Perspectivas de Melanie Klein sobre la Terapia Infantil
Para Melanie Klein esto es incorrecto, ya que, si se emprende el análisis de niños con la mente abierta, se pueden descubrir caminos y medios para explorar las profundidades más recónditas y, por los resultados de estos procedimientos, podremos darnos cuenta de cuál es la verdadera naturaleza del niño; así, se puede ver que no es necesario imponer alguna restricción al análisis y tampoco al método con el cual se trabaje.
Críticas a la obra de Anna Freud
1) La crítica principal al libro de Anna Freud se da por dos conceptos empleados por ella: el primero es que supone que no se puede establecer la situación analítica con los niños, y el segundo es que encuentra inadecuado o discutible el análisis puro del niño, sin intervención pedagógica.
El papel del inconsciente en la infancia
Anna Freud coloca el consciente y el yo del niño y del adulto en primer plano, cuando Melanie Klein trabaja sobre todo con el inconsciente. Para esta última, los niños no son diferentes a los adultos; lo único que sucede es que en los niños el yo no se ha desarrollado aún plenamente y, por lo tanto, están mucho más gobernados por el inconsciente. Si se logra tener acceso a él, se logra tener acceso a los niños mismos. En este tipo de análisis siempre se detectan resistencias, aunque no menos marcadas que en los adultos; la principal es la angustia.
El manejo de la angustia y la culpa
Para Melanie Klein, el análisis no es un método suave; no puede ahorrarle al paciente ningún sufrimiento. Debe forzar la entrada de él en la conciencia e inducir la abreacción. Su crítica a Anna Freud es que esta no resuelve suficientemente la angustia y el sentimiento de culpa que tiene el niño. Por eso, Melanie Klein considera que es una rudeza innecesaria que un niño haga consciente su angustia para no enloquecer, sin atacar inmediatamente esa angustia en sus raíces inconscientes, aliviándola en la medida de lo posible.
La transferencia en pacientes infantiles
Melanie Klein supone que su método sirve tanto para atraer hacia ella la transferencia positiva como la negativa. Anna Freud utiliza los sentimientos de culpa y angustia que tiene el niño para que se apegue a ella (transferencia positiva), mientras Melanie Klein los registra al servicio del trabajo analítico desde el comienzo. Ella expone que, al resolver parte de la transferencia negativa, se obtiene, al igual que en los adultos, un incremento de la transferencia positiva y, de acuerdo con la ambivalencia de la niñez, esta será pronto seguida de una nueva emergencia de la negativa.
Asociaciones verbales y simbolismo
Anna Freud, Melanie Klein y probablemente todos los que analizan niños están de acuerdo con que los niños no pueden dar y no dan asociaciones de la misma manera que el adulto y, por lo tanto, no se puede obtener suficiente material únicamente por medio de la palabra. Entre los medios que Anna Freud sugiere como eficaces para suplir la falta de asociaciones verbales se encuentran algunos que Melanie Klein también encuentra valiosos, como lo son: el dibujo o el relato de fantasías. Estos son importantes para que los niños liberen su fantasía y para inducirlos a fantasear. (El niño siempre traerá muchas fantasías si lo seguimos con la convicción de que lo que relata es simbólico).
El uso de juguetes como herramienta terapéutica
Los pequeños juguetes que Melanie Klein usa como recursos tienen la finalidad de ganar acceso a su fantasía y liberarla, como es el caso del papel, lápices, tijera, cuerda, pelotas, ladrillos y, sobre todo, agua. Hay casos donde existen niños que están por completo inhibidos para jugar; es posible que los juguetes sean un instrumento para poder estudiar más de cerca las razones de esta inhibición.
Interpretación del juego y progreso terapéutico
Si observamos los cambios en la manera en la que un niño representa lo que ocurre dentro suyo, ya sea porque cambia de juego, o si lo abandona, o si hay un ataque directo de angustia, y se trata de ver qué hay en el nexo del material que cause estos cambios, se puede ver que continuamente nos enfrentamos con el sentimiento de culpa y que se debe interpretar. Cuando se interpreta y, por lo tanto, se alivia la angustia del niño (si nos encontramos con ella), ganaremos acceso a su inconsciente y lograremos que fantasee. Si llevamos hasta el fin el simbolismo que sus fantasías contienen, pronto veremos reaparecer la angustia y podremos garantizar el progreso del trabajo.
Resistencia y representación simbólica
Cuando dijimos que los niños no podían asociar, no era porque les falte la capacidad para poner sus pensamientos en palabras, sino porque la angustia se resiste a las asociaciones verbales. La representación simbólica (juguetes, dibujos), en general, está alejada de la persona misma y, por lo tanto, está menos investida de angustia que la confesión por la palabra hablada. (Debemos tener en cuenta que la mayor tendencia del niño es a angustiarse).
Debate sobre la técnica del juego
Existen dos objeciones principales que hace Anna Freud a la técnica del juego de Melanie Klein: puso en duda, en primer lugar, que estuvieran justificados en suponer que el contenido simbólico del juego del niño sea su móvil principal y, en segundo lugar, que se pudiera considerar el juego del niño como equivalente de las asociaciones verbales del adulto. Porque sostiene que falta en los juegos la idea de propósito que el adulto trae a sus análisis y que «le permite, al asociar, excluir todas las directivas e influencias conscientes en su cadena de pensamiento». Melanie Klein le responde que los niños están tan dominados por su inconsciente que para ellos es innecesario excluir deliberadamente ideas conscientes.
