La zona republicana
El fracaso del golpe militar desencadenó en la zona republicana una verdadera revolución social.
En el campo se produjo una ocupación masiva de fincas, especialmente de grandes propiedades. En las zonas donde predominaban los socialistas se llevó a cabo la socialización de la tierra y de su producción. En las zonas de hegemonía anarquista se realizó una colectivización total de la propiedad, llegando incluso en algunos casos a abolirse el dinero.
En septiembre de 1936 se formó un gobierno de unidad, presidido por el socialista Largo Caballero, con ministros del PSOE, PCE, Izquierda Republicana, grupos nacionalistas vascos y catalanes, y anarquistas. Su gran objetivo era recuperar el control de la situación y crear una estructura de poder centralizado.
En la zona republicana se enfrentaron dos modelos:
- Modelo revolucionario: La CNT-FAI y el POUM defendían la colectivización inmediata de tierras y fábricas. Su lema era: “Revolución y guerra al mismo tiempo”. Su zona de mayor influencia fue Cataluña, Aragón y Valencia.
- Modelo de orden: El PSOE y el PCE intentaban restaurar el orden, centralizar las decisiones en el gobierno y respetar la pequeña y mediana propiedad. Su lema era: “Primero la guerra y después la revolución”.
La crisis de mayo de 1937 provocó la dimisión del gobierno de Largo Caballero. El nuevo gobierno, presidido por Negrín, tenía mayoría socialista, aunque se acercó cada vez más a las posiciones defendidas por el PCE.
A partir de 1938 surgieron dos posturas enfrentadas. Por un lado, Negrín, apoyado por el PCE y parte del PSOE, defendía la resistencia a ultranza. Por otro lado, algunos dirigentes anarquistas y socialistas comenzaron a defender la necesidad de negociar ante la perspectiva de una derrota segura.
Los acontecimientos internacionales, como el Pacto de Múnich de septiembre de 1938, la retirada de las Brigadas Internacionales y la disminución de la ayuda soviética, junto con hechos internos como la caída de Cataluña, reforzaron la idea de que la guerra estaba perdida. En marzo de 1939, el coronel Casado dio un golpe militar contra Negrín con la esperanza de negociar con Franco, pero este exigió la rendición incondicional.
La zona nacional
El 24 de julio de 1936 tuvo lugar una reunión de los generales sublevados en Burgos. Allí se creó la Junta de Defensa Nacional, que actuó como órgano provisional de gobierno de la zona nacional.
Sus medidas fueron muy duras: se estableció el estado de guerra, se suprimieron las libertades y se disolvieron todos los partidos políticos, excepto la Falange y los requetés carlistas.
La propaganda nacionalista justificó el golpe militar contra el gobierno legítimo de la República presentándolo como un Alzamiento Nacional contra una República “marxista” y “antiespañola”. La Iglesia Católica, duramente perseguida en la zona republicana, apoyó esta idea y presentó la guerra como una Cruzada para liberar a España del ateísmo.
La necesidad de una dirección única llevó a que el 1 de octubre de 1936 Franco fuera nombrado Jefe del Gobierno del Estado español. Desde entonces, comenzó a ser llamado Caudillo y estableció una dictadura personal basada en un régimen militar.
El nuevo régimen creó un Estado confesional, dando lugar al llamado nacionalcatolicismo.
Finalmente, se elaboró una legislación destinada a institucionalizar la represión contra los vencidos. En febrero de 1939 se aprobó la Ley de Responsabilidades Políticas.
La guerra de Marruecos y la Semana Trágica de Barcelona
Tras el desastre de 1898 y la pérdida de las últimas colonias, España dirigió su política exterior hacia el norte de África. En la Conferencia de Algeciras de 1906 se estableció un protectorado franco-español en Marruecos, y a España le correspondió la zona del Rif, en el norte.
La ocupación del Rif fue difícil porque las tribus rifeñas se opusieron a la presencia española. En 1909, los rifeños derrotaron a las tropas españolas en el Barranco del Lobo, causando muchas bajas. Como respuesta, el gobierno de Antonio Maura ordenó movilizar a reservistas, muchos de ellos trabajadores catalanes.
Esta medida provocó protestas en Barcelona, donde los obreros se opusieron al envío de soldados a Marruecos con el lema “¡Abajo la guerra!”. Las protestas acabaron convirtiéndose en una insurrección popular conocida como la Semana Trágica de Barcelona, que fue duramente reprimida por el ejército.
Después de los disturbios, fue fusilado el anarquista Francisco Ferrer i Guardia, acusado de instigar la revuelta. La represión provocó numerosas críticas dentro y fuera de España, y finalmente Maura tuvo que dimitir.
La Semana Trágica fue importante porque mostró el fuerte rechazo social a la guerra de Marruecos y debilitó al gobierno conservador. Además, junto con el asesinato de Canalejas en 1912, marcó el fin del revisionismo político y abrió una etapa de crisis del sistema de la Restauración.
La Primera Guerra Mundial y la crisis de 1917
Durante la Primera Guerra Mundial, España se mantuvo neutral, pero el conflicto tuvo importantes consecuencias económicas y sociales. Al no participar en la guerra, España exportó materias primas, alimentos y productos industriales a los países combatientes. Esto benefició a empresarios e industriales y mejoró la economía.
Sin embargo, esta prosperidad no llegó a toda la población. El aumento de la demanda provocó una fuerte subida de precios, mientras que los salarios no crecieron al mismo ritmo. Por ello, las clases populares perdieron poder adquisitivo y aumentaron el descontento, las huelgas y la afiliación a sindicatos.
Este clima de tensión desembocó en la crisis de 1917, una crisis general del sistema de la Restauración con tres vertientes principales:
- Crisis militar: Muchos oficiales peninsulares estaban descontentos porque los militares africanistas ascendían más rápido gracias a los méritos de guerra en Marruecos. Además, reclamaban mejoras salariales. Por ello surgieron las Juntas de Defensa, que pedían ascensos por antigüedad y mejores condiciones económicas. Alfonso XIII las apoyó porque veía al ejército como un apoyo frente a la oposición política.
- Crisis política: El gobierno de Eduardo Dato cerró las Cortes e impuso la censura de prensa. Como respuesta, se reunió en Barcelona la Asamblea de Parlamentarios, impulsada por Cambó y la Lliga Regionalista, con el objetivo de reformar el sistema. Sin embargo, fracasó por las divisiones internas, la oposición del rey y del ejército, y el miedo de la burguesía al movimiento obrero.
- Crisis social: La subida de precios y la pérdida de poder adquisitivo llevaron a la CNT y la UGT a convocar una huelga general en 1917. La protesta tuvo más fuerza en zonas industriales como Barcelona, Asturias y el País Vasco, pero fue reprimida duramente por el ejército.
Aunque la crisis de 1917 no acabó de forma inmediata con la Restauración, sí aceleró su descomposición y mostró que el sistema estaba cada vez más debilitado.
