1.2. Cuando los debates en torno a la pobreza se hacen realidad
La pobreza es una parte intrínseca de la realidad social. Históricamente, ha sido motivo de intervención por razones políticas, económicas y sanitarias. Las formas de actuación se han clasificado tradicionalmente en:
- Acción social: Va dirigida a que la pobreza deje de ser visible, no necesariamente a suprimirla.
- Regeneracionismo: A principios del siglo XX en España, se propusieron remedios a los “males de la patria” mediante una revisión crítica de la situación.
- Intervención social: Busca aumentar las condiciones de vida mediante la instrucción, la formación y el acceso a servicios asistenciales.
Existen grupos más afectados por la pobreza, marcados por la ignorancia, la exclusión, la enfermedad y la muerte, tales como mujeres, niños, mayores y enfermos. Cada colectivo requiere una ayuda específica, labor que las administraciones públicas asumen mediante la coordinación, orientación y reglamentación. Esto implica una pérdida de relevancia de los factores endógenos (herencia y condiciones físicas) en favor de los exógenos, aumentando el control de los recursos. Las formas de asistencia personalizada ofrecían tanto ayuda como adoctrinamiento, siendo preciso inculcar la moral del trabajo y diferenciar entre pobres falsos y verdaderos para mantener la disciplina social.
1.3. Agentes protagonistas de la intervención social
Los actores se han agrupado tradicionalmente en: asistido, donante y mediador. Asimismo, existen diferentes sectores que han canalizado las actuaciones:
- Primer sector: Administraciones públicas.
- Segundo sector: La Iglesia e iniciativa privada.
- Tercer sector: Asociaciones, ONGs, etc.
Proceso histórico de la intervención
Siglo XVIII
- Cambio en la concepción del pobre.
- Agentes protagonistas: Estado, Iglesia, Ayuntamiento y familia.
- Limitación del Estado en materia asistencial frente a la Iglesia.
- Avances: introducción de valores (trabajo, vecindad y utilidad), lucha contra la mendicidad y centralización de la asistencia (hospicios, cofradías) bajo la gestión de corregidores y párrocos.
Siglo XIX
- La Iglesia mantiene el control de la asistencia social.
- El Estado inicia una fuerte ocupación del espacio a través de ayuntamientos y diputaciones.
- Las crisis, guerras y epidemias favorecen la crítica a los establecimientos por falta de racionalización.
- Ley de Beneficencia de 1849: Impulsa el poder de las diputaciones y organiza el sistema asistencial, aunque la Iglesia sigue controlando gran parte de la acción social.
Siglo XX
- Cambios profundos y necesidad de formación del personal.
- Creación de las Escuelas de Trabajo Social (en España con retraso respecto a otros países europeos).
1.4. La pobreza, el pobre y la caridad en el mundo medieval y moderno
La pobreza es una concepción universal condicionada, caracterizada por la privación de necesidades básicas y la inferioridad social. Los factores generadores de pobreza se dividen en:
- Coyunturales: Inflación (aumento de precios) y crisis de subsistencia (malas cosechas).
- Estructurales: Inherentes al ciclo de la vida (cargas familiares, infancia, viudez y vejez).
- Accidentales: Enfermedad del cabeza de familia o incapacidad laboral (accidentes, guerras).
1.5. De la caridad a la beneficencia
Durante el siglo XVIII, la pobreza se interpreta como un fracaso y se aborda con planteamientos utilitaristas: trabajo, radicación, vecindad y producción. La máxima era: Pobreza = delito, asistencia = condena, reprimiendo la ociosidad y la vagancia.
El proceso evolutivo fue: Caridad → Filantropía → Beneficencia → Asistencia → Bienestar.
La monarquía reformista logró la secularización, donde la beneficencia beneficiaba al benefactor y los pobres no eran dueños de su trabajo. Se impusieron nuevos valores como la vecindad, el domicilio y la educación. Se prohibió la mendicidad, se crearon espacios integradores de trabajo y surgieron servicios municipales de beneficencia. Finalmente, la legislación e instituciones de la acción social del Estado liberal evolucionaron, considerando factores de pauperización como la edad, el género y la salida del mercado laboral.
