Alteridad de la mujer en El segundo sexo de Simone de Beauvoir
Introducción
Para comenzar con el estudio de la mujer como alteridad en El segundo sexo debemos realizar un recorrido desde el origen de este problema hasta el significado del término «alteridad». Simone de Beauvoir fue una de las primeras filósofas en escribir acerca de esto. Su obra, El segundo sexo, publicada en 1949, tuvo una gran relevancia en la evolución del feminismo. Introdujo cuestiones acerca de la feminidad y planteó una gran pregunta a la que intentó dar respuesta: ¿qué es una mujer?
El segundo sexo es una obra clave del pensamiento, no solo feminista, sino del siglo XX. De ella surgen los nuevos temas del feminismo, una vez agotado el periodo de las vindicaciones primordiales (derecho al voto y a la educación). Se analiza la condición de la mujer desde los diversos puntos de vista desde los que se la conceptualiza: ontológico, sociológico, cultural, científico e histórico.
Simone de Beauvoir y el feminismo
Simone basa su libro en el movimiento feminista, el cual se trata de una teoría política y filosófica que busca la igualdad entre ambos sexos. Para argumentar la crítica a la desigualdad, la autora acudirá muchas veces al existencialismo, una corriente filosófica que defiende que los seres humanos no pueden caracterizarse en virtud de una cierta naturaleza común a todos los individuos, sino que somos aquello resultante de nuestras acciones; por lo que no hay nada en la naturaleza que justifique la desigualdad.
Como observamos en el título, la mujer, desde los inicios de la historia, ha sido tratada como la alteridad. Se ha encontrado siempre en una situación de desigualdad e inferioridad. Para ello Simone propone una desnaturalización del discurso y una educación igualitaria para todas las personas que lleve a una evolución colectiva y posibilite los cambios necesarios para que todos los individuos puedan gozar de las mismas oportunidades, que Beauvoir propone definir en términos de libertad. La clave de toda su filosofía se encuentra en la frase: «No se nace mujer: se llega a serlo».
En esta obra, a la hora de analizarla, la autora utilizará preguntas como:
- ¿Por qué la mujer es la alteridad?
- ¿Cómo viven las mujeres su situación?
- ¿Por qué las mujeres no cuestionan la soberanía masculina?
- ¿Por qué han aceptado someterse al punto de vista ajeno?
El existencialismo como fundamento
En primer lugar, cabe destacar, antes de la crítica de la autora, el existencialismo, ya que es la base que utiliza para fundamentar la igualdad que busca. Se trata de un movimiento desarrollado a principios del siglo XX cuyo principio es la afirmación de que en el ser humano la existencia precede a la esencia. El ser humano inicialmente no es nada: no somos más que lo que hacemos a lo largo de nuestra vida, lo que resulte de nuestros propios proyectos; podemos elegir cómo hacernos, por eso defienden que el ser humano es inevitablemente libre.
Simone sostendrá que el ser humano no es una especie natural, sino una idea histórica. Además, cree en la concepción del cuerpo como situación, explicando que este es la forma humana de aprehender el mundo y de esbozar nuestros propios proyectos.
El concepto de alteridad
El término «alteridad» o «Otro» es utilizado por Beauvoir para explicar cómo en las sociedades la cultura ha construido dos categorías de individuos que mantienen relaciones desde posiciones de poder desiguales, donde las mujeres se sitúan en un plano de dependencia e inferioridad respecto a aquellos que se identifican a sí mismos como humanidad. La categoría de «Otros» es tan originaria como la conciencia: todo ser humano es consciente de sí; para ello se requiere que cada sujeto se afirme como tal frente a otras conciencias.
El problema se plantea cuando los varones se afirman como sujetos, dejando a las mujeres el papel de «otras». Estas no realizan la operación de afirmarse como sujetos, sino que se someten a un punto de vista ajeno. Simone critica las interpretaciones en torno al papel que cada sexo juega en la reproducción humana; ella defiende que la fisiología no permite evaluar las posibilidades de éxito individual.
El cuerpo humano es cuerpo vivido; se encuentra revestido de los valores que le confiere cada existente singular. Y cada existente se sitúa en un contexto ontológico, económico, social… que ha de tenerse en cuenta para entender los valores que dan sentido a la existencia humana. La respuesta de por qué la mujer es alteridad no puede venir de la biología, sino que depende de un contexto cultural.
Patriarcado y consolidación histórica
De algún modo, a lo largo del tiempo nuestra sociedad ha creado un sistema denominado patriarcado, una forma de organización social caracterizada por la hegemonía masculina y la opresión de las mujeres. La consolidación de este sistema es, para la autora, el resultado de transformaciones que condujeron a su establecimiento mediante la redacción de mitologías y leyes. Al ser los hombres los que creaban estas narrativas y normas, en ellas aparecía la mujer en una posición subalterna.
La filosofía existencialista recorre la historia de la sociedad occidental desde su inicio, mostrando la falta de oportunidades dadas a las mujeres para decidir sus proyectos propios y desarrollar su libertad.
Inmanencia, trascendencia y proyecto vital
Así pues, se deduce que a la mujer se le ha llevado a caer en la inmanencia, es decir, a perder la autonomía que caracteriza al sujeto, quedando así como un ente cosificado, degradado a un «en sí». Se le ha quitado la posibilidad de elección en la vida y de proyectarse hacia el futuro, de tener un proyecto vital. Al igual que el hombre, la mujer debería trascender, adquirir la superación como característica propia del ser humano, cuyo ser consiste en hacerse mediante proyectos propios en los que se asumen libremente el contexto en que desarrollan su existencia. Quedando, por lo tanto, la mujer fuera del «para sí» auténtico.
Conclusión
Como conclusión, debemos destacar la gran importancia de haber entendido el concepto de «alteridad», ya que de esta manera podremos avanzar hacia la igualdad. La desigualdad es una construcción política, lo cual quiere decir que podemos transformarla, consiguiendo que a las mujeres se deje de tratar como inferiores, como lo «Otro», el «mal» o la figura débil. Para ello, la autora propone como método la educación igualitaria tanto para niños como para niñas, la coeducación, favoreciéndose de esta manera la emancipación de las mujeres y las relaciones igualitarias con los varones. Está en nuestras manos cambiar la sociedad en la que vivimos.
Hay mucha gente que sigue creyendo que hemos alcanzado esa igualdad soñada, pero la realidad es bastante distinta. Se ha normalizado escuchar cifras de agresiones y asesinatos de mujeres como algo cotidiano, cuando nos debería parecer aterrador. Sigue habiendo personas en contra del feminismo, calificando a quienes lo defienden como «feminazis», cuando son esas mismas personas las que deberían cuestionarse sus valores y la forma en que tratan a las mujeres antes de calificar el movimiento. Todos debemos concienciarnos y luchar por una igualdad real, para conseguir que acciones como la prostitución forzada, la mutilación genital o las violaciones cesen de una vez. Educación: ahí reside la clave.
