Perspectivas Sociológicas y Económicas de la Empresa: Poder, Bienestar y Sostenibilidad


La Empresa desde el Enfoque Socioeconómico

Tradicionalmente, la empresa se ha definido desde la economía como una unidad de producción orientada a la eficiencia y al beneficio. Desde la sociología, esta visión es insuficiente, porque la empresa es también una organización social donde se estructuran relaciones de poder, normas, jerarquías, valores, identidades y conflictos. Estudiar sociológicamente implica entender cómo se organizan las relaciones en su interior y qué efectos producen sobre la vida de las personas y de las comunidades.

En este sentido, la empresa es un espacio central de la vida social: en ella no solo se fabrican bienes y servicios, sino también formas de relación y procesos de legitimación.

La Empresa: Contexto Histórico y Definiciones

La empresa debe entenderse como una forma histórica y dependiente del contexto para organizar la producción: no es natural ni eterna. Surge y se consolida en la sociedad industrial y monetaria de la modernidad, en el marco del capitalismo y de la división del trabajo.

  • Adam Smith la vinculó al mercado y a la especialización.
  • Karl Marx subrayó la separación entre capital y trabajo, la plusvalía y los conflictos estructurales que de ello se derivan.

Que sea dependiente significa que podría organizarse de otro modo. Por ejemplo, prácticas como la externalización o el teletrabajo eran marginales hace pocas décadas.

Definiciones de la Empresa

Etimológicamente, la palabra empresa viene de la idea de emprender o tomar a cargo una actividad. Las definiciones varían según el enfoque:

  1. Definición Convencional (Económica): La define como una entidad que combina factores productivos para producir bienes y servicios (b y s) con eficiencia y rentabilidad, maximizando el beneficio monetario.
  2. Definición Sociológica: Amplía el foco. La empresa es una organización social estable integrada por individuos que ocupan posiciones y roles diferenciados, interactúan bajo normas y valores compartidos. Además, está interdependizada con su entorno social, político, económico y medioambiental.

Por razón de la propiedad, puede ser pública o privada; su legitimidad depende en gran medida de la utilidad pública percibida. Esta perspectiva desplaza la atención de los objetos (capital, producto) hacia las personas (relaciones, poder, identidades), sin perder de vista la producción. Por ejemplo, decidir turnos o implantar una evaluación del desempeño reordena jerarquías, expectativas y clima laboral.

La Interdependencia y la Coordinación Social del Trabajo

La interdependencia es doble:

  • Internamente: La producción exige coordinación social del trabajo. Por ejemplo, una línea de montaje depende de que cada puesto cumpla su tiempo para que no se detenga la cadena.
  • Externamente: La empresa depende de proveedores y clientes, infraestructuras, marco jurídico y fiscal, y sindicatos. De ahí que una reestructuración afecte al empleo local, a la recaudación y al comercio. También importan los impactos ambientales.

Desde la sociología, el proceso de producción eficiente es ante todo coordinación social y obliga a reconsiderar tres conceptos clave:

Reconsideración de Inversión, Riesgo y Beneficio

  • Inversión: No es solo capital financiero; también es tiempo, esfuerzo, conocimiento, salud, reputación y capital social aportados por todos los participantes.
  • Riesgo: No se limita al propietario; incluye desempleo, accidente y estrés para trabajadores y mandos.
  • Beneficio (Bº): No se reduce al monetario; junto a los ingresos, cuentan el aprendizaje, la proyección profesional, el reconocimiento, el sentido del trabajo y la calidad de vida.

Poder, Conflicto y Legitimidad Organizativa

La empresa es, además, un espacio de poder y conflicto. El poder no es solo “mandar”: es definir objetivos, controlar tiempos, evaluar rendimientos y sancionar. Este poder genera resistencias y conflictos que, desde el paradigma del conflicto, son estructurales y motor de cambio organizativo. Con Marx, cabe advertir alienación (pérdida de control sobre proceso y producto) y cosificación (tratar a las personas como “recursos”), que erosionan la dignidad y el sentido del trabajo.

El Componente Decisivo: La Legitimidad

Max Weber introdujo el concepto de legitimidad en su teoría de la dominación para explicar por qué se obedece a una autoridad. Weber distinguió la dominación:

  • Tradicional
  • Carismática
  • Legal-racional

Las empresas modernas se basan típicamente en la dominación legal-racional. Sin embargo, la autoridad solo se sostiene si es percibida como legítima. De ahí que la aceptación social de la empresa dependa de su utilidad:

  • Producir bienes y servicios valorados y accesibles.
  • Ofrecer empleo digno (salarios adecuados, estabilidad y formación).
  • Cumplir obligaciones fiscales que financien lo público.
  • Actuar con responsabilidad ambiental.
  • Practicar buen gobierno.

Cuando estas fuentes fallan, la empresa pierde legitimidad y se cuestiona su viabilidad social.

Identidad y Conclusión sobre la Empresa

La empresa, finalmente, construye identidades. Muchas personas se definen por su profesión o posición en la organización. El trabajo influye en la autoestima, el reconocimiento y el sentido de pertenencia. Por eso, junto a la rentabilidad, deben ponderarse sus efectos sobre la vida y la dignidad de quienes la integran.

Conclusión del Enfoque Sociológico

La empresa no es solo una máquina de beneficios, sino una institución social compleja donde se organiza la cooperación, se ejercen poderes, se negocia la legitimidad, se producen conflictos y se crean identidades. El enfoque sociológico revela que sus formas de organización son históricas y transformables. Evaluarla únicamente por la rentabilidad es insuficiente; su utilidad social, su impacto en el bienestar y su responsabilidad ambiental deben ser criterios centrales. Esta perspectiva abre preguntas sobre cómo distribuir inversiones, riesgos y beneficios, qué modelos de gobernanza fortalecen la legitimidad, y cómo asegurar un trabajo con sentido en organizaciones que son a la vez motor económico y parte sustantiva de la vida social.


Paradigmas Económicos: De la Producción al Bienestar Sostenible

La economía no es solo números; es un campo de ideas y decisiones que organiza cómo producimos, distribuimos e intercambiamos bienes y servicios (b y s) para vivir. Esas visiones ordenadas son los paradigmas económicos, marcos que señalan qué medir, qué valorar y qué políticas aplicar. El término paradigma viene de la ciencia y lo popularizó Thomas Kuhn al mostrar que el conocimiento avanza bajo modelos dominantes y revoluciones que los reemplazan. Trasladado a la economía, cada paradigma concentra una imagen del mundo (qué es riqueza, bienestar, Estado y mercado) y una imagen de las personas. Entender qué paradigma predomina hoy y sus efectos sobre la equidad y el medioambiente es clave para orientar la economía hacia un futuro justo y sostenible.

Etimología y Alcance de la Economía

La palabra economía procede de oikos (casa) y nomos (norma), es decir, administración de recursos. Por su parte, ecología alude al hogar común (el planeta). Esta raíz recuerda que economía y entorno no pueden separarse.

Las primeras imágenes sobre la relación economía–medioambiente contraponen:

  • Un modelo centrado en explotar recursos para maximizar producción y consumo, aunque haya daños ambientales.
  • Un modelo sostenible, que compatibiliza desarrollo con preservación y salud.

La definición más amplia de economía se entiende como actividad social orientada a producir, distribuir e intercambiar b y s para satisfacer necesidades. Esta actividad se mide con indicadores como el PIB (valor monetario de bienes y servicios finales), pero no todo bienestar es monetario. Existen formas no monetarias que crean valor sin entrar en las cuentas nacionales:

  • Trabajo doméstico y cuidados.
  • Reciprocidad generalizada y trueque.

Dentro de la economía monetaria distinguimos:

  • Economía Registrada: Declarada oficialmente.
  • Economía Sumergida: Combina actividades no declaradas e ilegales. En España se estima en torno al 15–20% del PIB, con peso tanto de prácticas empresariales como de particulares.

Evolución Histórica de los Paradigmas

Históricamente se han sucedido varias imágenes sobre el progreso económico:

  • Paradigma de la Producción: Mide el progreso por el crecimiento del PIB y el volumen de b y s.
  • Paradigma del Bienestar: Introduce calidad de vida, distribución y acceso efectivo a bienes esenciales (salud, educación, energía, vivienda), en la línea de Amartya Sen, quien resalta capacidades y libertades reales.
  • Paradigma Financiero: Desplaza el foco hacia activos, derivados y especulación, atrayendo recursos a operaciones que no siempre crean riqueza real.

Teorías Económicas Relevantes

Las teorías económicas reflejan esas miradas:

  • Keynes: Defendió políticas de demanda para sostener empleo y actividad (base del Estado de bienestar con derechos sociales y provisión pública).
  • Friedman: Propuso controlar la oferta monetaria para evitar inflación.
  • Marx: Subrayó la importancia de las relaciones de producción y denunció la alienación y cosificación del trabajo en el capitalismo.

Necesidades Humanas y Medición del Progreso

Las necesidades humanas son otro eje de debate. La visión dominante sostiene que son ilimitadas, impulsando una economía centrada en objetos (más bienes, más consumo). La visión minoritaria plantea que pueden limitarse colectivamente, priorizando lo que permite vivir bien sin acumulación excesiva, es decir, una economía más centrada en personas.

Estas imágenes se conectan con la naturaleza humana:

  • Hobbes: La consideró egoísta y violenta, lo que justificaría una autoridad fuerte y controles.
  • Locke: La vio racional y cooperativa, base de enfoques más orientados al bienestar y a la ampliación de derechos.

Elegir paradigma es también decidir qué medimos: si solo PIB y precio del dinero o también acceso, salud, calidad del trabajo, tiempo, huella ambiental y capacidades.

La Economía Invisible y el Bienestar Social

La economía registrada convive con ámbitos invisibles que condicionan la interpretación de los datos y las políticas. Al considerar la economía sumergida y las actividades no monetarias (cuidados y trabajo doméstico) aparece una realidad más completa: la riqueza social no coincide plenamente con la riqueza medida. Este contraste es crucial cuando se comparan países o se evalúan políticas públicas: un crecimiento con más inestabilidad, desigualdad o deterioro ambiental puede aumentar el PIB y reducir el bienestar.

Por eso, los paradigmas recientes proponen medir también el impacto social y ambiental, para reflejar costes y beneficios que el PIB no muestra.

Contraste de Enfoques en la Práctica

En la práctica, una economía centrada en objetos busca producir más y aumentar ganancias, mide el éxito por PIB y beneficios, y deja al mercado la distribución. Una economía centrada en personas desplaza el foco hacia:

  • Empleo de calidad e ingresos suficientes.
  • Servicios universales e igualdad de oportunidades.
  • Sostenibilidad.

Esta última mide también acceso efectivo, calidad del trabajo, salud ambiental y capacidades. Entre ambos hay combinaciones; pero el paradigma dominante orienta instituciones, incentivos y prioridades presupuestarias.

Conclusión sobre los Paradigmas Económicos

Los paradigmas económicos condicionan cómo producimos, distribuimos y consumimos y, detrás de ellos, hay una visión del ser humano y del mundo. Identificar qué paradigma domina y qué indicadores usamos permite evaluar si el progreso es solo crecimiento o también bienestar y sostenibilidad. En un contexto de desigualdad, transición ecológica y transformaciones tecnológicas, la elección de paradigma es decisiva para orientar la economía hacia un futuro más justo, humano y sostenible.

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