Fundamentos ideológicos del franquismo
El franquismo fue un fenómeno complejo que pudo sobrevivir casi cuatro décadas debido a su capacidad de adaptarse a unas circunstancias cambiantes en el escenario internacional. Se caracterizó por ser un movimiento ultranacionalista, católico y militarista que trató de imponer su ideología a toda la sociedad española. Existe un amplio consenso en definirlo como nacionalcatólico, un régimen reaccionario y conservador que considera consustancial la nación y el catolicismo.
Hasta 1942, el régimen tuvo importantes tintes fascistas a través del papel de Falange Española, que buscaba imitar los modelos de Hitler y Mussolini. El nacionalcatolicismo se remonta al ideario de Menéndez Pelayo, donde el ultranacionalismo se identifica con la religión católica como espíritu del pueblo español, con un pensamiento conservador y tradicionalista opuesto a cualquier atisbo modernizador.
El modelo fascista aspiraba a implantar una sociedad orgánica, donde el individuo se supedita al Estado y se ejerce una política ultranacionalista. Tras la Guerra Civil, el régimen adoptó gran parte del ideario falangista, aunque posteriormente reforzó la vertiente nacionalcatólica.
El régimen se apoyó en diferentes familias:
- Monárquicos: carlistas o tradicionalistas y juanistas.
- Católicos: muchos procedentes de la CEDA y miembros del Opus Dei.
- Ejército: la columna vertebral del régimen.
- Oligarquía: terrateniente e industrial, junto a pequeños y medianos propietarios defensores de la familia, la religión, el orden público y la propiedad privada.
Institucionalización del régimen: relaciones internacionales y etapas políticas
El régimen franquista desarrolló una estructura legal y jurídica propia desde 1936 con el objetivo de dar al régimen una cierta apariencia democrática. Se divide en tres etapas:
- Guerra Civil y Segunda Guerra Mundial (1936–1945).
- Aislamiento internacional (1945–1959).
- Desarrollismo (1959–1972).
Durante la posguerra, el régimen implantó medidas de inspiración fascista como el Fuero del Trabajo, que regulaba derechos y deberes de los trabajadores dentro del sindicato vertical, y la Ley de Responsabilidades Políticas, que castigaba a los colaboradores con la República. España se declaró neutral al inicio de la Segunda Guerra Mundial, aunque pasó a la no beligerancia tras las victorias alemanas. Franco se entrevistó con Hitler y Mussolini, aunque finalmente España no entró en la guerra y envió la División Azul.
Tras la derrota del Eje, el régimen adoptó cambios para aparentar un Estado de derecho: Democracia Orgánica, Movimiento Nacional y promulgación de las Leyes Fundamentales (Ley de Cortes, Fuero de los Españoles, Ley de Referéndum, Ley de Sucesión y Ley de Principios del Movimiento Nacional), que actuaban como una pseudoconstitución.
España sufrió aislamiento internacional tras la guerra, quedando excluida de organismos internacionales. Sin embargo, la Guerra Fría cambió la situación: su carácter anticomunista favoreció la firma de los Pactos de Madrid (1953) con Estados Unidos y el ingreso en la ONU en 1955, iniciando la apertura exterior e integración en organismos como el FMI y el Banco Mundial.
Desde 1957, los tecnócratas del Opus Dei impulsaron reformas, especialmente económicas. Se aprobaron leyes como la Ley de Prensa (1966), la Ley de Libertad Religiosa (1967) y la Ley Orgánica del Estado, que mantenían el carácter autoritario del régimen. En 1969, Franco designó a Juan Carlos como sucesor.
El final del franquismo estuvo marcado por la crisis del petróleo de 1973, el asesinato de Carrero Blanco por ETA, el aumento de la conflictividad social y la división entre aperturistas y el búnker, lo que condujo a la crisis final del régimen.
Transformaciones sociales y económicas
Durante los años 40 y 50, la economía española se basó en la autarquía, caracterizada por el intervencionismo del Estado, la escasa producción industrial y agraria, el racionamiento de alimentos y la aparición del mercado negro. La producción agraria fue insuficiente, obligando a importar trigo, mientras la población sufrió una fuerte caída del nivel de vida.
Se produjo un descenso de la natalidad y una migración hacia los principales centros industriales como Madrid, Barcelona o Bilbao, provocando despoblamiento rural y aparición de barrios chabolistas. El sector primario perdió peso progresivamente en la economía.
A partir de 1959, el Plan de Estabilización introdujo medidas liberalizadoras como la devaluación de la peseta, la reducción de la intervención estatal y la apertura al exterior. Estas medidas tuvieron costes sociales como el aumento del desempleo y la pérdida de poder adquisitivo.
Posteriormente, los Planes de Desarrollo impulsaron la industrialización mediante polos de desarrollo, fomentando la inversión, el turismo y la construcción de infraestructuras. Gracias a ello se produjo el milagro económico español, con un crecimiento elevado del PIB, aumento de la renta per cápita y modernización de los sectores económicos.
Las consecuencias sociales fueron profundas: éxodo rural, desequilibrios regionales, crecimiento de la industria y servicios y aparición de una clase media. Se desarrolló una sociedad de consumo, simbolizada por el SEAT 600, junto con cambios culturales como el aumento del nivel educativo y la influencia de Europa.
La crisis del petróleo de 1973 puso fin a esta etapa de crecimiento, provocando inflación, desempleo, caída del turismo y recesión económica, lo que agravó la crisis del régimen.
La represión, el exilio y los movimientos de protesta
Tras la Guerra Civil, la oposición al franquismo se organizó en el exilio y en el interior. En el exterior, destacó Juan de Borbón, que publicó el Manifiesto de Lausana (1945) solicitando la restauración de la monarquía, aunque sin éxito. El gobierno de la II República en el exilio fue reconocido por algunos países, pero perdió relevancia tras el reconocimiento internacional del régimen franquista y la entrada de España en la ONU.
En el interior, la oposición armada estuvo representada por los maquis, guerrilla antifranquista formada por antiguos combatientes republicanos, que fue eliminada por la represión del ejército y la Guardia Civil hacia 1948.
También se produjeron huelgas y protestas obreras en zonas industriales como Cataluña y País Vasco, así como protestas universitarias como la de Madrid en 1956, todas ellas duramente reprimidas. A partir de 1960, aumentó la conflictividad laboral con la aparición de Comisiones Obreras, que organizaban huelgas para reclamar mejoras laborales y derechos políticos.
La universidad se convirtió en un foco de oposición, mientras que sectores de la Iglesia comenzaron a distanciarse del régimen tras el Concilio Vaticano II. Los partidos políticos actuaron en la clandestinidad, destacando el PCE y el PSOE.
Finalmente, surgió el terrorismo de grupos como FRAP, GRAPO y ETA, siendo especialmente relevante el asesinato de Carrero Blanco en 1973. La represión, el aumento de la oposición y la crisis política y económica debilitaron el régimen, que terminó con la muerte de Franco en 1975 y dio paso a la Transición democrática.
