1.4. La monarquía visigoda
En 409 d. C. la irrupción de pueblos germánicos llevó a Roma a pactar con los visigodos, quienes, tras ser derrotados en Vouillé (507 d. C.), establecieron su reino definitivamente en Hispania con capital en Toledo. La monarquía era electiva y se apoyaba en instituciones como el Aula Regia y los Concilios de Toledo. Fue crucial el III Concilio (589 d. C.), donde Recaredo convirtió al reino al catolicismo, fortaleciendo a la Iglesia.
En el ámbito cultural y legal destacaron figuras como San Isidoro y la promulgación del Liber Iudiciorum (654) por Recesvinto, que unificó las leyes para todos. Sin embargo, el carácter electivo de la corona provocó una gran inestabilidad política que culminó tras la muerte del rey Witiza (710 d. C.); el conflicto sucesorio entre Rodrigo y los partidarios de Agila II facilitó la entrada de los musulmanes liderados por Tariq, marcando el fin del reino visigodo.
2.1. Al‑Andalus: evolución política
Los musulmanes desembarcaron en Gibraltar y derrotaron a Rodrigo en Guadalete (711); en tres años ocuparon casi toda la península salvo la franja cantábrica y los Pirineos. Se estableció un Emirato dependiente (714–756) de Damasco; tras la llegada de Abderramán I nació el Emirato independiente (756–929). Abderramán III se proclamó califa (929–1031); la muerte de Almanzor (1002) y la fitna condujeron a la fragmentación en taifas (1031).
Las taifas, prósperas pero débiles, pagaban parias; ante la presión cristiana llamaron a los almorávides (c. 1090) y luego llegaron los almohades, que vencieron en Alarcos (1195) y fueron derrotados en Navas de Tolosa (1212). El reino nazarí de Granada se fundó en 1237 y sobrevivió a la conquista cristiana hasta su rendición en 1492.
2.3. Reinos cristianos: Reconquista y organización política
La resistencia cristiana se inició tras Covadonga (722) con el reino de Asturias; se crearon condados francos (Pamplona, Aragón, Barcelona) y se avanzó hacia el Duero; la capital se trasladó a León. En el s. XI, con la fragmentación califal, Alfonso VI conquistó Toledo (1085); los almorávides respondieron en Sagrajas (1086).
En el s. XII, Zaragoza (1118) fue tomada por Aragón; surgieron los reinos de Castilla y Portugal. La victoria cristiana en Navas de Tolosa (1212) abrió la expansión decisiva; el avance castellano se produjo por las cuencas del Guadiana y del Guadalquivir; el proceso concluye con la capitulación de Granada (1492).
Los sistemas de gobierno incluyeron concejos locales, condes regionales y reyes asesorados por la Curia Regia. En León (1118) nacen las Cortes con presencia burguesa para asesorar y votar impuestos.
3.6. La Guerra de Sucesión. La Paz de Utrecht. Los Pactos de Familia
A la muerte de Carlos II sin descendencia en 1700, fue nombrado heredero Felipe de Anjou, lo que provocó la Guerra de Sucesión (1701–1713) al ser también reclamado el trono por Carlos de Habsburgo. Felipe contó con el apoyo de Castilla y Francia, mientras que Carlos fue respaldado por la Corona de Aragón y por varias potencias europeas que temían la unión franco‑española.
El conflicto finalizó con el Tratado de Utrecht (1713), tras el cual Carlos heredó el Sacro Imperio. Felipe V fue reconocido como rey de España, renunciando al trono francés, y España perdió territorios en favor de Austria y Gran Bretaña, además de conceder ventajas comerciales a esta última en América. Durante el siglo XVIII, los Borbones firmaron los Pactos de Familia con Francia, alianzas político‑militares contra la hegemonía británica. Mediante estos pactos se recuperaron territorios en Italia, aunque la participación española en la Guerra de los Siete Años supuso importantes pérdidas territoriales y el apoyo a la independencia de las Trece Colonias.
6.1. El sistema canovista: la Constitución de 1876 y el turno de partidos. La oposición al sistema
La Restauración comenzó en 1875 con la llegada de Alfonso XII al trono tras el pronunciamiento de Martínez Campos, pese a la intención de Cánovas de una restauración civil. Se implantó el sistema canovista, una monarquía parlamentaria basada en la alternancia pacífica de dos partidos, aunque en la práctica fue un régimen oligárquico sostenido por el fraude electoral.
Los partidos del turno fueron:
- Partido Conservador, dirigido por Cánovas: defensor de una monarquía controlada por una oligarquía, con sufragio restringido, libertades limitadas, apoyo a la Iglesia y proteccionismo.
- Partido Liberal, liderado por Sagasta: partidario del sufragio universal masculino, mayores libertades, anticlericalismo y librecambismo.
El turno se aseguraba mediante el caciquismo, con elecciones manipuladas por la oligarquía, los gobernadores civiles y los caciques locales. El sistema se reguló mediante la Constitución de 1876, un texto breve y ambiguo que establecía una monarquía parlamentaria con soberanía compartida entre el rey y las Cortes. El rey controlaba el poder ejecutivo; las Cortes, bicamerales, ejercían el legislativo; y los derechos se reconocían de forma imprecisa. El catolicismo era la religión oficial, permitiéndose el culto privado de otras religiones.
Tras la muerte de Alfonso XII en 1885, la regencia de María Cristina se apoyó en el Pacto de El Pardo, que consolidó el turno de partidos. Durante el largo gobierno de Sagasta se aprobaron la Ley de Asociaciones, la Ley del Jurado y el sufragio universal masculino, aunque el fraude continuó. En 1902 comenzó el reinado de Alfonso XIII.
La oposición al sistema estuvo formada por:
- Carlistas, defensores del tradicionalismo católico.
- Republicanos, partidarios de la república, el sufragio universal y la separación Iglesia‑Estado.
- Movimiento obrero, dividido entre socialistas y anarquistas; destacaron la fundación del PSOE y de la UGT por Pablo Iglesias.
- Movimientos regionalistas y nacionalistas, como el catalanismo (Bases de Manresa), el nacionalismo vasco (PNV de Sabino Arana) y otros en Galicia, Valencia o Sevilla.
2.4. Modelos de repoblación y organización estamental
Los cristianos repoblaron los territorios conquistados a los musulmanes mediante distintos modelos según la época:
- Presura (siglos VIII–X): las tierras se concedían a quienes las cultivaban.
- Repoblación concejil (ss. XI–XII): otorgaba tierras a los concejos mediante cartas pueblas.
- Órdenes militares (s. XIII): organizaron el territorio en encomiendas.
- Repartimiento (ss. XIII–XV): distribución de tierras según el rango social de los conquistadores.
Durante la Edad Media se consolidó el sistema feudal, basado en el vasallaje y el señorío. El rey concedía tierras a nobles o instituciones a cambio de fidelidad. El campesinado quedó sujeto a formas de servidumbre, mientras que las ciudades dependían del rey. La sociedad fue estamental, dividida en privilegiados y no privilegiados. Desde el s. XI surgió la burguesía urbana, que acabó participando en las Cortes.
3.2. Exploración, conquista y colonización de América (ss. XVI–XVII)
Colón presentó su proyecto en 1486 y obtuvo en las Capitulaciones de Santa Fe cargos y una parte de los beneficios. Partió en 1492 y llegó el 12 de octubre a San Salvador, explorando después Cuba y La Española. Realizó tres viajes más creyendo haber alcanzado Asia.
El Tratado de Tordesillas (1494) estableció un meridiano que dividía las áreas de expansión entre Castilla y Portugal. Hasta 1515 se ocuparon las islas caribeñas, donde la población indígena desapareció en gran parte. Después llegaron las grandes conquistas: Cortés sometió el imperio azteca y Pizarro y Almagro el inca. Magallanes y Elcano completaron la primera circunnavegación.
La expansión se apoyó en la superioridad militar, la crisis interna de los imperios indígenas y alianzas locales. La colonización se basó en la explotación agrícola y minera. Las encomiendas entregaban tierras e indígenas a colonos encargados también de evangelizar. La extracción de metales impulsó la economía bajo el control de la Casa de Contratación de Sevilla.
3.4. Los Austrias del siglo XVII. Política interior y exterior
Los Austrias del siglo XVII delegaron el poder en sus validos. Con Felipe III (1598–1621) gobernaron el duque de Lerma y el de Uceda. Aumentó la deuda y la presión fiscal, y la expulsión de los moriscos (1609–1613) provocó una fuerte crisis demográfica y agraria, sobre todo en Aragón. Se firmó la Tregua de los Doce Años con los Países Bajos.
La Guerra de los Treinta Años (1618–1648), enfrentamiento entre católicos y protestantes, terminó con la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos, que confirmaron la decadencia hispánica y la hegemonía francesa, dejando una gran crisis económica y poblacional. Durante el reinado de Felipe IV (1621–1665) y con el Conde‑Duque de Olivares se creó la Unión de Armas para repartir los gastos militares. En 1640 estalló la revuelta catalana (Corpus de Sangre), que pasó temporalmente bajo control francés, y Portugal, con el duque de Braganza, logró su independencia.
Con Carlos II (1665–1700) comenzó una lenta recuperación económica bajo el gobierno de Fernando de Valenzuela. Al morir sin descendencia, estalló la Guerra de Sucesión (1701–1713) entre Carlos de Habsburgo y Felipe de Anjou.
1.2. Los pueblos prerromanos y las colonizaciones del Mediterráneo
Tartessos (s. XII–V a. C.), en el valle del Guadalquivir, fue la primera gran cultura de la Edad del Hierro peninsular. Su economía agrícola, ganadera y comercial destacó por los intensos intercambios con fenicios y griegos. En el Levante surgieron los íberos (s. VI–I a. C.), con poblados amurallados, sociedad jerarquizada y una economía próspera basada en el comercio; desarrollaron una escritura propia.
Desde Centroeuropa se asentaron los celtas (s. X–I a. C.), con una metalurgia muy desarrollada; la mezcla con los íberos dio lugar a los celtíberos. A partir del 1100 a. C., los fenicios fundaron colonias como Gadir, Malaka y Sexi, introduciendo la escritura alfabética y el hierro forjado. Los griegos establecieron enclaves como Ampurias y Rosas, difundiendo nuevos cultivos, moneda y su alfabeto. Los cartagineses ocuparon el sur peninsular con ciudades como Ebusus y Cartago Nova, y su enfrentamiento con Roma en la Segunda Guerra Púnica abrió la puerta a la conquista romana.
Imagen 7.2. Desamortizaciones. La España rural del siglo XIX. Industrialización, comercio y comunicaciones
Durante el siglo XIX, España experimentó cambios económicos importantes, pero de forma lenta y desigual respecto a Europa. A finales de siglo mantenía una economía predominantemente agraria, con una industrialización limitada y poco competitiva.
Las desamortizaciones consistieron en la expropiación y venta en subasta de bienes de la Iglesia y de los ayuntamientos para evitar las «manos muertas». Destacaron la desamortización de Mendizábal (1836–1837), centrada en los bienes del clero regular, y la desamortización de Madoz (1855), que afectó a bienes del clero, del Estado y de los municipios. Aunque buscaban mejorar la situación campesina y sanear la Hacienda, las tierras fueron adquiridas por grandes propietarios; no acabaron con el latifundismo y apenas mejoraron la vida rural, aunque sí aumentaron la superficie cultivada y los ingresos del Estado.
La industrialización española fue tardía debido a la escasez de capital, la falta de buenas fuentes de energía y materias primas y la inestabilidad política. El principal foco industrial fue Cataluña, con la industria textil algodonera, protegida por aranceles. La siderurgia pasó por etapas en Andalucía y Asturias, consolidándose a finales de siglo en Bilbao, gracias al comercio de hierro con Cardiff. La minería se desarrolló desde 1868 tras la liberalización del sector, quedando mayoritariamente en manos extranjeras.
El desarrollo de las comunicaciones estuvo marcado por el ferrocarril. Desde 1848 comenzó su expansión en la península y se consolidó con la Ley General de Ferrocarriles de 1855, que atrajo capital extranjero. La red tuvo un diseño radial con centro en Madrid. Aunque impulsó poco la industria nacional, el ferrocarril integró el mercado, facilitó el comercio y la movilidad.
En política económica predominó el proteccionismo, defendido por industriales catalanes, cerealistas castellanos y siderúrgicos vascos, frente al librecambismo, aplicado de forma puntual para atraer capital y tecnología, especialmente para el ferrocarril. Finalmente, se desarrolló la banca moderna, con la creación de entidades como el Banco de San Fernando y el Banco de España, claves en la financiación del ferrocarril y la industria. Tras el desastre del 98, la repatriación de capitales favoreció la aparición de nuevos bancos.
8.2. El impacto de los acontecimientos internacionales: Marruecos, Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa
Durante el reinado de Alfonso XIII, la Restauración se vio agravada por conflictos internacionales que desembocaron en una profunda crisis política y social. Destacaron el problema de Marruecos, la Primera Guerra Mundial y la influencia de la Revolución rusa, que contribuyeron al colapso del sistema.
La cuestión marroquí fue una de las principales fuentes de inestabilidad. España compartía el protectorado de Marruecos con Francia, pero la resistencia de las tribus rifeñas provocó continuos enfrentamientos. El envío de reservistas, mayoritariamente obreros, desencadenó una fuerte protesta social que culminó en la Semana Trágica de Barcelona, duramente reprimida. Más tarde, la rebelión liderada por Abd el‑Krim provocó el Desastre de Annual, con graves pérdidas para el Ejército español. La exigencia de responsabilidades y la investigación parlamentaria aumentaron la tensión política y facilitaron el golpe de Estado de Primo de Rivera, apoyado por el rey, poniendo fin a la Restauración.
Durante la Primera Guerra Mundial, España se mantuvo neutral, lo que tuvo efectos contradictorios. La industria se benefició de los pedidos exteriores, mientras que otros sectores se vieron perjudicados. El crecimiento económico favoreció a una minoría, pero la mayoría de la población sufrió escasez de alimentos, subida de precios y estancamiento salarial, lo que radicalizó al movimiento obrero y desembocó en la huelga general de 1917.
La crisis de 1917 tuvo tres dimensiones:
- Militar: surgieron las Juntas de Defensa, legalizadas con el apoyo del rey, debilitando el control civil sobre el Ejército.
- Política: la Asamblea de parlamentarios impulsada por el catalanismo y apoyada por republicanos y socialistas fue disuelta.
- Social: la huelga general fue reprimida por el Ejército, consolidando el miedo de las clases medias a una revolución y agravando la descomposición del sistema.
La influencia de la Revolución rusa se reflejó en el Trienio Bolchevique, con una intensa movilización obrera y campesina, especialmente en Andalucía, protagonizada por huelgas y ocupaciones de tierras. El sindicalismo anarquista, organizado en la CNT, creció notablemente, y en el seno del PSOE se produjeron divisiones que dieron lugar a la creación del Partido Comunista de España. Conflictos como la huelga de La Canadiense lograron importantes conquistas laborales, pero provocaron una fuerte reacción represiva de la patronal y del Estado, aumentando la conflictividad social.
