Mito al logos, es decir, la sustitución de las narraciones fantásticas por una reflexión racional, crítica y argumentada basada en la observación de la naturaleza.
Mientras que el mito explicaba el origen del mundo a través de relatos dramáticos protagonizados por seres divinos y fuerzas sobrenaturales, la filosofía (entendida en sus inicios como ciencia física primitiva) buscó explicar el funcionamiento del cosmos mediante principios lógicos y elementos físicos o materiales (como el arché). Los primeros filósofos dejaron de conformarse con las apariencias y las tradiciones heredadas para emplear la razón especulativa. De este modo, el gran cambio radica en que la filosofía ya no responde a las preguntas sobre la realidad con un cuento sagrado o una decisión arbitraria de los dioses, sino con una explicación conceptual que busca la causa primera, la ley permanente y el orden interno que rigen el mundo.
El conocimiento según Platón
Conocimiento sensible (Dóxa u Opinión)
Es el conocimiento que se refiere al mundo físico, material y visible. Este nivel capta los objetos mudables, inestables y las imágenes de la naturaleza. Al basarse en realidades que nacen, cambian y perecen, no ofrece una certeza científica firme, sino que se sitúa en el terreno de lo meramente opinable.
Conocimiento inteligible (Epistéme o Ciencia)
Es el conocimiento verdadero que se refiere al Mundo de las Ideas. No se accede a él a través de los ojos del cuerpo, sino mediante la razón y el entendimiento. Su objeto de estudio son las esencias inmateriales, perfectas, universales e inmutables (las Ideas).
La relación entre ambos conocimientos
La relación entre ambos conocimientos es de subordinación jerárquica y se basa en la imitación y la reminiscencia: como las cosas del mundo material son solo copias o reflejos borrosos de las Ideas perfectas, la percepción sensible nunca puede crear conocimiento real, sino que actúa como un simple estímulo o detonante. Al captar la imperfección de los objetos físicos, el alma sufre un choque que la obliga a mirar hacia su interior para recordar (anámnesis) las verdades eternas e inmutables que ya había contemplado en el mundo inteligible antes de caer prisionera del cuerpo. Así, lo sensible sirve únicamente como el trampolín o la pista necesaria para despertar a la razón.
Respuesta desde la filosofía de Platón
Para responder a la pregunta, desde la filosofía de Platón no podemos confiar en los sentidos para conocer la realidad, sino que necesitamos obligatoriamente la razón para alcanzar el conocimiento verdadero. El conocimiento sensible (dóxa) se limita al mundo físico, un entorno cambiante que solo ofrece copias imperfectas y opiniones subjetivas. En contraste, el conocimiento inteligible (epistéme) se dirige mediante la razón hacia el Mundo de las Ideas, captando las esencias perfectas, inmutables y universales que constituyen la auténtica verdad.
La relación entre ambos es jerárquica y se basa en la reminiscencia: las cosas materiales son reflejos borrosos de las Ideas, por lo que la percepción sensible no crea conocimiento, sino que actúa como un simple detonante que estimula al alma a recordar las verdades eternas que ya sabía antes de nacer. Quedarse en los sentidos es confundir las sombras de la caverna con la realidad; por tanto, solo el uso de la razón y la dialéctica nos permite ascender por encima de las apariencias y descubrir las cosas como verdaderamente son.
La Idea del Bien y la acción moral
Desde la perspectiva de Platón, es imposible actuar bien, tanto en nuestra vida privada como en la sociedad, sin conocer la realidad, ya que el comportamiento correcto depende directamente de la Idea del Bien. Según su teoría, la Idea del Bien es la verdad más alta, una especie de luz o brújula que permite al alma entender qué es lo justo y lo correcto. Platón defendía el intelectualismo moral: quien conoce el Bien actuará bien, mientras que quien hace el mal lo hace por pura ignorancia, al confundir las apariencias engañosas con la auténtica realidad. Por lo tanto, descubrir la verdad mediante la razón no es un simple juego mental, sino la única base sólida para controlar nuestra propia vida y para organizar una sociedad justa.
Aplicación actual: redes, polarización y discursos
Esta necesidad de conocer la realidad se ve muy claro hoy en día con el algoritmo de recomendación, la polarización y debates como el de David Sánchez y Jota Redpill en Zona Gemelos, donde se soltó el comentario de que «el voto femenino va a destruir Europa». Si los ciudadanos actúan guiados solo por la superficie de las redes y por discursos exagerados hechos a posta para generar polémica y engancharnos, se quedan atrapados en un mundo de apariencias extremas, igual que los prisioneros en el fondo de la caverna platónica. Sin embargo, para obrar bien y con verdadera responsabilidad ante opiniones tan radicales, es obligatorio usar la razón y analizar la realidad profunda de los datos sociológicos, históricos y políticos en lugar de dejarse llevar por el impacto de una frase en un debate.
De hecho, esta situación conecta perfectamente con la idea platónica de que no hay que darle micrófono a esta gente que solo esparce sombras, ya que los sofistas y demagogos de internet usan la retórica no para buscar la verdad, sino para confundir a la sociedad. Al igual que pensaba Platón, solo cerrando las puertas al ruido de las redes y saliendo de la comodidad de nuestra burbuja de contenidos se logra la sabiduría necesaria para no ser manipulados y tomar decisiones libres que busquen el verdadero bien común.
