Transformaciones sociales y económicas en la España del desarrollismo


La llegada del turismo masivo

Desde los años 60, España experimentó un boom turístico que transformó su economía. El número de turistas pasó de 6 millones en 1960 a 34 millones en 1973. El turismo aportó divisas fundamentales para compensar el déficit de la balanza de pagos, creó empleo en hostelería, construcción y servicios, y contribuyó directamente a la expansión económica del desarrollismo.

España se especializó en el turismo de «sol y playa», concentrado en el litoral mediterráneo, las Baleares y las Canarias. Esto provocó una transformación urbanística acelerada, caótica y con escaso respeto al entorno natural. A pesar de ello, el turismo fue una fuente de ingresos imprescindible y también un factor de apertura social, ya que el contacto con turistas europeos introdujo en España costumbres y formas de vida más modernas y abiertas que chocaban con la rigidez moral del régimen.

La continuidad de la represión

A pesar de las reformas de imagen del franquismo en los años 60, el aparato represivo se mantuvo intacto. El único cambio relevante fue la creación del Tribunal de Orden Público (TOP, 1963), una jurisdicción civil que sustituyó parcialmente a los tribunales militares en los delitos políticos. Por él pasaron más de 50.000 personas, de las cuales más de 9.000 fueron procesadas.

Los consejos de guerra continuaron celebrándose y se siguió recurriendo al estado de excepción (1967, 1969, 1970) para frenar la oposición. La Brigada Político-Social intensificó su actividad represiva. La tortura fue una práctica habitual y sistemática, denunciada por organizaciones internacionales. En 1975, antes de la muerte de Franco, fueron ejecutados cinco activistas de ETA y el FRAP, lo que generó una condena internacional masiva y evidenció que el franquismo no había abandonado su carácter represivo.

El arranque de la sociedad de consumo

La renta per cápita se duplicó entre 1960 y 1975, lo que aumentó el poder adquisitivo de la población española. Los hogares se equiparon con electrodomésticos (frigorífico, lavadora, televisor) y se popularizó el automóvil, especialmente el SEAT 600. También crecieron las vacaciones, el ocio y el turismo interior.

El consumismo fue el primer signo visible del cambio social. El comercio creció con grandes superficies y la venta a plazos. Se fue instalando la sociedad de consumo en España, aunque todavía con estándares inferiores a los europeos. Este cambio económico trajo también transformaciones sociales:

  • La familia nuclear sustituyó a la familia extensa.
  • La mujer comenzó a incorporarse al trabajo.
  • La juventud adoptó nuevas formas culturales.
  • La sociedad se fue secularizando progresivamente, alejándose de la rígida moral del primer franquismo.

La conflictividad obrera

En 1962, unas huelgas en las minas de Asturias se extendieron por solidaridad al País Vasco, Cataluña y Castilla, marcando el inicio de una nueva etapa de conflictividad laboral. La mayoría de los conflictos surgieron por reivindicaciones salariales y laborales, pero la represión provocó que la lucha obrera tomara también un carácter político antifranquista.

En este contexto nació Comisiones Obreras (CC.OO., 1962), que agrupaba trabajadores de distintas ideologías y combinaba acciones ilegales con la participación en el Sindicato Vertical. Fue el sindicato más representativo del antifranquismo. El número de huelgas creció de forma constante a lo largo de los años 60 y 70, y la dirección de CC.OO. fue juzgada en el Proceso 1001 (1972) con condenas muy duras, entre ellas la de Marcelino Camacho. A pesar de la represión, la conflictividad obrera no hizo más que aumentar hasta la muerte de Franco.

La división de la Iglesia

A partir de los años 60, la Iglesia católica dejó de ser un apoyo ciego para Franco. Tras el Concilio Vaticano II, surgió una corriente de sacerdotes jóvenes y obispos (liderados por el cardenal Tarancón) que se distanciaron del régimen y defendieron las libertades democráticas y los derechos de los obreros.

Este cambio fue traumático para Franco, que se consideraba el «defensor de la fe». La aparición de «curas obreros» y las críticas de la jerarquía eclesiástica dejaron al régimen sin uno de sus pilares ideológicos fundamentales, acelerando su pérdida de legitimidad.

La huella de las mujeres

Durante el desarrollismo, la situación de la mujer vivió una contradicción:

  • Por un lado, la ideología oficial de la Sección Femenina seguía promoviendo a la mujer como madre y esposa dependiente (necesitaban la «licencia marital» para trabajar o tener cuenta bancaria).
  • Por otro lado, la realidad económica obligó a muchas mujeres a incorporarse al trabajo fuera de casa y a la universidad.

El contacto con el turismo trajo nuevas modas y mentalidades. Al final del franquismo, empezaron a surgir los primeros grupos feministas y se logró la Ley de 1970 que facilitó el acceso de la mujer a puestos públicos, aunque la igualdad real no llegaría hasta la democracia.

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