Historia de la música: de la Antigua Grecia y Roma al Renacimiento


I. La música en la antigüedad

La herencia de Grecia y Roma

La cultura occidental tiene innegables vínculos con las antiguas Grecia y Roma. Sus ideales de belleza y arte tuvieron allí su origen. Su filosofía se basó en la de Platón y Aristóteles. La música griega se asemejaba a la de la Alta Edad Media en varios aspectos fundamentales. En esencia era monofónica, es decir, melodía sin armonía ni contrapunto. Además, la música griega era improvisada en casi su totalidad. Su melodía y su ritmo estaban profundamente unidos a la melodía y al ritmo de la poesía.

La doctrina de ethos

Los escritores griegos creyeron que la música poseía cualidades morales y que ésta podía afectar al carácter y al comportamiento. Esta idea cuadraba con la concepción pitagórica de la música como un sistema de alturas de sonido y ritmo, regido por las mismas leyes matemáticas que obran en todo el mundo, visible e invisible. El alma humana se veía como una combinación que se armonizaba mediante relaciones numéricas.

La música en la antigua Roma

Los romanos adoptaron su música artística de Grecia, sobre todo después de que este territorio se convirtiera en provincia romana en 146 a.C., y es posible que esta cultura importada sustituyera a una música etrusca o itálica, acerca de la cual no tenemos ninguna noción. La versión romana del aulos, la tibia, y sus intérpretes, los tibicines, ocuparon un lugar importante en los ritos religiosos, la música militar y el teatro.

La iglesia cristiana primitiva

Mientras Roma declinaba como imperio en el siglo V, la iglesia cristiana avanzaba silenciosamente. Hasta el siglo X fue el principal canal de cultura y fuerza unificadora en Europa. A pesar de trescientos años de esporádica persecución, las primeras comunidades cristianas crecieron constantemente y propagaron su fe a todas las partes del imperio. El emperador Constantino se convirtió al cristianismo en el año 312 y lo proclamó religión de la familia imperial. En el año 395 la unidad política del mundo antiguo se desintegró, dividiéndose el imperio en oriental y occidental, con capitales en Bizancio y en Roma. Cuando el último emperador occidental finalmente abandonó su trono en el año 476, después de un siglo terrible de guerras e invasiones, el poder papal se había establecido lo suficientemente firme como para que la iglesia tomara el relevo de Roma en la misión de civilizar y unificar al pueblo bajo su dominio.

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1 Platón: La República, 3.412a.

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La propagación del cristianismo

A medida que la iglesia primitiva se extendió desde Jerusalén a través de Asia Menor en dirección a occidente, hacia África y Europa, acumuló elementos musicales provenientes de diversas zonas. Los monasterios e iglesias de Siria tuvieron importancia en el desarrollo de la salmodia antifonal y en cuanto a la utilización de himnos. Ambos tipos de canción eclesiástica parecen haberse difundido desde Siria, pasando por Bizancio, hasta Milán y otros centros occidentales. El canto de himnos es la primera actividad musical registrada de la iglesia cristiana.

Boecio

Anicio Manlio Severino Boecio (ca. 480–524) fue la autoridad en música más reverenciada de la Edad Media. Su tratado De institutione musica (Los principios de la música), escrito en los primeros años del siglo VI, es decir, en su juventud, fue un compendio de la música dentro del esquema del quadrivium, de carácter preparatorio, al igual que las demás disciplinas matemáticas, para el estudio de la filosofía. En sus páginas había muy pocas ideas que pertenecieran al propio Boecio, ya que se basó en una compilación de fuentes griegas, principalmente un largo tratado de Nicómaco, el cual no se ha conservado, y el primer libro de Armonía, de Ptolomeo.

Boecio también subraya la influencia de la música sobre el carácter y la moralidad. De esta suerte, la música aparece representada ocupando un lugar de importancia como elemento para la educación de los jóvenes, tanto por sí misma como sirviendo de introducción a estudios filosóficos más avanzados.

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II. Canto religioso y canción profana en el Medievo

El canto y la liturgia romanos

El canto llano de la iglesia romana es uno de los grandes tesoros de la civilización occidental. Al igual que la arquitectura románica, permanece como un monumento a la fe religiosa en la Edad Media y, como ella, encarna el sentido de colectividad y sensibilidad estética de la época. Fue la génesis y la inspiración de una gran cantidad de música occidental hasta el siglo XVI. El canto llano constituye uno de los repertorios de canciones más antiguos todavía en uso, e incluye algunas de las melodías más nobles jamás creadas. Tan hermoso como resulta escucharlas, sería engañoso tratarlas meramente como música, ya que no se pueden separar de su contexto y de su propósito ceremonial.

El canto llano es una oración musical, una plegaria realzada que une a los fieles, a través de la melodía y el ritmo, en la expresión de pensamientos devotos. Pero es el texto el que da forma a la expresión oral de la canción. El canto puede ser tan simple como un recitado en un único discurso, escuchado durante la lectura del evangelio en la misa. Una leve caída en el discurso de este tono recitado podría marcar el final de un pensamiento. Una subida en el tono recitado llamaba la atención al comienzo de una lectura, o sobre una sección muy importante del texto.

La mayor parte del canto cristiano tuvo su origen en la Edad Media, pero se ha mantenido vivo y se ha seguido cantando aunque, a menudo, en versiones corruptas. Con la sustitución del latín por las lenguas vernáculas en la liturgia desde el Concilio Vaticano II (1962–1965), el canto ha desaparecido virtualmente de los oficios corrientes de la iglesia católica.

La liturgia romana

Las dos clases principales de oficios religiosos son el oficio y la misa.

Los oficios u horas canónicas, codificados por vez primera en los capítulos 8–19 de la Regla de san Benito (ca. 520), se celebran todos los días en horas establecidas según un orden regular, aunque su recitación pública generalmente sólo se observa en monasterios y en ciertas iglesias catedrales: maitines (antes del amanecer), laudes (al amanecer), prima, tercia, sexta, nona (respectivamente a las seis, nueve, doce y quince horas), vísperas (al atardecer) y completas (por lo general inmediatamente después de las vísperas). El oficio desempeñado por el clero y miembros de órdenes religiosas está constituido por oraciones, salmos, cánticos, antífonas, responsorios, himnos y lecturas. La música de los oficios se halla reunida en un libro litúrgico llamado Antifonario, que toma su nombre de la antífona, un canto que varía con el calendario, y se entona precediendo a un salmo o asociado a él.

La misa es el servicio principal de la iglesia católica. El acto culminante de la misa es la conmemoración o representación de la Última Cena y la consagración del pan y del vino, con la participación en estos últimos de los fieles. La música destinada a la misa aparece publicada en un libro litúrgico, el Graduale. El Liber usualis, otro libro de música, contiene una selección de los cantos más frecuentemente empleados. Los textos de la misa y de los oficios se hallan impresos en el Misal y en el Breviario.

La monodia no litúrgica y profana

Los especímenes más antiguos de música profana que se han conservado son canciones con textos en latín. Las primeras de estas forman el repertorio de las Canciones de Gloriados, entre los siglos XI y XII. Los gloriados eran estudiantes o clérigos mendicantes que migraban de una escuela a otra en los tiempos anteriores a la fundación de las grandes universidades permanentes. Su modo de vida vagabundo, reprobado por las gentes respetables, se celebraba en sus canciones, de las que se confeccionaron numerosas antologías manuscritas. Los temas de sus textos eran extraídos, en gran parte, de la eterna trinidad del interés masculino juvenil: vino, mujeres y sátira. Su tratamiento es a veces delicado y otras no.

Otro tipo de canción monofónica escrita durante el periodo que media entre los siglos XI y XIII es el conductus. Los conductus son un excelente ejemplo de cuán vaga era la línea divisoria entre la música sacra y la profana en la Edad Media. Es probable que originalmente se cantase en momentos en que un clérigo en un drama litúrgico o un celebrante en la misa o en algún otro oficio era formalmente «conducido» de un lugar a otro.

Los aspectos característicos del espíritu secular del Medioevo se reflejan con mayor claridad en las canciones con textos en lengua vernácula. Uno de los primeros tipos conocidos de canción vernácula fue la chanson de geste o «canción de gesta», poema épico narrativo que relata las hazañas de héroes nacionales, cantados según fórmulas melódicas sencillas, una sola de las cuales podía servir, inalterada, para cada verso a lo largo de prolongadas secciones del poema. Los poemas se transmitían en forma oral y no se documentaron hasta una fecha relativamente tardía; de su música, prácticamente nada se ha conservado. La más famosa de las chanson de geste es la Chanson de Roland, epopeya nacional de Francia que data de la segunda mitad del siglo XI, más o menos, aunque los sucesos que relata pertenecen a la época de Carlomagno.

Juglares

Quienes cantaban las canciones de gesta y otras profanas en la Edad Media eran los juglares o ministriles, clase de músicos profesionales de los que se tiene la primera constancia hacia el siglo X: hombres y mujeres que erraban solos o en pequeños grupos de aldea en aldea, de castillo en castillo, ganándose un precario sustento con el canto, la ejecución instrumental, la prestidigitación y la exhibición de animales amaestrados; tratábase de marginados sociales a los que, a menudo, se les negaba la protección de las leyes y los sacramentos de la iglesia. Los ministriles no eran poetas ni compositores en el sentido que le adjudicaríamos a estos términos. Cantaban, tocaban y bailaban al son de las canciones compuestas por otros o tomadas del dominio común de la música popular, indudablemente alterándolas o elaborando sus propias versiones sobre la marcha.

Trovadores y troveros

Los primeros tiempos de la Edad Media no dejaron testimonios de cantos profanos en latín. Esto no significa que la gente no cantase fuera de las celebraciones religiosas. Cantaba, pero no transcribía las melodías. De hecho, la Iglesia seguía condenando la música profana con el argumento de que su carácter agradable era peligroso para las almas. Como hemos señalado, la difusión de los tropos significó una primera ráfaga de libertad y sirvió de estímulo a los desarrollos posteriores de la música profana.

Entre los siglos XI y XIII nació en Francia el arte de los trovadores y troveros. Los trovadores eran poetas músicos en lengua de oc, provenientes del sur. Los troveros, en cambio, escribían en lengua de oïl y provenían del norte. Ni unos ni otros, pues, empleaban el latín. Por lo general, tanto los trovadores como los troveros eran personas de alto linaje: príncipes y señores feudales; no faltaron entre ellos las mujeres. Su público era el círculo restringido de los dignatarios de la corte.

El tema central de la obra de los trovadores fue el amor cortés: una estratagema literaria que no reflejaba sentimientos humanos realmente vividos, sino un tipo de amor ideal. Las composiciones poéticas respectivas defienden una cierta moral: si el enamorado corteja a su dama respetando reglas muy precisas, sus fatigas amorosas lo purificarán y lo harán más noble. Otras veces, la poesía de los trovadores se ocupa de temas políticos, heroicos o elegíacos. Los troveros expresan los mismos temas que los trovadores, pero, además, escriben poemas narrativos, similares a las antiguas canciones de gesta, que narran las hazañas de personajes históricos o imaginarios y en los que se exaltan sentimientos nobles como la devoción y el heroísmo.

En uno u otro caso, los poemas estaban subdivididos en estrofas y a menudo completados con unos versos de clausura. Las melodías de estos cantos crean muchos problemas de interpretación. La mayor parte de ellas se transmitían oralmente y sólo se transcribieron más tarde. Esto significa que la música no siempre era tocada y cantada como había sido escrita. Además, el cantor se consideraba autorizado a realizar una interpretación personal del fragmento, que incluía variaciones. Por otra parte, las transcripciones que han llegado hasta nosotros carecen de indicaciones rítmicas, es decir, no nos permiten saber cuánto duran las notas. Algunos estudiosos sostienen que el ritmo de estos cantos corresponde posiblemente al del verso y las palabras, de modo que las notas durarían lo mismo que las sílabas. Otros han subrayado que esta teoría no explica cuánto podían durar los grupos de notas que a menudo corresponden a una misma sílaba. En realidad, es imposible que durasen lo mismo que las sílabas, ya que en ese caso los músicos se habrían visto obligados a cantar demasiado deprisa. La cuestión sigue abierta y no se ha formulado ninguna teoría definitiva.

Poco podemos asegurar con certeza acerca de estas composiciones. Sabemos, por ejemplo, que emplean escalas que no son las de los modos eclesiásticos; trovadores y troveros utilizan, de hecho, varios modos a la vez y más notas de las que contiene cualquier modo. Por otra parte, las melodías recuerdan bastante la recitación de los salmos: son un canto basado en pocas notas y provisto de algunas ornamentaciones aisladas, concentradas sobre todo al comienzo y al final. A menudo encontramos dos sonidos poco distantes entre sí repetidos muchas veces. Por ejemplo, intervalos de tercera: do/do/do, mi/mi/mi, do/do/do. Las melodías estaban acompañadas por instrumentos, los cuales, sin embargo, ejecutaban las mismas notas del canto. Así descritos, estos cantos pueden resultar muy sencillos, pero la ejecución se enriquecía con virtuosismos y variaciones.

Minnesänger y Meistersinger

Trovadores y troveros viajaban sin cesar de corte en corte, por lo que su arte inspiró a muchos músicos de Europa, sobre todo en Alemania. Allí nació, alrededor de 1170, el movimiento de los Minnesänger (cantores de amor cortés). Como en el caso de los trovadores, su sede fueron las cortes de los señores de la época. Los Minnesänger se inspiraron en los trovadores para los textos y para las melodías. El movimiento duró aproximadamente hasta mediados del siglo XIV, cuando cobró protagonismo otra corriente, la de los Meistersinger (maestros cantores). El ambiente social y cultural cambió con los Meistersinger, pues la corte fue reemplazada por la pequeña ciudad burguesa.

Los músicos de este movimiento siguieron dos caminos diferentes: unos se hicieron cantores itinerantes, mientras otros formaron escuelas estables. Estos últimos se agruparon en corporaciones organizadas que formularon auténticas reglas compositivas. Cada corporación tenía su jefe, que dictaminaba quién podía ser admitido entre sus músicos. En resumen: para convertirse en maestro cantor había que demostrar que se sabía componer de acuerdo con las leyes de los Meistersinger.

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Canciones de otros países

Las escasas canciones inglesas del siglo XIII que se conservan muestran variedad de estados de ánimo y sugieren la existencia de una vida musical mucho más amplia de la que es posible imaginarse hoy en día. En una colección de manuscritos bellamente miniados, elaborados bajo la dirección del rey Alfonso X el Sabio, de España, entre 1250 y 1280, se conservan más de 400 cantigas monofónicas, canciones en alabanza de la Virgen; en muchos rasgos recuerdan a la música de los trovadores. Canciones monofónicas italianas contemporáneas eran las laude. Se cantaban en procesiones de penitentes y su música reviste un carácter vigoroso y popular. Emparentadas con las laude se hallan las canciones de flagelantes de la Alemania del siglo XIV. La lauda aún continuó cultivándose en Italia después del furor penitencial de los siglos XIII y XIV (en gran parte inspirado por los estragos de la peste negra europea del siglo XIV); en algunos casos se compusieron finalmente versiones polifónicas para sus textos.

Los modos eclesiásticos

La evolución del sistema medieval fue un proceso gradual y no es fácil rastrear con claridad el origen de cada una de sus etapas. En su forma completa, a la que se llegó hacia el siglo XI, el sistema reconocía ocho modos, diferenciados según la posición de tonos y semitonos en una octava diatónica construida sobre la finalis o nota final; en la práctica, esta nota era habitualmente la última de la melodía. Los modos se identificaban mediante números y se agrupaban en parejas; los modos impares se denominaban auténticos (originales) y los pares, plagales (derivados). Un modo plagal siempre tenía la misma final que su correspondiente modo auténtico.

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El sistema de modos fue un medio que sirvió para clasificar los cantos y ordenarlos en libros destinados al uso litúrgico. Muchos de estos cantos ya existían antes de que se crease la teoría de los modos descrita anteriormente.

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III. El Renacimiento

“La música entre los antiguos fue la más espléndida de todas las artes. Con ella, estos crearon efectos cargados de fuerza, que nosotros, en la actualidad, no somos capaces de producir bien, ni con la retórica ni con la oratoria a la hora de conmover las pasiones y los afectos del alma… Con el poder del canto era fácil para ellos desviar cualquier mente sabia desde el uso de la razón hacia la ira y la cólera… Con la eficacia del canto el perezoso y el laxo se convertían en agresivo y rápido; el furioso en pacífico; el disoluto en moderado; el afligido en consolado; el alegre en triste… Veo y escucho la música de nuestro tiempo, que algunos dicen que ha llegado a un grado de refinamiento y perfección que nunca antes existió o pudo conocerse… Esto está claro: la música de hoy día no es el producto de la teoría, sino sólo una aplicación de la práctica.” 2

El humanismo

El humanismo consistió en la revitalización de la sabiduría antigua, en particular de la gramática, la retórica, la poesía, la historia y la filosofía moral. Este movimiento hizo que la gente pensante juzgase sus vidas, obras de arte, costumbres y estructuras políticas y sociales por las normas de la antigüedad. Tanto el obispo Cirillo como Zarlino se lamentaron de la decadencia de la música tras la época clásica y deseaban que se volviesen a imitar las antiguas costumbres. Sin embargo, según las normas clásicas, las misas polifónicas que el obispo Cirillo escuchaba en las iglesias resultaban inadecuadas, ya que no lo conmovían, mientras Zarlino era capaz de ver un paralelismo entre la cumbre que la música había alcanzado en los tiempos modernos y la antigüedad.

El humanismo fue el movimiento intelectual más característico del periodo que los historiadores llaman el Renacimiento. Se ocupó de la música con mayor diligencia que algunos otros temas, como la poesía y la crítica literaria de textos. Con la escuela de Vittorino da Feltre, pensada para jóvenes nobles e inteligentes de la corte de Mantua y fundada en 1424, en cuyas aulas se leía el tratado de música de Boecio como texto clásico, en lugar de cómo fundamento para la enseñanza profesional, se puede decir que comienza el nuevo estudio de la teoría musical de la Grecia antigua.

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2 El Obispo Bernardino Cirillo expresa su opinión crítica sobre la música polifónica en una carta de 1549.

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Sistemas de afinación

A pesar del uso constante de terceras y sextas, la afinación pitagórica, que prevalecía a mediados del siglo XV, hacía que estos intervalos tuvieran un sonido áspero. Esta afinación resultaba de dividir el monocordio según las instrucciones de Boecio. Solo en 1482, un teórico musical y matemático español que vivía en Italia, Bartolomé Ramos de Pareja, propuso que se modificase dicha división para conseguir terceras y sextas más suaves. Ello dio como resultado que hacia el comienzo del siglo XVI los instrumentos se afinasen de tal forma que se logró que las consonancias imperfectas (terceras y sextas) sonasen de manera bastante aceptable.

Texto y música

El efecto más importante que tuvo el humanismo sobre la música fue el acercarla a las artes literarias. La imagen de un poeta y un músico antiguos unidos en una sola persona invitó tanto a los poetas como a los compositores a buscar una meta expresiva común. Se buscaron nuevos senderos para dramatizar el contenido de un texto. Se convirtió en regla que los compositores siguieran el ritmo del habla y no violasen la acentuación lógica de las sílabas, bien estuvieran en latín o bien en lengua vernácula.

Estos cambios de perspectiva que hicieron que la música resultase más atractiva de manera directa y cargada de significado para los oyentes no ocurrieron simultáneamente, sino a lo largo de todo el periodo del Renacimiento, que cubre los años que van, más o menos, de 1450 a 1600. Debido a los rápidos cambios que sufrió la música durante este siglo y medio, no resulta posible definir de forma estricta el estilo musical del Renacimiento. Este movimiento tuvo un carácter más general dentro del mundo de la cultura y la forma de pensar que el de ser un grupo específico de técnicas musicales.

La música impresa

Toda esta actividad dio pie a una demanda de música para tocar y cantar. En cada centro se recopilaron los manuscritos adecuados para los repertorios locales y otros, casi siempre suntuosos, se copiaron para regalarlos en las bodas, aniversarios y otras ocasiones protocolarias. Sin embargo, este procedimiento era caro y no siempre servía para transmitir la obra de un compositor con fidelidad. Con el auge del arte de la imprenta, resultó posible la difusión más exacta y amplia de la música escrita.

El arte de imprimir libros con tipos móviles, conocido en China hacía siglos y perfeccionado por Johann Gutenberg hacia 1450, se aplicó a libros litúrgicos con notación de canto llano hacia 1473. En algunos libros de teoría o instrucción de finales del siglo XV aparecen ejemplos de música impresa con bloques o planchas de madera; este método, solo o combinado con la impresión hecha a partir de tipos, continuó hasta principios del siglo XVI pero poco a poco se fue extinguiendo.

Los compositores del Norte y su música

El predominio de los músicos del Norte, que se había iniciado a comienzos del siglo XV, queda claramente ilustrado por las carreras de sus principales compositores y ejecutantes entre 1450 y 1550. La mayoría de estos hombres pasaron gran parte de sus vidas al servicio del rey de Francia, del Papa o del emperador del Sacro Imperio Romano. En Italia, las cortes o ciudades de Nápoles, Florencia, Ferrara, Módena, Mantua, Milán y Venecia eran los centros principales de difusión del arte de los compositores franceses, flamencos y neerlandeses.

El canon

El canon es una notoria excepción del moderado uso que se hacía de la imitación. El método predominante consistía en escribir una voz y dar instrucciones a los cantantes para derivar las voces adicionales de ella. La regla mediante la cual se derivan estas otras partes se llamaba canon, que quiere decir «principio» o «ley».

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