más perfectas que sus originales, se recurrió a la inspiración divina. El ideal de este tipo de obras es la perfección.

Según el filósofo alemán Hans Gadamer, la diferencia entre el arte objetual y el arte no objetual no supone ninguna crisis ni escisión en la definición de arte. Retoma la noción de mimesis para afirmar que el artista no se limita a reproducir una realidad que ya está dada, sino que introduce un nuevo punto de vista y crea una nueva realidad.

La música

La música es una forma de expresión estética presente en todas las culturas. Es uno de los géneros artísticos capaces de transmitir las emociones de forma más directa y profunda.

Friedrich Nietzsche es uno de los filósofos en los que la música ha tenido un papel más importante a la hora de configurar su pensamiento; de hecho, él mismo fue compositor. Nietzsche asegura que la música es una forma de expresar la voluntad de vivir, y que contribuye a aligerar y aliviar el peso de la vida. En su juventud, consideró que las composiciones de Wagner transmitían la misma vitalidad y pasión por la vida que él defendía en su obra filosófica.

La literatura: la tragedia

En las obras trágicas, el protagonista tiene que hacer frente a unas circunstancias que lo conducen a un final desdichado.

Friedrich Nietzsche: en El nacimiento de la tragedia, Nietzsche afirma que en la tragedia griega se representan dos principios, lo dionisíaco y lo apolíneo, que son a su vez dos planteamientos vitales opuestos. Dionisos, dios de la música y la poesía, representa la vida —el caos y el instinto—, mientras que Apolo, dios del sol y de la luz, representa la razón. En la tragedia, el elemento dionisíaco estaba representado por el coro, que descubría la fuerza irresistible de la vida bajo el destino trágico, la aceptación de que el sufrimiento es necesario para que la vida fluya. Según Nietzsche, la pretensión de imponer un orden racional al mundo hizo triunfar al individuo teórico, apolíneo, sobre el individuo trágico o dionisíaco.

Filosofía en la literatura

Pedro Calderón de la Barca: al igual que hiciera Descartes, Pedro Calderón de la Barca plantea que el sueño y la vigilia pueden llegar a confundirse. A Descartes, esta confusión le llevó a dudar de todos los contenidos teóricos; sin embargo, Calderón pone en cuestión la vida misma, hecho que le aproxima al existencialismo. Para este escritor, la vida es efímera y cualquier triunfo que se alcance es pasajero.

Función del arte

Entretenimiento y placer

Desde la antigua Grecia se ha constatado que los artistas, gracias a sus obras, son capaces de entusiasmar al público y de actuar sobre las emociones de los espectadores, provocando entretenimiento y placer. Gorgias, en «El elogio de Helena», considera que la actividad artística destaca por su capacidad para agitar los sentimientos. Las palabras pueden producir toda clase de placeres y emociones y, aunque el público sepa que todo es ilusión, conscientemente se deja engañar por las palabras del artista. Gorgias tenía una visión positiva de la actividad artística, pero encontraba limitaciones para explicar, por ejemplo, por qué la tragedia griega proporciona placer al espectador a pesar de las historias aciagas y funestas que se representan.

La función moral y educativa

Desde la Antigüedad, el arte se ha concebido como un medio para educar. Por ejemplo, la escuela pitagórica utilizaba fragmentos seleccionados de Homero y Hesíodo en su actividad pedagógica, pues suponía que el arte puede influir en los individuos y formarlos como personas. No obstante, esos fragmentos debían ser «escogidos», lo que pone en evidencia que el arte era considerado beneficioso, pero también se le reconocía un poder pernicioso y no deseado por el educador. Esta concepción ha llevado a justificar la censura.

Platón identificaba la idea de belleza con la del bien, de modo que cualquier disciplina artística tenía que juzgarse desde un punto de vista moral. Esto significa que, si el arte no tiene una intención moral y educadora, no está cumpliendo su misión principal. Platón fue el primer pensador que consideró la censura, ya que, a diferencia de Gorgias, exigía al artista responsabilidad por sus obras.

Arte, individualidad y cultura de masas

Herbert Marcuse

El filósofo alemán Herbert Marcuse dijo que existía una contradicción entre arte y mercancía, ya que la mercantilización de la obra de arte exterminaba el propio arte. Este pensador defiende que:

  • El arte por sí mismo no puede transformar la realidad, pero sí puede convertirse en una vía de crítica social. Gracias a la ficción, el arte consigue desafiar a la realidad iluminándola y mostrándola tal cual es.
  • El arte contribuye a la reivindicación del individuo en tanto que ser humano, y no como miembro de una clase social concreta.

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