El Dominio Romano del Mediterráneo: La Derrota de la Piratería y la Seguridad Marítima


La Amenaza Pirata en el Mundo Antiguo

Hace mucho tiempo, todos los mares estaban tan amenazados por los piratas que nadie navegaba sin un grandísimo peligro de muerte o esclavitud. Muchos marineros y comerciantes, tras ver sus mercancías quitadas y sus naves hundidas, eran asesinados por los piratas o llevados a la esclavitud. Solo aquellos que habían podido pagar mucho dinero eran librados de la servidumbre. El propio **Gayo Julio César**, al navegar siendo joven desde Italia hacia Rodas, fue capturado por los piratas y no fue liberado hasta que pagó un enorme precio (rescate).

Impacto en las Comunidades Costeras

Y no solo los marineros, sino también los habitantes de la costa marítima y de las islas estaban temerosos. Algunas islas habían sido abandonadas por sus habitantes, y muchas ciudades marítimas habían sido capturadas por los piratas. En efecto, tanta era su fuerza y audacia que, despreciando la fuerza de los romanos, incluso atacaban los puertos de Italia.

La Intervención de Pompeyo y la Pacificación del Mar

Así pues, puesto que por la fuerza y la multitud de piratas ni siquiera el mar Tirreno era seguro, poco trigo era llevado desde Sicilia y África a Roma. Esto provocó una **máxima escasez de trigo**, lo que hizo que el precio del grano creciera constantemente. Finalmente, al ser ya el trigo y el pan tan caros que muchos pobres morían por la escasez de comida necesaria, el pueblo romano pidió a una sola voz que toda la flota romana fuera enviada contra aquellos piratas tan audaces.

El Triunfo Militar

Por lo tanto, **Gneo Pompeyo**, general famoso, fue puesto al frente de la flota. Este primero echó a los piratas del mar Tirreno, que es el mar próximo a Roma, y de Sicilia, la isla cercana a Italia; luego los persiguió hacia África. Finalmente, enviadas algunas naves a Hispania, él mismo, habiendo partido hacia Asia con la flota, venció en breve tiempo a todos los piratas que allí encontró.

Consecuencias de la Victoria

  • Con esta victoria extraordinaria, todas las naciones, desde los hispanos hasta los egipcios y los judíos, fueron liberadas de un peligro común.
  • Tan pronto como la agradable noticia de esta victoria llegó a Roma, el precio del trigo comenzó a bajar.
  • En efecto, vencidos los piratas, los marineros navegaban sin temor por los mares que son comunes a todos los pueblos.
  • Así, en Roma, de repente, de una escasez muy grande surgió una abundancia muy grande de trigo, y el pan fue tan común (barato) como antes lo había sido, lo cual fue muy agradable para el pueblo romano.
  • Todo el pueblo romano colmó al victorioso Pompeyo con sumas alabanzas.

El Legado de la Seguridad Marítima

Desde ese momento, rara vez sucede que una nave de piratas aparezca en el Mar Interior (Mediterráneo), pues las flotas romanas, que recorren todos los mares, protegen diligentemente las naves mercantes y la costa marítima. El Mar Interior de nuevo es llamado con derecho «Mare Nostrum» (Nuestro Mar) por los romanos. Sin embargo, la flota romana no puede proteger a todos los marineros que navegan en todas partes. Aún quedan algunos piratas marinos que son de tanta audacia que ni siquiera son asustados por las armas de los romanos.

Un Encuentro Inesperado en el Tirreno

Nuestros amigos, que navegan en el mar Tirreno, piensan que tales piratas muy audaces persiguen a su nave. Todos están asustados. Aunque los marineros reman con todas las fuerzas, sin embargo, aquella nave, ayudada por el viento favorable, se acerca más y más.

Diálogo a Bordo

La Perspectiva del Piloto

El piloto, observando el cielo nublado, desea que el viento gire al contrario. Pues él cree que sus marineros son tan válidos que ninguna otra nave llevada solo con los remos puede alcanzar a la suya.

Reacciones y Creencias

Entre tanto, Lidia doble las rodillas y ruega a Dios que les ayude: «Padre nuestro que estás en los cielos, hágase tu voluntad, pero líbranos del mal».

Pero Medo saca una espada corta que hasta ahora ha ocultado bajo la ropa y dice: «Ciertamente no seré matado desarmado. Si los piratas me atacan, los rechazaré con todas las fuerzas. La fortuna ayuda a los fuertes, como dicen».

Pero entonces Lidia dice: «Devuelve tu espada a su lugar. Pues todos los que empuñan una espada morirán por la espada, como dice Cristo».

«Pero también te defenderé con mi espada», dice Medo. «No quiero esperar desarmado a que tú seas matada por los piratas. Mientras yo viva, nadie te dañará».

Pero Lidia, que desprecia a Medo como a un ladrón, dice: «No te pido ayuda a ti sino a Dios. Solo él nos puede proteger».

Disuasión y Razón

De igual modo, el piloto intenta disuadir a Medo con muchas palabras para que no saque la espada ni resista a los piratas con violencia y armas. «¿Qué necesidad hay de armas? Tanta es la fuerza de los piratas que de ningún modo podemos resistirles. Y los piratas no matan a los marineros desarmados puesto que pueden venderlos como esclavos a un gran precio».

El Debate sobre la Libertad

Medo: ¿Ya has olvidado lo que dijiste hace poco? En efecto, dijiste que tú preferías la muerte a la esclavitud.

Piloto: No sé si yo he hablado así, pero ciertamente la libertad me es más querida que la vida. Nada prefiero a la libertad. Por este motivo daré todo mi dinero a los piratas si me devuelven la libertad. Solo les pediré este favor/gracia.

Medo: Ciertamente los piratas te quitarán el dinero, pero serás afortunado si perdonan tu vida gracias al dinero.

Piloto: Si es necesario, puedo ofrecer a los piratas diez millares de sestercios. Lo que yo mismo no poseo, mis amigos pagarán por mí.

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